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En los últimos cinco años, los países más industrializados, con la excepción de Estados Unidos, reafirmaron el compromiso de lograr que la ayuda para el desarrollo representara el 0,7% de su Producto Interno Bruto (PIB). No obstante, ocho de los 21 donantes redujeron en 1994 su presupuesto de ayuda y sólo cuatro mantuvieron la contribución con la cual ya se habían comprometido, que promedialmente fue de 0,3% del PIB, el nivel más bajo de los últimos 20 años.

LA LLAMADA AYUDA  para el desarrollo consiste en préstamos otorgados a los países pobres por el Banco Mundial, el FMI y otros organismos internacionales y gubernamentales de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con el cometido de erradicar la pobreza.

Esta estrategia, cuyos inicios se ubican en la época de la guerra fría con la finalidad de "prevenir el avance del comunismo en el mundo", contribuyó a acelerar el proceso por el cual el control de la economía pasa a manos del capital trasnacional dejando a los gobiernos el cometido de controlar a su propio pueblo.

El otorgamiento de créditos concedió ventajas políticas y comerciales a las élites, aumentando así las contradicciones sociales, en lugar de eliminarlas. Las economías de mercado no solucionaron la demanda de alimentos básicos, educación y atención de la salud. El desarrollo, los derechos humanos y la protección del medio ambiente no fueron más que mera retórica. Las diferencias sociales así como la dependencia tecnológica y financiera entre los "beneficiarios" se ahondaron.

Por otro lado, los acreedores se beneficiaron desde un punto de vista financiero en dos sentidos: por el mayor acceso al flujo de información de los países del Tercer Mundo y por las compras de éstos como una derivación de los préstamos originales.

Con el fin de la guerra fría, el fin de la globalización y el deterioro interno de los países que contribuyeron a la ayuda, la cantidad de préstamos se redujo y sus destinos cambiaron.

En los últimos cinco años, todos los países donantes de la OCDE, con la excepción de Estados Unidos, reafirmaron su intención de contribuir con el 0,7 por ciento de su PIB.

No obstante, en 1994, ocho de los 21 donantes redujeron su presupuesto de ayuda y sólo cuatro mantuvieron la contribución asumida hasta entonces. La ayuda promedio representó el 0,3 por ciento del PIB, el nivel más bajo de los últimos 20 años.

Mientras tanto, las situaciones de emergencia tuvieron prioridad sobre el desarrollo. Los gastos en este campo aumentaron de 4.500 millones de dólares a 6.000 millones de 1993 a 1994. Con respecto a la ayuda bilateral, el aumento de los casos de emergencia fue de 1,5 por ciento a 8,5 por ciento.

En 1994, los países menos desarrollados debían 1.921 millones de dólares estadounidenses. Pagaron 169.000 millones de dólares por año para amortizar la deuda, siendo que por concepto de ayuda recibieron 56.700 millones. La mayor parte de esa ayuda se desvía cada vez más al pago de los servicios de la deuda.  

Aproximadamente un cuarto de la ayuda bilateral se gasta en apoyar el servicio de la deuda con las instituciones multilaterales. En 1993-1994, por cada tres dólares de préstamo, dos fueron directamente al Banco Mundial para pagar deudas. Parte de los dólares restantes se utilizaron para pagar créditos concedidos por el FMI. De hecho, muchos países sólo pueden servir su deuda externa cuando los donantes les proporcionan los recursos para hacerlo.

Presiones comerciales y ayuda condicionada

Las presiones comerciales sobre la ayuda son más fuertes que nunca. Durante 1995, la prensa belga destacó los casos de ayuda a Cabo Verde, Benin, Etiopía, Kenia e Indonesia, en los cuales la ayuda estuvo estrechamente vinculada a intereses comerciales belgas y fue inapropiada o nunca se implementó. En la raíz de estas extralimitaciones en materia de ayuda hubo falta de claridad en cuanto a las responsabilidades departamentales, fuertes intereses comerciales y políticos, y ausencia de prioridades claras.

La ayuda condicionada -o vinculada- deja a los países en desarrollo atrapados en la obligación de tener que comprar bienes y servicios de un donante, muchas veces de determinado productor. Al reducir la competencia, el Comité de Asistencia para el Desarrollo estima que los condicionamientos aumentan los costos en un 15 por ciento. Con una ayuda vinculada de cerca de 15.000 millones de dólares en 1994, el sobreprecio es del orden de los 2.000 millones de dólares, más que los programas de ayuda de Suiza y Australia juntos.

Un informe de 1995 estimó que el suministro de repuestos y otros equipos y servicios directamente relacionados con proyectos de desarrollo daneses equivalió aproximadamente al 25 por ciento del valor de los proyectos. Además, las empresas danesas esperaban generar un 75 por ciento del valor de los proyectos en contratos de exportación no directamente relacionados con dichos proyectos.

En España, los créditos de ayuda vinculados, que absorben el 70 por ciento de la Asistencia Oficial para el Desarrollo de carácter bilateral, están caracterizados todavía por un enfoque exclusivamente comercial, falta de transparencia y una ausencia total de evaluaciones finales de los beneficios para el desarrollo de los proyectos que financian.

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