La capacidad de carga
de la Tierra

El concepto de "capacidad de carga".

La importancia del desafío económico que acaba de ser analizado nos fuerza a afrontar el problema de nuestra supervivencia.

El mundo, o cada país en particular, ┐poseen recursos suficientes para dar a las futuras poblaciones "lo suficiente" de alimentos, energía y productos minerales? ┐Podrán el clima, los ríos y los océanos del globo soportar sin un colapso catastrófico los estándares de producción y de consumo actuales y futuros? ┐Llegaremos un día a sobrepasar los límites fijados por la naturaleza y, si se diera el caso, qué podríamos hacer para retornar? Estas son cuestiones que conciernen por igual al Norte y al Sur, y la solución es un asunto de su común responsabilidad, así como la visión de futuro que implica.

Históricamente la principal preocupación en lo relativo a las interacciones entre medio ambiente y población se ha dirigido en primer lugar a la pérdida de recursos no renovables (productos minerales y combustibles fósiles) y a sus disponibilidades futuras. Luego se han hecho evidentes otros problemas: la contaminación del aire, del agua y de las reservas de pesca, la destrucción de bosques y la reducción de la biodiversidad. Algunos fenómenos como el aumento del volumen de residuos que se vierten en los océanos, los excesos de la pesca marítima y la creciente contaminación de la atmósfera que lleva consigo una modificación del clima, constituyen otros tantos problemas que se plantean a escala mundial.

Todas ésas son cuestiones centrales en lo que toca a la capacidad de carga de la Tierra y de la Naturaleza. La expresión inglesa "carrying capacity", que en este libro traducimos como "capacidad de carga" se utilizó por vez primera cuando se trató de determinar la población máxima de una especie dada que puede soportar su entorno sin límite de tiempo1. Se trata de un concepto discutible que no acepta la Comisión. Ésta propone que la capacidad de carga sea definida como la carga máxima que la humanidad puede imponer de modo sostenible al medio ambiente antes de que éste sea incapaz de sostener y alimentar la actividad humana.

Eso significa que debemos evitar el desencadenamiento de procesos irreversibles de deterioro y de destrucción. Los seres humanos pueden, a su propio "riesgo", saltar ciertas fronteras corriendo riesgos --y el riesgo de supervivencia del planeta como un todo-- pero no se puede engañar a la Naturaleza. Nos es necesario encontrar medios de vivir en el interior de estas fronteras adaptando y dominando nuestras exigencias.

La utilización de recursos y la producción de desechos no dependen sólo de la importancia de la población. Son el resultado del efecto combinado de la población, de los sistemas de producción y de los modos de consumo. Puesto que el mismo efecto sobre el medio ambiente lo pueden producir diferentes combinaciones de estos tres factores, es posible --en teoría-- permanecer dentro de los límites de la capacidad de carga del medio ambiente, modificando la importancia respectiva de los factores población, tecnología y consumo.

Los progresos de la investigación y de la tecnología presentan desde este punto de vista, un gran interés: lo mismo ocurre si se adoptan nuevos mecanismos de mercado. Pero en la valoración de estos progresos hay que tener en cuenta la totalidad de los costos ecológicos y sociales considerados hasta ahora como costos externos: esa operación no es fácil. El principio según el cual "el que contamina paga" puede ser insuficiente, por altas que sean las cantidades en juego, porque los perjuicios causados a la Naturaleza tienen el riesgo de que sean irreparables.

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La capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de recursos renovables (reservas de aguas subterráneas, árboles y vegetales diversos, peces y otros animales) esta expresión designa el rendimiento máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital futuro de cada recurso. En el caso de la contaminación (vertidos líquidos y gaseosos en ríos, lagos, océanos y en la atmósfera) la capacidad de carga se refiere a las cantidades de productos contaminantes que estos receptores pueden absorber antes de ser irremediablemente alterados2.

Las reservas de recursos minerales y metálicos no están determinadas. A medida que disminuyen por el uso, se descubren otras nuevas, gracias a la prospección. Con la evolución de los precios y de la tecnología, puede ser rentable la extracción de una parte mayor de las reservas conocidas. También pueden aparecer sustitutos sintéticos. Sin embargo, más que las reservas disponibles, lo que se está haciendo crucial para asegurar una capacidad de carga sostenible es el volumen creciente sin cesar de residuos sólidos, líquidos y gaseosos que engendran la transformación y el consumo de los recursos.

De ese modo, la actividad minera produjo en 1990 casi el 45% de los residuos sólidos, en Europa occidental y en América del Norte. Esto representa 2,951 billones de toneladas, un volumen enorme frente a los 344 millones de toneladas de basura doméstica3. Este problema será cada vez más grave, a medida que crezcan la población y el consumo.

En diversas ocasiones, algunos estudios han intentado evaluar la capacidad de carga que corresponde a diferentes niveles de población del globo, en función de criterios variados: alimentación, energía, productos mineros; y los bienes disponibles para todos como son el aire, el agua pura, los océanos y los rayos del sol. Las estimaciones van de un mínimo de población de 2 mil millones a 7,7 y 14,4 mil millones y hasta el máximo de 50-60 mil millones4.

Según el criterio de la Comisión, no es posible desde el punto de vista científico, calcular techos de población ni para el mundo en su conjunto ni para los países tomados por separado, porque los cálculos se establecen necesariamente en función de los conocimientos, de las condiciones técnicas actuales y de los modos de producción y de consumo vigentes. Los parámetros utilizados en realidad son circunstanciales y pueden variar en el tiempo. Hasta el presente las sociedades han revelado su capacidad de adaptarse rápidamente a las exigencias de la guerra, del hambre o de otras catástrofes. En cualquier caso lo que importa es considerar que cada recurso y cada depósito de residuos tiene su propia capacidad de carga de la actividad humana que puede soportar, porque tiene sus límites bien conocidos.

La calidad de vida de las generaciones actuales y futuras estará en función de las perspectivas relativas a la seguridad en lo que se refiere a la alimentación, la pureza del aire y del agua y la biodiversidad.

Alimentar al mundo, de modo sostenible

Para sobrevivir es necesario alimentarse. La población mundial ha aumentado mucho, pero, en general, la producción de artículos alimenticios ha aumentado también y se ha mejorado el standard medio nutricional. La población del globo se ha duplicado entre 1950 y 1988, y la oferta de alimentos ha respondido a la demanda. Sin embargo, si se da crédito a ciertos trabajos, estamos acercándonos a los límites de la producción sostenible de alimentos5. El desafío que así se lanza es temible.

Aunque nada indica que esté cerca una crisis, sin embargo se acrecienta la presión sobre la disponibilidad y la seguridad alimenticias en numerosos países, y esto de diversas formas. Los recursos disponibles están mal repartidos; a medida que los individuos escapan de la pobreza, aumenta la demanda de alimentos. Aparecen otros índices inquietantes: los rendimientos del arroz y del trigo siguen aumentando, pero de manera más lenta. Y los gastos destinados a la investigación agronómica han disminuido precipitadamente, en especial en África.

El mal reparto de los recursos alimenticios agrava las desigualdades que ya existen entre el Norte y el Sur, y hace a los países en desarrollo dependientes de las importaciones de alimentos o de la ayuda extranjera, con todo lo que esto implica de consecuencias negativas para la producción y la autosuficiencia locales.

La "revolución verde", que estaba basada en el aumento de la productividad con la ayuda de cereales de alto rendimiento, quizás ha agotado sus efectos... no sin haber engendrado un falso sentimiento de seguridad. Son numerosos los países que no consiguen aumentar su producción de alimentos en función del crecimiento de su población: entre 1980 y 1990 disminuyó la producción de alimentos por persona en 72 de los 113 países en desarrollo. En 37 de estos países durante el mismo período, bajó la cantidad de calorías absorbidas6. Se puede temer que, en numerosas regiones, las disponibilidades de tierra y de agua impongan límites a la producción agrícola. Algunos signos muestran efectivamente que nos estamos acercando a las fronteras de las tierras que se pueden cultivar con facilidad. Constantemente, se toman buenas tierras de cultivo para trazar sobre ellas carreteras, o construir casas y fábricas. En los países industrializados y en los países en desarrollo con fuerte densidad de población como China, Egipto y Bangladesh, está disminuyendo la superficie cultivable7.

La disponibilidad de tierras cultivables por persona está disminuyendo rápidamente en el mundo en desarrollo (véase el gráfico 6-1). En 1991 había en los países desarrollados 0,53 ha por persona de tierras arables o cultivables de forma permanente, pero sólo 0,34 ha por persona en las tierras ricas de América Latina. En África --donde se supone erróneamente que abunda la tierra--, la superficie cultivable es sólo 0,28 h por persona contra 0,46 en 1970: el descenso es considerable; en Asia oriental, esta cifra es 0,19 ha, de las que la parte de regadío es mayor que en otros lugares

Veinticinco países en desarrollo (en Asia y en el Sudeste o Sudoeste Asiático en su mayoría) utilizan hoy más del 80% de las tierras cultivables, lo que significa que ocupan tierras marginales que no podrán asegurar una producción sostenible8. En catorce países al sur del Sáhara ya está explotada más de la mitad de la tierra cultivable, mientras que se puede prever que en la mayoría de estos países la población se multiplicará por 2,5 a 4 entre 1995 y 20509.

Incluso si la superficie de las tierras cultivables no descendiera por debajo de los niveles de los años 80, el año 2050 no habrá más que 0,11 ha por persona de tierra cultivable en los países en desarrollo (si se toma como base la proyección mediana de expansión demográfica). En esa misma época, los países desarrollados dispondrán de cerca de 0,50 ha. por persona, es decir cuatro veces y media más10.

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Tampoco se desarrolla más la utilización de los factores de producción agrícola: el empleo de abonos en el mundo ha comenzado a disminuir a partir de 1988. En todas las regiones en desarrollo, se ha reducido la superficie irrigada por persona. La erosión, la salinización y la no sustitución de nutrientes (incluidos los micro-nutrientes) comprometen la fertilidad de la tierra. Después de 1945, el 17% de las tierras no desérticas del globo se han degradado y de ellas, más de la décima parte han perdido casi toda su productividad: restaurarla exigiría un gran cambio en el uso de la tierra o tomar medidas caras11.

Sin embargo, algunos signos evolucionan en sentido contrario. En muchos países aumentan los rendimientos (aunque de modo vacilante) y han bajado los precios de los alimentos de básicos en términos reales; la cantidad media de calorías y de proteínas disponibles aumenta en los países en desarrollo12.

Si tenemos que hacer frente a un aumento de la población de al menos 4 mil millones de personas, es importante, antes de nada, que aumente en proporción la producción y el consumo de alimentos,habida cuenta del crecimiento correspondiente del número de pobres. Esto implica un esfuerzo continuo en todos los frentes comenzando por las políticas económicas en el nivel nacional y de los precios remuneradores para los agricultores. También sería de suma importancia elevar las rentas de los más pobres, sea desarrollando el empleo, sea facilitando el acceso a la propiedad de la tierra mediante una reforma agraria, sea poniendo a su disposición capital y cierta tecnología.

Los centros nacionales de investigación agronómica, así como los servicios de extensión que divulgan sus resultados entre los agricultores, deben gozar de alta prioridad, especialmente en los países de renta escasa en que es insuficiente el suministro de alimentos. Sin embargo, de hecho, se ha reducido la ayuda en materia agrícola: su parte en la ayuda al desarrollo ha caído del 20% en 1980 al 12% en 1992. Es necesario que los países y los gobiernos donantes continúen asistiendo con largueza a la agricultura, proporcionando fondos para la investigación y su difusión entre los pequeños agricultores, ayudando a establecer las prioridades en la búsqueda y desarrollo de métodos de extensión (incluyendo la organización) estableciendo, en la medida de lo posible, acuerdos de asociación con los agricultores pobres13.

Es probable que muchos países no puedan hacer este esfuerzo; ésta es la razón por la que es importante que a escala internacional esté garantizada la seguridad alimentaria para todos, gracias a un mejor reparto de los factores de producción y de las cosechas (por ejemplo con el aumento de las importaciones y la ayuda alimentaria) así como estimulando la investigación agronómica.

La investigación ha sido esencial para el aumento de la producción de alimentos; en el futuro será todavía más importante, porque las cosechas y los métodos de cultivo tendrán que adaptarse a la modificación del clima, pero los esfuerzos no deberán concentrarse en las zonas de fuerte potencial o en métodos que sólo puedan utilizar los agricultores más pudientes. La investigación debe apuntar a crear nuevas variedades biológicas y nuevas técnicas (por ejemplo de abonos y pesticidas biológicos) que estén al alcance de los pobres, especialmente las mujeres, y adaptadas a las zonas marginales. Los esfuerzos en este sentido deben ser realizados en colaboración con aquellos que mejor conocen sus condiciones, tradiciones y posibilidades de explotación, es decir, con los mismos agricultores.

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Los organismos internacionales financiados por el Grupo Consultivo de Investigación Agronómica Internacional (GCRAI) han representado un papel esencial en la evolución de la agricultura en el mundo en desarrollo. Han conducido la revolución verde, y continúan estimulando la creación de mejores semillas y la mejora de las técnicas; su trabajo es fundamental para los países pobres que no tienen los medios de llevar a cabo investigaciones o carecen de personal cualificado. Pese a esto, la financiación destinada a los centros de estudio del GCRAI ha descendido --en dólares constantes-- de 275 millones en 1990 a 215 en 1994; jamás desde 1979 ha sido tan débil. Dada la enormidad del problema alimentario, es necesario que los recursos destinados a los centros de investigación del GCRAI sean mucho mayores que en la actualidad y con garantía de estabilidad14.

En materia alimentaria es vital la sostenibilidad. Se deben poder mantener a largo plazo tanto la utilización de los factores de producción en agricultura, como las prácticas de gestión que conduzcan a condiciones sostenibles. Es necesario que se deje de subvencionar el uso abusivo del agua, de los abonos y de los combustibles fósiles. Los residuos orgánicos, que hoy son quemados o arrojados a los ríos (especialmente en la proximidad de las zonas urbanas) deben ser restituidos al suelo.

La protección de los suelos y del agua es, por tanto, indispensable para la sostenibilidad de la producción agrícola. Durante mucho tiempo se ha considerado el aumento de las cosechas. la conservación del suelo, del agua y de la masa forestal como tareas separadas e incluso opuestas entre sí. Desde ahora deberán estar unidas en una revolución "doblemente verde", que tenga por objeto a la vez la sostenibilidad y el aumento de la producción. Habrá que encontrar medios para aumentar los rendimientos a la vez que se conservan el agua, el suelo y los recursos forestales. Por otro lado, se deben desarrollar métodos de conservación para mejorar la producción de alimentos y de combustible.

La producción de pescado es otro aspecto de la oferta de recursos alimentarios. Hasta 1970, el volumen total de pesca marítima ha aumentado más deprisa que la población humana; dicho de otra manera, ha crecido progresivamente la producción de pescado por habitante. Llegó al máximo de 14,3 kilos por persona en 1970, para caer hasta 12,6 en 1991. En 1988 tuvo lugar una recuperación, debida a la utilización de nuevos caladeros y a la captura de especies diferentes. Estas nuevas prácticas de la industria de la pesca se han revelado como nefastas, porque facilitaban la explotación excesiva (especialmente por la utilización de redes a la deriva) que pone en peligro el futuro de las reservas de pesca.

El futuro aumento de la población y del consumo va a acrecentar masivamente la demanda de productos del mar, cuya aportación final en 1990 fueron 98 millones de toneladas; si permaneciera constante el nivel actual de consumo de los países desarrollados y en desarrollo, esta aportación tendría que ser del orden de 142 millones de toneladas el año 2050, lo que sobrepasa con mucho los niveles sostenibles a largo plazo15.

Luchar contra la penuria del agua

Insistimos aquí y en otras partes de esta obra en la importancia fundamental del agua, tanto para la calidad de vida como para la misma supervivencia de la humanidad. El agua hidrata el organismo, hace crecer y permite la cocción de los productos alimenticios, lavarnos y lavar nuestras cosas, refrescarse o calentarse..., y se utiliza en la industria. La tierra no produce si los vegetales no tienen un mínimo de agua. En los países industriales se abusa del agua tanto en la industria como en las casas.

El crecimiento de la población tiene un efecto directo sobre las disponibilidades de agua pura. Al ser por naturaleza limitados los recursos, cualquier aumento del número de habitantes significa una menor cantidad de agua por persona. A causa de la dinámica de la población en el mundo, se producirá una competencia cada vez mayor entre las zonas rurales y las urbanas por las disponibilidades más reducidas del agua.

A pesar de todo, la falta de agua no significa que las personas van a morir de sed o de hambre, pero por debajo de ciertos límites, la falta de agua puede limitar la agricultura, la industria, la limpieza de las casas, o exigir altos costes para la desalinización o cualquier otro proceso de tratamiento para la reutilización del agua.

Según Malin Falkenmark, especialista sueca en hidrología, hay "tensión" cuando la oferta de agua es inferior a 1700 m3 por persona y año. Hace observar que este nivel puede hacer necesario el transporte del agua desde largas distancias o el reciclado de las aguas residuales o, incluso, restricciones del uso del agua en períodos de sequía. Cuando la oferta desciende por debajo de los 1000 m3 por persona y año, se está en situación de "penuria": hay que hacer una difícil elección entre la agricultura y la industria, la salud de los individuos o las comodidades medias para todos: ┐a quién dar la prioridad? Puede ser necesario racionar el agua o imponer períodos de cortes porque, ya en 1980, se encontraban en estado de "tensión" 338 millones de personas en 28 países.

Si nos referimos a la proyección mediana de crecimiento de la ONU, el número de personas afectadas por penuria de agua se elevará a 3.324 millones el 2025, y a 4.386 millones el 205016. Países como Etiopía, Somalia, Kenya, Ruanda, Burundi, Malawi afrontarán situaciones de extrema penuria, análogas a las que actualmente conocen Jordania e Israel17. A lo largo del próximo medio siglo, cierto número de países de África verán evolucionar su situación desde la abundancia hasta una penuria grave: para los habitantes de Nigeria, por ejemplo, la disponibilidad de agua, que era de 3.200 m3 por persona en 1990, caerá el 2050 (según la proyección media) a 910 m3.

Los niveles futuros de consumo de agua dependerán de la eficacia con la que sea ofrecida y utilizada. Hoy se derrocha en los hogares. Las medidas de conservación deben ser completadas por una nueva concepción de los aparatos de utilización de agua que permita realizar economías.

Dado que numerosos procesos industriales exigen importantes cantidades de agua, y que ésta sirve a la vez como agente de enfriamiento o de evacuación de contaminantes, es indispensable buscar activamente soluciones técnicas a la penuria de agua: para la agricultura, por ejemplo, se trata de investigar con prioridad nuevas técnicas de captación y de explotación del agua pluvial, de desalinización, de empleo de abonos biológicos y de cubiertas plásticas, y de riego gota a gota.

No se podrá superar la crisis mundial que se avecina sin una radical modificación de las políticas que se han seguido hasta ahora. El reciclado tiene que convertirse en práctica normal de la política nacional: por ejemplo, después de un tratamiento, las aguas ya utilizadas se pueden emplear para el riego agrícola (lo que reducirá a su vez el vertido en los océanos). El agua tratada puede servir varias veces.