CAMBIOS EN EL SISTEMA NATURAL

El sistema natural es entonces la biosfera con su completo conjunto de subsistemas y elementos, flujos y ciclos de energía y materia de la cual el hombre es parte integral. Lo que distingue al hombre del resto de los elementos vivos de la biosfera es que es el único animal capaz de adaptarse a una tan amplia gama de subsistemas naturales o ecosistemas y de transformarlos, hasta el punto de que hoy el sistema planetario se presenta como un continuo cultural, natural, humano, social y tecnológico de complejidad creciente.

El proceso de transformación de la naturaleza por parte del hombre a lo largo de la historia ha ido alterando la composición de las poblaciones, la regularidad de los ciclos de la materia, los flujos de energía y con ello todo el equilibrio dinámico del sistema. Para efectuar dichas modificaciones la sociedad se organiza y desarrolla instrumentos y técnicas.

El hombre modifica el sistema natural fundamentalmente a través de la tecnología y la organización que el grupo social adopta. Sin embargo, la sociedad no es ajena a las condiciones de la biosfera, de la cual es parte integrante y expuesta a la influencia de ese entorno.

La sociedad, por otra parte, no es estática. Cambia, se desarrolla, adopta nuevas formas organizativas y desarrolla nuevas técnicas. La organización social y las tecnologías se hacen cada vez más complejas, introduciendo instancias mediadoras que van alejando al hombre de su sistema natural, no tanto alejamiento físico o funcional, pero sí distanciamiento en cuanto percepción de la biosfera. La forma más simple de relación sociedad-naturaleza es una relación directa hombre-naturaleza, en la cual el primero «recoge» del entorno lo que necesita para subsistir. Posteriormente ya no recoge, sino que, mediante una herramienta, un instrumento, una máquina, actúa sobre la naturaleza. La herramienta se va haciendo cada vez más compleja y mayor su poder de transformación; la vida humana se concentra y gira en torno a un ambiente construido en el cual un denso universo tecnológico se interpone entre el hombre y su entorno. Este es un proceso acumulativo a lo largo del desarrollo de las civilizaciones y sus características están determinadas por aquellos elementos y funciones que han asumido un papel dominante en cada periodo histórico, en cada situación espacial y temporal. La acción intencional sobre el sistema natural tiene efectos, que son función tanto de las características del ecosistema, como de la magnitud y peculiaridad de los cambios que se introducen en él. Los impactos están aumentando en magnitud y frecuencia y tienen consecuencias que son acumulativas con lo cual someten a la biosfera a una presión constante, que tiende a alterar aquellas funciones claves que permitían su funcionamiento.

Los impactos sobre el sistema natural originados en la actividad productiva del hombre se pueden clasificar en tres grandes grupos:29

Los tres casos mencionados se vinculan, y la superación de los efectos negativos dependerá finalmente del grado de homeostasis y resiliencia del sistema. La homeostasis habla de la relación con la capacidad autorreguladora del sistema, mientras que la resiliencia es su capacidad para resistir el impacto y seguir permaneciendo, en cuanto sistema. Holling ha enriquecido el concepto y se refiere a la capacidad del sistema, no sólo para resistir el impacto, sino también para utilizarlo en beneficio propio.30

Algunos ejemplos ilustrarán lo anterior. El sobrepastoreo implica retirar del sistema natural una cantidad de energía y nutrientes acumulados a un ritmo superior a su capacidad para reciclar los nutrientes y fijar la energía. En general, los grupos sociales han mostrado una creciente aptitud para utilizar la energía y los nutrientes del sistema natural, que no siempre son retornados.

Este fenómeno se ha visto fomentado por el comercio internacional. La carne y los cereales extraídos en un lugar, son consumidos en otro, y los residuos orgánicos que quedan de su utilización no regresan al sistema natural de origen, sino que son eliminados por las vías del alcantarillado, el manejo de desechos, etc. Esto se ha traducido, por ejemplo, en pérdidas de fósforo en los sistemas agrícolas. La práctica de la agricultura moderna consiste en agregar fertilizantes fosfatados, a fin de permitir la reconstrucción de su ciclo. Sin embargo, la utilización de fertilizantes fosfatados está supeditada a toda una estructura socioeconómica y a una cierta capacidad tecnológica. Las consecuencias de este proceso son el deterioro paulatino del ecosistema natural, la pérdida de la fertilidad y, finalmente, su incapacidad para sustentar el grupo social.

Por otro lado, la práctica social ha sido la utilización de unas pocas especies vivas para satisfacer las necesidades del sistema socioeconómico. Ello ha implicado una actitud selectiva, merced a la cual algunas variedades genéticas han ido desapareciendo, con los consiguientes efectos sobre la diversidad del ecosistema. Las especies domesticadas por el hombre no pasan de 100, y la alimentación humana se basa en menos especies aún.

La Academia de Ciencias de los Estados Unidos señala que existen más de 200 000 especies de plantas conocidas, pero que sólo 100 han sido domesticadas por el hombre, y sólo 30 de ellas proporcionan 85% del peso de los alimentos consumidos por los seres humanos y 95% de sus calorías y proteínas. A su vez ocho especies (trigo, arroz, maíz, cebada, avena, sorgo, mijo y centeno) proporcionan las tres cuartas partes del total de proteínas alimenticias y energía consumidas por el hombre.31

En relación con los recursos ganaderos, se da un fenómeno similar. Así, 90% del ganado doméstico pertenece a apenas una docena de especies. Según informes de la FAO, sólo en la cuenca del Mediterráneo, del total de razas vacunas existentes a comienzos de los años setenta, 115 especies estaban amenazadas de extinción y sólo 30 se mantenían.32

La pérdida de biodiversidad asociada a la eliminación de los bosques tropicales acelera dicho proceso. A su vez, los patrones imperantes en el comercio internacional promueven la homogeneización de los cultivos y los monocultivos, y refuerzan las prácticas descritas.

La diversidad es considerada como una de las formas que permiten al sistema tener un grado adecuado de homeostasis y, al mismo tiempo, su resiliencia está también relacionada con esa diversidad de especies. La concentración selectiva en el uso de pocas especies genéticas no sólo supone un mal aprovechamiento y un uso ineficiente de la naturaleza por parte del sistema social, sino que, además, tiene efectos negativos, porque la pérdida de diversidad se traduce en una mayor vulnerabilidad del sistema natural y en una alteración de sus procesos autorreguladores y de sobrevivencia.

La pérdida de diversidad no sólo tiene efectos sobre la estructura y el funcionamiento del ecosistema, sino que además aumenta los riesgos. En efecto, mientras más homogéneo es un sistema, mayor es su vulnerabilidad a las plagas de gran escala, a las enfermedades, a las fluctuaciones y azares del clima. El desastre de 1840 en los cultivos de patatas de Irlanda es un ejemplo repetidamente citado, al cual se pueden agregar hechos más recientes como las pérdidas de 15% de las cosechas americanas de trigo en 1970, que fueron azotadas por el tizón. En fecha todavía más próxima en el sudeste asiático las plagas de insectos han devastado repetidamente las plantaciones de arroz.33

Problemas similares se producen por la aplicación de técnicas y formas de utilización del sistema natural con ecosistemas caracterizados por factores estructurales y funcionales distintos. El caso ya clásico para ilustrar esta situación es la explotación de zonas tropicales y subtropicales agrícolas. Las tierras tropicales no tienen inherentemente una alta fertilidad, ya que la biomasa se concentra en las plantas que cubren la tierra más que en la tierra misma, el humus, como es normal en las zonas templadas.

Cultivos que no sean especialmente cuidados, con técnicas adecuadas para mantener la fertilidad de esos suelos, pueden acarrear pérdidas netas por erosión y eventual desertificación. En este caso, una vez más se extraen elementos del sistema natural a un ritmo superior a sus naturales procesos de regeneración, o simplemente dichos elementos no se reincorporan al ciclo natural, traduciéndose en pérdidas netas y en alteraciones de la capacidad autorreguladora, homeostasis y pérdida de la capacidad del sistema para permanecer, en cuanto tal, frente a presiones: pérdida de la resiliencia.

Otro aspecto es la introducción en el ecosistema natural de elementos que le son ajenos. Tal vez el caso más debatido es el de la descarga de pesticidas químicos en el sistema natural, que ataca ciertas plantas e insectos, eliminándolas y, por lo tanto, alterando el equilibrio de relaciones biológicas existentes en el sistema. Pero además, el uso del DDT acarrea consecuencias no deseadas, debido a su propiedad de concentrarse a medida que asciende en la cadena trófica. EI DDT pasa de un nivel a otro prácticamente sin pérdidas, o con pérdidas mínimas, y ello quiere decir que en los niveles tróficos superiores alcanza grados de concentración tóxicos y finalmente afecta al hombre mismo, que se encuentra en la cúspide de la pirámide.

El problema de los agroquímicos no es único. Otros elementos se descargan en el sistema natural, nuevos ciclos se van agregando a los existentes, ciclos que tienden a aumentar y extenderse y que pueden tener caracteres tóxicos y aún letales. Entre ellos cabe mencionar el plomo, el mercurio, los metales pesados en general, así como compuestos estables asociados a los insecticidas y defoliantes.

Especial mención merecen las actividades relacionadas con la energía nuclear. La explotación del uranio, por ejemplo, da lugar a radiaciones de radón, algunos de cuyos derivados como el polonio 210 y el plomo 210 entran también en la cadena trófica. Por lo tanto, la acumulación de desechos de la explotación del uranio tiene un riesgo grave, pues el radón 222 permanece por miles de años. Las pruebas nucleares proporcionan algunos ejemplos concretos. En Enewetak alteraron los niveles de población de las especies animales de la isla, entre ellas las de crustáceos. Al suspenderse las pruebas, en 1958, dichas poblaciones retornaron a sus niveles normales. Sin embargo, dos años más tarde se descubrió que el strontium 90, el cerium 144 y el cesio 137 habían pasado a constituir un elemento permanente en el ciclo bioquímico de los crustáceos.

La zona ártica se ha visto así mismo afectada por las pruebas nucleares americanas y soviéticas. Los elementos radiactivos de estas pruebas son retenidos durante largos periodos por los líquenes que constituyen el alimento del caribú, cuya carne es parte esencial de la dieta de los esquimales y lapones.

Algunas de estas poblaciones de Norteamérica y Eurasia tienen hoy acumulado en sus organismos cantidades de isótopos tales como stroncio 90, cesio 137 y plutonio 239 sólo inferiores a las poblaciones que estuvieron expuestas al fallout de Hiroshima y Nagasaki.

Finalmente, es interesante que los tres tipos de impactos --por extracción acelerada y mayor de recursos; por utilización más intensa de la productividad y funciones biogeoquímicas, y por adición de elementos extraños al sistema-- pueden darse combinados en las actividades modernas de prácticas productivas. El caso más ilustrativo es el de los cultivos con variedades genéticas de alto rendimiento --el maíz híbrido, las nuevas variedades de trigo enano, el arroz IR-8-- que se identifican con la llamada revolución verde. Las nuevas variedades presentan una respuesta altamente positiva a los fertilizantes químicos, una disminución de sensibilidad al fotoperiodo y sensibilidad a las disponibilidades adecuadas de agua. Todo ello resulta en una mayor precocidad; las variedades tradicionales y permite reducir los periodos de crecimiento y maduración y al mismo tiempo extender las áreas de cultivo gracias a la menor dependencia de la luz diurna. Los resultados son, por una parte, el aumento de alimentos y, por otra, pérdida de diversidad genética, mayor vulnerabilidad de los cultivos a los imprevistos del sistema natural, pero también mayores requerimientos de fertilizantes y pesticidas, es decir, mayor descarga en el sistema natural de compuestos orgánicos e inorgánicos que a veces le son ajenos y/o se descargan a ritmos y magnitudes crecientes. En el corto plazo la producción de alimentos ha aumentado. A largo plazo, se desconoce la totalidad de los impactos que el nuevo proceso productivo puede tener sobre el sistema natural, aún cuando algunos aspectos negativos también se manifiestan ya a corto plazo.

Además, este sistema tecnológico requiere una determinada forma de organización social que permita su puesta en práctica, lo que se traduce en alteraciones sobre formas tradicionales de la propia organización social.

El sistema social ha desarrollado una serie de capacidades para dominar su sistema natural; estas mayores capacidades se han ejercido con un claro conocimiento de las ventajas inmediatas o en términos de beneficios materiales y económicos de corto plazo, pero sin evaluar las consecuencias colaterales, imprevistas o simplemente desconocidas, que puedan resultar de la aplicación de esas técnicas.

La mayor capacidad de la sociedad para actuar sobre la naturaleza y transformarla se da en los siguientes aspectos de su relación con el sistema natural:34

Lo anterior tiene efectos positivos y negativos. La capacidad de captación, utilización y manipulación de energía permite llevar a cabo una serie de procesos productivos, aumentar las posibilidades de transporte, construcción, información, manejo de materiales, etc. Por otra parte, la mayor utilización de energía altera más violentamente los ecosistemas naturales.

La mayor capacidad en el manejo de los materiales permite a la sociedad disponer de más y más sofisticados bienes y aumentar los rendimientos en las actividades productivas. Por ejemplo: la creación de los derivados de la petroquímica ha dado lugar a una amplia gama de nuevos productos; los fertilizantes y pesticidas permiten aumentar los rendimientos agrícolas. Pero son también la causa de una mayor descarga de materiales bajo la forma de residuos, desechos y contaminantes en el medio natural, que afectan los ciclos naturales y el funcionamiento del sistema.

La capacidad del manejo biológico permite disponer de nuevas variedades genéticas y aumentar la expectativa de vida, pero al mismo tiempo puede reducir la diversidad genética y alienta el crecimiento poblacional con la consiguiente presión sobre el sistema productivo de alimentos.

Finalmente, el manejo de la información disponible, en términos de mayores conocimientos y de la forma de aplicarlos para elevar al máximo los beneficios que la sociedad --o de una parte de ella-- obtiene del funcionamiento del sistema productivo y la utilización de la naturaleza, constituye una de las características más impresionantes del mundo contemporáneo. La manipulación de los signos ha llegado a ser una actividad esencial en la producción y funcionamiento de la sociedad de los países desarrollados.35

Para algunos, estos cuatro aspectos se pueden reducir solamente a dos: capacidad de manejo de información y utilización de la energía. Así, según Attali, el sistema económico se puede considerar como un conjunto de recursos cuya transformación en productos y en consumo exige una degradación de la energía organizada por la información, la cual a su vez requiere energía.36

Es a través de esas variables fundamentales, como la sociedad se desarrolla y utiliza su base natural. El contexto general en que dicho proceso de desarrollo ocurre está determinado, por una parte, por aquellas condiciones físicas, químicas y biológicas que definen una realidad ambiental, que se corresponde con la dinámica de los fenómenos naturales y, por otra, por una realidad social que se materializa en un devenir histórico. Esta unidad sociedad-naturaleza se manifiesta en un sistema de relaciones en el que, por un lado, la realidad natural influye sobre el sistema social y le obliga a adaptarse y, por otro, un sistema social que, gracias a cada vez mayores capacidades de transformación y manipulación, tiende a adaptar el sistema natural a sus requerimientos.

Esta interrelación entre el sistema natural y el sistema social puede sistematizarse mediante el esquema desarrollado por Patricia Bifani en su estudio sobre tribus nómadas.37 Su análisis se centra en las características de la interrelación misma como variable principal. Esta interrelación, que se da dentro del sistema medio ambiente natural-medio ambiente social, puede pensarse como teniendo una doble direccionalidad:

Los efectos del medio ambiente sobre el grupo social se dan como determinación e influencia ambiental, en tanto que los efectos del grupo humano sobre el medio ambiente se dan como capacidad de manejo y/o transformación del medio ambiente.

En general, los grupos humanos que tienen un sistema de vida poco integrado al mundo «moderno» ocupan un territorio en que encuentran los recursos que les faltan, en tanto que las economías agrícolas o industriales producen lo que se necesita, transformando la naturaleza. Se tendrían básicamente dos formas de interrelación, variables en su grado y en su forma:

En las comunidades «modernas», la relación entre el grupo humano y su medio deja un margen de posibilidades, determinado justamente por la capacidad humana de manejo y transformación de las situaciones. El medio ambiente es, cada vez más, una construcción y no un elemento dado. Dentro de este contexto, el comportamiento humano es flexible y son numerosas las posibilidades adaptativas.

No sucede lo mismo en el caso de la comunidad primitiva, cuya relación con su medio ambiente es más bien un moldeamiento a las exigencias ambientales, sin mediar posibilidades de transformación efectivas. Veamos esquemáticamente lo que daría esta situación en el diagrama de la página siguiente.

Este diagrama representa un sistema de interrelaciones entre sistema social y sistema natural, que estarían básicamente representadas por el juego de dos variables: la variable determinación, con sus diferentes grados, que emana del sustrato ambiental, y la variable control y manejo, que es propia del sistema social. El equilibrio dinámico entre ambas dependerá de las características propias de un medio ambiente específico, y de la capacidad del grupo humano para moverse entre los extremos de adecuación total a transformación total de un medio ambiente dado.

Si se intenta caracterizar la interrelación medio ambiente-sociedad, se puede obtener una tipología de diferentes sociedades y grupos humanos, y ubicar dentro de ella a los diferentes grupos que interesa analizar. Tal tipología podría basarse en dos consideraciones generales:

La consideración cuantitativa permitirá obtener una primera agrupación de las sociedades --por lo demás bastante obvia-- en: a) sociedades caracterizadas por una alta capacidad de manejo y transformación del medio ambiente y una escasa determinación ambiental, y b) sociedades con escasa capacidad de manejo y transformación ambiental y un alto grado de determinación ambiental. Esta capacidad de manejo y transformación está definida básicamente por el sistema tecnológico.

El acercamiento hacia polos extremos permitirá establecer un continuo:

Alta capacidad de manejo ambiental <<===>> Baja capacidad de manejo ambiental

Escasa determinación ambiental <<===>> Alto grado de determinación ambiental

 

Fuente: Patricia Bifani, op.cit.

 

Estas variables podrían ser caracterizadas, entre otras, por las siguientes dimensiones, para las cuales hay que establecer los indicadores correspondientes:

Las comunidades se ubicarán dentro de este continuo de acuerdo con la importancia relativa de cada uno de los indicadores.

La ubicación de las comunidades, en uno u otro extremo de este continuo, guarda relación con su vulnerabilidad a las presiones adaptativas. Así, una comunidad muy primitiva, como algunas tribus nómadas que habitan en un medio ambiente cuyas condiciones naturales carecen de variedad, en que los fenómenos naturales son altamente imprevisibles, que basan su subsistencia en un solo recurso natural y que la posibilidad de preservación de este recurso consiste en la restricción de la dieta alimenticia, son más vulnerables a cualquier medida o situación que altere la precaria relación de equilibrio que han establecido con su medio ambiente. Dentro de este contexto, cualquier cambio en el patrón de relaciones que se ha establecido entre esta organización social y su medio ambiente, necesariamente va a provocar una transformación de toda la estructura.

Siendo la relación sociedad-medio ambiente un complejo de interrelaciones, que presupone un equilibrio dinámico entre sus diversos componentes, los elementos ajenos o nuevos que se incorporen ya sea al sistema natural o al socieconómico producirán, dentro de un plazo más o menos largo y con un mayor o menor grado de penetración, una modificación de la estructura total al alterar el complejo de interrelaciones sociedad-medio ambiente.

Así, cualquier determinación proveniente del sistema exterior dominante, que afecte el manejo del sustrato ambiental (política de áreas de pastoreo, política de aguas, etc.), o que intente modificar el manejo de su base económica, afectará necesariamente la estructura del grupo social.

Lo mismo sucede con la variable «manejo ambiental». No puede ser medida por la existencia o inexistencia de recursos técnicos ni por el grado de sofisticación de los mismos, sino por el grado de adecuación de estos recursos a las características específicas de la comunidad y del medio ambiente al cual van dirigidas. Dentro de este contexto, el sistema de interrelaciones sociedad-medio ambiente constituye un sistema de posibilidades interrelacionadas, y la acción se dirige al patrón mismo de interrelaciones, intentando maximizar el beneficio comunal en función de los recursos existentes y de los recursos necesarios. La comunidad no es vista como una fuente abastecedora de materias primas ni como un mercado potencial para la compra indiscriminada de tecnologías «avanzadas», sino como un sistema con un determinado conjunto de posibilidades a desarrollar armónicamente dentro de las peculiaridades de ese sistema particular.

Si se han establecido los criterios de medición con base en un marco conceptual ideológicamente claro, se pueden medir los avances de una determinada sociedad dentro del continuo determinación-transformación. El punto de referencia para establecer una mejor gradación no es, en este caso, otra sociedad considerada más avanzada, sino la misma sociedad en dos momentos del tiempo, u otras sociedades que presenten características de desarrollo semejantes.

Una sociedad es avanzada en la medida que utiliza y controla mejor sus recursos en beneficio de la comunidad.38