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Texto: Mariano Asenjo

Esta entrevista se realizó el pasado veinticinco de agosto, en Córdoba. La sede del Partido de esta ciudad de tantas evocaciones, en la calle Ambrosio Morales, fue el lugar elegido para el encuentro de Mundo Obrero con el Secretario General del PCE, Julio Anguita, el hombre que, días antes nos había encogido el alma enviándonos noticias, de corazón a corazón. Julio tenía buen aspecto y -«¡qué raro!»- buen ánimo. Mientras coloco las pilas en las grabadoras le comento lo sucia que está la ciudad, «sí, la verdad es que sí», me confirma, «habrá que hacer algo» La mañana presagia un día caluroso al final de un verano ya caldeadito. Los titulares del día tampoco ayudan a rebajar la temperatura ambiente: «Rusia se hunde», «Los mercados financieros caen en picado». Ya se sabe, estas cosas siempre pasan en agosto, quizá porque en este mes, mientras los demás veraneamos, la realidad es quien trabaja. Luego, con las cintas en movimiento, nos llegará la noticia del fallecimiento de Manuel Azcárate. Julio deja traslucir un gesto de contrariedad y pide que se envíe un telegrama en nombre del Secretario General. Por unos segundos permanece callado, las manos enlazadas en su nuca y, es posible que resumiendo la trayectoria de ese hombre valioso y discreto que siempre fue Azcárate. A lo largo de la entrevista conversamos sobre el estado de las cosas, presentes y futuras: la inminente Fiesta del PCE, sobre cuyo guión -según me cuenta- ha trabajado concienzudamente, la preparación del XV Congreso del PCE, en diciembre, ese mes fronterizo que culmina e inicia etapas...

Agosto suele ser un mes de sustos, y es que, muy mal deben andar las cosas para que, en el umbral del siglo XXI, los comunistas vuelvan a estar a las puertas del Kremlin...
Una vez recibida esta información, y con la prudencia necesaria, quisiera ahora recordar una expresión mía dicha al aire del hundimiento del muro de Berlín, en un contexto de una propaganda desbocada y el análisis sin rigor de los comentaristas de las radios, de los periódicos españoles y occidentales, es decir, la sustitución del pensamiento por la propaganda; y en muchos la ignorancia más tremenda y el anticomunismo zafio. Dije que había sacado una entrada de butaca en la primera fila para contemplar el espectáculo. ¿Y en qué consiste el espectáculo? En primer lugar, la caída de la Unión Soviética ha sido una desgracia para los trabajadores del Occidente, una desgracia para el equilibrio del poder en el mundo y una desgracia para los rusos. Dicho esto, no tengo que recordar nuestra posición crítica que sigue siendo la misma, y es que si aquello se cayó fue porque ellos tuvieron la culpa, por sus tremendos errores y por su falta de sentido revolucionario en el momento de continuar. ¿Y qué nos viene a decir esto?, una lección a todos los políticos: no se pueden hacer análisis con los titulares de los periódicos, ni según le convenga a tal o cual creador de opinión. Recuerdo que al aire de aquello empezó a ejercerse una gran presión sobre el Partido Comunista de España para que desapareciera. ¿Qué hubiese pasado hoy después de haber visto que Occidente ha apoyado a un golpista como Yeltsin? Porque Boris Yeltsin es un golpista y Rusia no es una democracia. Vamos a decir las cosas claras y, además, las conquistas que la gente tenía allí se las han arrebatado, no ha ganado nada. Es una lección que tenemos que aprender todos, que nos obliga a seguir apostando por nuestro ideal y seguir pensando de manera libre, con nuestros análisis, corrigiendo errores. Debemos seguir apostando, desde nuestra militancia por lo que entendemos debe ser una sociedad socialista, y establecer un combate consecuente aquí, de idea contra idea. Este es el primer mensaje: ver las consecuencias.
¿Qué es lo que se ha ganado? Y, ¡ojito!, que no estoy defendiendo a ciegas lo que había en la URSS; lo que estoy haciendo es denunciar esa gran mentira que nos vendieron, la gran mentira de las libertades, del mercado..., lo único que nos han traído ustedes ha sido la prostitución, el asesinato, la mafia política, el golpe de estado, el hundimiento de la Unión Soviética, ustedes han conseguido que Estados Unidos se haya convertido en la primera potencia terrorista mundial, y digo terrorista, como lo repetiré en la Fiesta del PCE argumentándolo con datos... Por tanto, debemos seguir debatiendo para decir las cosas aunque vayan a contracorriente. Esta es la tarea de todos los miembros del PCE, una tarea que habrá de llevarse a cabo en la calle, que es el sitio donde se dicen las verdades, gusten o no. Este es el camino, y ahí está sino la historia, nuestra historia. Todos estos años vividos en condiciones tan difíciles nos están demostrando que llevábamos razón, como cuando criticamos la invasión de Checoslovaquia, como cuando denunciamos los errores de la Unión Soviética. También cuando dijimos, después de la caída del muro, que nuestro camino, nuestro único camino, el camino del Partido Comunista de España no había terminado. Esa determinación es la que no nos perdonan aquellos que quisieron vendernos el advenimiento de un mundo de paz.

Bueno, así están las cosas, ¿y tú cómo estás?
Me encuentro bien. Es la segunda vez que tengo un infarto y, evidentemente, de esa situación se desprenden una serie de consecuencias. Aunque, según los médicos, esta vez el corazón no ha sufrido nada porque lo cogí a tiempo, lo que pasa es que, bueno, seguramente tendré que aliviar mi ritmo de trabajo que, tengo que reconocer, en los últimos meses ha sido infernal. Esto no se puede repetir. Dentro de la actividad política, tendré que centrar mi labor a escribir, a pensar, a reuniones, a impulsar trabajos, etc., pero ya desde una mayor moderación. Así las cosas, también hay que sacar las consecuencias positivas, que las hay, por ejemplo, ahora que estoy trabajando en el guión que presentaré a la dirección del PCE para que sea discutido y que, finalmente será el discurso de la Fiesta, estoy redactándolo con mucho sosiego para profundizar en diferentes aspectos. Por lo demás, mi vida transcurre en la más absoluta normalidad; ayer mismo estuve paseando con unos amigos hasta las dos y media de la madrugada.En fin, me encuentro bien.

¿Ha cambiado algo tu percepción de las cosas después de esta última circunstancia de tu salud?
No, no. Cambia simplemente que uno se da cuenta que tiene que cuidarse, pero tampoco esto puede llevarme a decir: «bueno a partir de ahora tendré que procurar no irritarme con lo que pasa, porque eso es imposible, ¡Cómo no irritarse ante tanto sinvergüenza! ¡cómo no irritarse ante tanta manipulación informativa! ¡Cómo no irritarse ante tanto falso demócrata! ¡Cómo no irritarse ante tanta gente que cree que ser de izquierdas es cambiar la tortilla y seguir practicando la misma política de derechas, pero hecha por los nuestros! ¡Cómo se puede callar uno todo eso!.» Mientras esté vivo, no puedo, tengo que decirlo, porque no es un problema de que uno se atempere, es una necesidad de tener que, en estos días de confusión, por lo menos dar mi opinión, intentar orientar desde lo que considero que es correcto. Pero callar, imposible, porque lo que estoy viendo últimamente es de asco...

Hoy mismo, Javier Sádaba elogia tus ganas de no callar, por ejemplo, en el caso Marey. ¿Cómo ves la evolución de este asunto desde que se conoció la sentencia?
Todo lo que se conoce como los GAL: el caso Marey, el que venga de Lasa y Zabala, lo de Lucía Urigoitia, lo de los Fondos Reservados y todos los demás casos que hay, no son ni más ni menos que la supervivencia de unas formas y unas conductas propias de la época fascista, y que en todo esto hay intereses de Estado, lo he dicho y lo sigo manteniendo. Pero lo más grave llegó, cuando la llamada izquierda, creyó que porque lo hacía ella, dejaba de ser un atentado al Estado de Derecho. El Estado de Derecho es una conquista de los trabajadores, pero no el Estado de Derecho que está en la Constitución, y ahora estoy respondiendo a Sádaba, sino el imperio de la ley, de los derechos humanos, eso es lo más de izquierdas que yo conozco. Por tanto, violar el Estado de Derecho porque lo hacemos «los buenos», eso es simplemente una asimilación reaccionaria. ¿Y qué ocurre?, que se invoca lo que invocan los delincuentes: éste es de los nuestros. Lo que está pasando ante nuestros ojos es una decantación miserable de la historia de España de los últimos siglos. No existe para una parte muy importante de la conciencia ciudadana, y sobre todo de los políticos, el Estado de Derecho como algo que tenemos que defender con leyes que todos deben obedecer. Existe el estado-instrumento al servicio de mi bandería y, en cada momento digo que este es el Estado de Derecho y si yo lo violo, ¡cómo yo soy de los buenos!. Esto es una degradación de la democracia, una degradación de la libertad del pensamiento libre; por eso lo nuestro es tan difícil, porque cuando decimos: Constitución o Estado de Derecho o Derechos Humanos, estamos hablando de contenidos. A mí no me vale que vengan algunos gritando: «¡es que yo soy de izquierdas!» Bueno, ¿y qué me cuenta usted?. Sobre todo esto girarán los contenidos de mi discurso en la Fiesta, si la dirección del PCE así lo aprueba. Hay que continuar poniendo el dedo en la llaga, porque en modo alguno esa bandería contraria supone una opción de valores y propuestas alternativas, sino, simplemente, otro partidario de entrar al botín, pero eso sí, con otro boss, con otro capo de mafia. Este es el problema...

¿Qué te sugiere el término «fractura social», tan aireado a raíz de conocerse el contenido de la sentencia?
Me vas a permitir que diga que uno ya está harto de tanto gilipollas y de tener que soportar sus gilipolleces. Estoy harto de soportar individuos que el día que les parece lanzan una consigna, un rebuzno más o menos afortunado porque es eufónico, pero rebuzno a fin y al cabo y, ¡hala!, ahí queda eso... Mira estos no son más que mecanismos goebelsianos, es decir, mecanismos propios del ministro de propaganda de Adolf Hitler, que desde luego el «pobre hombre», si hay otra vida, debe estar muy satisfecho viendo como en España ha tenido éxito su teoría; esa que dice que una mentira repetida muchas veces termina por ser una verdad incontestable: como aquella que «nuestros amigos» pusieron en marcha cuando decían que Izquierda Unida había fracasado en las elecciones habiendo obtenido cuatro diputados más o viendo las famosas campañas que se han hecho, la pinza es otro buen ejemplo. Desde luego es tremendo cómo se miente descaradamente desde determinados medios de información al servicio de los intereses del patrono, olvidando cualquier enfoque mínimamente objetivo. Y quiero aprovechar para decir, en este caso a los dirigentes del PCE y de Izquierda Unida: permaneced insensibles ante el rebuzno, que puede que durante una semana el rebuzno tenga acogida porque para eso cuentan con medios poderosos, pero al final el rebuzno se queda en eso, en lo que es. ¿Qué es eso de «fractura social? La fractura social es enterarse que hay un Gobernador del Banco de España que comete delitos; la fractura social es enterarse que dos presidentes seguidos de una comunidad autónoma gobernada por el PSOE han sido considerados culpables; la fractura social consiste en darse cuenta que un Director General de la guardia civil de un determinado gobierno está donde está; la fractura social consiste en que hay un ministro, un secretario de estado y otra serie de ex cargos socialistas que estuvieron involucrados en un caso de terrorismo de estado y de robo de dinero público; la fractura consiste en que una Directora del Boletín Oficial del Estado haya sido sentenciada; la fractura social consiste en que haya dimitido un vicepresidente y ministros por espiar al Jefe del Estado y violar el artículo 18 de la Constitución; la fractura social está en que altos cargos de un partido político hayan pisado la cárcel por financiación irregular; pero, vamos a ver, ¿esto que estoy diciendo es mentira o es verdad?

¿Por qué crees tu que se olvidan este tipo de cosas?
Por lo que ya he señalado, porque funciona ese tipo de mentalidad que no es democrática. Voy a ser piadoso y le voy a llamar peronista: «¡pero es que son de los nuestros!» Ah, no, no, ¿Son ladrones o no son ladrones? A mí déjame de los nuestros, este es el meollo de la cuestión. Esa mentalidad peronista está enraizada en la peor tradición de la historia de España. Recuerdo haber leído cuando una tarde el pueblo de Madrid, y el de Córdoba, por cierto, se lanzan a la carroza del déspota miserable que era Fernándo VII y grita: ¡Viva las cadenas! Aún permenece esta tradición nefasta. Y aquellos que atentan contra Esquilache, movidos por jesuitas y por intereses turbios de la época. Eso todavía esta vivo, y combatirlo constituye nuestra lucha como Partido, porque eso afecta a capas populares y, por tanto, hay que decirle al pueblo, os equivocáis, y si no os gusta se os vuelve a decir. Es necesario combatir esa dinámica porque muchas de esas posiciones echan raíces entre la gente al no ser contrarrestadas por nadie. Nuestro combate, no lo olvidemos, es ideológico ya que esas raíces que agarran, beben de lo peor de la historia de España. Hoy, cuando se van a cumplir cuatrocientos años de la muerte de Felipe II -sobre este tema haré una referencia en el discurso de la Fiesta- continúa viva una parte negativa de nuestra historia, esa especie de defensa del asesinato: «Es que los de ETA han matado.» Bueno, ¿y usted que está haciendo? O esa defensa de la tortura, esa actitud de bandería, frente a esto, nosotros, como comunistas e Izquierda Unida, tenemos que situarnos de una manera inequívoca.

Volviendo al ámbito internacional, ¿te parece que un asunto de bragueta, como el llamado caso Lewinsky, puede justificar un bombardeo? También me gustaría conocer tu opinión sobre la posición del Gobierno español al respecto.
Del caso Lewinky no quiero hablar porque me produce, simplemente, una especie de asco, y me refiero a todas las partes que concurren en el mismo. El hecho de que una sociedad se engolfe en estas cuestiones me da una idea de su escaso y precario desarrollo democrático, por no decir intelectual. Aquí lo que hay son muchos intereses en juego, y manteniendo a un lado la bragueta del presidente, quiero dejar bien claro que, para un servidor, Estados Unidos es hoy una potencia terrorista, lo que pasa es que está defendiendo el terrorismo bueno, el de Wall Street, el del negocio, vamos, el terrorismo de Occidente. Es como aquella expresión de Roosevelt refiriéndose al dictador Somoza: «es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», pues lo mismo, repito, Estados Unidos es una potencia terrorista y ahí está su actuación. Por tanto, esto no exige más que una reflexión y trasladársela al pueblo americano, porque, si lo ha hecho para distraer de los escándalos, peor, si lo ha hecho saltándose además a la propia ONU, la cosa no tiene nombre. A mí, para zanjar la posición de la Casa Blanca, pedirle a unos poderes económicos en Estados Unidos que rectifiquen, considero que es perder el tiempo. En este asunto a quien hay que desenmascarar es a otros, es decir yo no pierdo el tiempo en desenmascarar a alguien que encabeza el terrorismo, que es Clinton, sé lo que es Clinton, en este caso es un terrorista. Aquí a quien hay que desenmascarar es a estos nuevos de la izquierda, a los toniblairs: lacayos, serviles; hay que desenmascarar a los José María Aznar y a todos aquellos que en el campo de la izquierda, entienden y comprenden... y, por tanto, son peores que Clinton, peores; porque son los que permiten que exista Clinton. Es lo mismo que cuando se acusaba a Franco de dictador, o en el otro campo se decía de Stalin, pero oigan señores: ¿Dónde estaban ustedes?, ¿Se le enfrentaron?, ¿Se le opusieron? No, mire usted, Toni Blair o usted señores del Gobierno francés, con todos mis respetos a los camaradas franceses si han participado de eso, que no lo sé. Los culpables son los que se parapetan en la segunda línea, los que toleran, los que mantienen; en este caso, selecciono y señalo a Toni Blair.

Desde luego este verano te ha dado un material abundante para confeccionar, lo que una vez aprobado por la dirección del PCE, será el discurso de la tradicional Fiesta de la Casa de Campo madrileña...
Ya lo creo. Te avanzo que en ese que será mi último discurso como Secretario General del PCE, estoy trabajando sobre una serie de datos y de fechas, por ejemplo, ya he comentado la de los cuatrocientos años de la muerte de Felipe II y de las lecciones del pasado; 1848, año en que se llevan a cabo las revoluciones fracasadas, pero que le incitan a Carlos Marx a decir: «por lo menos conseguimos la jornada de diez horas»; 1898, lo de Cuba y el nacimiento de Lorca; 1948, la muerte de Ghandi; o la creación del estado de Israel; 1968, la invasión de Praga y el Mayo francés; o la aparición hace diez años de un libro de Noam Chomsky donde acusa a Estados Unidos de potencia terrorista. Todo esto nos lleva al análisis de lo que está ocurriendo y nos da la razón. Por eso digo que el hundimiento de la Unión Soviética ha sido una catástrofe, más allá de los errores cometidos y todo lo que ya hemos señalado. En el discurso también habrá, cómo no, otras fechas, como la del Manifiesto Comunista, los Derechos Humanos y la Constitución española. También me gustaría ayudar con este discurso a quitar la angustia y la duda que tienen algunos camaradas por lo que ocurre hoy día. ¿Cuál es nuestro programa?, Está clarísimo: estar al lado de los que están sufriendo y, además, por programa no será a nosotros a quien saquen los colores.

A partir de diciembre, en que habrá de celebrarse el XV Congreso del PCE, la persona que ocupe la secretaría general del PCE no será, como hasta ahora, la misma que ocupe también las funciones máximas en Izquierda Unida, ¿Qué incertidumbres te crea esta circunstancia?
Ninguna. Ya he vivido esta misma situación en Andalucía cuando Felipe Alcaráz era el Secretario General del PCA y yo Presidente de Izquierda Unida. Por otra parte, me va a obligar a mí y, supongo que a la persona que me sustituya, a dialogar más, porque a veces uno actúa con la comodidad de saber que las dos organizaciones coinciden en uno; esto nos obligará a todos, no sólamente a un mayor diálogo, sino a abordar las tareas de forma más extensiva. Creo que el cambio puede ser beneficioso. Es un relevo que lo he pretendido desde hace ya tiempo, pero que no ha podido ser, aunque no constituía una de mis preocupaciones esenciales. Creo también que el cambio llegará en un momento propicio, sobre todo porque vamos a vivir situaciones de una gran excepcionalidad y que, sin duda, nos obligarán a relegar las diferencias que puedan surgir entre nosotros, si es que surgen, a un cuarto lugar. Lo de la bolsa no es algo pasajero, la construcción de la moneda única va a exigir y, así lo están diciendo ya todos: la reforma del mercado laboral, la congelación salarial, todo esto que ya estamos vislumbrando, las mafias instaladas en el estado: mafias políticas, mafias judiciales, mafias policiales, van a intensificar su lucha para que no continúe sacándose la verdad de lo que hubo, de lo que hay, porque peligran. Nos esperan momentos muy difíciles, en los que tendremos nuevamente que luchar por la libertad y la democracia y, cuando digo nosotros, me refiero a los comunistas y a Izquierda Unida, frente a las banderías.

¿Ves el XV Congreso como una circunstancia que vaya a ayudar a una mayor cohesión interna en el Partido?
Así debiera ser. Quisiera dar un dato que es nuevo, por lo menos, en nuestra tradición. Los relevos de los anteriores secretarios generales, y no me refiero en la clandestinidad porque aquellos eran momentos muy especiales, fueron un tanto traumáticos, en especial el de Santiago Carrillo. El de Gerardo Iglesias, aunque no lo fue tanto, también llegó precedido de unas fuertes tensiones. Bien, esta tradición parece que se verá alterada con el relevo que se avecina y eso es ya toda una señal. Así, con este espíritu positivo, es como tenemos que afrontar este hecho del relevo, más allá incluso de las tensiones que siempre se desprenden de estas situaciones. Tenemos que sacar consecuencias positivas de esta alteración del curso de la tendencia histórica. Ahora, después de unos congresos tranquilos, como han sido el XIII y el XIV, parece que vamos a un congreso que, con sus debates y sus distintas posiciones, transcurrirá dentro de la normalidad, parece.

Se está hablando mucho del camarada que ocupará la Secretaría General. Mundo Obrero, como no podía ser de otra manera esperará la decisión del Congreso para salir de dudas. En todo caso, ¿cuál crees que debería ser el perfil de esta persona?
He propuesto un método que nos permita correr los menores riesgos posibles, a fin de evitar que, cuando llegue la fecha del Congreso, no tengamos que abordar el asunto de la elección de un nuevo Secretario General con las manos vacías de propuestas. ¡Qué el Congreso es el que debe elegir al Secretario General, eso lo tenemos todos clarísimo!, Pero, ¿no es mejor darle al Congreso, una o dos o tres posibilidades? ¿Y cómo se puede hacer eso? He tenido que cambiar el método para obtener de los miembros del Comité Ejecutivo, de sus miembros, repito, y de algunos miembros más del Comité Federal, la respuesta a cinco preguntas. En un principio, querría haberlo hecho de forma oral, pero esto no ha podido ser porque el mecanismo de las entrevistas es muy cansado; finalmente se hará por escrito. Estimo importante conocer la visión de estos camaradas acerca de Izquierda Unida, de cómo habría de ser la nueva dirección, el papel que debe jugar el Partido, y en torno a esos temas, el que quiera incluir el nombre de la persona que deberá ocupar la dirección máxima del Partido, lo tendré en cuenta. Con toda esa documentación me encerraré unos días y entonces es cuando estaré en condiciones de decir: Señores, esto es lo que ustedes han pensado, ahora discutamos libremente sobre ello. Y a partir de ahí no se elige a nadie, pero se busca un consenso, un acuerdo para trasladarlo al Congreso. Si conseguimos que este método funcione evitaremos que el asunto del Secretario General ocupe un lugar excesivamente preponderante. Este Partido tiene que prepararse para lo que haya de venir, en los ámbitos de Izquierda Unida, de Comisiones Obreras, de los Movimientos Sociales, etc., porque el combate por la democracia, por el Estado de Derecho y por la honradez, en estos momentos se nos presenta como inexcusable, no tenemos más que observar lo que hay a nuestro alrededor.

Hay a quien le molesta mucho esa posición de no cejar en el empeño de estar alerta, y lo llama tremendismo...
Sí, pero eso no obedece más que a una lectura interesada y maledicente de la realidad, porque en el fondo nosotros lo único que decimos es que nuestra gran apuesta camina en favor del Estado de Derecho, que es el que le conviene a los trabajadores, porque no es lo mismo, como en el año 17 hacer la revolución y de ahí sacar una ley que ya tener las leyes. Fijémonos en algo muy curioso, hoy en las leyes están recogidas las aspiraciones de las grandes revoluciones, están, ya lo creo que están, pero no se cumplen. Esto nos coloca en la lucha de parte de la ley, incluso si hay violencia, son ellos los que se colocan fuera de la ley; por primera vez la izquierda puede, con toda la violencia que los procesos impliquen, estar al lado de la ley. En el año 1917 solamente la Constitución mexicana recogía algunos derechos de los que podemos considerar esenciales, pero hoy todos estos derechos están recogidos en prácticamente todas las constituciones de los llamados países avanzados. Si revisamos la Constitución española: el derecho al trabajo, la igualdad entre el hombre y la mujer, la propiedad social, es decir, cuestiones que en su momento fueron revolucionarias están ahí, pero no se cumplen porque se ven atrapadas entre una relación de poderes. Al menos teóricamente contamos con la ley, este es el gran cambio que debemos saber interpretar. Es decir, cuando alguien apela: «esto hay que defenderlo con la fuerza», pues no es lo mismo defender la legalidad con la fuerza que acatarla. Para que se me entienda mejor, es la burguesía la que no puede cumplir su propia legalidad. Este es el verdadero cambio histórico.