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Los espejismos
de la deuda
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La propuesta del Director del Banco Mundial, Jim Wolfensohn, en busca de soluciones para la deuda de los 40 países más pobres del mundo, no logró ninguno de los objetivos esperados. La sola idea de un nuevo plan implicó reconocer el fracaso de una larga serie de préstamos concedidos anteriormente para mitigar la crisis.

DURANTE LA DÉCADA  del 70, el sistema bancario internacional tenía grandes cantidades de capital en busca de inversiones y estimuló a los países del Sur a pedir prestado para emprender ambiciosas obras de infraestructura. Los gobiernos se endeudaron mucho y a mediados de la década siguiente la situación se tornó ingobernable. Comenzó entonces la llamada "crisis de la deuda". En los años siguientes se hicieron varios intentos para encontrar una salida a esa crisis, que asfixió a las economías en desarrollo.

La privatización -una receta aplicada en América Latina así como en los países del ex bloque socialista y en África- produjo una considerable inyección de dinero para los gobiernos del Sur, con el que lograron modificar la balanza de la deuda. Durante la primera mitad de la década del 90 se creyó que los préstamos blandos aprobados por las organizaciones internacionales y el flujo de capital de los programas de privatización resolverían el problema de la deuda externa. En julio de 1995, el Banco Mundial hizo un recambio de sus autoridades. Jim Wolfensohn, el nuevo Director, se concentró en la búsqueda de soluciones para el problema todavía pendiente de la deuda externa. Su primera iniciativa fue crear un pozo de 11 billones (11.000.000.000.000) de dólares para ayudar a los 40 países más pobres -conocidos en la jerga del Banco como Países de Ingresos Bajos Severamente Endeudados- a pagar los intereses de sus deudas.

Este grupo de países tiene un ingreso per capita por debajo de los 695 dólares estadounidenses. Su deuda agregada totaliza 160.000 millones de dólares, una parte sustancial de la deuda total de los países en desarrollo, que asciende a 1,1 billones de dólares. La deuda total de esos países es mayor que sus Productos Internos Brutos juntos y es más del doble de sus ingresos por exportaciones. Hasta entonces, la solución al endeudamiento combinó refinanciamiento de la deuda con otorgamiento de préstamos nuevos para pagar las cuotas impagas y una serie de reformas económicas que hicieron posible el aumento de su capacidad importadora.

Pero las propuestas de Wolfensohn no tuvieron los resultados deseados. Los países ricos que concedieron préstamos para el desarrollo ya habían decidido reducir su ayuda. Por otro lado, el propio Banco es el acreedor de por lo menos un quinto (o 30.000 millones de dólares) de la deuda de los países más pobres.  (El Fondo Monetario Internacional es el acreedor de otro quinto de esa deuda, y en el caso particular de los países africanos, anualmente la institución recibe más dinero de pagos de las deudas del que da a través de los préstamos que concede). Y las organizaciones financieras internacionales también obtienen ingresos en el mercado a través de la venta de bonos. Cualquier cancelación de la deuda que afectara el valor de esos bonos contribuiría a generar pérdidas, que serían cargadas a los deudores a través de un aumento de las tasas de interés, contrarrestando así su motivación explítica inicial.

El anterior presidente del Banco Mundial, Lewis Preston, resistió cualquier medida de cancelación de la deuda, pero su sucesor asegura que la institución tiene la responsabilidad de ofrecer soluciones al problema. No obstante, la sola mención de la necesidad de un nuevo plan implica admitir el fracaso de la larga serie de préstamos concedidos anteriormente para mitigar la crisis.

En estas condiciones, no parece probable que los países donantes aumenten sus cuotas para fortalecer el nuevo fondo. Por otro lado, algunos países donantes, como Japón y Alemania, se opusieron a "recompensar" a los malos pagadores, ya que consideran que la mala gestión económica se debe fundamentalmente a la corrupción y la ineficiencia de los gobiernos. Para esos países ricos la solución debe estar vinculada a una creciente apertura del mercado internacional, a una ampliación de la privatización y las reformas asociadas a la misma, y a un mejoramiento de la gestión económica por parte de los países deudores, algo muy difícil de lograr sin capital, en otras palabras, sin préstamos nuevos.

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