EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA
PRODUCCIÓN PESQUERA

Entre 1950 y 1970 las capturas mundiales aumentaron a una tasa anual promedio de 6%. El colapso de la pesca de anchoveta en Perú a comienzos de los setenta, contrajo el volumen de capturas a los niveles de 1968, iniciándose un periodo de crecimiento mucho más lento, a tasas anuales promedio de 2.5%, muy inferiores, por lo tanto, a las de las dos décadas precedentes, que alcanzaron 100 millones de toneladas en 1990. Desde entonces las capturas se han estabilizado y fluctúan entre 97.5 millones de toneladas en 1990 y 101 millones de toneladas en 1993. Los países en desarrollo aportan 60% del volumen mundial total de producción pesquera.

La evolución señalada ha ido asociada a cambios significativos en la composición de las capturas. El aporte de especies tradicionales de alto valor ha disminuido, mientras que la captura de especies de menor valor ha aumentado, si bien exhibiendo acentuadas fluctuaciones. Es así como un porcentaje significativo del aumento de las capturas registradas en las últimas dos décadas, es atribuible a una sola especie: el bacalao abadejo de Alaska (Alaska pollack) que representa cerca de 5% del total de capturas. Otra contribución importante es la de unas pocas especies pequeñas de cardúmenes pelágicos. La densidad poblacional de estas especies experimenta amplias fluctuaciones debidas a cambios ambientales. Así, con la caída de la anchoveta peruana en 1972 la captura de este tipo de especies se contrajo de 16.7 millones de toneladas en 1970 a 6.3 millones en 1973. En 1980 la captura de especies pelágicas pequeñas se había recuperado, alcanzó los 13.2 millones de toneladas y llego al máximo de 21.3 millones en 1989, contribuyendo así con 20% de las capturas mundiales totales. Este aumento se atribuye principalmente a la captura de sardina japonesa y sudamericana y de caballa (Jack mackerel) chileno. Al mismo tiempo se observa, a lo largo de las últimas dos décadas, la disminución significativa de las capturas de diversas especies demersales, tales como el bacalao del Atlántico, la merluza del Cabo, el abadejo (eglefin) o merlán, el saithe (variedad de bacalao), y el pez rojo del Atlántico. Estas disminuciones son claramente atribuibles a la sobrepesca.

Es notable la fuerte concentración de las capturas en pocas especies. Si bien, se conocen unas 30 000 especies de la fauna marina, las explotadas comercialmente no alcanzan a 1 000 y, en realidad, no más de una veintena de especies, entre las que cabe mencionar: anchoas, sardinas, arenques, bacalao, merlán (pescadilla), abadejo, merluza, caballa, túnidos --atún y bonito--, fletán, lenguado y platija, a los que se añaden: mariscos, cefalópodos y mamíferos marinos, particularmente cetáceos, aportan más de 90% de las capturas anuales. En 1993 las diez principales especies aportaron 32% del total de capturas.

Ha habido incrementos constantes en las capturas de especies pelágicas oceánicas, de atún, cefalópodos y mariscos. En términos de valor, la evolución indica que, a excepción del atún, las especies cuyas capturas aumentan son especies de menor valor, principalmente pelágicas, destinadas a su conversión en harina de pescado para alimentación animal. En contraste con esto las capturas de especies de alto valor se han reducido. Esto explica por qué el incremento registrado en los volúmenes totales de capturas no ha ido acompañado por un aumento similar en el valor de las mismas.

La información disponible de las últimas décadas revela que la captura intensiva de especies pelágicas (sardina, caballa, anchoveta, etc.) puede comprometer seriamente la recuperación de sus existencias. También parece demostrado que la sobrepesca de bancos de alto valor ha llevado a su agotamiento progresivo y, consecuentemente, a una fuerte contracción de la oferta con el lógico aumento substancial de los precios. Es frecuente que en estos casos los volúmenes descargados se mantengan gracias a la captura de poblaciones jóvenes, lo cual tiende a acentuar los efectos negativos de la sobrepesca. Se estima que la explotación de especies demersales ha alcanzado su límite y que no existe potencial para incrementos futuros. Es así como las capturas se han orientado, tanto en el Pacífico norte como en el Atlántico norte, a especies de menor valor tales como el romero o merlán (blue whiting). Algo similar ocurre con las especies pelágicas más importantes, como la sardina japonesa y las especies del Pacífico sudeste, a cuya pesca intensiva se atribuyen las caídas de los últimos años.

A comienzos de la década, la FAO estimaba que aproximadamente 69% de las existencias de las cuales dispone de información fidedigna estaban totalmente explotadas y de éstas 63.4% intensamente explotadas, 23.2% sobreexplotadas, 8.7% agotadas y un 4.3% con indicios de lenta recuperación de la sobrepesca sufrida.

Los más importantes países pesqueros de América Latina son Chile, Perú y México, que poseen caladeros considerados entre los más productivos del mundo, en especial los dos primeros gracias al upwelling de la corriente del Perú y de la corriente de Humboldt. Perú y Chile, con un total que fluctúa entre 14 millones y 12 millones de toneladas anuales, son responsables de 80% de las capturas totales de la región, dato que los coloca entre los cinco países pesqueros más importantes del mundo y son los mayores oferentes de harina de pescado en el mercado mundial. En 1993 las capturas peruanas totalizaron 8 millones 451 mil toneladas y las chilenas 6 millones 38 mil toneladas, por debajo de las de China, que fueron de 17 millones de toneladas, y las de Japón, que fueron levemente superiores a las peruanas: 8.5 millones de toneladas.

Las capturas de Perú y Chile son muy concentradas en pocas especies de origen pelágico, cuyas existencias tienden a fluctuar apreciablemente (anchoveta, jurel, sardina y caballa), de valor relativamente bajo y destinadas fundamentalmente a la fabricación de harina de pescado. Para el caso peruano, 90% de las capturas corresponde a la anchoveta y la sardina sudamericana, mientras que las capturas chilenas están constituidas en 81% por esas dos especies más la caballa (Jack mackerel). Estas capturas las llevan a cabo flotas industriales o semiindustriales que relegan a un papel minoritario la actividad pesquera artesanal.

En este panorama cabe distinguir la época en la cual Perú dominó el mercado mundial hasta la crisis de la anchoveta, y una segunda etapa caracterizada por la expansión de la pesquería demersal chilena. ésta a su vez tiene dos etapas: una entre 1977 y 1983 caracterizada por la presencia de buques factorías extranjeros, fundamentalmente japoneses, españoles y coreanos. La explotación estaba fundamentalmente orientada a la producción de material congelado (troncos de pescado eviscerado, principalmente merluza y congrio dorado) que se exportaba como materia prima para plantas procesadoras en los países de origen.

En este periodo la preocupación ambiental se tradujo en la fijación de cuotas de captura y normativas concernientes a la apertura de la malla de las redes.

A partir de 1983 se favoreció la instalación de plantas procesadoras en territorio chileno y la entrada de otros tipos de embarcaciones, fundamentalmente buques congeladores para pesca de arrastre y buques factorías palangreros, capaces de abastecer las factorías en tierra firme. Esta nueva fase permitió la expansión del área cubierta. Las flotas pesqueras extendieron sus actividades desde la explotación en el mar exterior de la región de Chiloé al Cabo de Hornos, a las aguas interiores y los fiordos de Aysén. Esta expansión favoreció la pesca artesanal, que actualmente abastece 75% de la materia prima para las plantas procesadoras de la región.

Los principales problemas que enfrenta América Latina en relación a sus recursos marinos es el de la sobreexplotación, lo que se ha acentuado seriamente a lo largo de la última década.

Según estudios realizados, entre otros, por la FAO, en base a estimaciones de la biomasa de las especies pelágicas regionales, los niveles de capturas en los caladeros chilenos y peruanos superan los niveles de rendimiento máximos sustentables al oscilar entre 104% y 288%.

Este problema tiene una triste historia en América Latina desde el agotamiento de la anchoveta y el quiebre de la industria pesquera peruana en la primera mitad de los setenta. En 1975, las capturas de anchoveta habían caído a poco más de 3.4 millones de toneladas desde una cifra de más de 12 millones de toneladas en 1970. En 1970, Perú representaba 18% del total de peces, moluscos y crustáceos capturados en todo el planeta.

El sector artesanal no escapa a la sobreexplotación como lo demuestra actualmente Chile, que enfrenta la desaparición de diversas especies de moluscos, crustáceos y peces que alimentan una de las industrias de harina de pescado más grandes del mundo. La sobreexplotación se manifiesta también en otras áreas de la región, por ejemplo, en las capturas de larvas de camarón en Ecuador y Perú, y de especies costeras cuyos niveles de captura por unidad de esfuerzo son inferiores a los niveles históricos.