Nuestro grupo ha reflexionado mucho sobre las posibilidades de poner en práctica nuevas políticas educativas (capítulo "Hacia una política alternativa de educación"), y nuestras conclusiones son las que siguen.
El principal problema que hay que resolver de aquí al año 2015 es satisfacer el derecho a la educación para todos los que no han podido beneficiarse de la escolaridad en particular los que han tenido que abandonarla a mitad de camino. El despilfarro que representan los abandonos escolares y las repeticiones exige que se tomen medidas para poner remedio. La educación debe ser considerada como un proceso continuo, y como un derecho que pertenece no a una clase de edad precisa (la infancia, la adolescencia), sino que, bajo diversas formas, continúa a todo lo largo de la vida, que puede revestir muchas formas hasta la vejez. La educación básica de los adultos, pues, debe estar vinculada estrechamente a las necesidades reales de las comunidades a las que pertenecen.
Estamos convencidos de que el recurso masivo a la tecnología educativa, en especial a las nuevas tecnologías de la información, puede permitir la satisfacción de necesidades sociales con mayor flexibilidad. Pedimos a los organismos internacionales de desarrollo que pongan en marcha proyectos piloto de utilización de nuevas tecnologías, especialmente para formar en ellas a los docentes. La inercia de los regímenes educativos a menudo se atribuye a su característica de sector de trabajo intensivo. Sabemos que el fracaso de un cierto número de proyectos emprendidos durante los años 70 en buena parte fue provocado por la resistencia de los docentes. Pero su papel será modificado si las nuevas tecnologías son correctamente asimiladas: en consecuencia debe evolucionar la formación de los educadores.
Constatamos con pena que el derecho a la educación está todavía muy lejos de convertirse en realidad en todas partes; es poco probable que mejore la situación en un futuro próximo porque, según las previsiones, las tasas de escolarización en la primaria seguirán estables hasta el 2015 en los países en desarrollo; esa situación es inquietante, porque de ese modo se convertirán en analfabetos, o continuarán siéndolo, cerca de 1.500 millones de niños y adultos.
La penuria de educadores y de locales puede atenuarse aumentando el tamaño de las clases (sin sobrepasar la cifra de cuarenta alumnos) e impartiendo la enseñanza mañana y tarde. Pero esta estrategia no debe cargar excesivamente a los docentes. Algunos niños mayores y educadores benévolos pueden ayudar a los niños más pequeños, sea en las familias, sea fuera de la escuela. Las guarderías pueden ayudar a las madres jóvenes a tener una escolaridad más larga e incluso a proporcionarles una enseñanza básica que permita a algunas superar el handicap de un nacimiento en ambiente analfabeto. Todo esto aumentará la productividad, rebajará el costo de la educación y mejorará la eficacia "interna" y "externa" de los procesos educativos.
Estamos convencidos de que es necesario dar en todas partes la más alta prioridad a la educación primaria universal y apoyamos fuertemente las propuestas presentadas en algunas reuniones internacionales que definen las medidas que hay que tomar y los objetivos que se han de conseguir en este campo si se quiere eliminar el analfabetismo. La misma enseñanza debe fijarse las normas adecuadas para superar las resistencias de los docentes (y a veces de los padres), así como los objetivos y el calendario simples y claros en los niveles nacional e internacional.
Pedimos, por tanto, que la UNESCO y otros organismos cualificados adopten conjuntamente, dentro de lo posible, una verdadera estrategia de educación para todos de aquí al año 2010. Esta adopción estará condicionada naturalmente a la introducción de una política educativa alternativa (por ejemplo la escolarización obligatoria en la primaria para el 80% de los niños y niñas) o la puesta en marcha de medidas destinadas a completar el sistema de educación formal. Es necesario prepararse para ello sin tardanza y decidir que el primer decenio del próximo siglo sea el de la Educación Básica Universal.
Pensamos que, si la comunidad internacional tiene realmente deseo de influir en el crecimiento de la población, tiene obligación moral (e interés concreto) de ayudar a las naciones en desarrollo a proporcionar a todos los individuos la educación primaria. La Comisión además sostiene que como esfuerzo mínimo por el que debe luchar hay que invertir rápidamente la reciente tendencia a la baja de la ayuda al desarrollo, cuyos objetivos deberán estar coordinados en favor de los países incapaces de conseguir sus propósitos sin asistencia exterior.
Estamos convencidos igualmente de que la educación de las mujeres tiene influencia directa sobre la salud y la educación de sus hijos. La educación de las mujeres es probablemente la palanca más eficaz de su afirmación y constituye de hecho por sí misma un derecho. La educación es probablemente lo que más ayudará a mejorar la calidad de vida de las mujeres, de los niños y de las generaciones futuras, lo que contribuirá a la estabilización de la población mundial. Insistimos también para que, en la educación de los niños y adolescentes varones, se hagan esfuerzos especiales en la escuela y en preescolar, así como en la formación profesional, en todo lo que se refiere a los temas de igualdad entre los sexos y a los derechos y la responsabilidad social de los dos sexos ante la procreación.
Dada la función decisiva de la educación en todo lo que afecta a la población y la calidad de vida, estamos convencidos de la necesidad de una voluntad política inequívoca para adoptar otros métodos: sistemas y políticas alternativas orientadas hacia una educación: financiación internacional, puesta en práctica en los niveles nacional regional o local, y con la posibilidad de que especialmente los pobres accedan a ella. Los gobiernos, los organismos internacionales competentes y los institutos de investigación y de comunicación deben hacer estudios sin demora sobre la mejor manera de utilizar el inmenso potencial de los modernos medios de comunicación para garantizar una buena enseñanza para todos y formación profesional permanente, y para conseguir la integración social; es además indispensable crear las importantes infraestructuras necesarias.
Estimamos también que se debe hacer un estudio sistemático de las consecuencias de la presentación de la violencia, la sexualidad y los excesos de la sociedad de consumo en los medios de comunicación.
Insistimos en el papel esencial que puede representar el sistema educativo para el respeto a los valores universales sobre los que descansa la mejora sostenible de la calidad de vida: hay que enseñar en todos los escalones del sistema, y a los adultos, una ética de preocupación y de responsabilidad.
Si la función de la educación es favorecer la aparición de una sociedad atenta a las necesidades de todos, no se la puede considerar como un "producto" de valor principalmente económico porque es antes de nada un instrumento de promoción del individuo. La educación incontestablemente tiene el potencial de enseñar a cada uno cómo formarse a sí mismo.
Por tanto, apelamos a la comunidad de educadores, de sabios, de estudiantes de todos los niveles, a sobrepasar el campo de los programas establecidos y a utilizar todos los recursos de que disponen --institucionales, individuales, asociativos...-- para apoyar la puesta en marcha de los valores que garantizarán una mejora sostenible de la calidad de vida.
