La Marcha por la Vida

La muerte de los ecuatorianos en Murcia, dejó muchas secuelas en el colectivo de los inmigrantes. Sin embargo, había que tomar alguna decisión; no se podía quedar impávido con el problema suscitado con la comunidad ecuatoriana, que alargaría más un estado continuo de explotación laboral, engordando los bolsillos de empresarios a costa del sudor de los "sin papeles".

La Asociación Rumiñahui Hispano-Ecuatoriana, organización creada hace cuatro años y dedicada a la atención laboral, jurídica, social del colectivo de inmigrantes, así como el desarrollo de proyectos en comunidades populares de Ecuador; con anterioridad a los sucesos de Lorca, organizaba una delegación en este sector con el afán de expandir su área de trabajo en todos los sectores de la geografía española. Ya se tenían los contactos de la gente que deseaba conformar una directiva regional y las direcciones y teléfonos de los futuros coordinadores se tenía a la mano. Durante los funerales de los compatriotas, en el Polideportivo "Europa" de Lorca, la directiva de Madrid se acercó para acompañar en el dolor a los familiares y conocer de cerca sus necesidades más prioritarias.

Existió un primer acercamiento con los familiares, que se encontraban acosados como suele suceder en estos casos, por los "asesores legales", quienes iban repartiendo sus tarjetas de presentación. La intención era supuestamente dar la cara por ellos, en los tribunales y sacar al máximo tajada del dolor humano. Eran los promotores de un juicio a RENFE y al Ministerio de Fomento, supuestos culpables directos de los pasos a nivel que no habían sido retirados de las líneas férreas y que provocaron el accidente de tránsito.

En los ataúdes se reflejaban las miradas de los asistentes a este funeral: el Ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, el Delegado de Gobierno para la Inmigración, Enrique Fernández Miranda, el Secretario General de la UGT, Cándido Méndez, el Embajador del Ecuador en España, Francisco Carrión, Gaspar Llamazares, Secretario General de Izquierda Unida, en fin mucha gente que nos daban a entender que los veríamos más a menudo, ya que eran los más implicados, para que la situación de los inmigrantes se solucione en mejor forma. Los medios de comunicación seguían con santo y seña todo lo que acontecía y la iglesia representada por las máximas autoridades de la región como el Obispo de Cartagena, Manuel Ureña Pastor y el Vicario Episcopal de Lorca, José Carrasco, repartía las condolencias llegadas, incluso la de Su Santidad el Papa. Luego de los funerales en el futuro, poco vimos a sus asistentes en la necesaria solución del problema con los inmigrantes.

Uno de los problemas inmediatos, era el qué hacer con los cadáveres y en qué situación quedarían sus familiares y el colectivo de inmigrantes. Miguel Navarro, Alcalde de Lorca, se apersonó para cubrir los gastos del funeral, en compañía del cónsul honorario de Ecuador en España, Juan Bastidas, quienes facilitaron y apoyaron los trámites ante las autoridades españolas para la repatriación de los cuerpos inertes a tierras ecuatorianas. Eso valió, para que el Congreso Nacional, condecore en días posteriores al cónsul en Murcia y para que aparezca la figura del Canciller ecuatoriano Heinz Moeller, con tan inoportunas declaraciones en el sentido "que deben incinerarse los cuerpos para que se abaraten los costes de repatriación". Con esto no se desmerece el trabajo realizado por el cónsul y su respuesta del Congreso. Lo que se sintió es un total desinterés con los sucesos que encadenaron una absurda firma de un Convenio Bilateral, que dejó a los ecuatorianos en total desamparo e irregularidad en los próximos meses.

Los medios de comunicación, ante los hechos empezaron a desenmascarar el terrible fenómeno de la migración y las condiciones laborales de los inmigrantes, hechos conocidos hasta la saciedad, por quienes están más involucradas en este penoso tema: los propios inmigrantes. Rumiñahui y sus representantes comenzaron mover fichas para que la situación se conozca y sensibilice a la sociedad española sobre porqué y para qué vinieron los inmigrantes a España. Lo primero, era conformar una coordinadora de la Asociación en Lorca para que las decisiones a tomar tengan un trabajo con resultados efectivos. Una primera reunión en las canchas deportivas a la que asistieron unas doscientas personas del colectivo ecuatoriano y dirigida por Dora Aguirre, Presidenta de Rumiñahui, Juan Carlos Manzanilla y Javier Fresneda, hicieron un análisis de la situación que se vivía al momento: mucha gente ha sido despedida de sus empleos, los empresarios "desconocían a sus trabajadores" y esto traía consecuencias de falta de alimentos, vivienda y dinero para pagar la deuda contraída en Ecuador. Se habló igualmente de la próxima entrada en vigencia de la Ley de Extranjería que preveía, según los datos de prensa, expulsar a los inmigrantes en menos de cuarenta y ocho horas. En los rostros de la gente se notó dolor, euforia, miedo, impotencia, desprotección, pero era necesaria tomar una medida urgente; algo que abriera los ojos a la población sobre el drama vivido por quienes hasta hace poco, daban su fuerza para desarrollar estas regiones agrícolas.

Entonces se habló de hacer una marcha de Lorca a Murcia, con aproximadamente setenta kilómetros de distancia; una locura para algunos, pero una opción para abrir los ojos al gobierno, para otros; incluso se habló de postergar la medida o de reducir los kilómetros, pero la situación no era propicia para ponerse a discutir sobre este tema; lo más importante era sensibilizar, implicar y actuar inmediatamente para destapar la olla de la explotación laboral, con una marcha de esta dimensión.

Se pidió la colaboración de la Cruz Roja y la Guardia Civil, así como a las organizaciones sociales. Con ello la asociación asumió el reto y la defensa urgente de los inmigrantes; "se canalizó las decisiones del colectivo y asumimos la responsabilidad de defender sus reivindicaciones" señalaba Dora Aguirre. A las ocho y media de la tarde terminó la reunión y Juan Carlos Manzanilla se quedó en Lorca para coordinar todo lo necesario: autorización a la delegación de Gobierno de Murcia para la marcha, contactos con sindicatos, organizaciones sociales, ayuntamientos, logística, preparación de la gente y confección de carteles y movilización de toda la gente incluida la sociedad española. La "Marcha por la Vida" estaba lista y empezaría el martes nueve de enero por la noche, para llegar el miércoles diez al mediodía, a la delegación de Gobierno de Murcia.

En Lorca, el día lunes ocho de enero en horas de la tarde, se realizó una reunión entre empresarios del sector agrícola, alcaldes y trabajadores inmigrantes del Valle de Guadalentín, que se encontraban inmersos en la negativa de contratar mano de obra irregular ante el temor de ser multados por parte de las autoridades. Unas dos mil personas asistieron a la asamblea convocada por la COAG y los alcaldes de Lorca, Águilas y Puerto Lumbreras, junto a trabajadores ecuatorianos, magrebíes, colombianos buscaban un acuerdo para poner fin a este problema. Manuel Soler, presidente de la FECOAM (Federación de Cooperativas Agrarias), señalaba que "preferían perder las cosechas, salvó les den una solución". Así mismo representantes de organizaciones sociales y empresariales también señalaban que se está "criminalizando a los empresarios" y solicitaban la agilización de los trámites de personas que tengan una oferta, para poder contratarlos provisionalmente.

Mientras en Madrid, la asociación Rumiñahui convocó a una rueda de prensa, para dar a conocer el propósito de la Marcha y constituirse como acusación particular, en defensa de los familiares. En la misma se hizo un llamado a la solidaridad de todas las organizaciones y personas involucradas en el tema de la inmigración para empezar con esta lucha, que en un principio nadie daba un duro porque tenga el efecto necesario; incluso algunas organizaciones que apoyaron desde un principio, dudaban de la medida y presentían que el fracaso era inminente.

Los preparativos estaban listos. Manzanilla comenzó a montar la marcha con un presupuesto realmente increíble: diez mil pesetas. Igualmente, convocó en primer lugar a una rueda de prensa para indicar cuáles son las reivindicaciones, como es la regularización de los inmigrantes en la zona de Murcia y la sensibilización de la sociedad española sobre el padecimiento de los trabajadores. Luego indicó sobre la Marcha y la hora de la concentración en el Óvalo de Santa Paula, Lorca, conocida como la "Plaza Quito" por los ecuatorianos. Junto a colombianos, magrebíes, subsaharianos empezaron hacer un trabajo de hormiga y por cientos iban apareciendo, evocando las marchas organizadas por el movimiento indígena en el Ecuador. En un principio se hablaban de mil quinientas personas, pero hay datos que señalan que eran unas dos mil. La autorización para la marcha fue concedida por parte de la delegación de Gobierno y aquí suscitó una situación que aparentemente fue un factor importante en el desarrollo de la misma: ante pedido de Rumiñahui, la marcha tenía que realizarse por la vía principal, es decir la avenida Mediterráneo, pero la delegación cambió la ruta por caminos y vías de servicio totalmente alejados y secundarios, aumentando considerablemente los kilómetros. Siendo aproximadamente las once de la noche empezó la larga travesía por caminos serpenteantes, que tocaban poblaciones apartadas de las grandes urbes; en la cabeza de la Marcha, un grupo llevaba en alto a la "Virgen del Cisne", matrona de los lojanos, para que les acompañe en su lucha.

El entusiasmo de la gente se hacía patente con pancartas que decían "España te queremos" o "Todos los inmigrantes del mundo unidos por una sola causa", o al grito de "Únete pueblo, únete a luchar, por estos papeles, para trabajar". Los ecuatorianos enfilaban la caminata en forma pacífica, recibiendo el apoyo de los españoles que les entregaban vituallas, alimentos, agua y frazadas para el frío de la noche. El objetivo era claro y sacrificarse por los "papeles" valía la pena. Los balcones de las casas y los portales, estaban marcados con la mirada atónita de los citadinos que palpaban la cantidad de inmigrantes que han estado sumergidos en los campos agrícolas. Los aplaudían, los animaban; o simplemente no decían nada, estaban asombrados. La luna fue la acompañante principal durante la larga noche y los españoles apoyaban al grupo haciendo sonar sus bocinas.

Esa insatisfacción por haber perdido un trabajo, por echar al suelo las ilusiones, por ser despedidos de una habitación y por la impotencia de no pagar una deuda que carcome día a día su estabilidad emocional, los empujó a manifestarse de esa manera. Cada paso que daban, rasgaban y ampollaban sus pies, pero había que seguir en la búsqueda del ansiado "milagro". Se empezaron a sentirse los estragos a la altura de Totana: el frío de la noche que llegó hasta los dos grados centígrados bajo cero, hizo que en ciertos tramos se enciendan hogueras para descansar y tomar un caldo, leche caliente o agua que entregaba la Cruz Roja; mucha gente tenía síntomas de hipotermia y eran atendidos por miembros voluntarios y algunos ya no podían asentar un pie; sus piernas se acalambraban más frecuentemente. Entre los integrantes de Rumiñahui, se encontraban Dora Aguirre, Javier Fresneda, Juan Carlos Manzanilla, quienes mantenían contacto telefónico con Madrid. Cada llamada era un suspiro, un aliento, nos sabían dónde estaban, ni cuánto faltaba por recorrer.

"Estamos muy cansados; no me imagine que fuera tan lejos; partimos del Óvalo de Lorca, la mayoría somos ecuatorianos, pero se han unido marroquíes, peruanos, colombianos, salvadoreños, cubanos, en fin de distintas nacionalidades, incluso un concejal de Izquierda Unida; al momento somos ya unas trescientas personas que sienten los estragos de la caminata, pero nadie quiere darse por vencido. Son largas columnas de gente, eufórica, con los ánimos por delante que caminan por los costados de las vías alternas de la carretera a Murcia" declaraba Pablo, carchense de corazón, como el mismo lo indica; aquí también aparece, según comentarios de la gente, otra estrategia de la delegación de gobierno para romper la marcha, en el sentido que algunos chóferes de autobuses instaban a los caminantes a subir para trasladarlos; nadie los conocía, no sabían a nombre de quiénes venían, ni por qué lo hacían.

" Ese fue uno de los problemas que nos hemos dado cuenta, porque parece que el itinerario autorizado por la policía, nos ha "mareado" perdiendo unas dos horas. Hay una viejecita de unos setenta años que también nos acompaña; es increíble el apoyo de la gente", señalaba Manzanilla, a eso de las cinco de la mañana, después de haber recorrido unas seis horas del trayecto.

Con Javier Fresneda el asunto fue mal; para él era la primera vez que hace una acción de este tipo y conocía poco de las marchas indígenas que se realizan en el Ecuador, por lo que, al ver imposible culminar la marcha, decidió abandonarla y es ahí donde algunas personas tomaron tal decisión y regresarse a Lorca en autobús. La "Caminata de la Vida", traía al recuerdo, las realizadas por los indígenas en Ecuador. Largas columnas de gente, eufórica, con los ánimos por delante se perfilaban por las vías alternas de la carretera a Murcia. Arropados hasta los dientes, para soportar los dos grados de temperatura, llevaban de comida, dos barras de pan, latas de atún o arroz con patatas. En la mente solamente estaba presente Murcia y nada más, pero todo se hace eterno. El paso es lento, con la mirada en el suelo sin perder el sentido de la fila. Las consignas se hacían presentes y el apoyo de los españoles no se hizo esperar: por cada población, por cada ciudad entregaban el calor humano a todos los inmigrantes. Desde los balcones, la gente aplaudía y apoyaba con sus gritos de ¡no desmayen, continúen, Lorca les quiere!.

Los españoles de a pie, sentían mucha admiración, porque esta forma de protesta no es común en España, pero eso les impulsaba a lanzar vivas a favor. Los miembros de la Cruz Roja se esmeraban por entregar vituallas, agua, caldos calientes, café, churros y, asistían los casos de hipotermia y deshidratación. A las personas que se quedaban en el camino, los embarcaban en camionetas para llevarlos a la población más cercana. Ni la noticia que confirmaba la puesta en libertad del empresario Víctor Lirón les desanimó, porque sabían que tarde o temprano tenía que suceder.

El alba se hizo presente, cuando cruzaban la población de Alhama, a eso de las ocho de la mañana y el número de gente seguía disminuyendo. Las ampollas ya surtieron efecto y en la población de Alcantarilla algunos decidieron hacer un descanso para alimentarse y tomar bastantes líquidos. Incluso gente que ya ha pasado por estos trajines, como Juan Carlos Manzanilla no se imaginaba que se iban a cansar tanto: ".estamos muy cansados y ni siquiera nos ha dado ganas de comer.... Algunos compañeros ya han vomitado, porque el físico y el terreno no es el mismo que en Ecuador. Es una marcha simbólica muy fuerte, donde los medios de comunicación y la gente se han solidarizado. Tenemos noticias de la libertad de Lirón y es increíble como está negando todo..." .

Efectivamente, en una entrevista en Radio Nacional de España, Víctor Lirón señalaba que "él no sabía que los trabajadores ecuatorianos eran ilegales; que el que contrataba era Noelia León –el conductor de la furgoneta accidentada- y que es totalmente falso las denuncias y sentencias en su contra. Que es más, va a movilizarse en contra de Comisiones Obreras, UGT y las organizaciones. No sé porqué protestan, si a los trabajadores ecuatorianos se les ha pagado igual que a los españoles; lo que pasa es que no es lo mismo el trabajo del campo, que el de oficina...".

La prensa señalaba la respuesta del gobierno, por intermedio del Secretario de Estado para la Inmigración y Extranjería, Enrique Fernández Miranda, quien el día de ayer indicaba desde Sevilla, "que no habrá excepciones" en la regularización de extranjeros y "que estaba previsto llegar al mediodía"; pero el cansancio de la gente y lo largo del trayecto, han hecho demorar la llegada a Murcia.

Dora Aguirre, presidenta de la Asociación Rumiñahui, no dio su brazo a torcer; Cada vez que nos podíamos comunicarnos se escuchaba un aliento largo pero seguro, se percibía claramente como sonaban los zapatos contra el pavimento y estaba convencida que no debería abandonar la Marcha y culminar con lo prometido. Un concejal de Izquierda Unida que acompañó al grupo indicaba que no se preocupen, porque ya hay un buen grupo de personas en Murcia y que otro grupo de cuatrocientas personas estaba por llegar. Siendo las 18:36 horas (12:36 horas en Ecuador), los representantes de Rumiñahui señalaban que se encontraban alrededor de dos mil personas en las afueras de la delegación recibiendo a los caminantes. La comisión estaba conformada por Dora Aguirre, como presidenta, Juan Carlos Manzanilla, Joan Cebolla del MPDL de Valencia, el sacerdote José María Pacheco y los representantes ecuatorianos de Lorca.

En Madrid, saltaban los teléfonos como camaretas. Las llamadas tenían diferentes acentos: "please Raminahui", "con Ruminahuj", "queremos hablar con alguno de Rumiñahui"; era un pedido que llegaba desde Inglaterra, Alemania, México, Argentina, Estados Unidos y Ecuador. En España, los medios de las distintas comunidades querían tener la información de primera mano; la locura armada por los ecuatorianos tenía que tener una explicación para el mundo y la difícil pronunciación del nombre de la asociación no era impedimento para dar una información. Así mismo teníamos que forzar el poco inglés que conocíamos, pero a buena hora, mucha gente española nos daba una mano como "traductores". En ese momento, el previsto fracaso de esta medida comenzó a tener un reconocimiento especial. Empezaba la verdadera lucha de los inmigrantes.

 

Aproximadamente a las siete de la tarde, Dora comunicaba que no daba más y perdimos contacto. Las noticias se difundían por todos los medios y es ahí que en horas de los telediarios de la noche, vimos que la representante de Rumiñahui dirigía un comunicado del Primer Manifiesto de Lorca en el que se pedían como puntos principales:

En medio de las palabras de Dora, empezaron en ese momento aflorar personas que organizaban asociaciones y plataformas de la noche a la mañana, tratando de llevar a su protagonismo, la lucha emprendida por Rumiñahui y que vieron el momento propicio para salir a la luz. Desde ese instante, nos dimos cuenta que la lucha empieza a tomar otro tipo de cariz, incluso político.

Luego, la consigna era dirigirse hacia la delegación de Gobierno para entrevistarse con Joaquín Peñarrubia y el aglutinamiento de gente hacía imposible acceder a esta representación; tan difícil era el acceso que ni los medios de comunicación pudieron evitar este problema. Los guardias de seguridad impedían que la gente trate de entrar, logrando por medio de justificativos como es la copia del oficio enviado por la asociación solicitando la entrevista, para que Dora pudiese entrar en compañía del representante de ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes)

La reunión no fue nada positiva ya que el gobierno desde un primer momento dio entender que "no habrá excepciones en el pedido de regularización" y que los inmigrantes "regresen a su país de origen a esperar el permiso". Ante esta situación se planteó una nueva reunión con el delegado de Gobierno para la Inmigración Enrique Fernández Miranda, quien visitaría al siguiente día Murcia, para sondear la situación.

Dora salió frustrada y no con buena cara de la reunión, según los testigos y aseguraba que "la situación se les escapa de las manos", mientras los empresarios exigían al gobierno una solución, ante lo cual Rumiñahui manifestó que pongan sobre la mesa las ofertas de empleo para poder demostrar la demanda laboral que en realidad existía.

En la reunión ofrecida con Fernández Miranda, los asistentes de Runiñahui, pudieron detectar, la posición vertical, unidireccional; sin lugar a concesiones y a ningún tipo de negociación, del delegado para la Inmigración. Al conocerlo y escuchar sus declaraciones, se puede notar en él un rostro que lo dice todo: parco, frío, no entrega confianza, poco sensible, lejano al diálogo. Estas cualidades han hecho que tenga poca aceptación de parte de todos los sectores pasando desde los políticos, asociaciones, sindicatos, empresarios y medios de comunicación. Todas sus mensajes son como una seña que se encuentra grabada en un ordenador, que al acceder a un comando repite un discurso repetitivo, sin opción a una alternativa o solución.

En la tan esperada reunión asistieron representantes de los empresarios del sector agrícola, sindicatos UGT y CCOO y los representantes de Rumiñahui y ATIME. Los empresarios presentaron su postura en la necesidad de mano de obra y en la posibilidad de hacer las ofertas de empleo –la COAG lo hizo después, pidiendo por medio de un escrito a la Asociación Rumiñahui, la necesidad de ocho mil puestos de trabajo-; así mismo, indicaron que ante los altos costos de producción y la modernización de sus maquinarias, se verían afectados por la imposibilidad de no contar con trabajadores.

Dora Aguirre señaló "que los ecuatorianos no han venido a pedir limosnas y que sí en ese momento existen ofertas de empleo con plenas garantías, se firmaba un acuerdo". A

más de ello se presentó un pliego de peticiones que englobaba un objetivo inmediato: solicitar exención de visado por razones humanitarias y arraigo –pedido que posteriormente lo realizarían todos los sectores sociales incluido el partido de oposición PSOE-; contratación temporal en un acuerdo entre los dos gobiernos, con una duración mínima de nueve meses y con derecho a subsidio; participación directa en las negociaciones del convenio bilateral entre Ecuador y España –situación que nunca se dio, por ninguna de las dos partes-; participación directa de la asociación en las negociaciones entre empresarios del sector agrícola y el gobierno; agilización de permisos para autónomos, para conformar cooperativas y emprender negocios en España; un sistema provisional y transitorio para efectos de contratación y seguridad social.

Para los empresarios, que se emitan las ofertas de empleo y que no se interfiera en el trámite normal de concesión de permisos. Los empresarios apoyan en parte esos pedidos mientras que los sindicatos aplazaron la reunión para otro día. Aquí se pueden ya notar las posiciones de empresarios y sindicatos, ya que como es sabido, para los primeros les convendría la situación de ilegalidad de los inmigrantes por cuestiones de costos de producción, y para los segundos, no tocarían la situación de paro y derechos laborales de los españoles.

El representante gubernamental, Fernández Miranda, contestó con su típico discurso que lo manejó durante todo el conflicto: "No habrá un proceso excepcional y extraordinario de regularización" e "invitaba a los ecuatorianos a abandonar España y que seremos los primeros en ser considerados en futuras contrataciones" Tácito y corto en sus respuestas.

Rumiñahui ante estas declaraciones tajantemente indicó que "regresarán al Ecuador con un contrato firmado, solicitud de permiso aprobada y con las plenas garantías para simplemente viajar a por el visado"

Todos estos antecedentes hacían prever que la Marcha por la Vida, si bien removió y sensibilizó a la sociedad española, no causó el efecto en las autoridades. El gobierno de Aznar mostró todo un siempre, su fobia a la palabra regularización justificando su posición ante el posible "efecto llamada", una sinrazón toda vez, que lo que ha provocado la ley de extranjería es exactamente lo mismo: atraer a los inmigrantes, al ver fracasada la aplicación de la norma 8/2000.

Visto que las medidas y conversaciones con el gobierno no dieron resultados, se ingenió de parte de los compañeros de Rumiñahui, otra estrategia que a posteriori desencadenaría una movilización sin precedentes en el Estado español y que traería muchas consecuencias: los encierros.

© Raúl Jiménez 2001

(Portavoz de Rumiñahui)

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