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Tiempos de flexibilización
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En el contexto de las políticas de flexibilización y desregulación general del mercado de trabajo, muchas formas de protección de los trabajadores que tradicionalmente eran previstas por los estados en forma estatutaria, se encuentran en discusión.

DE ACUERDO A LA Organización internacional del Trabajo (OIT), "en tiempos de inestabilidad económica, en los que se registran persistentes niveles de alto desempleo, y cuando la creciente globalización del mercado obligan a cada país a mejorar su competitividad, la participación del estado suele ser más vigorosa".

"Cada vez más, los gobiernos son impulsados a intervenir, o bien por los empleadores que buscan más flexibilización en las condiciones de trabajo y rebajas en los impuestos y gastos en seguridad social, o bien por los trabajadores que reclaman aumentos salariales o compensaciones por los resulados de los ajustes estructurales".

La limitación de las horas de trabajo, y la reducción de los requisitos en las áreas de seguridad y salud, salario mínimo, protección contra despidos arbitrarios, derechos de maternidad y paternidad, seguridad social, vacaciones y los términos de los contratos constituyen una preocupación mundial.

Al comprimirse las remuneraciones, como consecuencia directa del declive de los índices de empleo, en los países del Tercer Mundo se ha desarrollado en las últimas dos décadas el fenómeno de la "feminización"de la fuerza de trabajo. Esto es indicativo de que cada vez más personas necesitan trabajar.

Los índices de desocupación reflejan solamente la ausencia de trabajo, pero no registran situaciones menos visibles como el subempleo, bajos ingresos, sub utilización de capacidades o baja productividad. Según la OIT, estos problemas merecen tanta atención como el desempleo absoluto. En su informe de 1995, la organización sostiene que no es acertado basarse en los indicadores de desempleo, a los que considera "la punta del iceberg".

Las dificultades para la generación de nuevos puestos de trabajo para el creciente flujo de personas que ingresan en la categoría de "población económicamente activa" obligan a buscar alternativas para el empleo.

En una reunión de jefes de estado europeos realizada en diciembre de 1993, el tema del desarrollo del trabajo a distancia fue manejado como prioritario. El grupo advirtió que "los primeros países que entren en la era de la información tendrán las mayores recompensas ... aquellos que vacilen o favorezcan soluciones intermedias, en menos de una década enfrentarán caídas desastrosas de las inversiones y la desaparición de puestos de trabajo"

Estimular el trabajo a distancia en forma sistemática, ofreciendo un marco regulatorio más "flexible" es una forma de reducir los costos para el empleador.

Las grandes corporaciones trasnacionales han flexibilizado enormemente sus estructuras productivas, logrando una mayor integración entre sus diferentes unidades y también dentro de éstas. Como respuesta a demandas crecientemente especializadas, desde mercados que están cada vez más segmentados, las unidades de producción también han tenido que subdividirse en equipos menores y algunas veces incluso en unidades unipersonales.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de identificar las formas de adaptar las reglamentaciones para garantizar la protección de los trabajadores a distancia. La posición de los países de la Comunidad Europea se basa en fijar una serie de principios básicos, dejando en libertad --aunque con una "guía de referencia"-- la implementación de los detalles.

Estas convenciones necesitan ser articuladas de acuerdo a las particularidades de las relaciones de trabajo de cada país.

La promoción del trabajo a distancia en los países del Tercer Mundo implica la difusión y la disponibilidad de los elementos necesarios para su aplicación. Los trabajadores deben contar con una infraestructura de comunicación suficiente -teléfono, fax, equipos de informática, módem- que implica que en los países funcionen sistemas integrados.

Aquellos países que han quedado relegados en el desarrollo de redes telefónicas y eléctricas, sistemas de comunicación integrados y acceso a la información, sufrirán más dificultades para adaptarse a nuevas formas de trabajo. Al mismo tiempo, los niveles de capacitación necesaria para el desempeño de estas tareas se traducen en la reducción de la "cotización" de otros empleos que requieren menos especialización.

En regiones como América Latina, el rápido crecimiento de las privatizaciones se ha concentrado precisamente en las áreas de telecomunicación y generación de energía.

La OIT cree que la transformación de la industria está en pleno proceso de cambio. En las tres décadas pasadas, aquellas personas empleadas en niveles gerenciales aumentaron de un 10 a un 20% de la fuerza de trabajo; los técnicos e ingenieros pasaron del 6 al 40%; los trabajadores clericales del 11 al 15%, mientras que las cifras de los trabajadores manuales bajaron, durante el mismo período, de 73 a 25%.

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