El derecho a la educación

Función de la educación y del saber

La educación es una de las claves de la evolución de la sociedad y de todos los aspectos --o casi-- de la calidad de vida. Ante todo consiste en el desarrollo de la curiosidad intelectual y hábitos de reflexión. Mejora la calidad de la vida y ayuda a los individuos a resolver problemas sociales y de medio ambiente de todo tipo; incluye la difusión de los valores, tanto en los programas de la enseñanza pública como en el aprendizaje de lo cotidiano.

En una economía globalizada en la que reina la tecnología, el saber es un poderoso factor de producción: es esencial para las naciones que quieren el crecimiento de su economía y para las personas que desean adquirir los conocimientos profesionales que necesitan para encontrar un empleo o para triunfar como trabajadores por cuenta propia.

Por otra parte, gracias a la educación, los individuos están en condiciones de participar activamente en el funcionamiento de la democracia y de hacer valer sus derechos civiles y políticos. En un mundo que se enfrenta a problemas y desafíos complejos y numerosos, la educación reviste una importancia creciente en el desarrollo de los conocimientos y de las actitudes necesarias para el análisis de los problemas y para la búsqueda de soluciones.

A menudo se asimila la educación con una fase determinada de la vida, que comienza alrededor de los 5 años y continúa en el escalón primario, luego en el secundario y a veces en el universitario, para terminar cuando comienza la vida profesional. Hay que abandonar esta concepción estrecha si se quiere sacar partido de todas las virtualidades de la educación para resolver los problemas económicos, sociales y medioambientales que se plantean.

En la mayoría de los países, la educación está lejos de realizar todo su potencial. En los países en desarrollo, se niega el derecho a una educación básica a 1.300 millones de niños y de adultos1. El desafío principal al que hay que responder durante los dos próximos decenios es garantizar el derecho a la educación para todos los que no han podido ejercerlo todavía (incluidos los que han fracasado en los primeros años del proceso educativo). Eso implica una transformación profunda de los sistemas educativos y de sus métodos, que evolucionan rápidamente, a fin de adaptarlos a las necesidades de la sociedad, y a las posibilidades nuevas que ofrecen los progresos de la técnica.

Los regímenes educativos actuales siguen siempre el camino tradicional que con frecuencia no tiene en cuenta las condiciones propias de cada país. La educación es quizás el único sistema concebido por el hombre que sufre de semejante inercia y que sólo marginalmente ha sido afectado por las revoluciones de la tecnología y de la información.

La Comisión está convencida de que la enseñanza sólo podrá adquirir la flexibilidad que le permita responder mejor a las necesidades de la sociedad si apela con largueza a las nuevas tecnologías educativas. Mejorará su productividad, costará menos y progresará la eficacia interna y externa de todo el sistema escolar.

La inercia de un sistema educativo se explica habitualmente por ser un área ausente sobre todo en la mano de obra. Pero si las nuevas tecnologías educativas fueran integradas de manera apropiada, evolucionaría necesariamente el papel del profesor, lo que impone que los profesores sean formados de diferente manera.

La ruptura que existe entre las exigencias de la vida real y el aislamiento del sistema educativo reduce su potencial para educar a las personas capaces de responder a las necesidades económicas y sociales del mundo de mañana.

El derecho a la educación, una promesa incumplida

El derecho a la educación está reconocido en los tres grandes tratados internacionales sobre los derechos económicos y sociales. La educación primaria gratuita, obligatoria y abierta a todos es uno de los derechos más claramente definidos (el gráfico 10.1 muestra el número de niños no escolarizados en el período 1990-2000).

La Comisión estima que la educación debe ser percibida y tratada no como un derecho que pertenece a un grupo de edad específico (restringido a la infancia y la juventud), sino como un derecho para toda la vida cuyo ejercicio puede revestir múltiples formas.

El derecho a la educación está enunciado en el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos Sociales y Culturales (PIDESC, 1966) y recogido por la Convención sobre los derechos del niño (CDN, 1985). Según la letra de ambos tratados, todos tienen derecho a la enseñanza secundaria y superior, gracias a la instauración progresiva de la gratuidad. El PIDESC reconoce también el derecho de cada uno a una "segunda oportunidad", beneficiándose de una educación básica, si no ha recibido la enseñanza primaria hasta su término2

La puesta en práctica de estos derechos ha hecho grandes progresos. En los países en desarrollo, la alfabetización de adultos ha pasado del 46% en 1970 al 69% en 1992. La tasa de escolarización en el nivel primario, que se elevaba a una media del 57,87% del grupo de edad de 6-11 años en 1970, ha alcanzado el 76,8% en 1991. En el nivel de secundaria, la tasa de escolarización ha progresado todavía más, pasando del 36% en 1970 al 46,8% en 19913.

Estos avances son tanto más importantes cuanto que la población en edad escolar ha aumentado masivamente: en los países en desarrollo, entre 1970 y 1992, el número de alumnos inscritos en la enseñanza primaria pasó de 310 a 514 millones, y en la secundaria de 79 a 224 millones4.

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Más allá de estas cifras, la Comisión se inquieta porque el derecho a la educación sigue siendo en gran parte letra muerta: en 1990, más de 400 millones de niños en edad escolar no estaban escolarizados en los países en desarrollo: 132 millones en primaria y 274 en secundaria5.

En 1993, la UNESCO preveía --lo que es inquietante-- que frente a una población en aumento, la situación no iba a mejorar en los años siguientes. En los países en desarrollo las tasas de escolarización en primaria seguirán estables durante los dos próximos decenios: del 76,8% en 1991 ascenderán a 77,7% el año 2000 para luego disminuir lentamente hasta 76,8% el 2015 y 75,4 en 2025. Estas cifras se basan en las proyecciones de crecimiento de la población global de la ONU; si éstas resultaran demasiado optimistas, las tasas de escolarización disminuirían todavía más.

La insuficiencia de la educación todavía está mas extendida entre los adultos. En los países industrializados, el adulto de más de 25 años, en 1992 se había beneficiado de una media de 10 años de escolaridad; la media comparable era sólo de 3,9 años en el mundo en desarrollo y, en treinta países --de los que veinticinco están en África-- era inferior a los dos años6. Estas cifras nos interpelan: cientos de millones de adultos, o bien no han tenido la suerte de ir a la escuela, o la habían abandonado antes de adquirir las nociones básicas que permitan leer, escribir y hacer cuentas.

La Comisión está muy inquieta ante la situación actual: casi 1.500 millones de niños y de adultos son analfabetos o están en camino de serlo. Según ciertas encuestas hechas en los países desarrollados, entre el 5% y el 10% de la población tiene dificultades para leer o escribir. Esta cifra sería incluso más alta si se definiera el analfabetismo más rigurosamente. Algunos expertos consideran que se necesitan seis años de enseñanza primaria al menos --en vez de los cuatro o cinco que se citan a menudo-- para hacer irreversible la alfabetización.

Suspender la escolaridad antes de estos cinco o seis años de enseñanza primaria, significa que el costo de la educación se pierde casi totalmente tanto para la familia como para el país. Las previsiones actuales relativas al crecimiento de la población permiten prever que es poco verosímil que cambie la situación antes del 2025. Por otra parte, como consecuencia de la persistencia de la pobreza, el número de analfabetos totales seguirá aumentando mientras que disminuirá la tasa de escolarización en el nivel primario.

Un aspecto importante de la enseñanza es su eficacia externa, es decir, la capacidad del sistema educativo de adaptarse a las necesidades de la sociedad --aunque debamos admitir que raras veces hace la sociedad una articulación precisa de sus exigencias y expectativas con el sistema educativo. En realidad, el examen de los programas escolares, revela una considerable distancia entre lo que se enseña y lo que se debería enseñar, en lo que se refiere a necesidades sociales evidentes.

Lo que significa ser analfabeto

A los que saben leer y escribir les cuesta darse cuenta del impacto total del analfabetismo. En un mundo regido por leyes, reglas e instrucciones escritas, el analfabetismo es un serio handicap para participar en las decisiones que afectan a la vida: equivale a una enfermedad que toca todos los aspectos de la existencia. Se limitan las posibilidades de empleo a las tareas subalternas peor pagadas. Se es incapaz de leer las instrucciones sobre el modo de empleo de un paquete de semillas, de una caja de leche en polvo o de un anticonceptivo oral. No se pueden leer los periódicos, ni los nombres de las calles, ni, sobre todo, los carteles con avisos. Un analfabeto no puede comprobar si se respetan sus derechos, si un documento o contrato está redactado correctamente y puede ser víctima de una estafa o de una expropiación.

El reconocimiento del derecho a la educación es, sobre todo, una cuestión de equidad. No respetar los derechos acarrea una serie de consecuencias que afectan a las mujeres más que a los hombres, al mundo rural más que a la ciudad, a los pobres más que a los ricos, y a las minorías étnicas más que a las mayorías. El reconocimiento del derecho a la educación para todos es, pues, sinónimo de respeto de la equidad. Si no se termina la construcción de la escuela de la aldea, el pequeño campesino no puede continuar su escolaridad si no se desplaza --con frecuencia, y lejos y a donde no hay medios de transporte público. Es evidente que hay que construir otras escuelas en las zonas rurales, con los materiales disponibles sobre el terreno y con la mano de obra local.

Objetivos y calendarios de ejecución

La educación está necesitada de un proyecto que preste mayor atención a los niveles que tiene que conseguir progresivamente, de una normas basadas en objetivos claros y de calendarios de ejecución en el plano nacional e internacional. Como la Comisión está convencida de que la educación primaria para todos debe ser la prioridad más urgente para todos los países, aprueba totalmente las propuestas hechas en distintas instancias internacionales para erradicar el analfabetismo y favorecer la enseñanza básica en el nivel primario.

Pero los objetivos que se ha fijado la comunidad internacional ni han sido alcanzados ni se han mantenido los compromisos asumidos para asegurar la educación básica universal. Así la Estrategia del segundo decenio de desarrollo adoptada por la ONU en 1971 fijaba en 1980 el objetivo de la escolarización universal. La Conferencia mundial sobre la educación para todos (en Jomtien en 1990), trasladó esta fecha al año 2000-- pero entonces se hablaba de escolaridad completa. La Cumbre mundial de la infancia (1990) ha recordado la obligación formal de la escolarización universal el año 2000, pero limitando el objetivo de escolaridad completa al 80%. Por su parte, la Conferencia internacional sobre la población y el desarrollo, en 1994, ha diferido 15 años más el objetivo, hasta el 20157. Esta confusión está pidiendo que desde ahora se haga un examen riguroso, al más alto nivel, del objetivo que quiere conseguir la comunidad internacional.

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Según las proyecciones disponibles actualmente y que tienen en cuenta el aumento de la población, la tasa de escolarización en la enseñanza primaria que en 1991 era el 79,2%), el 2025 podría caer hasta el 77,6. En África las tasas correspondientes son el 49,7 y el 48,9 . El año 2025 en el mundo se contarán todavía 546 millones de niños de 6 a 17 años sin escolarizar.

El año 2025 es también la fecha en la que deberá estar conseguida la igualdad de la escolarización para los niños y las niñas en la primera y la segunda enseñanza. Este objetivo se puede alcanzar, pero debería ser abordado con urgencia y controlados rigurosamente sus avances.

La Comisión pide que la UNESCO y las demás Organizaciones competentes, adopten conjuntamente y lo antes posible, una verdadera Estrategia de la educación para todos el año 2010. La adopción de esa estrategia estará condicionada naturalmente por la puesta en marcha de nuevas políticas educativas susceptibles de completar y de fortalecer los esfuerzos realizados en el marco del sistema de educación formal. Habrá que comenzar sin tardanza la preparación de esta estrategia haciendo del período 2001-2010 el Decenio de la Educación básica para todos.

Esta estrategia debería tener dos objetivos principales: primero, dar a todos, niños y niñas, seis años al menos de enseñanza primaria; segundo, permitir a todos los adultos el acceso (con una hora al máximo de trayecto) a una enseñanza elemental cuyo contenido sería: lectura y escritura, aprendizaje del cálculo y de las nociones básicas sobre nutrición y salud, cuidado de los niños, protección del medio ambiente y organización de la comunidad. El objetivo cifrado sería que el 2010 supieran leer y escribir el 80% de los hombres y mujeres adultos. Habría que fijarse objetivos intermedios, para que se asegure la progresión en los distintos países.