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No es lo mismo "Cambio climático" que "calentamiento del planeta"
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El calentamiento del planeta podría ser un signo de cambios profundos experimentados por el clima de la Tierra como consecuencia de la actividad humana. El aumento del nivel de los océanos, que en el mediano plazo inundaría territorios actualmente habitados, debería ser considerado entre las posibles consecuencias del calentamiento del globo terráqueo.

LAS VERSIONES RECIENTES  sobre el debate científico respecto al clima con frecuencia desvirtúan lo que realmente se está discutiendo. Sugieren que los científicos todavía están analizando si el clima está cambiando en respuesta a las emisiones de gas de efecto invernadero (GHG), como si fuera cuestión de responder simplemente sí o no. De manera que si un científico cuestiona si la actual elaboración de modelos de clima es adecuada, o si no encuentra pruebas concluyentes de calentamiento global en una serie específica de datos, se dice que él o ella afirmó que "en realidad no hay problema". Sin embargo, en la mayoría de los círculos científicos ya no es cuestión de si el cambio climático inducido por el GHG es un problema potencialmente serio. Más bien, se analiza cómo evolucionará el problema, cuáles serán sus consecuencias, y cómo pueden ser detectadas de mejor manera.

La confusión surge de una impresión general de que "el aumento del efecto invernadero", "el cambio climático" y el "calentamiento del planeta" son simplemente tres formas de decir lo mismo. No lo son. Nadie discute la física básica del "efecto de invernadero". No obstante, algunas de las consecuencias de la física básica, incluidas las temperaturas medias más elevadas debido al "calentamiento del planeta", son menos ciertas (aunque muy probables). Esto se debe a que el problema fundamental de la forma en que las emisiones de gases de efecto invernadero afectan el flujo de energía a través del sistema del clima y la temperatura es solo una de las muchas formas que adopta la energía.

A largo plazo la Tierra deberá arrojar energía al espacio al mismo ritmo al que absorbe energía solar. La energía solar arriba en forma de radiaciones con longitud de onda corta; algo de esta radiación se refleja, pero en un día claro, la mayoría pasa de largo a través de la atmósfera para calentar la superficie de la tierra. La Tierra se deshace de la energía en la forma de radiación de longitud de onda larga infrarroja. Pero la mayor parte de la radiación infrarroja emitida por la superficie de la tierra es absorbida en la atmósfera por el vapor de agua, dióxido de carbono y otros "gases de efecto invernadero" de aparición natural, haciendo difícil para la superficie irradiar energía directamente al espacio. En lugar de ello, muchos procesos interactivos (incluida la radicación, corrientes de aire, evaporación, formación de nubosidades y precipitaciones) transportan energía a la parte superior de la atmósfera a niveles donde emite radiaciones hacia el espacio. Esto es una suerte para nosotros, porque si la superficie pudiera irradiar energía al espacio sin obstáculos, la Tierra sería más de 30° C más fría de lo que es actualmente: un planeta desolado y estéril, más bien parecido a Marte.

Determinando cómo el aire absorbe y emite radiaciones, los gases termoactivos cumplen una función vital en la preservación del equilibrio entre la energía que ingresa y egresa. Las emisiones provocadas por el ser humano distorsionan este equilibrio. El doble de concentración de gases de efecto invernadero persistentes (que se calcula que ocurrirá a comienzos del siglo próximo) si nada cambia, reduciría el ritmo en el cual el planeta puede emitir energía al espacio en aproximadamente un 2%. Como no afectaría el ritmo en el cual la energía del sol es absorbida, se generaría un desequilibrio entre la energía recibida y emitida. El 2% puede no parece mucho, pero en toda la tierra equivaldría a atrapar el contenido de energía de unos tres millones de toneladas de petróleo por minuto.

El clima se adaptará de algún modo para deshacerse de esta energía extraordinaria atrapada por los gases de efecto invernadero generados por los seres humanos. Debido a que existe un fuerte vínculo entre la radiación infrarroja y la temperatura, una probable adaptación sería el calentamiento de la superficie y de las capas inferiores de la atmósfera. Pero es importante darse cuenta de que un clima a mayor temperatura no es el único cambio posible, ni siquiera necesariamente el más importante. El motivo de esto es que esa radiación no es el único mecanismo de transporte de energía en las capas inferiores de la atmósfera (aunque sí cumple una función vital, tiene un cometido de control). En lugar de ello, el equilibrio energético de la superficie se mantiene y las temperaturas de la superficie son controladas por esa compleja red de procesos interactivos que transportan energías hacia arriba y a través de la atmósfera. En contraste con lo que ocurre con la radiación, es muy difícil predecir la forma en la cual procesos como la formación de nubosidades responderán a las emisiones de gases de efecto invernadero.

El calentamiento global es un síntoma de cambio climático, pero no constituye el problema en sí mismo. Puede ser el síntoma más claro que tenemos que buscar, pero es importante no confundir el síntoma con la enfermedad. El problema fundamental es que la actividad en que la atmósfera absorbe y emite energía. Algunas de las consecuencias potenciales de este cambio como la elevación del nivel del mar, dependerán directamente de cómo responda la temperatura de la superficie. Pero muchos de los efectos más importantes, tales como los cambios en precipitaciones y humedad del suelo, pueden ocurrir antes de que exista cualquier calentamiento detectable.

Si un científico argumenta que el calentamiento puede no ser tan amplio o tan rápido como lo prevén los modelos, él o ella no sugiere que se deban cerrar los ojos ante el problema del cambio climático. Lo único que estará tratando de trasmitir es que este síntoma en particular -la temperatura global media- puede no ser confiable. Sabemos que las propiedades radiactivas del aire están cambiando, y sabemos que los efectos climáticos de este cambio serán profundos. Todos los modelos de clima indican que el cambio más importante será el calentamiento atmosférico. Pero aunque no lo sea, otros efectos, igualmente profundos, son inevitables. Estamos alterando la fuente de energía del sistema climático. Se debe hacer algo para amortiguar el golpe.

Fuente: Information Unit on Climate Change (IUCC - Servicio de Información sobre Cambio Climático)


Calentamiento global y pequeños Estados Insulares

PRÁCTICAMENTE TODOS LOS PAÍSES del mundo tendrán que enfrentar en última instancia las repercusiones del cambio de clima relacionado con el calentamiento atmosférico. Sin embargo, no tan pronto ni con un nivel de presentimiento tan importante como los países clasificados por las Naciones Unidas como "pequeños estados insulares".

Las tendencias al calentamiento del planeta previstas para el próximo siglo pueden tener como consecuencia un aumento del nivel del mar de un metro o más. Esto podría conducir a que varios estados insulares pequeños, muchos de los cuales están solamente a 1.5 ó 2 metros por encima del nivel del mar, queden totalmente sumergidos el próximo siglo. Estos países son las Islas Marshall, Tuvalu, Tokelau y Maldivas. Además, los niveles oceánicos en aumento podrían perjudicar los suministros de agua potable en esos países, devastar la agricultura y amenazar los hábitats de arrecifes de coral que son el hogar de muchas especies ictícolas vitales para la subsistencia de los habitantes de muchos pequeños estados insulares. Por último el cambio climático podría aumentar considerablemente la incidencia y severidad de huracanes y tormentas tropicales, haciendo estragos en la infraestructura económica de muchos de estos países.

Fuente: William C. Burns, Pacific Center for International Studies (Centro de Estudios Internacionales del Pacífico), Estados Unidos.


Agotamiento del ozono antártico

EL CALENTAMIENTO ATMOSFÉRICO y el enrarecimiento del ozono son dos problemas distintos, aunque algunas veces sean presentados como similares. No obstante, podrían estar relacionados, o acentuarse uno en consecuencia del otro.

En el artículo "Antarctica and Global Change" (La Antártida y el Cambio del Planeta) del investigador australiano sobre la Antártida, Bill Budd, sugería la existencia de un vínculo de reacción entre el cambio climático y la destrucción del ozono antártico. Como el ozono estratosférico se ha perdido, las temperaturas de las capas superiores de la atmósfera han disminuido. Esta disminución de las temperaturas estratosféricas sobre la Antártida han coincido con un aumento general de las temperaturas de las capas inferiores de la atmósfera.

Budd manifestaba "Este tipo de reacción podría esperarse como consecuencia de una reducción del ozono de la estratosfera pero también es un rasgo que puede provenir del calentamiento del anhídrido carbónico en la troposfera... estos cambios fueron más fuertes en la Antártida, resaltando el predominio del efecto ozono, aunque sin duda ambos procesos pueden estar actuando juntos y reforzándose mutuamente". Agregaba además que "... la fuerza del torbellino estratosférico antártico puede esperarse que aumente y dure más con la reducción de las temperaturas estratosféricas antárticas. Esto podría aislar la región de reducción del ozono todavía más, y posiblemente conducir a una reducción mayor alargando más el verano ...".

Posteriormente, J. Austin, N. Butchart y K. Shine, en su artículo "Posibilidad de un agujero de ozono ártico en un clima con el doble de dióxido de carbono", demostraron el vínculo entre el calentamiento del planeta y el agotamiento del ozono en un estudio de preparación de modelos del Ártico, en el cual el enfriamiento de la estratosfera producía mayor pérdida de ozono.

Fuente: Greenpeace

además...


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No es lo mismo...

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Energía nuclear en Europa
    

Agotamiento del ozono antártico

El calentamiento atmosférico y el enrarecimiento del ozono son dos problemas distintos, aunque algunas veces sean presentados como similares. No obstante, podrían estar relacionados, o acentuarse uno en consecuencia del otro.
    En el artículo "Antarctica and Global Change" (La Antártida y el Cambio del Planeta) del investigador australiano sobre la Antártida, Bill Budd, sugería la existencia de un vínculo de reacción entre el cambio climático y la destrucción del ozono antártico. Como el ozono estratosférico se ha perdido, las temperaturas de las capas superiores de la atmósfera han disminuido. Esta disminución de las temperaturas estratosféricas sobre la Antártida han coincido con un aumento general de las temperaturas de las capas inferiores de la atmósfera.
     Budd manifestaba "Este tipo de reacción podría esperarse como consecuencia de una reducción del ozono de la estratosfera pero también es un rasgo que puede provenir del calentamiento del anhídrido carbónico en la troposfera... estos cambios fueron más fuertes en la Antártida, resaltando el predominio del efecto ozono, aunque sin duda ambos procesos pueden estar actuando juntos y reforzándose mutuamente". Agregaba además que "... la fuerza del torbellino estratosférico antártico puede esperarse que aumente y dure más con la reducción de las temperaturas estratosféricas antárticas. Esto podría aislar la región de reducción del ozono todavía más, y posiblemente conducir a una reducción mayor alargando más el verano ...".
    Posteriormente, J. Austin, N. Butchart y K. Shine, en su artículo "Posibilidad de un agujero de ozono ártico en un clima con el doble de dióxido de carbono", demostraron el vínculo entre el calentamiento del planeta y el agotamiento del ozono en un estudio de preparación de modelos del Ártico, en el cual el enfriamiento de la estratosfera producía mayor pérdida de ozono.

Fuente: Greenpeace

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