FEDERALISMO: Una visión española.

        En el Estado español siempre ha habido personas interesadas en la consecución de una Europa federal, aunque rara vez se han agrupado o conjuntado esfuerzos en aras de una organización que posibilitase una mayor difusión de estas ideas y que tuviese influencia política, pecando de excesivo individualismo y de ausencia de sentido práctico, lo que unido a las características propias de nuestra sociedad política y a su situación geográfica, nos han llevado al ostracismo.

        El aislamiento y el subdesarrollo español de principios de siglo, trajeron consigo grandes periodos de convulsiones políticas y sociales. Tras la caída de la II República, el régimen franquista pasó duros años de aislamiento, en el que muy pocos privilegiados tuvieron acceso a las ideas provenientes de Europa. La oposición política a la dictadura, liderada por el PCE, se centra en una batalla interna -aunque concebida desde el exilio-; tan sólo algunas personas como Joaquín Satrústegui, Tierno Galván, Vidal Beneyto, entre otros, aúnan la oposición política interna con una visión europea en la que se integre nuestro país. Sin embargo, las leyes franquistas prohíben un asosiacionismo de estas características, lo que imposibilita que estas concepciones aisladas adquieran fuerza y calen hondo en la sociedad española.

        En el período de transición política a la democracia y en los primeros años de vida de ésta, la situación obliga a los dirigentes políticos a centrarse más en los aspectos internos que en los externos. Lo mismo le ocurre al pueblo. La adhesión de España se realiza en un momento de grandes cambios económicos, con una estructura industrial interna muy descompensada y con algunos sectores muy protegidos por el Estado. España pierde las ventajas de su tratado comercial preferencial con la Comunidad Económica Europea -1973- y ha de incorporarse a una estructura supranacional que ya lleva varios años en marcha. Su acoplamiento es difícil y el ciudadano asocia los males de su economía a esa adhesión. Europa se ve como algo necesario, pero perjudicial. Pretendemos estar, pero sin ver. La limitación de miras afecta por igual a oportunidades y a amenazas.

        Por otra parte, brotan con fuerza fenómenos políticos recurrentes en la vida social española. Las nacionalidades históricas reclaman una Constitución que contemple sus circunstancias específicas y que les dote de la mayor autonomía posible. Este hecho produce un doble efecto en la política española: mientras los dirigentes ven con buenos ojos el proceso de integración europea -que a la postre no está resultando tan federalista-, recelan de la aplicación de principios federales de ordenación territorial en el interior del país. Se aprecia más la diversidad y la disgregación que el efecto unitario del federalismo.

        La construcción de la UE hasta la fecha reposa sobre los Estados miembros -representación de sus Gobiernos en el Consejo- y aún no ha reconocido el protagonismo adecuado a entidades como regiones y municipios. De ahí que las negociaciones entre la Comisión que propone y los Estados miembros que deciden, con una participación limitada del Parlamento Europeo, resulten enigmáticas y alejadas para el ciudadano.

        Las Comunidades Autónomas y los entes locales reclaman una participación institucional más activa en la UE. Las autonomías reclaman una segunda cámara o la concesión de más atribuciones al Comité de las Regiones, y una mayor participación en la formación de la posición negociadora española en el Consejo y en la Representación Permanente en Bruselas. Ya hace un tiempo que sus oficinas de representación recaban información e intentan influir en la concepción de las políticas comunitarias que les afectan.

        Constatada esta realidad, UEF-España centra su actividad en la consecución de una Europa federada, con unas instituciones propias y fuertes: gobierno, parlamento bicameral, tribunales de justicia y de cuentas, y otros órganos de representación. Considera también muy necesario que esa estructura supranacional se articule y coordine adecuadamente con los diferentes niveles: estatal, regional -en aquéllos países donde está reconocido-, y local, para que las decisiones se adopten con la mayor proximidad al ciudadano y que éste sea capaz de comprenderlas y de verse representado en las distintas estructuras políticas. En este marco de concurrencia de funciones y competencias de los distintos niveles contemplados, el principio de cooperación horizontal y vertical es imprescindible para que el de subsidiariedad resulte efectivo.

        La ampliación de Europa implica un esfuerzo adicional de solidaridad que palíe progresivamente las diferencias entre sus territorios. UEF España contempla como básico y prioritario este principio, por cuanto supone de afianzamiento del principio de unidad federal, esencial para el desarrollo de políticas comunes y de afirmación internacional de la Unión.

        Máxime cuando la soberanía es un concepto político que pierde trascendencia en un mundo de relaciones interdependientes. Ni siquiera la Unión Europea goza de ella, como revelan los acuerdos que se adoptan en el Grupo de los 7 y en el seno de la OMC. El fenómeno de planetización implica un mayor valor para las decisiones que se adoptan por consenso y exige una cohesión de las posiciones negociadoras de cada área geográfica similar a la requerida en cada Estado miembro de la UE para alcanzar decisiones eficaces en el nivel comunitario.

        Uno de los mejores resultados que se han dado en el proceso de integración europeo es la erradicación de las guerras -salvo en el caso de Bosnia-, y unas relaciones más cordiales y cotidianas entre los ciudadanos de los diferentes Estados miembros. Esta ausencia de guerras, unida a las mejoras tecnológicas y al desarrollo de las comunicaciones trae consigo nuevos modos de vida, la quiebra de las ideologías y estructuras políticas tradicionales y una crisis de los valores y costumbres imperantes. En definitiva, estamos en un impasse entre lo que teníamos y lo que precisamos.

        Los federalistas no debemos concentrar nuestros esfuerzos sólo en el cuarto nivel -el comunitario- o en los aspectos institucionales, sino que debemos tratar de hallar una respuesta a las amenazas a las que se enfrenta la sociedad de nuestro tiempo y que afectan y preocupan de un modo muy directo al ciudadano:

        Como medio para alcanzar los fines señalados, UEF España despliega una actividad formativa e informativa que intenta calar en el tejido social y contribuye a la comprensión y simplificación del mensaje europeo a través de su colaboración con instituciones implicadas en la aplicación del día a día comunitario. Esta tarea nos obliga a organizarnos internamente, y nos exige también recabar todo el apoyo y la experiencia de los federalistas de otros países de Europa.