El principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia configura el modelo económico de la Unión Europea, que respeta la identidad nacional de los Estados miembros y no prejuzga el régimen de propiedad de cada uno de ellos.
Las libertades de circulación definidoras del mercado interior muestran su insuficiencia para determinar el marco regulador de la Comunidad Europea. La regla de la competencia, las normas medioambientales y las excepciones introducidas por los propios Estados miembros en virtud de causas expresamente predeterminadas y ligadas a intereses nacionales (caso del orden público, protección de la salud y del medio de trabajo...) se añaden a los condicionamientos del modo de hacer de cada compañía para definir las posibilidades de actuación empresarial.
Se prohíbe a las empresas la realización de acuerdos que atenten contra la competencia y el abuso de posición dominante en el mercado.
La normativa comunitaria de competencia inspira las normas nacionales de los distintos Estados miembros y aporta los medios de ejecución y control más eficaces en el conjunto del mercado.
La aplicación de estas normas es flexible, y está guiada por un criterio finalista que intenta a su vez proporcionar seguridad jurídica a los agentes económicos y permitir una evolución fluida de los intercambios en el mercado y una consideración diferenciada de sectores.
Nuestras grandes empresas han adaptado su estrategia a las pautas comunitarias de competencia. Conocedoras de los compromisos de liberalización y de apertura a competidores no nacionales de su misma actividad, han adecuado su modo de hacer a un contexto más abierto y competitivo. Aun afectando las normas de competencia a la posición de monopolio de que gozaban antes de la adhesión a la Comunidad Europea, diversas empresas públicas españolas disponen de un período transitorio de adaptación y actualmente se abren al exterior y al accionariado privado. La regla de la competencia juega, pues, como para toda empresa, como amenaza en su mercado nacional y como oportunidad en el mercado comunitario.
Las experiencias de Telefónica y de compañías constructoras ilustran la reacción de nuestras empresas frente a la liberalización del mercado en la última década, marcada por su adaptación estratégica a las normas comunitarias de competencia.
En el caso de Telefónica,
esta compañía ha visto amenazado su mercado nacional, no
sólo por el desarrollo del Mercado Interior, sino por la influencia
de factores externos al mismo, como puedan ser el avance tecnológico
en las comunicaciones y la consiguiente globalización de los servicios.
Circunstancias que le han obligado a abandonar su posición de monopolio
y dirigirse hacia la competencia en multimedia. Pactada en noviembre de
1.996 entre nuestro Gobierno y la Comisión Europea la liberalización
total del mercado español de telecomunicaciones para el uno de diciembre
de 1.998, el condicionante comunitario se percibe actualmente con una nitidez
completa.
Esta transformación
ha llevado a la compañía a replantearse la idea de su negocio
y a una reformulación de sus objetivos y estrategias que afectan
directamente a su estructura y organización interna. Reducción
de costes y de las tarifas de las llamadas internacionales, inversión
en nuevas tecnologías y participación de inversores privados
en su accionariado son las características más evidentes
del proceso de apertura de esta compañía a una mayor competencia
Su negocio se centrará en la provisión de servicios de telecomunicación y multimedia. Incluirá, por tanto, los servicios básicos (telefonía pública, servicio telefónico, telefonía móvil...) y servicios avanzados (redes de empresa, alquiler de circuitos, VSAT, gestión de redes...). Su estrategia consistirá en actuar como operador global de redes y servicios, tanto nacionales como internacionales, que le permita ofertar unos servicios adaptados a las necesidades de los diferentes usuarios y fidelizar a su clientela mediante una cultura de calidad y acciones tendentes a la reducción de sus costes. Actualmente apuesta por la tecnología digital, tanto por satélite como por cable. La opción por una u otra vía viene dada por su grado de desarrollo relativo y por las características de cada demarcación.
Al margen de su salida al mercado latinoamericano (Chile, Perú, Argentina, Venezuela, Puerto Rico...), la regla de la competencia comunitaria le abre nuevas oportunidades de negocio en Europa. Telefónica, gran empresa en el contexto nacional, tiene un volumen de negocio mediano en comparación con sus competidores mundiales. Por este motivo, para convertirse en un operador global competitivo, participa en el consorcio europeo de telecomunicaciones Unisource, del que forman parte las operadoras de Suiza, Suecia y Holanda, y al que se ha añadido AT&T, una de las mayores empresas de comunicaciones del mundo, en mayo de 1.996. Su actividad se extiende a la comunicación por satélite, la transmisión de datos, los servicios de tarjeta y la telefonía móvil. También se ha incorporado al consorcio mundial Inmarsat-P, encargado de gestionar una red de satélites para telefonía móvil; con esta operación busca la comercialización en España de este servicio.
Las constructoras españolas también se han visto afectadas por las medidas que regulan el mercado comunitario. Si en la actualidad ven cómo se estabiliza su tasa de crecimiento interno por la reducción de las ofertas públicas de construcción, sus perspectivas para el futuro pueden verse comprometidas por la competencia de grandes licitadores comunitarios, pese a que no todo anuncio de licitación deba ser publicado en el Diario Oficial de la Comunidad Europea.
La estrategia de las grandes constructoras para hacer frente al recorte en el volumen de obra pública contratada, se centra en la diversificación de mercados y productos que estabilicen sus resultados, en las adquisiciones de compañías que les permitan incrementar su volumen de negocio y en la salida al mercado exterior. La innovación en materiales y técnicas, y un personal cualificado contribuirán al incremento de su competitividad. De este modo, también pueden aprovecharse de las oportunidades que brinda la apertura del mercado comunitario, aunque éste sea un objetivo a más largo plazo.
Como indican los ejemplos
anteriores, la defensa y desarrollo de la clientela de toda empresa, pymes
incluidas, pasa por la asimilación de la regla de la competencia.
Dicha norma les permite diseñar estrategias competitivas ajustadas
a un mercado ampliado, basadas en el conocimiento y la determinación.
* Conocimiento de los mercados y de su régimen jurídico.
Reglamentación del Mercado Interior. Conductas empresariales prohibidas.
* Organización. Redimensionamiento de la empresa.
* Integración de la política financiera en la estrategia
global del negocio.
* Cualificación permanente de recursos humanos.
* Innovación y desarrollo tecnológico.
* Rediseño de la función de marketing. Sensibilidad a
la demanda.
* Participación en programas y percepción de ayudas comunitarias
y nacionales.
* Alianzas estratégicas.
* Concertación social. Políticas empresariales consensuadas.