La historia de Rumiñahui

Murió Rumiñahui. Este miércoles, 13 de enero de 1535 será recordado como el día en que definitivamente terminó la resistencia quiteña al conquistador cristiano, pues es el día en que ha muerto la más controvertida y polémica figura de la defensa territorial, el general Rumiñahui.

Aunque sus orígenes se pierden en la leyenda, parece seguro que nació en tierra de Puruhá, probablemente en Píllaro, hacia el año 1482 ó 1483. El mismo gustaba recordar su estirpe incaica, y es fama que fue hijo del Inca Huayna-Cápac con una princesa puruhá, quizá Nary Ati, hija del célebre cacique Ati Pillahuazo, de valerosa defensa del territorio.

Recordemos que es antigua tradición incaica el consolidar sus conquistas territoriales con matrimonios poligámicos del propio Inca con una o varias de las princesas de los pueblos derrotados.

El propio Huayna-Cápac, nacido en Tomebamba, es hijo del Inca Túpac-Yupanqui, seguramente en una princesa cañari, aunque hay otros que afirman que Huayna-Cápac era hijo "legítimo" del Inca en una noble de su propio ayllu (su "hermana" en la acepción endogámica del Cuzco).

Como quiera que fuese, es evidente que Huayna-Cápac pudo comprobar por sí mismo los beneficios de paz y alianzas militares que tales matrimonios producían, y aquella habría sido la razón para casarse tanto en Puruhá cuanto en Quito, engendrando así a los hermanos Rumiñahui y Atahualpa.

Como es bien sabido, Huayna-Cápac repartió en Imperio entre dos de sus hijos: el cuzqueño Huáscar y el quiteño Atahualpa, lo que habría sido el motivo para el resentimiento profundo de Rumiñahui, que se sintió marginado de sus legítimos derechos de hermano mayor.

Sin embargo, cuando estallaron las guerras civiles entre el norte y el sur, Rumiñahui formó filas con los quiteños, sumándose, en calidad de general o Sinche a las fuerzas cuyo comando compartía con los también generales Quisquís y Chalcochima (otros prefieren Calicuchima).

Esta es la condición en la que termina la guerra contra Huáscar, y parece posible que Rumiñahui esperara que, al permanecer Atahualpa en Cuzco, le delegaría el gobierno de toda la región norte (Chinchay-Suyu) del Imperio.

Estas eran las condiciones políticas internas cuando en noviembre de 1532 (ver calendario de nov. 16) Atahualpa fue capturado en Cajamarca.

¿Héroe o Traidor?

Se abrió allí el capítulo más nebuloso de la vida de Rumiñahui, pues se sabe que él se encontraba al mando de unos 5,000 hombres, que hubiesen bastado para derrotar a los castellanos y liberar a Atahualpa, pese a lo cual el general optó por retirarse, emprendiendo el camino hacia el norte.

Cuando Atahualpa hizo llamar a Quisquís y Chalcochima, que habían completado la campaña de conquista de Cuzco, la victoria castellana ya se había consolidado.

Cualquiera que fuese la explicación que se dé a sus actos, lo innegable es que la retirada de Rumiñahui dejó inerme a Atahualpa en manos de Pizarro en Cajamarca.

Lo que sigue es extremadamente cruel. Rumiñahui volvió a Quito y, proclamándose Emperador (pese a que sabía perfectamente que Atahualpa estaba aún con vida), dio muerte a todos los descendientes de su hermano, afianzando de este modo al grupo puruhá frente al quiteño.

Pero, si estas acciones pueden considerarse fruto de la ambición personal (hay algunos que no han dudado en calificar al general de traidor), sus indudables esfuerzos de organizar la resistencia frente a los conquistadores sólo pueden estimarse patrióticos.

Las muy diezmadas comunidades puruhaes (que habían sufrido las sucesivas despoblaciones de las guerras civiles y las primeras epidemias de viruelas) respondieron al llamado de Rumiñahui, y salieron a defender el territorio, presentando la única resistencia digna de tal nombre a la que tuvieron que responder Sebastián de Benalcázar y Diego de Almagro, que venían en campaña hacia el norte (ver calendario de julio 27 y agosto 26, de 1534).

Aunque la lucha fue sin cuartel, ya era tarde. Las fuerzas del Imperio se habían dividido originalmente entre Cuzco y Quito, pero la escisión dentro del campo "quiteño" fue absoluta: por un lado los cañaris (que nunca se orientaron claramente hacia Atahualpa, aunque tampoco respaldaran a Huáscar) se sumaron a las fuerzas castellanas, entregándoles los mapas y sirviéndoles de guías. Por otro lado, luego de las acciones de Rumiñahui, los quiteños propiamente dichos (Schirys y Quitus) se alejaron de las guerras, y sólo quedaron los puruhaes como base para organizar la defensa.

Claramente fueron insuficientes, y aquello permitió a los cristianos entrar a sangre y fuego a Quito, dominando la ciudad, a cuyos restos Rumiñahui prendió fuego.

La Muerte del General

Dispuesto a no entregarse vivo, el general Rumiñahui, que se encontraba replegado en la zona de Alóag, se vistió ayer de gala, con todos los ornamentos del poder puruhá e inca, y subió al monte que llaman Topalibi (Rodadero del Jefe) y se despeñó, con la intención de matarse.

La fortuita coincidencia de quedar enredado en unas ramas permitió que el capitán español Hernando de la Parra lo descubriera herido, y lo entregara a Benalcázar, hombre de conocida y renombrada crueldad, de quien se dice que lo hizo asar a fuego lento en una parrilla en la improvisada plaza mayor de Quito.

La apasionada y apasionante vida del general Rumiñahui es significativa de las complejidades del mundo que le tocó vivir. Paz en la tumba del guerrero.

(Tomado de   http://www.educacion-pichincha.com)