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Hutus y tutsis: hermanos enemigos


Los pueblos que tradicionalmente habitaron el territorio de la actual Ruanda y de sus países vecinos del África ecuatorial tienen un origen común. Los banyaruandas incluyen a los hutus, a los tutsis y a los twas. Su lenguaje es el kinyaruanda y sus vínculos se extienden a los bayakoles y los bakigas de Uganda y los barundis de Burundi.

2 Además del idioma, ellos comparten el mismo territorio, y las mismas instituciones políticas tradicionales.

3 Hasta el momento de la caída de la monarquía tradicional, el reino de Ruanda era altamente organizado y con una fuerte estratificación social. La nobleza y la comandancia del ejército -así como la casi totalidad del ganado- pertenecía mayoritariamente a los integrantes tutsis del reino, mientras que los twas se dedicaban a la caza y la alfarería y los hutus se ocupaban de la agricultura.

4 A mitad del presente siglo los hutus constituían 84% de la población mientras que los tutsis alcanzaban el 14% y los twas el 1% restante. Pero, contrariamente a la idea general, no todos los tutsis eran miembros de las clases gobernantes o privilegiadas.

5 En el momento de la independencia, los 43 cacicazgos y 549 de los 559 subcacicazgos de Ruanda-Burundi estaban en manos de los tutsis y casi el 80% de los funcionarios del poder judicial también eran de ese grupo étnico.

6 La dominación que los señores tutsis lograron mantener sobre la mayoría hutu hasta los albores de la independencia se basa en la casi exclusiva posesión del ganado. En los tiempos tradicionales, la distribución de este bien se realizaba por medio de un mecanismo social denominado "ubuhake". Según esta costumbre, una persona de menor prestigio y situación económica -generalmente un hutu- ofrecía sus servicios a otro -generalmente un tutsi- quien a cambio le entregaba el usufructo de uno o varios animales.

7 Otro de los elementos que le permitía los tutsis mantener su espíritu de cuerpo y su sentimiento de superioridad, fue la dedicación a las estructuras militares, inaccesibles a los otros grupos integrantes del estado.

8 La cohesión social estaba garantizada por una serie de jerarquías (territoriales, militares, de solidaridad mutua, etc.) a las que todo habitante estaba integrado y a la cabeza de las cuales se encontraba el rey.

9 Las relaciones establecidas desde la colonización europea fueron minando algunos aspectos de esta estructura social del país. Todavía bajo control belga de la región Ruanda-Burundi, un movimiento de reivindicación hutu comenzó a surgir en 1957. Dos años después, la misteriosa muerte del rey Mutara, un reformista que vivía en Bujumbura, la actual capital de Burundi, abrió el camino a una cruenta guerra civil. En 1962 ya sumaban 22.000 los tutsis desplazados dentro del país.

10 Los hutus, que por medio de elecciones conquistaron el poder en Ruanda, nunca lograron establecer una armonía entre los diferentes grupos humanos que comparten el mismo espacio geográfico. Las rivalidades violentas se sucedieron de manera periódica y afectaron tanto a Burundi (gobernada mayoritariamente por tutsis hasta poco tiempo antes) como a sus vecinos del norte.

11 El miedo a las matanzas hizo que entre 1959 y 1964 cerca de 60% de los tutsis abandonaran Ruanda, dirigiéndose principalmente a Burundi. En 1966 las venganzas étnicas volvieron a cobrar un alto número de víctimas. Por su parte, la violencia entre grupos tuvo sus picos en Burundi en 1965, 1966 y 1969, 1972 y 1988.

12 Los últimos episodios de esta cadena de violencia comenzaron en Ruanda a fines de los 90, cuando el gobierno dirigió un movimiento apelando a la primacía hutu. La campaña alcanzó su paroxismo durante el genocidio de 1994, que costó por lo menos 500.000 vidas y afectó en gran medida, aunque no exclusivamente, a los tutsis. Las confrontaciones entre ambos grupos continuaron en Burundi, y el golpe de 1996 provocó la huída de miles de burundianos que buscaron asilo en Zaire.

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