CONCEPTO DE EXTERNALIDADES

Los problemas de orden social y aquellos que guardan relación con la naturaleza --que escapan al mecanismo del mercado-- no tienen una expresión monetaria y pasan a ser absorbidos por el concepto de externalidades.

La consideración de múltiples fenómenos sociales y, más recientemente, los del deterioro ambiental, nos enfrentan con una serie de interdependencias que no se manifiestan en el mercado y que tienen, además, un carácter acumulativo que evidentemente tiende a alejar el sistema de cualquier tipo de óptimo, en especial si esas interrelaciones se traducen en efectos negativos.

La literatura con respecto al concepto de externalidades es abundante y reconoce, en general, la existencia de efectos externos, tanto positivos como negativos, que se producen a consecuencia de las interrelaciones entre consumidores, entre unidades productivas y entre consumidores y unidades productivas.

Tales interrelaciones se llevan a cabo al margen del mercado y, por lo tanto, no son susceptibles de medición en términos monetarios.

Estos efectos externos, o externalidades, aparecieron en 1925 en la literatura económica con los Principios de Marshall y en relación con los movimientos hacia abajo de la curva de oferta de la industria competitiva. La preocupación de Marshall derivaba de su concepto de la firma representativa y la noción de costes constantes. Marshall observó reducción en los costes que no eran resultado de las decisiones de la firma, sino que se originaban fuera de ella o se derivaban de la expansión de los mercados, acceso a la mano de obra, mejores niveles de salud, educación y cultura provistos por otras firmas o por la industria como un todo. Como consecuencia, el alcance primitivo del concepto se refiere a efectos que son externos a la empresa, pero muchas veces internos de la industria. Mishan expone simplemente el argumento marshaliano en los siguientes términos:

suponiendo que todas las firmas son igualmente eficientes, una expansión de la industria competitiva debida a por ejemplo la incorporación de una nueva firma reduce los costos medios de todas las otras firmas, incluyendo la nueva. Dado que la reducción total de costos experimentada por todas las firmas intramarginales es atribuida a la entrada de la nueva firma, el verdadero costo de la producción adicional no es el costo total calculado por esta firma, sino que ese costo total menos los ahorros que experimentan las otras firmas.13

Como señala Kapp, el concepto fue un intento de Marshall por armonizar una situación de reducción de costes a nivel de industria, en un mundo dinámico, con los supuestos estáticos del principio de retornos decrecientes. De tal forma, se introducían elementos dinámicos en el análisis estático del equilibrio parcial.14 Puede apreciarse que Marshall se enfrentó a una situación real que no podía ser explicada en los términos aceptados del análisis económico, tratando de salvar la concepción del equilibrio general y la del sistema cerrado. Como señala Joan Robinson, «...Marshall had a foxy way of savig his conscience by mentioning exceptions, but doing so in such away that his pupils would continue to believe in the rule...»15

Aun cuando la economista inglesa no se refería al tema de las externalidades, el comentario es válido también en este caso. Todos los discípulos han tratado de salvar el análisis mediante un manejo cada vez más refinado de un concepto que es la negación del mundo real. La manipulación se limitó, al principio, a casos relativamente inofensivos, tales como comunidades de abejas, o a problemas como la molestia de los vecinos por los ruidos o el humo.

El concepto de externalidades fue desarrollado por diversos autores y hoy la literatura sobre el tema es abundante.16 Schitovski cita cuatro tipos diferentes de interdependencia directa, uno de los cuales define como externalidades. A su vez, Meade desarrolla el concepto de Shitovski, al que califica como externalidad de tipo tecnológico.

El mismo Schitovski llama la atención sobre la incapacidad de Meade para dar ejemplos concretos de ese tipo de externalidades que no sean de carácter «bucólico». En efecto, todos los ejemplos de Meade se refieren a comunidades de abejas o a huertos, bosques, etcétera.

Siguiendo a Mishan, el concepto de externalidades se define en términos de la respuesta de la producción de una empresa, el beneficio (pérdida), o la utilidad (desutilidad) de una persona frente a la actividad de las otras. En otras palabras, el hecho de que exista un efecto externo quiere decir simplemente que la actividad de una unidad económica repercute sobre la actividad de otras, modificando consecuentemente la actitud que estas últimas adoptan. Esta interacción no se produce necesariamente a través del mercado, sino que reconoce un fenómeno de interdependencia directa.

El carácter fundamental de esta «interdependencia» directa es su «no intencionalidad»: el efecto no se produce en forma deliberada, sino que «resulta» como consecuencia de acciones orientadas a otros objetivos. Esta supuesta «no intencionalidad» se traduce en la forma de enfrentar el problema y, en último término, en las medidas de política económica.

Las interdependencias pueden tener efectos positivos o negativos, que definen a su vez externalidades positivas o negativas y --lo que es importante, desde el punto de vista del medio ambiente-- reversibles o irreversibles.

La incapacidad del análisis económico para visualizar el problema de las externalidades, tal como ellas se manifiestan, --en términos de efectos sobre el medio ambiente y el sistema social, fuera del mecanismo de mercado-- y, más aún, el hecho de que se enfoca el problema sólo desde el restringido punto de vista del análisis tradicional de los precios de equilibrio explican las fallas de la política económica convencional para enfrentarse a estos problemas.

La economía tradicional falla por no tomar explícitamente en cuenta la evidencia empírica y no considerar la naturaleza de las relaciones de causalidad que, en últimos términos permiten la comprensión de los problemas ambientales, el despilfarro y los costes sociales.

El análisis sigue concentrado en las relaciones recíprocas, voluntarias y mecánicas de las unidades microeconómicas. La teoría económica continúa preocupada --como señalaba Kapp-- por los problemas de la asignación de recursos, la producción, el intercambio y la distribución, ignorando que no ocurren en un sistema económico cerrado con sólo efectos menores, despreciables en el medio ambiente humano y natural.

La concepción del sistema económico como cerrado es una ficción que se contradice a diario con el hecho concreto de que la elección, la decisión y la conducta no son autónomas, sino que están moldeadas por sectores dominantes que responden a intereses que orientan tales elecciones y decisiones.

No son despreciables ni mínimos los efectos que la producción y la distribución tienen sobre el medio ambiente y la sociedad. Es hoy evidente que tales efectos son consecuencia del proceso de crecimiento y que el sistema analítico, al ignorar esos efectos indirectos, genera decisiones que fallan en la asignación de recursos y que, por lo tanto, no mueven el sistema hacia un óptimo en términos de bienestar social. La solución simplista a este problema consiste en internalizar las externalidades mediante la asignación de precios a los daños (o beneficios) que surgen de las interdependencias indirectas del sistema. El argumento que se esgrime es que el mercado funciona de manera adecuada y que lo único que falta es dar una expresión monetaria a lo que cada individuo esté dispuesto a sacrificar para conservar las ventajas obtenidas, o para obtenerlas. Los medios para lograrlo consisten en fijar ciertas normas que traducen un estado del medio ambiente que es considerado como aceptable, en términos de calidad, para los consumidores. Un sistema de multas e impuestos, o derechos de contaminación, primas y subsidios por reducción de la contaminación, da indirectamente un valor a esa calidad ambiental.17

Está claro que esta «solución» mecánica no responde a la naturaleza del problema y que refleja, ni más ni menos, el fracaso del mecanismo del mercado y la incapacidad de la teoría convencional para explicar ciertos fenómenos y recomendar la política de acción.

Como señala Kapp,18 creer que se puede salvar el marco analítico o el aparataje instrumental, así como las conclusiones que de él se derivan por la incorporación de términos como economías o deseconomías externas, sin contenido empírico concreto, crea la falsa impresión de que la teoría está incorporando adecuadamente los fenómenos de interdependencia. Simplificando los supuestos y vaciando los términos del contenido real, se crea la impresión de adecuar el instrumental, pero de hecho no se solucionan los problemas y se llega a conclusiones tan vacías de contenido como las de Baumol cuando expresa que «la asignación racional y la eficiencia óptima serán resultado del proceso decisional, siempre que no se presenten importantes economías o deseconomías externas».

Frente a la situación actual, ni los supuestos ni los conceptos ni las conclusiones del análisis neoclásico tienen las virtudes de que hacen alarde. Estos supuestos, conceptos y conclusiones no son neutrales ni objetivos y sí son desorientados y apologéticos. Desconocen hechos reales y tienden a distraer la atención de lo que es importante considerar o investigar.19 Por lo tanto, impiden la interpretación y formulación de los problemas en forma adecuada y el desarrollo de criterios realistas de acción.

Los problemas señalados no pueden encontrar solución dentro de un análisis que insiste en ignorar las características del sistema real, examinando sus fenómenos en términos estáticos o como una simple relación mecánica.