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Los hombres y el desierto
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AL IGUAL QUE EL CLIMA o la biodiversidad, la desertificación fue objeto de una convención en junio de 1994. El texto prevé disposiciones para combatir este fenómeno, muchas veces llamado --"avance del desierto"--, asociando a la población local y favoreciendo la descentralización de las decisiones. Los países desarrollados, por su parte, se comprometieron a financiar algunos programas de acción y a facilitar la transferencia de tecnología. Dichos programas se implementarán tanto a nivel nacional como regional, en el marco de cuatro zonas prioritarias: Africa, Asia, América Latina y el Caribe y el Mediterráneo septentrional. Sin embargo, los objetivos del documento son demasiado generales, lo que se debe, al menos en parte, a la extrema diversidad de las causas y los mecanismos de la desertificación. Además, la convención no creó ningún mecanismo de financiamiento propio, lo que sumado a su complejidad, la volverá difícil de aplicar.

La desertificación no siempre está relacionada con la sequía, como pareció evidenciar el espectacular avance del desierto en el Sahel entre 1968 y 1986, que coincidió con una sequía persistente, que afectó a una zona de 5.000 kilómetros de este a oeste y de varios cientos de kilómetros de norte a sur. En algunos casos, la desertificación --que tiene formas muy diversas-- no es el resultado de ningún cambio climático, como lo demuestra el caso del Maghreb. En esta región norafricana, las lluvias torrenciales sobre superficies marcadamente inclinadas producen desgastes mucho más graves que en el Sahel, que tiene superficies más llanas. Además, si el suelo fue degradado por la actividad humana, los daños suelen ser irreversibles, ya que en el Maghreb la tierra se renueva muy lentamente y la continua permanencia de poblaciones humanas no permiten una recuperación de los suelos.

Se trata de un buen ejemplo de la incidencia de la actividad del hombre y de la complejidad del tema: según explica Pierre Rognon en "Le Monde Diplomatique",  "los criadores de ganado intensifican el pastoreo en las tierras menos fértiles --ya que en las mejores se tiende a cultivar cereales-- y, en cuanto encuentran un lugar de pastoreo, llevan a los animales en camiones hasta ahí a toda velocidad. La regeneración de los circuitos de pastoreo se vuelve muy difícil o imposible (...) En realidad, en el Maghreb, los riesgos climáticos cuentan menos que los errores de planificación territorial. La desertificación no progresa, como en el Sahel, por frentes --el tan mentado 'avance del desierto'--, sino por aureolas o manchas, a partir de zonas rurales superpobladas, centros urbanos u otros entornos frágiles. Por lo tanto, su aumento no es tan espectacular como en el Sahel, donde es más fácil de mapear o de mostrar en el informativo televisivo... Al tener causas esencialmente socioeconómicas, el fenómeno debería ser más fácil de combatir (...) La poca importancia que la convención otorga a  los problemas demográficos es sorprendente, ya que el Maghreb --contrariamente al norte del Mediterráneo-- es una región en la que la fuerte expansión demográfica es una causa esencial de la desertificación."

además...


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Pérdida de la diversidad

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Los hombres y el desierto

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Las selvas africanas y el Banco Mundial
    

 

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