LA POBLACIÓN LATINOAMERICANA

Las características actuales de la población latinoamericana han sido determinadas, entre otros, por tres fenómenos básicos: crecimiento poblacional acelerado hasta muy recientemente, concentración espacial y fuerte urbanización asociada a migración rural-urbana acentuada que sólo pareciera reducirse --y en algunos casos sufrir un proceso inverso-- en los años más recientes.

El fenómeno de crecimiento se sintetiza en pocas cifras: desde la segunda guerra mundial hasta mediados de la década pasada, la población latinoamericana se ha triplicado y al mismo tiempo ha pasado a representar un porcentaje mayor de la población mundial, señal inequívoca de que la expansión poblacional de la región fue más acentuada que el promedio mundial, lo que la llevó de representar 6.6% del total mundial en 1950 a 8.4% en 1995.

Para América Latina la información disponible más actualizada cubre 19 países8 que, en 1990, sumaban 421 051 342 habitantes comparados con 270 186 028 de 1970 y 156 098 416 de 1950. Esta evolución poblacional ha sido determinada prácticamente sólo por los factores de natalidad y mortalidad, pues las variables migratorias, desde y hacia América Latina, son de escasa relevancia.

Hasta mediados de la década de los sesenta, América Latina experimenta un incremento en su tasa natural --nacimientos menos defunciones-- de crecimiento poblacional debido al aumento de las tasas de natalidad y a la fuerte reducción en la mortalidad. Pero a partir de la segunda mitad de esa década comienza a disminuir como resultado de la reducción tanto en las tasas de natalidad como de mortalidad, y se reduce de 27 a 20 por mil al iniciarse la última década del siglo.

Obviamente la expansión no ha sido similar en toda la región. Así, para el periodo 1950-1980 mientras que en México y en Centroamérica se manifestaban fuertes tasas de crecimiento: 3% anual promedio, y llegaban hasta 3.8% en Venezuela, en los tres países del Cono Sur --Argentina, Chile y Uruguay-- las tasas demográficas fueron mucho más bajas: 1.7%, y en el Caribe fueron también inferiores a 2% promedio anual. Esto significa que la distribución poblacional de la región se ha alterado, pero también que la relación población-recursos o, en términos más amplios, la problemática población-ambiente no tiene necesariamente las mismas características en toda la región.

Por otra parte, el comparar promedios oculta la dinámica del proceso. Así, la tasa promedio anual de crecimiento entre 1950 y 1985 oculta que dicho promedio resulta de tasas decrecientes a lo largo de los 35 años: en la década 1950-1960 la tasa fue de 3.2% promedio anual, pero en la década siguiente era de 2.8% anual promedio, para caer a 2.6% en el periodo 1970-1980 y ser de 2.5% en el quinquenio 1980-1985.

Las tasas de natalidad de la región cayeron entre 1950 y 1970 de 42 a 36 nacimientos por mil habitantes, lo cual se asocia a un notable descenso en la fecundidad de la región. Esos descensos se dan aun en las regiones de acelerado crecimiento demográfico; por ejemplo, se constata que mientras en 1970 el promedio de hijos por mujer en México era cercano a siete, hoy está entre tres y cuatro; hoy una familia mexicana tiene tres hijos menos de los que tenía hace quince años. Por otra parte la esperanza de vida ha aumentado de 50 años en la década del cincuenta a 63 años en 1980.

Lo importante de esa dinámica poblacional es que determina una tendencia a una mayor carga de población inactiva sobre la población activa por dos razones: aumento del porcentaje de «viejos» y elevado porcentaje de la población joven que entra en la edad de la reproducción, esta última ha aumentado de 80 millones en 1950 a 200 millones en 1985.

La caída de las tasas de natalidad afecta la pirámide poblacional, que revela una disminución del tramo de cero a catorce años, que es donde se manifiesta en forma inmediata la caída de la fecundidad: a comienzos de los cincuenta este tramo de edades se expandía a un ritmo de 32.2 por mil en circunstancias que actualmente lo hace a una tasa de sólo un 6.1 por mil.

La reducción de la fecundidad en América Latina, a lo largo de las últimas cuatro décadas, es significativa al pasar de un promedio de 6 hijos por mujer en 1950 a 3 en 1990. Obviamente esta evolución difiere de un país a otro. En el primer quinquenio de los cincuenta las tasas de fecundidad más bajas se daban en Uruguay y Argentina con 2.7 y 3.2, respectivamente, Cuba: 4.1, Chile: 5.1 y Panamá con 5.7. Los demás tenían tasas que fluctuaban entre 6.2 en Brasil y 7.5 en Honduras; siendo de 6.8 en Bolivia, Colombia, México y Paraguay; de 7.1 y 7.4 en Guatemala, Nicaragua y República Dominicana, en Perú era de 6.9 y el resto entre 6 y 6.7.

En 1990 la tasa de fecundidad más baja se da en Cuba con 1.9, mientras que seis países tienen tasas inferiores a 3: Uruguay: 2.3, Colombia y Chile: 2.7, Brasil y Argentina con 2.8 y Panamá 2.9. Seis tienen tasas inferiores a 4: en Venezuela y Costa Rica es de 3.1 y en Perú de 3.6; siendo de 3.2, 3.3 y 3.5, respectivamente, en México, República Dominicana y Ecuador. éstas fluctúan entre 4 en El Salvador y 4.9 en Honduras, siendo las más elevadas: 5 y 5.4 en Nicaragua y Guatemala.

En síntesis, las caídas más acentuadas de la fecundidad latinoamericana se producen en Colombia y República Dominicana de 6.8 a 2.7 y de 7.4 a 3.3, respectivamente; México de 6.8 a 3.2, Venezuela de 6.5 a 3.1 y Brasil de 6.2 a 2.8.

En la reducción de la fecundidad inciden factores diversos de índole social, cultural y económica. Una de ellas es la edad promedio a la primera maternidad, que sigue siendo muy temprana en América Latina. La edad media del nacimiento del primer hijo es en 50% de los casos inferior a los 22 años, con situaciones extremas como Guatemala, donde en 50% de los casos la primera maternidad ocurre antes de los 19.9 años de edad de la madre, y Colombia, donde 50% no tiene su primer hijo antes de los 22 años.

En esto parece influir mucho la escolaridad, pues las estadísticas señalan que a mayor escolaridad más tardía tiende a ser la primera maternidad. Por ejemplo, se ha señalado que en Benin, en África occidental, las mujeres que no han tenido educación se casan a una edad promedio de 16.9 años, mientras que aquellas que pasan por un periodo mínimo de educación de siete años se casan a una edad promedio de 24.1 años. En América Latina se ha calculado que mientras que 50% de las mujeres sin escolaridad tienen su primer hijo antes de los 20 años, la primera maternidad se da después de los 23 años en mujeres con educación secundaria. Al mismo tiempo, y salvo escasas excepciones, se revela una fuerte correlación entre escasa o nula escolaridad y elevada fecundidad. Así, en América Latina la fecundidad fluctúa entre 6 y 7 hijos por mujer entre las no escolarizadas; es de 5 a 6 hijos por mujer entre las que alcanzan la educación primaria; de 3 a 4.5 hijos entre aquellas que logran completar la educación primaria, y es aun más baja para aquellas mujeres que llegan a la educación secundaria: 2 y 3 hijos por mujer.

La evolución diferenciada coloca a los países de la región en distintas fases de transición demográfica; un grupo está en la etapa de transición avanzada con tasas de fecundidad por debajo de los dos hijos promedio por mujer. A su vez, aquellos países que han registrado reducciones drásticas de su fecundidad, es decir República Dominicana, México, Ecuador. Colombia, Brasil, Panamá, Perú, Costa Rica y Venezuela, están en plena transición, mientras que los países con tasas de fecundidad superiores a cuatro hijos en promedio por mujer se consideran en una etapa incipiente de transición demográfica.