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Carrera armamentista y globalización
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El gasto militar de los países del Sur representó en 1990 menos del 15% del total mundial. No obstante, las regiones pobres fueron el principal mercado de producción de armas, con un 55% del total. Entre 1965 y mediados de los años 80, el gasto militar del Sur tuvo un crecimiento más acelerado que el de los países occidentales, y su promedio, superior al 4%, tuvo una proporción mayor en el Producto Interno Bruto.

EL CRECIMIENTO DEL GASTO MILITAR en el Sur comenzó en las décadas del 50 y del 60, cuando el surgimiento de los nuevos estados del Tercer Mundo coincidió con el desarrollo de la Guerra Fría entre las superpotencias. Durante este período Estados Unidos y la Unión Soviética transfirieron vastas cantidades de equipos de defensa a las regiones del Tercer Mundo. Los conflictos internos de los países en desarrollo así como las luchas entre ellos se convirtieron en batallas entre las superpotencias que se arrogaron la representatividad de dichos países. Política, institucional y técnicamente, las fuerzas armadas de los países destinatarios quedaron atadas a una relación de dependencia con los países abastecedores. A nivel interno, los militares establecieron una base política de influencia en muchos países en desarrollo.

En los 70, después del primer aumento de los precios del petróleo, un aumento del crédito a los países en desarrollo facilitó el impulso de las importaciones de armas del Tercer Mundo. Para las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la exportación de armas fue un medio de reciclar los petrodólares y mantener la producción industrial a pesar de la amenaza de recesión. La venta de armas al Tercer Mundo permaneció estable hasta la recesión. A fines de los 80, a pesar de la presencia de varios conflictos de entidad -en África del Sur y América Central- la venta de armas al Tercer Mundo comenzó a disminuir.

Después del final de las hostilidades de la Guerra Fría, los países industrializados redujeron el total de sus gastos militares de un máximo de 838.000 millones de dólares en 1987 a 762.000 millones en 1990. El potencial para la transferencia de recursos es elevado. En el caso de Estados Unidos, una reducción del 1 por ciento en los gastos militares habría significado un aumento del 40 por ciento de la ayuda exterior para el desarrollo.

Si bien los países en desarrollo también redujeron los gastos militares de un máximo de 155.000 millones de dólares en 1984 a 123.000 millones en 1990, lo hicieron por distintas razones. Sumidos en una recesión crónica, endeudamiento y escasez de divisas, no pudieron hacer frente al creciente costo de la defensa. En todo caso, las cifras oficiales siempre son menores que las cifras reales si uno toma en cuenta el valor en el mercado negro del tráfico de armas, y el hecho de que todos los países intentan ocultar la cantidad exacta gastada en armamento e investigación en ese rubro.

El Medio Oriente se convirtió en el blanco -tanto abierto como encubierto- del comercio internacional de armas, del cual Estados Unidos es el líder indiscutido. La política de este país contribuyó en gran medida a esta situación. En febrero de 1991, el Pentágono informó al Senado que la venta de armas en Estados Unidos alcanzaría un nivel inigualado de 33 millones de dólares, la mitad de ellos con destino al Medio Oriente.

El gasto militar y su costo puede calibrarse de distintas maneras en términos del gasto anual, per cápita o acumulativo durante cierto período, de la riqueza pública.

Como el gasto militar, a diferencia del gasto en educación, salud e infraestructura, no es productor de "riqueza", la carga económica es acumulativa. Incluso un uso pequeño pero sostenido de activos productivos para equipamiento militar "improductivo" se convierte con el correr del tiempo en una gran pérdida. Este aspecto se torna más significativo si se toma en cuenta que las demandas militares en términos de tierra han aumentado de manera constante, debido al aumento del tamaño de las fuerzas armadas permanentes y al ritmo acelerado de los avances tecnológicos en armamento. Durante la Segunda Guerra Mundial un batallón armado de infantería en Estados Unidos -con unos 600 soldados- requería menos de 16 km2. Hoy, una unidad similar requiere veinte veces más espacio.

Estrategias nucleares de la post-Guerra Fría

Cincuenta años atrás las bombas nucleares arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki iniciaron la carrera armamentista nuclear. Actualmente presenciamos una cuenta regresiva de la carrera de armas nucleares, y este tipo de armas es cada vez menos significativo. Hace unos cincuenta años se creó la Organización de las Naciones Unidas, la cual fue perjudicada la mayor parte del tiempo por la situación de estancamiento provocada por la Guerra Fría. Actualmente, ésta ha sido superada pero las organizaciones de la familia de las Naciones Unidas se enfrentan a más problemas de los que son capaces de resolver.

Los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia se reducirán de 65.000 ojivas a unos pocos cientos. Hans Blix, director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), declaró en 1994 que "en el proceso de desarme nuclear y control de armas es necesario concentrarse en algunas cuestiones muy específicas:

(1) qué sucederá con las cantidades de uranio y plutonio enriquecido que se recuperarán cuando se desmantelen las ojivas;

(2) cuál es la capacidad existente en algunos estados - incluidos los cinco Estados declarados con armas nucleares- para producir material nuclear para su utilización en armamentos;

(3) si es posible establecer una prohibición total al ensayo de armas nucleares, en la medida que actualmente Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Rusia están cumpliendo con la moratoria declarada;

(4) si la situación internacional actual ofrece un entorno propicio para prevenir la proliferación de armas nucleares a más países, lo que generalmente se denomina régimen de no proliferación, formalizado sobre todo en el Tratado de No Proliferación y el Tratado de Tlatelolco. Según el director de la IAEA, hay quienes consideran que la desaparición de la Guerra Fría y de cuerpos militares disciplinados y claramente establecidos aumenta el riesgo de una expansión de las armas nucleares. El Consejo de Seguridad se ha mostrado cada vez más decidido a impedir la proliferación de armas nucleares a más países, y en la declaración realizada en oportunidad de la cumbre de 1992, sus miembros declararon que "la proliferación de todas las armas de destrucción en gran escala constituye una amenaza a la paz y la seguridad internacionales".

Dado que el Artículo 39 de la Carta de las Naciones Unidas permite al Consejo adoptar medidas de carácter coactivo cuando identifique una amenaza a la paz, la declaración citada parece constituir una firme advertencia de que el Consejo no tendrá reparos para ejercer una acción severa a fin de impedir la proliferación.

Los nuevos riesgos de la proliferación de armas nucleares

Han surgido nuevos factores que podrían aumentar el riesgo de una mayor expansión de las armas nucleares. La desintegración de la Unión Soviética dio origen a tres nuevos Estados independientes con armas nucleares en su territorio: Ucrania, Bielorrusia y Kazakastán. No obstante, actualmente los tres son Estados Parte sin armas nucleares del Tratado de No Proliferación, y todas las armas nucleares del territorio ya han sido enviadas a Rusia o bien están por ser enviadas.

La creciente incidencia del tráfico de materiales nucleares en la ex Unión Soviética y Europa Oriental se ha presentado como un nuevo riesgo y se están adoptando medidas para fortalecer la cooperación entre las autoridades aduaneras y policiales europeas para detener este comercio, al que se lo vincula con un aumento de la criminalidad.

La IAEA está "ayudando" activamente a los países en cuestión a fortalecer su control sobre las instalaciones que están autorizadas a tener material nuclear y por lo tanto a impedir que ese material sea tomado ilegalmente. Hasta ahora, según lo declarado por la IAEA, no se sabe de uranio o plutonio para armas altamente enriquecido que hubiera sido desviado a través del mercado negro.

Después de la Guerra del Golfo se descubrió que Irak -parte del Tratado de No Proliferación y un estado que acepta las salvaguardias de la IAEA- tiene un programa secreto cuyo objetivo es la producción de uranio altamente enriquecido y armas nucleares, lo cual constituye un peligro muy serio de proliferación nuclear. A pesar de un esfuerzo multimillonario, deberán pasar algunos años de trabajo antes de que Irak pueda fabricar una bomba.

No obstante, para el director de la IAEA la situación tiene varias aristas preocupantes. Cuando se concluyó el Tratado de No Proliferación, dicho tema era principalmente un asunto de países adelantados -como Suecia, Alemania, Suiza, Italia, Japón- que fabricaban armamento nuclear. Aparentemente, estos países acordaron luego condiciones seguras de no presencia de armamento nuclear. Pero el caso de Irak demostró que un creciente número de países en desarrollo pueden estar alcanzando un nivel tecnológico en el cual sería posible -con dinero y tiempo- tener armas nucleares.

El otro tema preocupante para la IAEA es que Irak pudo mantener escondido su programa, tanto a la observación satelital como a los servicios de inteligencia. El caso de Irak parece un tema menor teniendo en cuenta que es sabido que países como Pakistán o Israel tienen bombas atómicas completas. O, más significativo aún, al recordar que la Sudáfrica de De Klerk anunció oficialmente que había fabricado en secreto artefactos nucleares, si bien el país negó el uso de energía atómica con fines bélicos.

Una segunda barrera para la proliferación nuclear radica en las restricciones a las exportaciones aplicadas por Estados que están en condiciones de suministrar material y equipo nuclear y el llamado equipamiento para doble uso.

Una tercera barrera para la proliferación nuclear lo constituye el saber que un descubrimiento a través del sistema de salvaguardias de la IAEA provocará severas reacciones de la ONU y los gobiernos. En efecto, incluso la falta de cooperación con la IAEA podría conducir a sospechas y reacciones. Para que funcione efectivamente, este freno presupone que el sistema de salvaguardias de la IAEA tiene gran capacidad para detectar cualquier tipo de programa nuclear escondido. Después de lo que se descubrió en Irak, se han adoptado una serie de medidas para fortalecer el sistema de salvaguardias y se están poniendo en prática medidas adicionales.

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Los conejillos de India de la industria química

Después de dos años de estudio, los científicos del Pentágono concluyeron que 80.000 hombres y mujeres que regresaron de la Guerra del Golfo con trastornos respiratorios, pérdida de memoria, fatiga, problemas reproductivos y otras disfunciones graves, no tenían nada malo, salvo tal vez un estado agudo de "estrés".
    Pero hay causas mucho más probables de ese estado: los productos químicos altamente tóxicos que los soldados de la Guerra del Golfo recibieron en los uniformes rociados de insecticidas, los repelentes para aplicarse en la piel, y otros por vía oral. Los tres compuestos son de la familia mortal de organofosfatos, que afectan el cerebro, el sistema nervioso y los órganos reproductivos.
    Tres semanas después de las conclusiones del Pentágono, investigadores de la Universidad Duke y de la Universidad de Texas informaron que habían probado esos mismos organofosfatos en pollos. No hubo ningún problema cuando los pollos recibieron alguno de los tres productos químicos por separado. Pero cuando recibieron dos o tres juntos -aún en dosis muy bajas- la combinación provocó los mismos síntomas del Síndrome de la Guerra del Golfo, enfermando gravemente e incluso matando a los pollos.

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