ANÁLISIS MICROECONÓMICO Y EQUILIBRIO

Las condiciones de sistemas cerrados, que se mueven gobernados por principios mecánicos, se reforzarían con la utilización acabada del instrumental matemático disponible que permitiría, finalmente, la concepción del equilibrio general, y darían lugar al desarrollo de una metodología específica: el análisis marginal y la microeconomía.

La teoría subjetiva del valor proporciona la visión atomista de una sociedad donde la suma de individuos da también una visión de la realidad. Al aceptar este principio, la economía puede reducirse al estudio de algunas de sus partes susceptibles de cuantificación, con ayuda de construcciones analíticas abstractas, en las que cada variable del sistema se analiza individualmente, desligada del sistema de que es parte integral.

Es curioso observar que las grandes figuras del pensamiento neoclásico eran todas matemáticos. Jevons era un estadístico matemático; una de sus preocupaciones fue vincular la estadística y la matemática a la economía. Pensaba que la teoría económica debía tener una base matemática equivalente a la de las ciencias físicas y mecánicas, y afirmaba que

nuestra ciencia tiene que ser matemática sencillamente porque se ocupa de cantidades. Siempre que las cosas estudiadas son susceptibles de ser mayores o menores, las leyes y relaciones tienen que ser de carácter matemático...10

Leon Walras fue sin duda uno de los economistas que diera más impulso al uso de la matemática en economía, combinando la teoría de la utilidad marginal con la del equilibrio general, teoría que lograría su mayor refinamiento con Wilfrido Pareto, sucesor suyo en la cátedra de economía de Laussanne. Pareto se dedicó a la economía después de veinte años de profesión de matemático e ingeniero. El cálculo diferencial se transforma en una de las herramientas predilectas de los economistas, siendo un ejemplo su aplicación al análisis marginal.

Alfred Marshall también llega al campo de la teoría económica después de un extenso recorrido por el campo de las matemáticas, poniendo especial acento en el uso del cálculo diferencial: «...nuestras observaciones de la naturaleza... se refieren no tanto a cantidades totales, sino a incrementos de cantidades...».11 A partir de esta premisa elaboró y desarrolló el análisis marginal y sus teorías sobre el equilibrio parcial y total.

Con este enfoque matemático, se refuerza la argumentación ideológica de concentrar y restringir el objeto de la ciencia económica a lo cuantitativo, relegando o simplemente ignorando lo cualitativo.

Tal dimensión cuantitativa se circunscribe aún más con Pigou, quien señala explícitamente la necesidad de limitar el objetivo exclusivamente a lo mesurable en términos monetarios:

es necesario limitar nuestra investigación sobre la economía del bienestar al análisis de aquellas causas en que los métodos científicos son posibles y eficaces... el análisis científico sólo ha progresado sobre lo medible. El instrumento de medida que está a nuestra disposición para el estudio de los fenómenos sociales es la moneda.Esta es la razón que nos conduce a limitar nuestro trabajo al campo del bienestar que esté más relacionado con la unidad de medida que es la moneda.12

La utilización del instrumental matemático facilita el análisis marginal y microeconómico, es decir, un análisis basado en el comportamiento de la unidad económica y de ciertos supuestos concernientes a éste. A partir de ese análisis de la unidad económica se infiere un comportamiento que se considera válido para el sistema como un todo. Así, el análisis del comportamiento del consumidor individual sustancia la teoría de la demanda, al paso que el análisis del comportamiento de la firma es la base para la teoría de la oferta.

Ambas teorías pueden tener un carácter agregativo, pero en esencia se basan siempre en la acción de las unidades económicas y de su comportamiento.

En este análisis, el comportamiento racional tendente a la maximización del beneficio o a la minimización de los costes es la base de todo tipo de decisión.

La maximización del bienestar supone la posibilidad del individuo de jerarquizar sus posibles objetivos en un orden de preferencias que define una función de bienestar individual, cuya suma permite obtener la función de bienestar total de la sociedad o función social de bienestar.

El irrealismo de tales supuestos de racionalidad ha sido ampliamente debatido en la literatura económica y no es necesario volver sobre ello, salvo como una breve mención a su implicación ambiental. En relación con el medio ambiente, es claro que la mayoría de las unidades económicas, consumidoras o productoras, no poseen la conciencia o el conocimiento de que los efectos de deterioro ambiental que él percibe, cuando los percibe, son, en gran medida, consecuencia de su conducta productiva o consumidora. La relación causal es invisible al individuo; su escala de preferencias no incluye la dimensión ambiental y, por lo tanto, su conducta racional de maximización de bienestar no considera los efectos sobre el medio ambiente natural que ella es capaz de tener, pudiendo ser «irracional» en relación con él.

El planteamiento neoclásico establece que la acción racional de las diferentes unidades del sistema económico, orientadas al logro de su bienestar individual, lleva al sistema de una situación «óptima de equilibrio» definida en términos paretianos.

El óptimo de Pareto se logra en el mercado cuando, después de algún cambio, el resultado de la suma algebraica entre «ganadores» y «perdedores» revela que los «ganadores» compensan con creces a los «perdedores». Pareto definía como una posición óptima aquella en la cual no se puede mejorar la situación de dos partes al mismo tiempo. Este límite, más allá del cual no se puede proceder a intercambios que beneficien a los protagonistas, encuentra su traducción formal en la condición según la cual las relaciones de unidades marginales de los bienes objeto de intercambios deben ser iguales a la relación de sus precios.

En términos de curvas de indiferencia, ese punto equivale al de tangencia de la línea de precio o de línea de intercambio, con las curvas de indiferencia de los participantes en el mercado. Ese punto es corrientemente denominado óptimo paretiano o de Pareto, o de máxima satisfacción.

Es evidente que un óptimo definido en esos términos no responde a una situación única. De hecho, tal situación se ha logrado considerando un individuo, y partiendo del supuesto de que las satisfacciones del resto de los individuos de la comunidad quedan constantes a un nivel arbitrario. Por consiguiente, es un óptimo relativo definido a priori y partiendo de una distribucción dada de bienes entre los protagonistas del intercambio. Pero, ¿puede el problema de la distribución ser separado del de la producción y del intercambio?

La teoría del óptimo de Pareto es el desarrollo de la teoría del equilibrio general de Leon Walras. Según éste, dadas dos mercancías en un mercado de competencia perfecta, la satisfacción máxima de las necesidades y el máximo de utilidad efectiva se logrará --para cada participante en el mercado-- cuando la relación de intensidad de los últimos deseos satisfechos, o la relación de su escasez, sea igual al precio. Se acepta un cambio en una variable del sistema en situación de ceteris paribus, es decir, manteniendo constante el resto del sistema pero como el sistema es un todo interrelacionado, las decisiones y los cambios que se tomen o se lleven a cabo en cualquiera de sus partes, por muy pequeñas que sean, afectan al sistema en su totalidad. Por lo tanto, si se considera el resto de los elementos estructurales del sistema, el análisis marginal falla. Si, además del sistema económico, se consideran los efectos sobre el sistema natural y social, las deficiencias del análisis adquieren connotaciones graves. En último término, la teoría del equilibrio general de Walras define qué precios han de prevalecer para alcanzar una situación de equilibrio en los mercados, dada una serie de supuestos; pero es incapaz de explicar cuáles son los movimientos de los precios que llevan a esa situación de equilibrio, que posteriormente Pareto definiría en términos de óptimo. La explicación de la dinámica del proceso es así ignorada.

La teoría del equilibrio, ya sea en su forma parcial o en su enunciado general, es una teoría estática.

Los supuestos básicos del análisis son competencia perfecta en el mercado y divisibilidad total de recursos y productos. Tales supuestos ponen de manifiesto el aspecto más importante de la teoría, la capacidad del mercado para conducir a un óptimo económico en el ya comentado sentido de Pareto, en condiciones tales que toda la influencia económica de la conducta de una persona (o de una firma) sobre el bienestar de otra persona (o los beneficios de otra firma) se transmite a través de su impacto sobre los precios del mercado. Se puede expresar lo mismo en otros términos: el equilibrio en una economía perfectamente competitiva tiende hacia una situación de óptimo, excepto cuando las interdependencias entre los factores de la economía no se operan a través del mecanismo del mercado. Estas interdependencias que no se manifiestan a través del mecanismo del mercado son denominadas generalmente «externalidades» y pueden ser positivas: economías externas, o negativas: deseconomías externas. Pigou señalaría que la presencia de externalidades es la que provoca la divergencia entre los beneficios (costes) sociales y los beneficios (costes) privados.

Por consiguiente, la interdependencia directa es en la teoría del equilibrio general la causa de distorsiones, y a ello se deben los conflictos que surgen entre beneficio privado y beneficio social.