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El Imperio Malí


Según la tradición, la sequía asolaba el reino de Niani cuando su rey, Allakoi Keita, se convirtió al islamismo aconsejado por los almorávidas; de inmediato empezó a llover, y el rey hizo la peregrinación a La Meca -de donde volvió con el título de sultán, en 1050- para mostrar su agradecimiento.

2 El pequeño reino despertaba la codicia de sus vecinos por controlar los yacimientos auríferos, y en 1230 fue conquistado por Sumangurú Konté, rey de los Sosso. Pensando consolidar su dominio, hizo degollar a toda la familia real de Niani, excepto al joven príncipe Sundiata, que según la tradición era inválido o enfermo. Pero el efecto fue exactamente el contrario: mostró a los demás pueblos el trato que podían esperar para sí mismos. Eso facilitó la tarea del único Keita sobreviviente, que dedicó algunos años a construir una confederación de tribus de la etnia malinké, su propio pueblo. En 1235 enfrentó a los Sosso en la épica batalla de Kirina, cantada hasta hoy por los juglares malíes. La victoria no sólo confirmó a Sundiata como jefe de todos los malinké -pasó a llamarse Mali Dajata, "el León de Malí"-, sino que lo hizo dueño de un vasto territorio, que no cesó de ampliar: en 1240 anexó el antiguo reino de Ghana y, al morir, en 1255, sus dominios se extendían desde el Atlántico hasta la curva del Níger; desde los bosques ecuatoriales al desierto de Sahara, incluyendo los actuales Senegal, Gambia Guinea-Bissau, norte de Guinea, mitad de Mauritania, sur de Argelia y todo Malí, excepto su extremidad oriental, que sólo sería incorporada en 1325.

3 Niani en el extremo sur, Djené en el centro, y Tombuctú en el norte, se convirtieron en importantes centros comerciales, en especial la última, donde terminaba la ruta del desierto más frecuentada en la época (ver Níger-cuadro). El más conocido de los sucesores de Sundiata fue el sultán Kankan Musa (1312-1337), famoso entre los cronistas árabes -e incluso venecianos- por su legendaria riqueza y prodigalidad: fue tanto el oro que gastó y regaló en El Cairo (Al Qahirah), cuando hizo su peregrinación a La Meca, que la cotización del metal se vino abajo, siendo necesario que pasaran 12 años para que recuperara su nivel normal. Un aspecto menos folklórico pero igualmente significativo fue el número de artistas y letrados que trajo consigo de Egipto y Arabia, quienes contribuyeron decisivamente al desarrollo de una cultura islámica rica en elementos locales, y a dar prestigio internacional a la recién creada Universidad de Tombuctú.

4 "Prescindiendo de los diferentes climas intelectuales creados por el Islam y el cristianismo, un estudiante de Tombuctú, del siglo XIV, se hubiese sentido perfectamente en casa en la Oxford del mismo siglo", comentó el historiador inglés Thomas Hogkin.

5 Las relaciones con el mundo árabe eran intensas: caravanas con un total anual de 12.000 camellos unían Malí a El Cairo, asegurando el flujo del oro. La principal fuente abastecedora de los mercados árabes y europeos eran las minas del Bambuk y las recientemente descubiertas en el Bure, más al este. Embajadas regulares mantenían las buenas relaciones con el sultán de Marruecos, y el comercio era tan importante que hasta lápidas funerarias esculpidas eran importadas de la España aún dominada por los árabes. El período es bien conocido gracias a los historiadores árabes como ibn Battuta -que visitó la región en 1352- o ibn Jaldún, admiradores del esplendor y la cultura del imperio centroafricano y de la habilidad política de sus sultanes, que conciliaban su ortodoxia musulmana con las creencias tradicionales de la mayoría de sus súbditos.

6 A fines del siglo XV, sin embargo, ese brillante estado llegaba a su ocaso. Contribuyeron para ello las frecuentes agresiones externas (fulani desde el oeste, tuareg al norte, mossi al sur y, particularmente, los songhai de Gao por el este); pero un elemento de fundamental importancia fue la instalación de los portugueses en el litoral atlántico, a partir de 1470. Buena parte del oro producido en Bambuk y Bure empezó a ser desviado hacia la costa, donde se cambiaba por productos europeos, rompiéndose así el monopolio de los sultanes malíes y debilitando el tráfico sahariano. Según los registros portugueses, el oro proveniente de Africa Occidental, a comienzos del siglo XVI alcanzaba los 720 kilos anuales.

7 Como en el caso de otros imperios, su propio empuje económico y cultural al irradiarse, creó condiciones para el desarrollo de otros estados vecinos que luego se convertirían en rivales. Reducido a su mínima expresión, Malí sobrevivió formalmente como estado hasta la ocupación francesa, en el siglo XX, y la dinastía Keita se mantuvo hasta nuestros días, reducida a una jefatura tribal en Kangara. De esa familia saldría Modibo Keita, primer presidente de la República de Malí.

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