LAS FUNCIONES DEL BOSQUE

La conversión y la destrucción de los bosques no tienen que examinarse exclusivamente en función de los aspectos económicos, medidos éstos por el valor monetario del producto de uso final principal que de él se extrae, la madera; sino en relación con las amplias funciones que el bosque desempeña en el sistema natural. Sus principales funciones pueden agruparse en protectivas, reguladoras y productivas a nivel del ecosistema, y adquieren valor económico según el uso que el hombre haga no sólo del recurso forestal, sino de la totalidad de cada ecosistema. Así, según el estudio UNESCO-UNEP-FAO ya citado,11 las funciones del bosque se clasifican en la forma siguiente:

  1. Funciones protectivas

  2. Funciones reguladoras

  3. Funciones productivas

Todas las funciones pueden ser manejadas por el hombre a fin de llevar al máximo los beneficios de su uso. La importancia del bosque tropical en el funcionamiento del sistema natural y las características especiales que le son inherentes, así como el papel que desempeña o puede llegar a desempeñar en el desarrollo de la periferia, justifica que subrayemos a continuación, algunos de sus aspectos.

Se dice que el bosque tropical trasciende en importancia la de las áreas tropicales. En efecto, aun cuando representa aproximadamente 50% de los bosques mundiales, desempeña un papel importantísimo en la regulación de los climas en el mundo. En las regiones tropicales --que son 40% de la superficie terrestre-- se efectúa 58% de la evaporación en el ciclo global del agua. Así mientras en Finlandia la evaporación promedio es de 20 cm por año y en el sureste de Inglaterra de 50 cm, en el Congo y en Kenia es de 120 y 150 cm anuales respectivamente. En Carolina del Norte fluctúa entre 80 y 120 cm, en tanto que en Sudán, en los pantanales del Nilo, alcanza 240 cm por año.12 Cabe mencionar, como aspecto interesante, que menos de la mitad de la precipitación pluvial del área amazónica llega a escurrirse por los ríos. Ahora bien, resulta que 20% del agua dulce del mundo se encuentra en dicha área.13

Los bosques tropicales, a pesar de representar sólo 4% de la superficie terrestre, son responsables en más de 25% de la fijación del carbono en la tierra a nivel mundial. Estos bosques tienen además función reguladora térmica mundial. La radiación neta en las zonas tropicales es alta, debido a que el sol está cerca del cenit durante todo el año, efecto que se suma al bajo albedo del propio bosque y a la baja temperatura de la canopia forestal. La energía evaporada se transporta fuera de los trópicos como calor latente, y está disponible en el balance térmico después de la condensación del vapor de agua, desempeñando consecuentemente un papel importante en el sistema termodinámico del mundo.

El proceso de deforestación, al eliminar la cubierta protectora, aumenta la reflectividad, con lo cual se incrementa la reflexión de calor solar. En los suelos húmedos tiende a aumentar la evaporación y, por lo tanto, los suelos tienden a enfriarse. En cambio, en los suelos secos aumenta la absorción por radiación, y ello hace que tales suelos sean más calientes. Sus mayores temperaturas aumentan las tasas de mineralización, afectando en definitiva su estabilidad y estructura, viéndose reducida su resistencia, quedando así más expuestos a la erosión.

El proceso de deforestación apareja la destrucción de los arbustos y otras plantas y vegetales que, junto con los árboles, constituyen el ecosistema y posibilitan su funcionamiento. Al desaparecer los árboles más altos, se produce un lento deterioro de aquellas plantas más bajas, y, finalmente, el suelo queda expuesto a los efectos erosivos del viento y de las lluvias. La pérdida de la cubierta vegetal y del humus va disminuyendo paulatinamente la capacidad de retención de agua, se reduce el proceso de transpiración por falta de árboles y el clima se va modificando poco a poco.

La cubierta vegetal del bosque tiene una función estratégica en el ciclo de nutrientes que se lleva a cabo en estos ecosistemas tropicales. La exuberante vegetación es la que capta y almacena los nutrientes solubles: nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio. Al contrario de los ecosistemas templados, los suelos de los ecosistemas tropicales no tienen capacidad de retención de los nutrientes. Cuando éstos quedan en él, son rápidamente afectados por el proceso de lixiviación y, por lo tanto, se pierden para los fines productivos de la biomasa. En otras palabras, para que el ecosistema sea eficiente, es preciso que los nutrientes pasen rápidamente a la masa vegetal, que se encarga de su reciclaje.

El cumplimiento de este proceso requiere varias funciones del ecosistema tropical. Así, por ejemplo, el bosque se caracteriza por una intrincada red de raíces, que se extiende hasta 100 m del tronco principal y penetra hasta 30 m de profundidad, constituyendo un sistema tres veces más denso que el de los bosques templados, y logra una alta eficiencia en el proceso de absorción de nutrientes cuya pérdida no alcanza 1%.14

Facilitan el proceso, el acelerado crecimiento del bosque tropical y la rápida descomposición, posibilitados por la elevada temperatura promedio y la humedad ambiente. Esta pronta descomposición se traduce en una muy pequeña capa de materia orgánica y humus, y el rápido reciclaje hace que entre 75% y 90% de los nutrientes de los sistemas tropicales se encuentren almacenados en la masa vegetal, siendo los suelos muy pobres en nutrientes, con el inconveniente de que la delgada capa de humus facilita de un lado la retención de aluminio y óxidos de fierro y níquel, pero aumenta la solubilidad de sílice y caolín, propiciando los procesos de laterización.15 Esto quiere decir que los suelos tropicales son habitualmente pobres en calcio, potasio, fósforo y otros minerales.

La eficiencia del proceso se ve asegurada por la gran diversidad de especies del bosque tropical, que permite la presencia simultánea de especies con diferentes requerimientos. Estos bosques se caracterizan por la baja concentración de variedades de la misma especie y por la proliferación de muchas especies en reducidas áreas. Una de las características más relevantes del bosque tropical, es su enorme diversidad vegetal y animal. Se estima que contiene entre 40 y 50% de los 10 millones de especies que se calcula que existen en la tierra.16

Meyer señala que la Amazonia, el área más rica del mundo, tiene un millón de especies entre plantas y animales: más de 1 800 especies de pájaros, 2 000 especies de peces, es decir, cuatro veces más que la cuenca del Zaire, ocho veces más que la del Mississippi y diez veces más que toda Europa.

Esta enorme variedad no sólo constituye la más grande reserva genética del mundo, sino que cumple un papel clave en el funcionamiento del ecosistema, al permitir su perpetuación y regeneración. Pero además, proporciona recursos alimentarios, medicinales e industriales, que no han sido evaluados más que en mínima parte. Sólo 1% de las especies de los bosques tropicales han sido estudiadas con miras a su utilización económica; 1 500 plantas de bosques tropicales tienen propiedades anticancerosas; más de 50% de los medicamentos modernos provienen de plantas, en su mayoría tropicales, incluyendo la estricnina, la reserpina, el curare y la quinina;17 más de 30 000 plantas tienen propiedades alimentarias, y, en cuanto a las posibilidades industriales --aparte de la habitual y tradicional de la madera--, cabe mencionar las abundantes especies para la producción de gomas, resinas, alcanfores, aceites, látex, etc. En lo que respecta a las propiedades alimentarias, la diversidad de los ecosistemas forestales los convierte en importantes reservas de alimentos, capaces de paliar las escaseces debidas a la estacionalidad o de complementar dietas poco diversificadas. FAO señala que pequeños roedores, pájaros, reptiles y otros animales de mayor tamaño proporcionan gran porcentaje de la proteína animal que consumen ciertos pueblos. Plantas y frutos silvestres constituyen también recursos alimentarios que se pueden obtener directamente del mercado. Se estima que los bosques húmedos albergan a 200 millones de personas y los proveen de sus necesidades más esenciales: fibras y madera para la construcción, leña, forraje para los animales, etc.18 Además, los bosques tropicales están proporcionando variedades de predadores y plagas de insectos con fines de control biológico para la agricultura. Los productores de cítricos de Florida (Estados Unidos) importaron recientemente, a un costo de 35 000 dólares, avispas parásitas para proteger sus plantaciones. Este tipo de control biológico ha permitido un ahorro que fluctúa entre 25 y 35 millones de dólares anuales.19

Por lo tanto, los procesos de deforestación tienen un costo tanto en términos monetarios por productos valorados por el mercado, como también un costo mucho más grave, insidioso, y de efectos a largo plazo mucho más graves que está asociado al deterioro de las funciones protectoras, reguladoras y productivas del bosque. Se pierden tierras fértiles, se producen inundaciones al desaparecer la función protectiva y reguladora; desaparecen especies al perder el bosque su función de hábitat; pérdidas del recurso agua al alterarse el ciclo hidrológico, y la función reguladora del bosque, pérdidas de especies madereras; cambios climáticos, aparición de plagas que hacen inhabitables ciertas áreas. Algunos de estos procesos son irreversibles, pero otros se recuperan lentamente a un elevado costo económico.

El proceso de laterización --formación de desiertos rojos, a consecuencia de la deforestación y posterior compactación y recalentamiento de los suelos tropicales-- es básicamente irreversible, y se considera como una de las causas fundamentales de la desaparición de la civilización Khemer (Cambodia). Asimismo, ha hecho fracasar el establecimiento de haciendas agrícolas en la zona de Iata, en la Amazonia: a los cinco años de iniciarse el proceso, la zona se había transformado en un «pavimento de rocas».20 La pérdida de variedad genética es otro de los efectos irreversibles, cuya importancia y magnitud es hoy en día imposible de calcular. Los procesos de deforestación del Himalaya son causa de las inundaciones periódicas en el sudeste asiático, inundaciones que tienen desastrosas consecuencias. En el valle del Indo ha habido más inundaciones en los últimos 25 años que en los seis decenios previos. Las inundaciones de 1973 fueron catastróficas, pues cubrieron 2 millones de hectáreas cultivadas y 10 000 aldeas.21 El monzón de 1978 ensanchó 40 veces la anchura normal del cauce del Ganges, inundando las zonas agrícolas con daños calculados en 2 000 millones de dólares.

Por otra parte, debido a la deforestación, los ríos que corren en la frontera entre Nepal e India están secos durante gran parte del año, para desbordarse después en las épocas lluviosas, alcanzando anchuras de un kilómetro y medio.

Las inundaciones y deslizamientos de tierras en Filipinas ocasionan pérdidas anuales de 20 millones de dólares. Las grandes obras hidráulicas se ven afectadas por la deforestación, tanto por la disminución en los caudales de agua, como por los daños que causa el atarquinamiento. Por ejemplo, el atarquinamiento de la presa de Ambuklao, al norte de Luzón, provocado por la deforestación con la consiguiente pérdida de capacidad de retención de agua, ha reducido de 60 años a sólo 32 la vida útil de esa importante obra.22

La sedimentación resultante de los procesos de deforestación y erosión del Himalaya han reducido la vida del proyecto Ram Ganga de 150 a sólo 45 años.23

La acelerada deforestación de Haití, que ha reducido el área boscosa de 80% del territorio a sólo 9% en 25 años, se menciona como una de las causales de la sequía que ha asolado a la isla en los últimos años. Las precipitaciones se han reducido a un tercio de sus medias normales, afectando el suministro de energía eléctrica y obligando a las autoridades a establecer racionamientos energéticos.

La deforestación origina, asimismo, los grandes problemas que enfrenta Panamá. Las áreas de captación de aguas disminuyeron al reducirse los bosques en 35% a partir de 1952, pero además el agua disponible en los lagos Gatún y Alajuela bajó a niveles que impiden a veces la plena utilización del canal. Así sucedió en 1977, cuando el nivel del lago Gatún se quedó debajo del requerido para tal uso. Por su parte, el atarquinamiento del lago Alajuela produce un proceso de sedimentación que amenaza el paso de barcos de gran tamaño por el canal.24

Por otro lado, la deforestación puede originar ciertas pestes, como en el caso de Sierra Leona, donde significó la destrucción del hábitat natural del predador de la mosca tse-tse, vector de tripanosomiasis. Este insecto se reprodujo rápidamente y la enfermedad se propagó a medida que el proceso de deforestación se llevaba a cabo.

La deforestación se debe a causas muy diversas: actividades de subsistencia para la provisión de leña combustible, maderas para uso industrial, expansión de la frontera agropecuaria, cultivos migratorios, apertura de carreteras, irracional explotación de bosques, explotación ganadera, etcétera.

Las causas principales de deforestación pueden agruparse como sigue:

Las necesidades de energía para uso doméstico en los países en vías de desarrollo suelen ser uno de los motivos más importantes de deforestación.

El consumo de leña para fines energéticos directos absorbe 1 800 millones de m3, es decir, más de la mitad del consumo mundial de madera. Además, 300 millones de m3 de residuos de la manufactura de la madera se recuperan para producción de energía, por un valor equivalente a 520 millones de toneladas de petróleo. Esto representa aproximadamente 5% del consumo mundial de energía.

El 90% del consumo de madera para energía se produce en los países en desarrollo, donde se estima en más de 2 000 millones, las personas que dependen de este tipo de energía. En estos países el consumo de madera para energía representa entre 80% y 85% de su producción anual de madera, con un máximo de 93% en África y un mínimo de 80% en América Latina.

En 1978 la madera propiciaba sólo 1% del suministro de energía de los países desarrollados, mientras que en los países en desarrollo era de 21% y en África alcanzaba 58%; el promedio mundial era 5%. En ese entonces se calculaba que del total de madera consumida anualmente en países en desarrollo, 82% tenía tal destino.25 La madera contribuía con 58% al total de energía consumida en África, 42% en Lejano Oriente, 20% en América Latina y 14% en Medio Oriente. En Tanzania, el consumo de madera para la producción de energía per capita era de 1.8 t al año, y representaba 96% del consumo total de ese rubro.

Al promediar la última década de este siglo la situación apenas ha cambiado, la madera para energía alcanza 1 560 millones de metros cúbicos y representa 80% de la producción de leña de los países en desarrollo, volumen equivalente a 400 millones de toneladas de petróleo y a 15% del consumo energético de los países en desarrollo. Más aún, en 40 de los países más pobres del mundo la madera provee más de 70% del consumo nacional de energía. En estos países el consumo de energía proveniente de la madera fluctúa entre 0.1 y 0.5 t de petróleo equivalente per capita y constituye prácticamente el único suministro energético en muchas partes del mundo en desarrollo. En algunas regiones el consumo de energía proveniente de la madera es escaso, y las comunidades deben recurrir a la quema de hojas, arbustos, residuos agrícolas, rastrojos y estiércol, como es frecuente en algunas partes del subcontinente índico, donde 50% de la energía consumida en algunas zonas rurales tiene ese origen. En contraste, el promedio de uso de madera para energía en los países en desarrollo es similar, 0.2 t de petróleo equivalente, pero en este caso no pasa de ser sino un pequeñísimo complemento del consumo de otras formas de energía.26

En 1988 la FAO consideraba que el consumo mundial de madera para fines energéticos debería ser de 2 235 millones de metros cúbicos en el año 2000. Sin embargo, señalaba que este aumento del consumo se encontraba limitado en los países en desarrollo, por las posibilidades de abastecimiento que permiten un crecimiento máximo de 2% anual promedio, con lo cual se llegaría al año 2000 con un consumo de 1 900 m3 por año. Esta cifra resulta inadecuada para satisfacer las necesidades de la población: se estima que alrededor de 2 400 millones de personas enfrentaron una aguda escasez de leña o se encontrarán en áreas deficitarias. Si proyectamos las necesidades actuales de leña al año 2000, éstas excederán las posibilidades de abastecimiento en 500 millones de metros cúbicos en América Latina. Para satisfacer estas necesidades se requeriría plantar anualmente 7 millones de hectáreas de árboles.27

Proyecciones más recientes señalan que hasta el año 2010 los países en desarrollo aumentarán el consumo de madera para fines energéticos a una tasa promedio anual de 1.6%, lo que los llevaría a un consumo de 2 120 millones de metros cúbicos en el 2010.28

La utilización de bosques para uso doméstico ha producido, por un lado, un proceso de erosión de tierras en zonas tropicales, y es sin duda una de las causas del avance de los desiertos en las regiones del Sahara y del Sahel.

Se calcula que los árboles desaparecieron en un área de 70 km alrededor de Ouagadougou. Por otro lado, la creciente escasez de leña obliga a recogerla de lugares distantes. En el Sahel, por ejemplo, hoy es común que la recolección de leña obligue a un recorrido semanal de más de 100 km, y al mismo tiempo representa un porcentaje creciente del ingreso per capita de las poblaciones de estas áreas.

La FAO calculaba, a mediados de los ochenta, que el consumo de leña para energía absorbía 15% de los ingresos en la región de las tierras altas de Corea y 25% en regiones de la sierra andina y en Sahel. En Colombia, Níger, Burkina-Faso, Tanzania y Kenia se calculaba entre 20% y 30% del ingreso familiar dedicado a la adquisición de leña para fuego. En Tanzania se calcula que los 250 a 300 hombres/día que emplea cada familia en la recolección de leña, representan una pérdida neta de 430 a 515 dólares.

El consumo de madera para fines industriales que en 1975 era de 132 millones de toneladas de papel y celulosa, aumentó a 238 en 1990, mientras que el consumo para paneles y otros productos similares ha aumentado de 47 millones de metros cúbicos, a 125 millones de metros cúbicos. De esos totales los países en desarrollo aportaban, en 1990, 42 millones de toneladas y 17 millones de metros cúbicos, respectivamente.

Entre 1950 y 1973 aumentó notablemente el consumo de madera tropical para tableros y otros usos industriales: de 26 millones de metros cúbicos a 109 millones, mientras que la exportación de los países tropicales subía de 3.8 a 47.4 millones de metros cúbicos. En 1976 el valor de las exportaciones de madera tropical alcanzó los 4 000 millones de dólares cuando en 1954 era de 272 millones. Pese a este espectacular crecimiento, las maderas tropicales sólo representaban 15% del comercio maderero internacional.

En 1990, el comercio mundial de maderas fue de 97 mil millones de dólares, lo cual representa 3% del comercio mundial de mercaderías, habiéndose más que triplicado en términos reales; dentro de esta evolución, las exportaciones de los países en desarrollo participan con 15%. Los principales exportadores del Sur son Indonesia y Malasia, con exportaciones por 3 000 millones de dólares; Brasil, con exportaciones por 1 800 millones de dólares, y Chile, que exporta maderas por un total de 800 millones de dólares.

Por otro lado, esta explotación sólo en muy pequeña escala ha llegado a procesos avanzados de manufactura. La madera en rollizo representaba, en 1973, 79% de la exportación maderera de los países en desarrollo, siendo 15% madera aserrada y sólo 6% en forma de paneles y chapas. La elevada exportación de madera en bruto, debida principalmente a la ausencia de industria procesadora interna, implica que sea mínimo el valor agregado generado por esa industria. El problema se acentúa cuando la explotación se lleva a cabo por corporaciones multinacionales que remiten al extranjero «royalties», utilidades, importante parte de los sueldos, etcétera.

Desde el punto de vista ocupacional, tal desarrollo ha dejado bastante que desear. La explotación maderera moderna es intensiva en capital y al mismo tiempo, una cantidad importante de sueldos y salarios se canaliza hacia el personal especializado extranjero. La situación varía según las regiones, siendo más acentuada en África y menos en Asia y en América Latina. En el caso africano, 40% del ingreso generado por el madereo y su transporte e industrialización se paga a personal extranjero proveniente de países industrializados, 30% a personal africano de otras regiones, y sólo 30% constituye ingreso para el personal local.29

Los beneficios de la explotación forestal en países en desarrollo, y en especial de los bosques tropicales, disminuyen más todavía si se calculan las pérdidas debidas a las formas tradicionales de explotación empleadas. Se pierde madera de especies forestales de valor internacional relativamente escaso o simplemente de valor desconocido. Ello se debe, en parte, al hecho de que la explotación del bosque tropical está aún restringida a unas cuantas variedades que logran precios interesantes en los mercados internacionales. Una de las características del bosque tropical es la poca concentración de una variedad, en oposición a una gran diversidad por hectárea. Así, en una hectárea de selva amazónica, en la región de Manaos, se encontraron 235 especies diferentes de árboles, cuando en un bosque templado lo normal es encontrar no más de diez especies.30 Los estudios sobre los bosques ecuatoriales de Brasil revelan la existencia de 700 especies y en una hectárea cualquiera hay un millar de árboles de más de 5 cm de diámetro, pertenecientes a unas 100 especies en promedio. De estos 1 000 árboles, unos 40 pueden ser considerados de tamaño comercial.31 La forma típica de explotación del bosque tropical es lo que en inglés se llama skimming, es decir, una operación altamente selectiva de especies comerciales, con absoluto desprecio por el resto de las especies, que se destruyen o se ven irremediablemente dañadas. Lo habitual es que se utilicen muy pocas variedades: generalmente, no más de unas 20 de 400 variedades promedio. El madereo de las especies comerciales se efectúa a expensas de las otras.

La apertura de caminos madereros representa a veces hasta 10 km por km2 de bosque explotado. Ello, junto con las zonas de depósito, llega a ser hasta 10% y 30% de la superficie forestal.32 Tal sistema de explotación implica que en África sólo se utilizan de 5 a 20 m3 por hectárea, y que en Asia, entre un tercio y dos tercios de los árboles restantes quedan dañados y se pierden irremediablemente. Según la FAO,33 el promedio en las zonas tropicales en general es de un décimo.

La utilización de tecnología no apta para zonas tropicales es en parte causa de este uso ineficiente del recurso. La maquinaria es demasiado pesada o demasiado liviana, y está adaptada a las exigencias de los bosques templados norteamericanos y europeos, pero ciertamente no diseñada para los bosques tropicales. Así, es frecuente que se inutilicen los suelos, debido al uso de tal maquinaria. Con base en la estimación de un tercio de bosque dañado, Meyer calcula que la explotación maderera provoca la eliminación de entre 17 700 y 29 000 km2 de bosque tropical húmedo al año, con la consiguiente pérdida de especies vegetales y animales, algunas en forma definitiva.34 Por otro lado, la tecnología mencionada tiene escaso impacto desde el punto de vista ocupacional.35

La expansión de la frontera agropecuaria y la apertura de bosque tropical con fines ganaderos para la exportación de carne, han adquirido --sobre todo en América Latina-- una importancia creciente, y se añaden a las causas ya señaladas de eliminación de la cubierta forestal. En estos casos se da una expansión de tipo horizontal de la frontera agropecuaria que se podría denominar espontánea, basada en la colonización y en la penetración del bosque tropical y que se caracteriza por un nivel tecnológico relativamente bajo, más bien orientada a la producción agrícola para abastecer las zonas urbanas, con la pérdida de fertilidad de las tierras que se van incorporando y el aumento de costos necesarios para mantener los niveles de productividad. Muchas de estas áreas se fueron transformando en actividades ganaderas, estimuladas por los altos precios de la carne en el mercado internacional.

Frente a esta expansión de tipo espontáneo se encuentra la expansión basada en políticas de colonización que fomentan la penetración de la actividad privada en las explotaciones ganaderas. Este proceso de deforestación con vistas a la expansión del ganado para la producción de carne destinada a los mercados internacionales es importante en América Latina y en especial en Brasil y Centroamérica. La apertura del bosque tropical es fomentada por las políticas económicas de los respectivos países, que consideran una oportunidad para lograr ingresos sustanciales de divisas en los altos precios de la carne y las tendencias de crecimiento en su demanda internacional.

La mayor parte de la explotación ganadera en terrenos deforestados de regiones tropicales se lleva a cabo por las grandes corporaciones internacionales, entre las que cabe mencionar a Volkswagen, Sifco Industries, Mitsui, Liquigas, Markhof, etc. Estas empresas obtienen permisos gubernamentales para la remoción del bosque, sujetos a ciertas normas en cuanto a la magnitud de deforestación. Sin embargo, los objetivos e intereses de las grandes transnacionales no necesariamente coinciden con los de los gobiernos. éstos, además, en la gran mayoría de los casos, no tienen capacidad técnica ni administrativa para fiscalizar el cumplimiento de las normas establecidas, por lo cual son frecuentes los conflictos.

El caso está ilustrado por el ya histórico conflicto surgido en 1976 entre la Volkswagen y el gobierno de Brasil. Este último recibió del gobierno norteamericano fotografías obtenidas desde el satélite Skylab, que mostraban extensas áreas del estado de Pará cubiertas por el fuego en las concesiones de Volkswagen. La empresa tenía autorización para deforestar 9 000 ha, área muy inferior a la revelada por las fotografías del Skylab. La compañía fue multada con 6 millones de dólares.36 Sin embargo, cabe preguntarse acerca del verdadero daño causado por el desmonte que se realizó.

La deforestación para fines comerciales ganaderos se lleva a cabo en su mayor parte con pérdida absoluta de recursos madereros, ya sea utilizando fuego, como en el caso mencionado, o por el uso intensivo de herbicidas. Como consecuencia de lo anterior, se estima que un promedio de 50 m3 de madera comercial por hectárea se pierde por quema. Se calcula que Brasil ha convertido 80 000 km2 de bosque tropical en pastizales para ganadería, con una población de siete millones de cabezas de ganado entre 1965 y 1980.

Por otra parte, los pastizales desarrollados a expensas del bosque tropical dejan bastante que desear en cuanto a rendimientos. La densidad ganadera parece ser relativamente baja: sólo un animal por hectárea, con animales que necesitan cuatro años para llegar a un peso comercial. Además, los pastizales van perdiendo rápidamente fertilidad y para mantener su productividad requieren grandes cantidades de abonos. Se estima que la productividad se mantiene por sólo seis a diez años,37 y que el pastizal se ve posteriormente invadido por matorrales, a menos que se introduzcan costosas técnicas de mantenimiento con fertilizantes. Sin embargo, frente a la posibilidad de una expansión relativamente «barata» de la frontera, el industrial prefiere abandonar el pastizal y desmontar nuevas áreas de bosque. La consecuencia es la destrucción, a menudo irreversible, del bosque tropical, con resultados económicos de dudosa eficiencia para el proceso de desarrollo en el largo plazo.

De 1960 a 1979 la ganadería centroamericana registró una expansión de 160%, con un concomitante incremento en la exportación de carne de 20 000 a 150 000 t, y una reducción del bosque tropical de 400 000 km2 en 1960, a unos 180 000 km2 en 1978. En Costa Rica, entre 1950 y 1973 se incorporaron 1.2 millones de hectáreas de bosque al uso agropecuario, lo que significó reducir el área forestal, que representaba 76% del país, a 52.5%.38 Entre 1961 y 1978 la producción de carne en Costa Rica se incrementó en 228%, pero es curioso que el consumo interno se haya mantenido a niveles extremadamente bajos, reduciéndose a sólo 12.6 kilos per capita al año. Es decir, la explotación ganadera estuvo básicamente orientada a satisfacer los mercados internacionales. Por otra parte, la exportación se hace a precios muy inferiores a los imperantes en los centros ganaderos de los países desarrollados. La carne de vacuno importada durante 1978 por Estados Unidos desde Centroamérica, registró un precio promedio de 1.47 dólares por kilo en circunstancias que el precio de la carne producida en Estados Unidos registraba un precio al por mayor de 3.3 dólares por kilo. ¿Cómo computar en estos casos el costo de la destrucción del bosque tropical en el precio de la exportación de carne?

La apertura de carreteras es otro factor de eliminación de los bosques tropicales. Hasta 1985, se estimaba que 18 millones de hectáreas habían sido deforestadas en Brasil para abrir carreteras. El caso más polémico y político fue el de la Transamazónica, realizada con préstamos del Banco Mundial por 400 millones de dólares. La carretera une el nordeste brasileño con la frontera peruana, en una extensión de casi 6 000 kilómetros, y permite la colonización de un área considerable, estimada en 100 kilómetros a ambos lados del camino. Otras obras viales brasileñas como la Transpantaneira y la carretera Belem-Brasilia, y aquellas otras a través del Darién y el Orinoco, dan una idea de la cantidad de bosque --y sólo en América Latina-- que se elimina a consecuencia del desarrollo vial.

Los cultivos migratorios son otra causa --probablemente la más antigua-- de la deforestación tropical. Arnold39 señala que los cultivos migratorios constituyen la principal fuente de deforestación en el mundo en desarrollo, representando aproximadamente 70% de la deforestación en África, 50% en Asia y 35% en la América tropical. El proceso consiste en la migración de una región a otra para permitir la recuperación de la fertilidad de los suelos. La FAO indica que el periodo de barbecho natural para la recuperación de la fertilidad en el trópico húmedo varía entre ocho y doce años, mientras que en las zonas más secas puede ser de veinte a treinta años.40 Se estima que 340 millones de personas practican cultivos migratorios en bosques tropicales sobre un área de 329 millones de hectáreas.51 La FAO señalaba que en América Latina se talaban anualmente entre 5 y 10 millones de hectáreas y en el Lejano Oriente alrededor de 8.5 millones.

Problemas como la pérdida de fertilidad por causas naturales, la presión demográfica, la reducción de las áreas de migración, se traducen en una aceleración del proceso que, finalmente, contribuye al deterioro de las áreas tropicales.

La explotación comercial de los bosques con plantaciones industriales constituye la forma más moderna y menos predatoria de utilización de los recursos forestales. Es un sistema altamente artificial que se encuentra concentrado en los países desarrollados y está orientado a la producción de materiales para la actividad industrial, la construcción y el consumo, y constituye un caso opuesto a la explotación del bosque tropical, que es una explotación de tipo extractiva del sistema natural. Las plantaciones industriales se concentran fundamentalmente en los países desarrollados, y sólo en algunos países en desarrollo se han expandido en tiempos recientes. Según el Banco Mundial, las plantaciones de estos países representaban en 1974 alrededor de 11 millones de hectáreas, es decir, 20% del total de áreas de plantación del mundo. Las plantaciones se basan en la utilización de pocas especies, en general de crecimiento rápido, cuyo producto se destina a la fabricación de artículos de consumo relativamente elaborados --chapas, paneles, etc.--, o a la producción de pulpa y papel.

Las estadísticas que lleva la FAO respecto de 80 países en zonas tropicales, señalan que el área cubierta con plantaciones forestales artificiales era, a fines de 1990, de 43.9 millones de hectáreas. Cerca de un tercio son fundamentalmente para uso industrial. Además hay que considerar las plantaciones tropicales de árboles no destinados a uso industrial o habitual de madera o energía, tales como caucho, coco, palma de aceite, etc. Sólo en Asia estas plantaciones representan 14 millones de hectáreas, de las cuales 7.2 millones corresponden a caucho, 4.2 millones a cocoteros y 2.7 millones a palma de aceite.

Los procesos de reforestación merecen especial consideración desde el punto de vista del sistema natural, en especial cuando se llevan a cabo con fines económicos que buscan ciertas especies de crecimiento rápido y elevada productividad. En estos casos se tienen procesos de homogeneización y pérdida de diversidad similares a los señalados en la sección anterior. Pero además hay que considerar que las diferentes especies, sobre todo en el bosque tropical, tienen una función muy clara en el proceso de evapotranspiración y en el ciclo de nutrientes. El reemplazo de estas especies puede, por lo tanto, afectar al proceso de evapotranspiración, pero además se ha señalado que la estructura reticular tiene un papel fundamental en la captación y circulación de los nutrientes. Una especie con diferente estructura reticular altera estos ciclos, el balance de agua en el suelo y, finalmente, la estructura misma de los suelos. Así entonces, la utilización de estas especies de alto rendimiento económico (por ejemplo, el pino) no puede ser examinada exclusivamente desde el punto de vista de la capacidad de adaptación de la especie y su rendimiento económico, sino también desde el punto de vista de su impacto sobre el ecosistema natural. En todo caso, los ritmos de forestación y reforestación son extraordinariamente bajos, aproximadamente 2.6 millones de hectáreas por año, menos de 20% de la tasa anual de deforestación.