Herbert de Souza (Betinho,) Brasil
Sesión Pública de América Latina
Marvellous Mhloyi, Zimbabwe
Sesión Pública de África Austral
Un cambio de perspectiva
Lo ocurrido en El Cairo, en septiembre de 1994, con ocasión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre la población y el desarrollo, aparece cada vez más como un abandono de las teorías de la población que prevalecían anteriormente: "se ha propuesto una nueva definición de las políticas de población... el sentido y el tono de las recomendaciones, en su conjunto, si se aplican, permiten presagiar un importante desplazamiento de los centros de interés e incluso un cambio de paradigma en el modo de abordar el crecimiento de la población por parte de la comunidad internacional"1. A la luz de su propio trabajo y teniendo en cuenta en particular sus siete Sesiones Públicas, la Comisión comparte totalmente este punto de vista.
Esta visión contrasta con la orientación de las políticas de población predominantes a lo largo de los decenios 1960 y 1970. Entonces estas políticas estaban consideradas como instrumentos de control de nacimientos y de reducción de las tasas de crecimiento de la población. Reflejaban el temor de que el crecimiento demográfico excediera el de los recursos alimentarios y constituyera un obstáculo al desarrollo2. Así, el presidente norteamericano Lyndon B. Johnson declaraba en un mensaje sobre el Estado de la Unión que "después de la búsqueda de la paz, el mayor desafío lanzado realmente a la familia humana es la carrera entre los recursos alimentarios y el aumento de la población"3. Desde antes de la primera Conferencia de la ONU sobre la población (organizada en 1974 en Bucarest), los jóvenes países en desarrollo han deseado una perspectiva más equilibrada en la definición de los objetivos y de los planes de acción previstos en las políticas de población, pero sus deseos han sido en gran manera ignorados. El equilibrio se rompió cuando la planificación de nacimientos se convirtió en el objetivo único de las políticas de población4, provocando un clima de intervención totalmente nuevo. "Reducir la problemática de la población a la insuficiencia de medios anticonceptivos permitió a los Estados Unidos intervenir rápida y económicamente, sin preocuparse demasiado por las condiciones locales"5. En consecuencia, los vigorosos esfuerzos emprendidos por numerosos países en desarrollo para reducir el crecimiento demográfico gracias a la planificación familiar han tenido resultados positivos en términos puramente cuantitativos6.
La Comisión ha comprobado cambio notable de las actitudes respecto la evolución demográfica. La distribución eficaz de anticonceptivos y las campañas de información y de sensibilización, han reducido la fertilidad, pero no se han tomado medidas complementarias para favorecer simultáneamente el progreso económico y social. Durante la década de los 70, el principal determinante de la fertilidad ha venido a ser el estatuto de la mujer, pero la elección de los indicadores que definan este estatuto ha dado lugar a múltiples debates. Los parámetros utilizados en primer lugar se referían a la alfabetización, la educación y la nupcialidad (la edad del matrimonio); otros, como la participación en las actividades económicas y el estado sanitario se han añadido progresivamente.
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En el curso del período relativamente breve que va de 1974 a 1994 se ha producido un cambio. Por una parte, las profundas modificaciones estructurales de la economía mundial y el comienzo de la globalización han llevado al desarrollo a un callejón sin salida. Por otra parte se han organizado los movimientos de mujeres, convirtiéndose en una fuerza influyente y decisiva que comporta una inversión total de perspectiva: los derechos de la mujer en materia de natalidad han venido a ser la "piedra angular" del debate sobre la población y el desarrollo y, por consiguiente, de la comprensión de las políticas de población (que a veces también son llamadas inadecuadamente políticas demográficas).
La afirmación del derecho inviolable de una mujer a elegir el número y el espaciamiento de los nacimientos deseados ha inscrito las políticas de población en un nuevo contexto, que es, nada menos, que un cambio de paradigma. Por primera vez, una cuestión social importantísima y de amplitud mundial, es definida en términos de derechos tanto individuales como colectivos. De ahí se desprende que los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y favorecer los derechos de sus ciudadanos a la reproducción de la vida, como ocurre con todos sus demás derechos. Esta obligación va a suponer necesariamente una modificación profunda de las políticas relativas a la población.
La Comisión acoge con alegría este cambio, que es nada menos que una revolución social a escala mundial. El acceso de las mujeres al poder de decisión y de mejora de su estatuto, constituyen, después de la descolonización, la gran revolución del siglo XX. Tratando de presentar una visión nueva, la Comisión ha querido colocar, para el futuro, el fundamento de un cambio de paradigma en las políticas de población y su puesta en práctica en los niveles nacional e internacional.
La Comisión estima que los estudios de población deben permitir exponer claramente a todos los ciudadanos los diferentes escenarios demográficos y sus consecuencias en los planos local, nacional y mundial, pero sin querer imponer la dimensión de la familia. Subraya el derecho de los individuos a elegir esta dimensión con toda libertad y responsabilidad. Toda presión en la adopción de una política de población constituye una violación de los derechos del individuo y debe terminar.
Al mismo tiempo, las políticas de población deben incluir las políticas públicas que afectan a las tasas de fertilidad y de crecimiento de la población, sanidad, educación, inversiones en beneficio de las mujeres y de los niños (principalmente de las niñas), con vistas a dar a los ciudadanos la facultad de solicitar la acción que ellos deseen.
Las políticas de población y su contexto social
No se puede comprender el cambio que se ha producido en El Cairo si no se sitúa dentro de un contexto sociológico de conjunto. Los esfuerzos tendentes a regular la dinámica de la población son tan antiguos como las sociedades organizadas. Siempre ha sido responsabilidad esencial de los gobernantes obtener alimentos, mantener la seguridad y garantizar un futuro sostenible a la comunidad.
Cuando una sociedad toma conciencia de los límites que encuentra su expansión y de la imposibilidad de aumentar su capacidad de producción, modifica sus prácticas y sus costumbres para controlar el número de sus miembros. Ésta es la razón de por qué las políticas de población están vinculadas estrechamente a las características fundamentales de la cultura de una sociedad.
La reducción de la mortalidad, especialmente la morti-natalidad (gracias a la política de sanidad pública y a la cooperación internacional) ha traído una prolongación de la esperanza de vida que ha terminado por ser considerada como la causa del problema de la población. Pero ni la disminución de la mortalidad ni la prolongación de la esperanza de vida se han tomado en cuenta en los primeros debates sobre las políticas de población en el nivel nacional e internacional. Hasta finales de los años 1990, algunos médicos y responsables económicos han culpado a la estrategia de la UNICEF orientada a garantizar la supervivencia de los niños de meter a muchos países en desarrollo dentro de una "trampa demográfica".
Otra polémica ha surgido en torno a la tesis ampliamente extendida según la cual los países en desarrollo son los únicos que necesitan una política de población a causa de su expansión demográfica. Esta tesis no tiene en cuenta la importancia del ritmo de crecimiento, de la estructura, de la composición, de la movilidad de una población dada que son factores determinantes en el desarrollo en un país y en la elección de una política apropiada. Ha sido muy recientemente cuando se ha comenzado a tomar conciencia de los graves problemas poblacionales que se plantean en los países industrializados: descenso de la natalidad, prolongación de la vida, modificación de la estructura por edades, aumento de la inmigración. Las políticas sociales que se realizan como respuesta a estas tendencias rara vez se consideran políticas de población y son citadas pocas veces en los debates internacionales sobre la política general en materia de población. La Comisión ha percibido bien esta dicotomía en sus sesiones públicas.
Este tipo de malentendido tiene el peligro de hacer más difíciles las iniciativas y la dirección de una acción, además de debilitar el espíritu de cooperación, siendo así que es vital continuar el diálogo sobre las políticas de población. La Comisión, en consecuencia, estima que estas políticas deberán ser presentadas siempre en la integridad de su contexto, no sólo en el plano nacional sino también en relación con el objetivo de la mejora sostenible de la calidad de vida a escala planetaria. Para ello es necesario:
En el corazón de la interacción entre población y desarrollo
A la perspectiva integrada de las cuestiones de población y de desarrollo se opone la fragmentación cada vez más marcada de los conocimientos y la especialización cada vez más extendida de los expertos. De ese modo, el debate población/desarrollo sufre a menudo las divergencias de puntos de vista entre especialistas y políticos: mientras que numerosos expertos abogan por una compresión global de los factores que determinan el crecimiento de la población, los dirigentes políticos adoptan generalmente una actitud simplista.
Los especialistas en población han ensanchado continuamente su campo de investigación para captar toda la complejidad de la dinámica de la población, cuyos determinantes principales --fertilidad, mortalidad, composición y reparto de la población-- están combinados con variables sociales, económicas, políticas, tecnológicas y culturales que pueden tener una influencia significativa sobre los factores centrales. Asimismo, la teoría del desarrollo ha extendido la gama de sus componentes, pero continúa centrada en la investigación del crecimiento económico, que es el que se estima que pertenece únicamente al campo de la política.
El crecimiento demográfico ha sido tomado en cuenta en las estrategias internacionales de desarrollo, pero la correlación entre población y desarrollo se limita a la trama anual de crecimiento de la economía y a lo que ello implica para el PIB por habitante. Igual que las políticas de población han sido tratadas como un tema distinto en los documentos de política internacional, así también la acción de los que trabajan en las cuestiones de desarrollo ha quedado separada de la reflexión de los expertos demógrafos que llevaban trabajos de campo.
Entre los especialistas del desarrollo, se encuentran "agentes de asistencia social" que pertenecen a organismos públicos o a organizaciones humanitarias en el plano nacional e internacional. También intervienen "agentes de desarrollo", individuos o grupos que representan a comunidades religiosas con vocación misionera; así como "agentes de cooperación", que actúan en nombre de agencias de cooperación bilateral o multilateral y en campos completamente diferentes se encuentran también agentes de "programas de población" o de "programas de planificación familiar" encargados de la puesta en práctica de programas dirigidos por extranjeros.
Esta separación en el terreno no puede continuar.
El lazo entre ética y política
La Conferencia de El Cairo ha supuesto un giro decisivo al tratar de conciliar ciencia y política y unirlas por un enlace directo. La Comisión anima a continuar en esta tendencia, porque es evidente que la política de la población forma parte de la política social. En el mismo sentido, sugiere que todos los trabajadores y especialistas en desarrollo y población que operan en los países afectados, refuercen su entendimiento y colaboración. El lazo que hemos establecido entre población y mejora sostenible de la calidad de vida muestra bien que las "cuestiones de población" no se pueden tratar eficazmente si no es en concurso con otros factores que contribuyen a la calidad de vida y que son precisamente los factores del desarrollo.
El papel de la ciencia y de la tecnología ha sido objeto de controversia. No hay duda de que los anticonceptivos han sido acogidos favorablemente por hombres y mujeres. Pero el interés por las soluciones eficaces, de larga duración o permanentes, a los problemas de fertilidad no ha estado asociado a una preocupación semejante por la salud de los usuarios o a la capacidad de los servicios sanitarios para ejercer el control y las atenciones necesarias. Esto ha inducido a algunos usuarios a pensar que estaban manipulados.
Las organizaciones femeninas, tanto en el Norte como en el Sur, se han opuesto a los implantes de hormonas de acción lenta y a las vacunas anti-fertilidad controladas por los que las fabrican. Ellas han preguntado por qué se abandonaban los métodos anticonceptivos controlados por el usuario en beneficio de productos más nuevos todavía, fabricados con tecnologías que aún no han sido suficientemente experimentadas. Existe una demanda de métodos auto-controlados por los usuarios, como demuestra un caso ejemplar de cooperación Sur-Sur: organizaciones de mujeres brasileñas han ayudado a una organización india a popularizar el empleo de diafragmas a fin de suscitar una demanda susceptible de inducir a la producción nacional en la India
El deseo de las usuarias de emplear anticonceptivos auto-controlados ha sido aprobado por numerosos médicos, pero no ha sido reconocido por el conjunto del cuerpo médico. Las políticas de población son así responsables de una cierta pérdida de credibilidad en las normas éticas observadas por la profesión médica.
Los conflictos se han hecho más agudos con la llegada de las nuevas técnicas de reproducción de la vida (NTR). En el curso de las sesiones públicas regionales de América del Norte a Asia del Sur se han formulado vivas críticas frente al fenómeno de concentración que afecta a la investigación, la concepción y la producción de anticonceptivos "invasores" de las mujeres y utilizados bajo el control del fabricante, mientras que a la vez no se presta atención alguna a la responsabilidad y toma de conciencia de los hombres ni a los anticonceptivos masculinos sin peligro para la salud.
Según algunos expertos, el monopolio que un pequeño número de países industrializados ejerce en la investigación y desarrollo (I+D) y la producción de anticonceptivos es un testimonio de la falta de sensibilidad (e incluso de corrupción en ciertos casos) por parte de profesionales y de administradores de la sanidad. Algunos médicos o responsables de servicios de planificación familiar han reconocido que las organizaciones donantes a veces recomendaban el empleo de anticonceptivos hormonales de larga duración --que son técnicas agresivas-- en el marco de los programas que financiaban. Según algunos científicos, la producción nacional de anticonceptivos más baratos, mejores para quienes los utilizan y culturalmente aceptables, estuvo dificultada por el compartimiento contrario a la ética de donantes externos y de empresas que fabrican anticonceptivos. La Comisión ha advertido, durante sus sesiones públicas, que en numerosos países no hay duda de que existe un monopolio local que ejercen las empresas que tienen su sede en las naciones industrializadas. Esas prácticas demuestran que las consideraciones económicas prevalecen sobre la necesidad de adaptar un producto al contexto cultural local.
La Comisión pide, pues, con insistencia, un aumento de los recursos financieros que aportan los gobiernos, las fundaciones y el sector privado a la I+D y a la producción de anticonceptivos masculinos y femeninos seguros, aceptables y utilizables libremente.
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Las NTR han añadido un nuevo elemento al debate que se tratará con más profundidad en el capítulo 13. Estas NTR, que pertenecen al dominio de la salud materna interesan a todos los países, suponen la asistencia médica a la concepción proporcionada a petición de las parejas o de los individuos y se traducen en una intervención sobre la fertilidad femenina. El recurso a la NTR presupone un sistema de sanidad primaria eficaz y suscita a la vez una serie de cuestiones éticas. Diversos países, del Sur y del Norte, han creado por esta razón comités consultivos nacionales de bioética, mientras que en el plano internacional, la UNESCO ha instituido un Consejo de bioética. La aplicación de la tecnología, especialmente en los sectores de la sanidad y de la procreación debe estar guiada siempre por el principio ético según el cual, lo que es posible científicamente y realizable tecnológicamente, debe ser también aceptable socialmente.
La comisión sugiere que se establezca en cada país un organismo independiente que informe sobre la introducción --y la aceptación social-- de las nuevas biotecnologías, en especial las que conciernen a la reducción de la fertilidad o a la curación de la esterilizad. Este organismo interdisciplinario y multi-institucional debería pronunciarse sobre el conjunto de las cuestiones éticas y sociales que se planteen. Debería periódicamente emitir dictámenes a los responsables políticos y divulgaría sus conclusiones, a fin de estimular un amplio diálogo con los ciudadanos.
Los valores que fundamentan el empleo de las NTR se parecen mucho a los que regían la aplicación de los métodos "antiguos" destinados a reducir la fertilidad: autonomía del individuo, igualdad, respeto a la vida y la dignidad humana, protección de los débiles, no comercialización de la procreación, utilización adecuada de los recursos, responsabilidad y elección equilibrada entre intereses individuales y colectivos. La Royal Canadian Commission on New Reproductivce Thecnologies ha publicado al respecto excelentes directivas.
Las NTR no deben ser ni un privilegio ni un instrumento de discriminación. Su utilización debe ser meditada maduramente a fin de asegurar que la sociedad es plenamente capaz de asimilarlas. Cualquier valoración de las NTR, como de las demás tecnologías de reducción de la fertilidad, debe seguir las etapas siguientes:
Este esquema ilumina la naturaleza del problema: tensión entre el poder y las capacidades científicas y técnicas por un lado y por otro la función de regulación y la responsabilidad del poder político. Las implicaciones humanas y éticas de las tecnologías antiguas y modernas de la reproducción son, según nosotros, demasiado importantes para remitirse a mecanismos de autorregulación.
En el curso de sus sesiones, la Comisión ha constatado que ciertas NTR suscitaban una gran aprensión. Por esta razón recomienda vivamente que todas las tecnologías que actúan sobre la fertilidad estén sometidas a los mismos controles y a las mismas normas éticas que las que tratan de combatir la esterilidad. La Comisión estima asimismo que en el plano internacional se debería encargar a un nuevo organismo de elaborar normas de utilización de las NTR variables según el sexo, plenamente respetuosas de los derechos humanos y susceptibles de guiar en el futuro la investigación y la puesta a punto de nuevos productos.
Una visión integrada de las políticas de población
La Comisión ha llevado a cabo sus trabajos con la convicción de que la formulación de políticas de población sólo se puede hacer desde una perspectiva sistémica de las cuestiones de población, de calidad de vida y de medio ambiente. Sugiere, por tanto, la adopción de una perspectiva holística en que la política de población constituye un elemento de un sistema que cubre todos los aspectos de la sociedad, como punto de apoyo, de la calidad de vida; una política de población así concebida no debe ser un elemento marginal del proceso de gobierno, ni ser tratada separadamente de los debates y las decisiones de política general
La comisión estima que una política de población eficaz no puede ser competencia de comités o de consejos que funcionen separados de los principales mecanismos de toma de decisión; tiene que ser explícita o implícitamente una responsabilidad fundamental y colectiva de todo el aparato gubernamental y parlamentario de un país y no quedar confiada a instancias consultivas aisladas.
Aunque las responsabilidades políticas relativas a la dinámica de población estén repartidas entre distintos ministerios o instituciones, sin embargo, un enfoque combinado de los problemas permite separar los inconvenientes de esta dispersión. Este enfoque exige la transparencia (una completa información) y la responsabilidad ante el público, si se quiere que la política de población ocupe el lugar que le corresponde en el debate político, socio-económico y cultural. De hecho tiene que estar apoyada por una voluntad política colectiva para:
En el plano mundial, será igualmente necesario evitar tratar de manera rotunda y arbitraria las cuestiones de población. Los problemas que conciernen al control de la fertilidad, considerados en el Norte como "fáciles y poco limitativos de la libertad", en el Sur son calificados de "difíciles y opresivos". Las cuestiones de inmigración en el Norte se consideran "difíciles" y "fáciles" en el Sur. La adopción de una visión holística eliminará estas divergencias agrupando los diferentes parámetros bajo un concepto único de calidad de vida. Los puntos de vista contrarios presentarán entonces una importancia igual.
El grado y la amplitud de la participación del público, determinarán en buena medida la eficacia de las políticas de población. Es muy importante una participación amplia, porque evita que las medidas que se tomen no estén demasiado influidas por perspectivas de corto alcance y por políticas partidistas tan frecuentes en las democracias modernas. La participación aumenta también la posibilidad de que el público intervenga eficazmente en los diferentes niveles gracias a una sinergia que transforma los intereses, las percepciones y las decisiones de los individuos en objetivos colectivos.
El debate sobre las políticas de población debe ser ampliado e intensificado al máximo, en cualquier nivel, sea local, nacional o mundial. Se debe completar con una "educación para la gobernación": elaborar historias de la dinámica de la población; tomar en consideración las necesidades de los niños (ausentes de los debates de los adultos), la situación de los adolescentes (ausentes también, pese a la especificidad de sus aspiraciones y de sus dificultades particularmente en lo relativo al estilo de vida y la sexualidad), así como la diversidad de estructuras familiares y de culturas, y el análisis de los datos relativos a la dinámica de la población.
Una mujer de Bamako, Mali
Sesión Pública de África Occidental
