LA SOBREPESCA COMO EXTERNALIDAD

La sobrepesca es un fenómeno que afecta a algunas de las especies más demandadas y comunes tales como anchoas, sardinas, bacalao, arenques, ballenas, etc. La sobrepesca se define como el nivel de captura excesivo de una especie por unidad de tiempo en relación con su reserva y su capacidad de regeneración. Tipifica un fenómeno de externalidades resultante de la explotación de un bien público o de libre acceso. Todo el mundo tiene acceso a los recursos del mar; el volumen de captura de cada uno dependerá de sus conocimientos, capacidades tecnológicas, recursos económicos, etc. La inversión que realiza el pescador está en sus instrumentos de captura, no en el recurso que cosecha; éste es libre. Tenderá, por lo tanto, a maximizar el uso de lo que a él le cuesta: su inversión en barcos, aparejos, sus gastos de operación, etc. Mientras más capturas logre, mayor será el rendimiento de su capital, ya que el precio de los peces en su medio y en ausencia de regulaciones es cero.

Se trata de una externalidad recíproca que tiene dos dimensiones: un efecto inmediato se manifiesta como un aumento de esfuerzo necesario por unidad de captura. Al disminuir la reserva habrá que aumentar el esfuerzo pesquero desplazándose a distancias mayores, capturando más para lograr el mismo volumen, hacerlo más rápidamente para anticiparse a los competidores potenciales, etc. La segunda dimensión es intertemporal, en el futuro, al agotarse la reserva, habrá que buscar nuevos caladeros, pescar sustitutos de menor valor y rendimiento, mantener ocioso parte del capital, etc. Además, habrá efectos sobre el resto del ecosistema marino por haberse eliminado un elemento de la cadena trófica, afectando así a otras especies (mayor abundancia de krill por la captura intensiva de sus predadores, ballenas que han reducido drásticamente sus poblaciones; menos cormoranes porque sus presas, anchovetas, han sido diezmadas por la sobrecaptura. Estas externalidades que algunos quieren suponer puramente ecológicas, tienen, sin embargo, un impacto económico evidente.

Los indicadores básicos para identificar una situación de sobrepesca son:

La preocupación por la sobrepesca se manifestó ya en las primeras décadas del siglo, al constatarse la disminución de las reservas de platija (1902), fletán (1905) y bacalao (1920). Sin embargo, el fenómeno se ha acentuado progresivamente en las últimas tres décadas, afectando en mayor o menor medida a la mayoría de las principales especies comerciales. En la primera mitad de la década de los cuarenta fue el colapso de la sardina del Pacífico norte. Entre 1950 y 1960 disminuyeron las reservas de bacalao en la plataforma continental de Groenlandia y Terranova. En la década de los sesenta fue el turno del arenque del Mar del Norte y posteriormente de la pescadilla (merlán) y el capelán de las zonas subárticas del Atlántico norte; y ya en la década de los setenta, de la anchoveta peruana.

Si bien la sobrepesca es la causa principal del colapso de algunos bancos pesqueros y, sin duda, uno de los problemas más serios que afecta a los recursos naturales del planeta y el más grave de aquellos que conciernen a los recursos vivos del mar, su magnitud se ha visto a veces ampliada por fenómenos naturales. La repentina desaparición de la sardina del Pacífico se atribuye a la conjunción de sobrepesca y a la modificación de las condiciones climáticas y ecológicas en las zonas de su reproducción. Esta especie, que comenzó a explotarse a fines del siglo pasado y alcanzó su máximo nivel de capturas en 1930, para su desarrollo requiere de temperaturas medias del agua iguales o superiores a 13ºC. Entre 1943 y 1957 las temperaturas de la corriente de California se redujeron a un promedio de 11ºC, lo que, por un lado, desplazó a la sardina y, por otro, atrajo a una variedad de anchoas que se desarrolla muy bien en esa temperatura. La anchoa vino así a ocupar el nicho ecológico de la sardina, creando un obstáculo adicional a la regeneración de sus reservas. A fines de la década de los cincuenta la biomasa de anchoas era similar a la de sardinas de 30 años antes, y era evidente que estas últimas habían sido desplazadas.

Es frecuente que los efectos negativos de la sobrepesca se oculten o pasen inadvertidos, gracias a la explotación de zonas nuevas o especies o variedades similares, con mejoras tecnológicas que reducen el costo monetario del esfuerzo pesquero, o por mayor esfuerzo pesquero. El caso se ilustra con la sobrepesca del abadejo (aiglefin) y el bacalao, especies demersales que habitan las plataformas continentales del Atlántico norte. A fines de la década de los cincuenta y comienzos de los sesenta las reservas de abadejo mermaron drásticamente, lo que se tradujo en reducción de capturas. Las caídas fueron compensadas por mayores capturas de bacalao que aumentaron hasta un máximo de 1.9 x 106 toneladas en 1968, para reducirse fuertemente a comienzos de los setenta, coincidiendo con el agotamiento de las reservas tradicionales explotadas en Islandia, Terranova y el Labrador. Pese al mayor esfuerzo pesquero, los volúmenes de captura no se han recuperado y, lo que es más grave, se observa una disminución del porcentaje de población adulta reproductiva. En 1982 se estimaba que la población de bacalao adulto reproductor (mayor de 7 años) era equivalente a 15% de la reserva reproductiva adulta existente en 1975. Este es un indicador de una situación de sobrepesca.

Algo similar ocurre con el arenque, especie explotada por cientos de años en el Mar del Norte con una participación importante en el volumen de capturas mundiales. Su captura en 1993 alcanzó 1.6 x 106, comparadas con promedios de 2.5 x 106 t en los setenta. Desde mediados de los sesenta, las reservas del Mar del Norte muestran signos claros de disminución, que se traducen en menores capturas, a pesar del aumento del esfuerzo pesquero. Al margen de la caída de las reservas y de las capturas, se observa que el arenque de tres años, que es la edad en que inicia su vida reproductora, representa 70% de la población; que el tamaño medio de los arenques capturados ha disminuido y que la rapidez de crecimiento de los arenques jóvenes ha aumentado.

De particular interés es el colapso de la pesquería de anchoveta y la industria de harina de pescado en Perú, causado por una pesca excesiva, por encima de sus niveles de sustentabilidad, conjuntamente con un fenómeno climático-ambiental que se conoce como corriente del Niño, una alteración periódica de las corrientes que bañan las costas del norte de Chile, Perú y Ecuador.

En condiciones normales las corrientes oceánicas llevan hacia la superficie aguas frías de los fondos marinos, fenómeno que se conoce como upwelling o afloramiento. Los upwellings son corrientes de agua fría muy ricas en nutrientes inorgánicos de los fondos marinos y que aprovecha el plancton, el cual es así abundante y rico, atrayendo gran cantidad de peces que se alimentan de él. Las grandes reservas de peces que se forman en estas zonas atraen a su vez numerosas poblaciones de pájaros, que son los «productores» de guano. Al morir, el plancton se hunde, recargando de nutrientes el fondo. A lo largo de las costas peruanas se da, según los expertos, uno de los cinco mayores upwelling de los océanos, los otros están asociados con las corrientes de California en la costa occidental de Estados Unidos, la de Benguela en la costa sudoccidental de África, la de Canarias en la costa noroeste de África, y la Somali frente al cuerno de África en el Océano índico. A pesar de que las zonas de upwelling son una pequeñísima fracción del área oceánica, aproximadamente 0.1%, su extremadamente rica productividad biológica las convierte en zonas pesqueras muy atractivas e importantes. A fines de los años sesenta se calculaba que cerca de 44% del total de capturas provenían de zonas marinas litorales de upwellings.

En el caso sudamericano, los vientos que soplan hacia el ecuador desvían las aguas costeras de la corriente de Humboldt hacia alta mar, provocando como reacción una subida de las aguas intermedias frías, ricas en elementos minerales nutritivos, favoreciendo una gran productividad secundaria que se traduce en una gran densidad de peces y enormes colonias de pájaros marinos, particularmente cormoranes, que históricamente dieron lugar al desarrollo de las guaneras y a la acumulación de guano. Tanto las reservas, en particular las de anchoveta, como las colonias de aves marinas son totalmente dependientes del upwelling.

Este proceso natural se altera periódicamente al cambiar la presión atmosférica en las costas de Indonesia, las bajas presiones que predominan en esas costas se desplazan hacia el este, debilitando las altas presiones prevalecientes en la costa oeste sudamericana. El resultado es que los vientos del este disminuyen, hasta desaparecer, y finalmente se invierten y comienzan a soplar desde el oeste. Con este cambio de vientos las aguas que se habían acumulado en el Pacífico occidental que no son retenidas en las costas asiáticas del Pacífico, pasan a comportarse como en una enorme tina que se inclina hacia Sudamérica; y las aguas templadas en la parte occidental del océano vuelven hacia el este invirtiendo la dirección de la corriente superficial. Es así como en fechas cercanas a la Navidad (de allí el nombre que los pescadores locales le dan: es la corriente que llega con el Niño Jesús). Aparece una corriente superficial relativamente caliente que circula hacia el sur a lo largo de la costa peruana causando un debilitamiento del upwelling. Tanto el nivel del océano como la temperatura de las aguas superficiales de la costa sudamericana aumentan y empujan hacia abajo el termocline, el upwelling se produce entonces por encima del termocline, interrumpiendo el suministro de agua fría rica en nutrientes proveniente del fondo del océano y la consiguiente disminución de la productividad primaria y la alteración de la cadena trófica. Privado de nutrientes, el plancton muere, su desaparición afecta a las especies pelágicas que dependen de él (anchoveta). Los cardúmenes migran en busca de alimentos, su desplazamiento es impredecible y por lo general fuera del alcance de las flotas pesqueras.

El fenómeno era conocido y los pescadores locales lo vinculaban a la mortalidad de pájaros marinos, al ser muy incipiente en ese entonces la pesca de anchoveta. El cormorán de Bugainville que habita la costa peruana se alimenta en forma casi exclusiva de anchoveta, por lo que al mermar las reservas de ésta, se reduce también la población de cormoranes. Este hecho se había constatado con la aparición del Niño en 1956 y 1965, pero como el único predador eran los pájaros, las reservas de anchoveta no se reducían a niveles irrecuperables y se reconstituían al cabo de cierto tiempo.

A comienzos de siglo la explotación de las guaneras era fundamental para la economía peruana. Gran parte de la agricultura mundial dependía del guano peruano y del salitre chileno como únicos fertilizantes. Entre 1957 y 1958 se registra uno de los efectos más violentos del Niño: las poblaciones de pájaros marinos, en particular cormoranes, se reducen de 30 millones a menos de 16 millones al desaparecer su principal alimento: la anchoveta. La industria pesquera era aún incipiente.

En 1955 se inicia la pesca industrial de anchoveta. En 1970 Perú era el líder mundial de la producción pesquera, disponía de una flota de 1 400 barcos, muy modernos para la época, que desembarcaba cerca de 14 millones de toneladas anuales de anchoveta, equivalentes a 20% del total mundial de capturas. En 1971 las capturas peruanas de anchoveta superaron a 12.5 millones de toneladas, para caer violentamente a sólo 4 millones de toneladas en 1972, y a 1.5 millones de toneladas en coincidencia con el Niño de 1972-1973. Las consecuencias económicas fueron desastrosas, entre otras cosas, por la sobredimensión de la flota creada, que según algunas estimaciones tenía una capacidad de captura de 55 millones de toneladas por año. El Niño de comienzos de los setenta coincidió con una industria pesquera intensiva y sobredimensionada, que explotaba la reserva de anchoveta por encima de los niveles de sustentabilidad. Se produce así no sólo el agotamiento de la reserva de anchoveta, sino también la reducción de la población de aves marinas a menos de 3 millones de individuos, comparada con los más de 30 millones censados en 1955.

El Niño no es un fenómeno esporádico sino recurrente, con efectos diversos, perjudiciales para algunos, favorables para otros. Por ejemplo, el Niño de 1982-1983 provocó la concentración de poblaciones de sardinas cerca de la costa norte de Chile, alejándolas de las de Perú, con lo cual las capturas chilenas aumentaron sustancialmente, mientras que las peruanas se redujeron. Sin embargo, la caballa (Jack mackerel) típica de la costa chilena se alejó de ella, se observó su presencia en la costa peruana y fue capturada por primera vez en cantidades comerciales en las costas ecuatorianas, movimiento migratorio que no había sido anticipado. Al mismo tiempo las capturas de anchoveta peruana se redujeron de 1.7 millones de toneladas en 1982 a menos de 120 000 toneladas en 1983. El tema es aún más complejo: la reducción de la anchoveta se notó inmediatamente, ya que puede ser capturada al cabo de un año. Sin embargo, la sardina necesita al menos cuatro años para lograr su peso de captura comercial. En 1982-1983 se calcula que las reservas de sardinas habían perdido 20% de su peso, tanto en las costas peruanas como chilenas, y no desovaron en 1983. Como se ve, los efectos son importantes, si bien temporalmente desfasados, tanto en las pesquerías peruanas como en las chilenas de sardinas. A su vez, las comunidades de pescadores chilenos de erizos y locos (abalones) sufrieron los efectos económicos de la reducción de estas especies causada por el Niño. Sin embargo, esta misma corriente tibia provocó un fuerte aumento de las poblaciones de camarones (shrimps) de manera que sólo la planta peruana de Tumbes recibía cinco toneladas diarias de capturas, lo que significó un total superior a las 75 t mientras duró el Niño.

Los casos de agotamiento de reservas pesqueras han sido documentados in extenso por la FAO.3 En América Latina se tiene la triste experiencia de la sobreexplotación de la anchoveta y el colapso de la industria pesquera peruana, experiencia que parece no haber dejado muchas enseñanzas. En Chile, el sector pesquero dinámico, con una tasa de expansión de 12% anual, representa casi 12% del PIB, pero las reservas de las principales especies pelágicas, que constituyen 90% de las capturas totales chilenas, han disminuido dramáticamente: entre 1986 y 1989 la biomasa de jurel, la más importante de las especies pelágicas de la pesquería chilena, se redujo en 80%, mientras que la de sardina cayó de una estimada en 9 millones de toneladas a inicios de los ochenta, a cerca de 3 millones a fines de la década, con lo cual sus capturas se han reducido en 30%. Por lo que respecta a las especies demersales, su principal exponente, la merluza, ha reducido su biomasa en 50%; a esto se añade la práctica desaparición de algunos moluscos.4 Chile es hoy además uno de los primeros productores de salmón de acuacultura, cuyo cultivo depende de un área de sustento ecológico o «área sombra» impresionante: 50 000 veces el área de sus viveros.