Encontrar los recursos necesarios

Llegamos ahora al aspecto más concreto de nuestras preocupaciones: es necesario encontrar los medios para que el mundo pueda realizar lo esencial --si no la totalidad-- de lo que hemos propuesto, sugerido, recomendado o subrayado como urgente. El recurso a los mercados y la movilización de sus recursos se presentan como indispensables (capítulo "Movilizar los recursos: recurrir a los mercados").

La Comisión sabe que las políticas y las medidas propuestas sólo tendrán pleno efecto si directa o indirectamente pueden ser financiadas con recursos sustanciales, con un volumen superior al de la actual ayuda externa. Si esos recursos no se reúnen en el mundo, nuestra calidad de vida se degradará globalmente.

Es necesario elaborar y poner en marcha nuevos mecanismos que completen --y eventualmente reemplacen-- los métodos tradicionales fundados en las contribuciones voluntarias (o a veces obligatorias) de los gobiernos o en las donaciones privadas entregadas por medio de las ONG.

Los mercados van a representar un papel esencial en la recaudación de esos fondos necesarios para la financiación, sobre una base sostenible y a largo plazo, de las prioridades que hayan sido objeto de acuerdo internacional. Han sido los principales beneficiarios de la mundialización de casi todas las actividades humanas que se asientan en la extensa red de interdependencia tejida y mantenida sin cesar por la cooperación multilateral. El sector privado, por ello, debe estar comprometido en esta acción y animado a interesarse por la financiación de las actividades nacionales e internacionales descritas en este informe.

La ayuda oficial al desarrollo (AOD)

En lo concerniente a las modalidades tradicionales de financiación, la Comisión se preocupa al constatar que la actual evolución de los flujos de la AOD no refleja el espíritu de los compromisos internacionales contraídos solemnemente. Es absolutamente necesario detener la actual tendencia a la baja y esforzarse por conseguir lo más pronto posible el objetivo pospuesto sin cesar de ayuda igual al 0,7% del PNB de los países industrializados.

La ayuda internacional en forma de donaciones y de préstamos en condiciones preferenciales debería orientarse más decididamente hacia la mejora sostenible de la calidad de vida, en especial para aquellos que todavía no gozan de ella es decir para los más pobres en los países de escasa renta.

La reorientación de la ayuda supone disponer de mejores estadísticas y de mejor información sobre el empleo. Sugerimos, por consiguiente que el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE recabe de los países donantes estadísticas más detalladas sobre el destino de la ayuda. En este momento una gran parte de la ayuda va a parar en proporción inversa de las necesidades. El reparto más equitativo de la ayuda, por sí mismo, acarrearía una enorme diferencia para las personas más pobres de los países más pobres. La Comisión sugiere que ya no se califique oficialmente como AOD la ayuda a países cuya renta real por habitantes sea superior a 3.000 dólares (a precios de 1992) en paridad de poder de compra.

Otra innovación podría consistir en reservar un cierto porcentaje de la AOD para reforzar el poder y la capacidad de la sociedad civil para controlar y seguir la evolución del desarrollo económico. De ese modo los gobiernos estarían obligados a destinar al desarrollo los fondos recibidos y la opinión pública estaría más advertida.

Con este espíritu, la Comisión pide a todos los países donantes que procedan a un reexamen radical de los programas bilaterales de ayuda. Sería necesario que progresivamente, entre tres y cinco años, se diera prioridad a la mejora de la calidad de vida en los países donde la renta por habitante fuera inferior a los 3.000 dólares, y a las comunidades o regiones desfavorecidas en el interior de estos países.

La Comisión sugiere además que:

Los gobiernos, los bancos y las instituciones financieras internacionales deben acceder a la condonación sustancial de deudas --deudas públicas y deudas comerciales-- de los países menos desarrollados, especialmente en África. Hay que poner fin al proceso desordenado y prolongado que resulta de la proliferación interminable de reescalonamientos y procesos de alivio de la deuda que sólo se diferencian marginalmente unos de otros; es necesario encontrar de una vez por todas una solución estable a este problema.

Se debe aligerar el peso de la deuda multilateral, en especial la de los países de África, considerada hasta ahora como un tabú: las ideas que ha emitido el Banco Mundial en 1995 deben ser llevadas a efecto; ésta es cuestión prioritaria.

Se pueden practicar otras modalidades más innovadoras de reducción de la deuda en función de la situación específica de cada país. Una posibilidad interesante es la sustitución de la deuda comercial o pública por el compromiso gubernamental de poner en marcha programas sociales o medioambientales. Esta sustitución tiene un doble objetivo: facilita la reducción de la deuda y permite la financiación de actividades sociales o ecológicas útiles creando por una vez una influencia sustancial para la obtención de fondos para los donantes.

Es necesario también mejorar urgentemente el acceso a los mercados de los países industrializados de las materias primas y de los productos que provienen de países en desarrollo: se debe conjugar una nueva bajada de derechos aduaneros sobre los productos agrícolas e industriales o semi-terminados con la eliminación de las subvenciones --y de dumping-- de los productos agrícolas del Norte. Para ello, la Organización Mundial del Comercio debería poner en marcha un nuevo ciclo de negociaciones para crear un campo uniforme de acción en el plano internacional, favoreciendo la creación de empleos, y en el que estaría integrada la protección del medio ambiente. El impacto potencial de este tipo de medidas se ha manifestado ya en los efectos monetarios esperados de reducción, en el Norte, de los derechos aduaneros y de las cuotas aplicables a las exportaciones de los países en desarrollo como resultado de "la Ronda Uruguay"; las ventajas conseguidas en esta ocasión, que son casi equivalentes a los flujos de la AOD, sin embargo, se consideran poco satisfactorias para los países en desarrollo.

Por otra parte, se deberían aplicar íntegramente los acuerdos de estabilización de las cotizaciones de materias primas y de los ingresos de exportaciones de los países en desarrollo.

Necesidad de nuevos mecanismos de financiación

Con mayor frecuencia cada vez, se quedan en papel mojado, por falta de recursos suficientes, los acuerdos internacionales relativos a programas económicos y sociales. Pedimos al Secretario General de la ONU que mande establecer rápidamente un inventario completo y detallado de todos los programas prioritarios internacionales que actualmente existen, con sus costos y con las disposiciones tomadas para su financiación.

En el plano internacional, estamos convencidos de que el mundo tiene necesidad urgente de mecanismos nuevos de financiación de las prioridades mundiales que completarían los métodos empleados actualmente. Hoy ya no es suficiente confiar en la generosidad vacilante y en la fuerza creciente de los pagos por parte de las naciones individuales. La globalización de los problemas económicos, medioambientales y de otro género exige, por lo mismo, organismos y mecanismos de financiación mundiales, así como el compromiso de todos los actores y de todas las partes que intervienen. Estos nuevos mecanismos deberán ser capaces de aportar los capitales necesarios sin estar sometidos a las limitaciones presupuestarias a corto plazo de los países en que la ayuda exterior es la opción más fácil de reducir.

En opinión de la Comisión, el modo de financiación más prometedor potencialmente, sería una tasa internacional sobre las transacciones que se producen en todos los mercados financieros mundiales: divisas, obligaciones, productos derivados y acciones. Pensamos que el método más apropiado sería una tasa nivelada, uniforme, equitativa y recaudada universalmente sobre todos los tipos de transacciones financieras actuales y futuras en el mercado globalizado.

Es evidente --somos conscientes de ello-- que la percepción exigirá un acuerdo o un convenio realmente universal y vinculante legalmente. Su validez universal impediría que algunos capitales pudieran evadirse hacia centros "offshore" que no hubieran firmado el acuerdo.

Habría que crear una nueva autoridad internacional para administrar los considerables fondos así recaudados, para seguir el funcionamiento del mecanismo y repartir los fondos en función de las prioridades admitidas internacionalmente. Esta autoridad, cuyos mecanismos de voto, adhesión y poderes habría que precisar, reuniría a todas las partes interesadas, representantes de la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales, el sector privado, los parlamentos y los gobiernos.

Recomendamos que se designe un pequeño grupo de expertos financieros internacionales de alto nivel, bajo los auspicios de la ONU o de las instituciones de Bretton Woods, para estudiar los aspectos concretos referentes a un impuesto mundial sobre las transacciones en las actividades financieras y presentar el correspondiente informe.

Si se pudieran financiar los programas prioritarios internacionales por los mercados con la primera tasa verdaderamente internacional --aceptada globalmente y financiada y de propiedad realmente global-- se habría producido un giro revolucionario en las relaciones internacionales.

La Comisión recomienda además que la Asamblea General de las Naciones Unidas adopte una resolución global que pida un estudio detallado de los objetivos de viabilidad, rendimiento potencial, posibilidades de realización y modalidades de diversos mecanismos nuevos de financiación a los órganos pertenecientes al sistema de las Naciones Unidas que se citan (cuya lista no es exclusiva): Organización Internacional de Aviación Civil, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Organización Marítima Internacional, Unión Internacional de Telecomunicaciones, Comité para la Utilización Pacífica del Espacio, Organización Mundial del Comercio, Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.

La UNCTAD debería comprometerse rápidamente en la realización de su proyecto piloto de permisos de emisiones negociables, que constituye para los países en desarrollo otra posibilidad de movilizar sus recursos.

Pedimos también que se hagan estudios profundos sobre el posible acceso y uso de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional, en beneficio de las actividades relacionadas con la paz y la seguridad colectivas en sentido amplio.

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Independientemente de todas estas propuestas, la Ayuda Oficial al Desarrollo durante mucho tiempo representará todavía lo esencial de los esfuerzos internacionales en este campo. Para mantener la fuerza de los acuerdos multilaterales actuales --aunque algunos puedan ser poco satisfactorios-- la Comisión pide una vez más que se haga un esfuerzo vigoroso para invertir la tendencia a la baja del volumen de la AOD y para que los países industriales dediquen, como se han comprometido, el 0,7% de su PNB a la ayuda exterior, tan pronto como sea posible.

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Para la Comisión, la movilización y el reparto de los recursos, en sus múltiples aspectos, son condiciones esenciales para la mejora continua de la calidad de vida así como para la aceleración de los cambios que se requieren para estabilizar la población mundial.