Los pobres en número creciente agravan la destrucción del medio ambiente: son los "kaingineros" que explotan una agricultura de subsistencia cuando los leñadores han cortado un bosque; son los pescadores marginales que pescan con dinamita en aguas superexplotadas o los sin techo de las ciudades que vienen del campo. La mayoría de ellos son víctimas de la desigualdad en el acceso a los recursos naturales de sus comunidades. Ésta es la causa profunda de su pobreza, a propósito de la cual los miembros de nuestra iglesia y los políticos observan un embarazoso silencio.
Máximo Kalaw, Filipinas
Sesión Pública del Sudeste Asiático
Los pobres no son los responsables de la degradación del medio ambiente. Cuando los hombres tienen menos recursos los administran con mayor cuidado, porque es todo lo que poseen. Los pequeños agricultores son mucho más eficaces. Cuidan mucho mejor sus tierras. La codicia de los ricos es la que emplea más recursos que los pobres. Gandhi decía que "en nuestra tierra hay bastante para las necesidades de todos, pero no lo suficiente para la avaricia de unos pocos".
Vijay Vyas, India
Sesión Pública del sur de Asia
Presiones sobre el medio ambiente
La naturaleza, desde siempre ha sido considerada como un bien gratuito a inagotable. Durante mucho tiempo la regeneración del medio ambiente natural se daba por supuesta.
Las revoluciones científica e industrial han traído consigo un cambio radical en la relación entre la Naturaleza y los seres humanos. El hombre ha llegado a descubrir los secretos de la Naturaleza y con ello ha conseguido conquistarla.
Al apoyarse, como está haciendo, en la explotación extensiva de los recursos naturales, la civilización moderna ha sometido a la Naturaleza a los objetivos de la economía olvidando que ésta tenía necesidad de regenerarse. En el marco del paradigma económico de un crecimiento ilimitado, inspirado por la revolución industrial, la Naturaleza no es más que un activo entre otros, en vez de ser el principal recurso, como en las sociedades agrarias. Ha perdido el derecho al trato de favor que en las culturas agrarias estaba institucionalizado e incluso ritualizado.
A medida que la ciencia descubría la complejidad y el misterio de los complejos naturales vitales, la Naturaleza se iba convirtiendo cada vez más en un factor inerte en el cálculo económico de la Revolución Industrial y en una fuente de explotación. Se ignoró la importancia del medio ambiente natural como espacio integrado en la existencia del hombre, espacio que hay que cuidar y mantener para transmitirlo a las futuras generaciones.
En la culturas agrarias, el respeto que se tenía por los beneficios de la Naturaleza como primer medio de supervivencia (y a veces de enriquecimiento) de los hombres, engendraba la armonía entre las necesidades humanas y el medio ambiente. Esta simbiosis tenía como guardianes principales al campesinado y sobre todo a sus mujeres. El paso desde la agricultura a la producción masiva de carácter industrial con la aportación intensiva de la química, ha producido "la muerte del campesinado en la segunda mitad del siglo XX"1 y ha acelerado aún más la desaparición de una relación armoniosa con el medio ambiente.
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Las consecuencias de los atentados contra el medio ambiente afectan al mundo entero, incluso en las regiones que todavía se mantienen en estado agrario, y la responsabilidad del mundo industrial, que es máxima en las sociedades desarrolladas, es incontestable. El mundo en su conjunto se enfrenta hoy a una tarea gigantesca: crear un nuevo equilibrio que sea sostenible. Esto implica que el medio ambiente ya no pueda ser tratado como "depósito de recursos" o como un vertedero, sino, al contrario, como un lugar de vida y de morada. Lo queremos tan limpio, tan sano y tan atrayente como sea posible, y queremos dejarlo en herencia así a los que vienen detrás de nosotros. La calidad del medio ambiente es, directamente o no, un aspecto crucial de la calidad de vida.
Hasta los años 50, la contaminación era un problema bastante bien circunscrito, tratado por ingenieros encargados de la producción y del saneamiento, y localizado en el sentido de que sus efectos quedaban limitados geográficamente. A partir de entonces, el empleo y despilfarro desconsiderados de los recursos naturales en todos los niveles, han modificado totalmente la situación.
El cúmulo de las consecuencias de una utilización sin freno de los recursos, ha dado origen a un problema cuya amplitud y gravedad no tiene precedentes en la historia; es un desafío dirigido a cada hombre. La ruptura del antiguo equilibrio ha sido ya bastante señalada como para que afecte a nuestra comprensión de la relación entre la Naturaleza y el Hombre.
A lo largo del decenio de 1970, el problema se trató inicialmente a escala regional, luego a escala del mundo. Las preocupaciones provocadas por la expansión de los desiertos y la deforestación, la erosión de los suelos, las lluvias ácidas y la contaminación del aire en las ciudades comenzaron a figurar en las negociaciones internacionales. En los años 80, se vio claro que la actividad humana era la causa de la ruptura del equilibrio en el nivel planetario
A las complicaciones que ya se habían percibido se añadieron la ruptura de la capa de ozono, el calentamiento del clima, el empobrecimiento de la biodiversidad, y las consecuencias de la contaminación de los océanos y de la pesca excesiva.
El problema de la responsabilidad de esa degradación ha creado nuevas divergencias ideológicas en el plano internacional entre el Norte y el Sur y, en el plano nacional, entre los "satisfechos" y los pobres (o los que hablan en su nombre). La pobreza está en la raíz de la deforestación, de la degradación de los suelos y de la destrucción de los habitats costeros. Cientos de millones de pobres en el mundo entero, para sobrevivir, se ven obligados a explotar sus tierras con exceso, y el problema se agrava aún más por el crecimiento de las poblaciones. La destrucción de los recursos naturales no puede menos de continuar mientras no se tomen en consideración las causas de la pobreza. De ahí la necesidad urgente de concebir un plan de acción que ofrezca a los cientos de millones de familias -que viven principalmente en el Sur- alternativas a la corta y quema y a las otras actividades que, devastando el ambiente de forma muchas veces irreparable, son el resultado de su lucha por la supervivencia.
La integridad de la naturaleza
Algunos aspectos del medio ambiente -la diversidad biológica y la posibilidad de acceder a los recursos naturales- son elementos que de inmediato constituyen la calidad de vida. Otros aspectos tienen efectos menos directos por su influencia sobre la salud, la alimentación, el modo de vida, el trabajo y la vida comunitaria. No se trata sólo de los países industrializados; en todas partes están en peligro la calidad de vida, los modos de vida de los pobres e incluso la supervivencia de la especie humana. No es suficiente, pues, que algunos países fijen normas claras y razonables orientadas a conservar el medio ambiente. El esfuerzo debe ser de todos.
El crecimiento de la población interfiere en todos estos procesos. No es un fenómeno aislado, porque está ligado estrechamente a otros dos factores importantes:
los modos de consumo y de producción de las poblaciones;
los tipos de tecnología que se emplean y los residuos y desechos que implican.
Estos problemas intrínsecamente ligados entre sí, deben ser abordados conjuntamente. La integridad de los elementos de base de la naturaleza se encuentra progresivamente comprometida como se puede ver a propósito de la calidad del aire y del agua, de la biodiversidad y de la destrucción de los bosques.
La calidad del aire y del agua
El aire y el agua son componentes fundamentales de la Naturaleza y son víctimas de contaminaciones de origen distinto: fábricas, centrales eléctricas, u otras unidades de producción, vehículos y otros modos de transporte, y consumidores.
Después de las altísimas alzas de los niveles de contaminación -en el aire, los efectos nocivos del dióxido de azufre (SO2), del nivel de ozono, los clorofluorocarburos y otros contaminantes, y en el agua con los metales pesados- los países industrializados se han comprometido en programas de "limpieza".
La calidad del aire y del agua ha mejorado notablemente. En la mayor parte de las grandes ciudades han disminuido las emisiones de humos y de SO2, y en algunos sitios fuertemente. Durante los años 80 han bajado los niveles de SO2: han descendido más del 50% en Alemania, Finlandia, Francia, Países Bajos, Suecia y Suiza. En la mayoría de los países también ha disminuido mucho la concentración de metales pesados2, pero las emisiones de oxido de nitrógeno y de gases destructores del ozono (producidos unos y otros por los vehículos de motor) continúan progresando y agravan los casos de asma en numerosas ciudades. En muchos países se ha constatado un aumento de la concentración de nitratos en el agua, imputable a los abonos que se utilizan en la agricultura3.
Estos mismos problemas se encuentran en los países recién industrializados de Asia y de América Latina. Durante los años 80, la contaminación del aire se ha acrecentado fuertemente en China, India, Indonesia, Pakistán y Tailandia, donde las emisiones de SO2 han aumentado el 50% o más. La concentración de este gas en Shanghai, Xian, Beijing, Djakarta, Lahore y Teherán, por ejemplo, ha sido de cuatro a ocho veces más alta que en Tokio4.
Se estima que hacia la mitad del decenio de 1980, en particular en los países en desarrollo, había 1.300 millones de personas que al aire libre, estaban expuestas a niveles de humo superiores a los techos fijados por la Organización Mundial de la Salud. Si se hubieran respetado las normas de la OMS se hubieran evitado cada año entre 300.000 y 700.000 muertos5.
En las familias pobres se junta otro peligro, el de la contaminación del aire en las habitaciones. Aparte del humo, la combustión de madera, paja y excrementos de animales produce óxido de nitrógeno, SO2, monóxido de carbono y agentes cancerigenos. Todo esto puede provocar graves afecciones respiratorias y bronquitis crónicas, que cada año matan a unos 4 millones de recién nacidos y de niños de toda edad. Puede estimarse que de 400 a 700 millones de personas, en su mayoría mujeres y niños, están expuestas en sus casas a niveles de humo 90 veces más altos que los admitidos por las directivas de la OMS6.
La atmósfera
Las mayores amenazas contra nuestra supervivencia tienen quizás que ver con las modificaciones que supone para la atmósfera la actividad del hombre: la disminución del oxígeno, recalentamiento del globo producido por la emisión cada vez más abundante de lo que se llaman "gases con efecto de invernadero" (como el dióxido de carbono y el metano) y la destrucción de los bosques.
Aunque la modificación del clima inducida por el recalentamiento sólo avance poco a poco, sus consecuencias serán muy serias. Basándose en las tendencias probables hasta el año 2100, el "Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima" (GIEC), prevé un alza de la temperatura media de unos 2,9 grados centígrados y una elevación del nivel del mar entre 30 y 100 centímetros. Las islas bajas del Pacífico podrían quedar sumergidas, y hasta 76 millones de personas podrían estar afectadas en las regiones costeras muy pobladas de China. En Bangladesh tendría que desplazarse la décima parte de la población7.
A escala planetaria las precipitaciones serían más erráticas y se modificarían el reparto del agua y de las zonas húmedas, así como el régimen de lluvias. La producción alimenticia se vería afectada por cambios sin precedentes: a causa de la duplicación de los niveles de dióxido de carbono, los rendimientos del arroz podrían descender del 2 a 5% y la producción de maíz del 15 al 24%8. Los vegetales sufrirán a causa del calor y proliferarán los insectos y las enfermedades. La nueva realidad del clima exigirá adaptaciones difíciles.
Todos estos cambios afectarán también a las corrientes oceánicas y las variaciones del clima de ciertas regiones conllevan el riesgo de migraciones masivas y de conflictos.
Los países en desarrollo serían especialmente afectados por el recalentamiento del clima. Su producción de cereales podría disminuir del 9 al 12% y subir los precios en los mercados mundiales entre el 10 y el 100%9. El número de personas amenazadas por el hambre en estos países (el 2060, si el clima no varía, habrá ya 640 millones), podría elevarse a 823 millones. En este caso la paradoja es que los amenazados por el hambre no son los que han contribuido a la alteración de la atmósfera, porque son demasiado pobres para utilizar las fuentes de las emisiones tóxicas. Pero son los que sufrirán el peso del cambio.
Los atentados ya profundos contra la biodiversidad se acrecentarán de manera devastadora. La modificación de las temperaturas y de las zonas lluviosas traerá consigo el desplazamiento de numerosas especies. Algunas de ellas -como los árboles- no pueden "desplazarse" bastante deprisa. Otros encontrarán el camino cerrado por nuevos asentamientos humanos10.
Los bosques
En las regiones tropicales, boreales y templadas, los bosques están en crisis. En 10 años los 1.756 millones de hectáreas de bosques tropicales censados en 1980 se han reducido al ritmo de 11 millones anuales (en el decenio de 1980) hasta 16 millones anuales (en 1990). Esta última cifra representa cinco veces la superficie de Bélgica y hoy el ritmo se está acelerando.
Las tasas de deforestación más rápidas han sido en Asia (11,4% de media en el decenio), en África occidental (9,6%) y en América Central (14%). La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas ha señalado que durante este período, más del 18% de los bosques tropicales han desaparecido en Bangladesh, Malaysia, Pakistán, Filipinas, Tailandia, y en varios países de América Central y el Caribe11
La degradación de los bosques y la deforestación tienen efectos particularmente notables sobre el recalentamiento del globo. Los incendios de bosques son responsables del 20% de las emisiones totales de carbono: cada año se emiten a la atmósfera 4,6 gigatoneladas de dióxido de carbono. La deforestación es la causa central de la pérdida de habitats y de la biodiversidad. Cuando los taladores o los campesinos cortan un bosque virgen, se aumenta la erosión de los suelos, se mueren los peces en los cursos de agua y disminuyen los animales y las plantas de que disponían los autóctonos. De ahí se deduce una reducción de los rendimientos de las cosechas y de la variedad de la alimentación.
En el mismo orden de ideas, la situación es crítica para 200 millones de agricultores de las regiones tropicales que andan en busca de tierras cultivables. En la agricultura tradicional que consistía en roturar, quemar y cultivar, los campesinos cortan los árboles y dejan la tierra en barbecho para que pueda regenerarse. Pero el aumento de la población les obliga ahora a recortar el tiempo del barbecho, con lo que disminuyen los rendimientos, en especial en regiones de colinas boscosas en las que el suelo es a menudo de mediana calidad. Incluso allí donde el sistema tradicional ha dado paso a los cultivos en terrazas, la productividad sigue siendo débil.
La deforestación en las regiones de colinas, además, acarrea la erosión del suelo y la expansión de los yermos: reduce la pluviosidad y rebaja el nivel de las capas de agua subterráneas, lo que provoca graves penurias locales de agua. Las mujeres y las niñas, a las que inevitablemente se asigna el penoso trabajo del agua en los campos, tienen por ello que recorrer distancias más largas (a veces dos o tres horas en las regiones secas)12. La destrucción de los bosques implica también la desaparición de frutos, de madera para la lumbre, de forraje para los animales, de modo que se modifica la alimentación familiar. La madera de construcción, las plantas alimenticias o medicinales y otros productos diversos del bosque constituyen un recurso pecuniario para los pobres que lo venden o bien en bruto o bien después de su elaboración. La deforestación, por tanto, es para los pobres una espiral descendente hacia la miseria. Esta dependencia global del bosque que les permite vivir durante la estación en la que no es posible cultivar, es la que, en parte, les exime de la responsabilidad de la deforestación. Está demostrado, por otra parte, que son bastante mejores gestores de los bosques que los servicios oficiales que se han encargado de ellos.
Cuando se prolonga la duración de las penosas tareas de ir por agua y por leña, se acude a los niños, en especial a las niñas, para que ayuden a las mujeres. Por este motivo, no sólo no pueden ir a la escuela, sino que puede ocurrir que sean insuficientes para ello las calorías que les aporta su alimentación13. También están en crisis los bosques en zonas boreales y templadas, que desempeñan un importante papel en la fijación del carbono. La contaminación y ciertas prácticas forestales poco económicas, provocan extensos daños ecológicos. La demanda industrial de madera para la construcción, que aumenta rápidamente, acrece la presión sobre las zonas forestales. De ese modo se han dañado ya irreparablemente grandes superficies, por cortas totales no seguidas de suficiente reforestación.
La insuficiencia de conocimientos científicos sobre el funcionamiento de los ecosistemas forestales, y la complejidad de las relaciones entre el bosque y la evolución del clima constituyen otros tantos obstáculos para la protección y la regeneración de los bosques. No se pueden esperar grandes progresos si no se adopta una estrategia sistemática que integre variables biológicas, físicas, económicas y sociales14. Otro obstáculo se relaciona con la ausencia en el plano local, de un mecanismo institucional que permita asociar la autoridad de los poderes públicos con la participación popular. Ha llamado la atención internacional la gestión conjunta que se ha introducido recientemente en ciertas regiones de Asia. Un ejemplo preciso proviene de un grupo de mujeres campesinas, en Bengala occidental, India, que solicitaron y consiguieron la representación del 50% en los comités de aldea encargados de la protección de los bosques.
La biodiversidad
La amenaza más grave contra la biodiversidad -es decir, contra el número y la diversidad de los géneros, especies y ecosistemas- es la desaparición da los hábitats naturales. Ésta se produce -rápidamente- a medida que las superficies cultivadas se extienden en los países en desarrollo y en que la Naturaleza, en todas partes, recula ante la expansión urbana, que implica viviendas, carreteras, instalaciones profesionales. Se estima, por ejemplo, que Tailandia ha perdido el 87% de sus mangroves originales y el 96% de sus tierras húmedas. Australia ha perdido el 95% de sus marismas y otras tierras húmedas y Estados Unidos el 53%15.
La densidad de la población es un factor muy importante de la desaparición de los hábitats naturales. De cincuenta países diferentes de Asia y de África, el 20% de los más afectados por esta desaparición tienen una densidad media de población de 189 habitantes por km2; hasta 1990, habían perdido una media del 85% de sus hábitats salvajes de origen. El 20% de los menos tocados, por el contrario, sólo habían perdido el 41%; su densidad poblacional media era sólo de 3116.
La desaparición progresiva de los bosques tropicales húmedos plantea un problema especialmente urgente, porque estos bosques abrigan más de la mitad de las especies vegetales y animales (incluidos insectos) que habitan en el mundo, con el patrimonio genético que les corresponde. Se estima que la superficie de los bosques tropicales que se destruyen cada año puede arrastrar la extinción de aquí al 2015 del 31% de las especies que hoy todavía subsisten.
La protección de la biodiversidad es esencial para la oferta futura de productos alimenticios. Aunque sólo se han domesticado menos de 200 (aproximadamente) de las 250.000 especies de plantas, su parentesco salvaje forma una importante reserva de genes accesible a los agrónomos de mañana. Están amenazados por un seria degradación de los suelos: Etiopía, la cuenca del Indo y algunos de los centros más importantes del oeste de Asia en lo que concierne a la diversidad de las cosechas, así como las altas mesetas de los Andes17.
La biodiversidad constituye también una fuente, importante para el futuro, de productos farmacéuticos o médicos y representa un papel considerable en la regulación de los biosistemas. Para numerosas plantas, la polinización y la dispersión de las semillas se basa en especies animales muy específicas, cuya desaparición arrastraría la de las plantas. Unos 120 medicamentos modernos vienen de las plantas y en los países en desarrollo, cuatro sobre cinco personas utilizan los remedios tradicionales (en general a base de hierbas) como primer tratamiento. Pero una gran parte de esta riqueza biológica se está desvaneciendo poco a poco, como ocurre también con lo que sabemos de su uso, a causa de las leyes de desaparición de los hábitats salvajes y del declive de las culturas indígenas18.
La biodiversidad es apreciada por su valor directo, pero también por sus cualidades estéticas. A medida que crece en las zonas urbanas la densidad de población, los ciudadanos buscan cada vez más lugares todavía salvajes. Muchas comunidades y todas las religiones están espiritualmente vinculadas a casi todo lo que está vivo.
En busca de un nuevo equilibrio
Concebir un nuevo paradigma que defina las condiciones del equilibrio entre el Hombre y la Naturaleza, tal es el desafío ecológico que hoy se plantea. Hemos entrado en un período que se puede calificar como de "transición ecológica", al pasar de la idea de una Naturaleza renovable indefinidamente (asociada a una confianza ingenua en su permanencia) a una revuelta contra la explotación excesiva de sus recursos y la alteración de su pureza y su belleza.
El tránsito de la Naturaleza que está "ahí fuera", viviendo automáticamente sus propios ciclos, a un Medio Ambiente que forma parte integrante de nuestra existencia cotidiana exige una modificación profunda de nuestros valores y de nuestras actitudes cuya mejor expresión son la sensibilidad, el respeto, la reverencia o, si se quiere emplear términos menos afectivos, la protección y la rehabilitación. Esa concepción implica reconocer que los seres humanos comparten con la Naturaleza un destino común y que nuestras vidas dependen de esos elementos fundamentales que son el aire, el agua, la tierra y los árboles que incluso están en ella estrechamente unidos. La búsqueda de una armonía y de un sostén mutuo debe garantizar que la persona permanezca en el centro de todo proceso de sociedad, especialmente el de la conservación, la renovación y el enriquecimiento de la Naturaleza.
En un plano más filosófico, nuestra especie ha visto el paso de una evolución puramente lineal de la Naturaleza y autónoma a una concepción que la sometería a nuestro imperio, sin antes comprometerse en un nuevo ciclo fundado sobre la necesidad de regenerarla. La política y la práctica de la conservación y de la eficacia son los nuevos imperativos de los que depende la posibilidad para la Naturaleza de ayudar y mantener la vida de los hombres.
Durante esta fase de transición ecológica, los modos de producción y de consumo (que serán estudiados en el capítulo siguiente) deben ser modificados de tal modo que suplan las pérdidas sufridas por la Naturaleza. Esto exigirá, principalmente, una reglamentación estricta de la actividad industrial e incluso la prohibición de ciertos métodos y de ciertos productos cuyos efectos sobre el medio ambiente ya no se pueden combatir sobre la base de nuestros actuales conocimientos.
Otra tarea será la armonización de los modelos de implantación y crecimiento de las aglomeraciones humanas con las exigencias de la Naturaleza. Las megalópolis y la proliferación del tejido urbano imponen a la naturaleza tensiones excesivas, cuyos peligros y efectos devastadores se pueden ver en México, Shanghai, Bombay o El Cairo.
Como ocurre durante todos los períodos de transición, también en el proceso ecológico aparecen confusiones, soluciones falsas y desorientación. Sin embargo no podemos huir del hecho de que la complejidad de los factores implicados puede hacer que ciertas tendencias reduccionistas quieran hacer de la población un factor flexible, de la misma manera que en el pasado el factor del que se disponía a voluntad era la Naturaleza. Esta postura, además de ser totalmente anticientífica, es inaceptable éticamente. Pero antes de abordar los problemas de la población, examinemos algunas otras causas de dificultades.
Existe ahora una asociación de ciudadanos contra los campos de golf que, proliferan en muchos países del Tercer Mundo y son terrenos de juego de los nuevos ricos. Las asociaciones de ciudadanos estiman que estos campos se han creado a expensas del medio ambiente y de los pobres.
Anwar Fazel, Malaysia
Sesión Pública del Sudeste Asiático
Nuestros hijos ya no conocen los animales salvajes, porque han desaparecido. Utilizamos nuestras manos desnudas para trabajar porque ya no tenemos animales para tirar del arado y es penoso. Se mata a los animales salvajes al azar; Ha desaparecido el respeto por los animales salvajes que Dios creó para embellecer el mundo. Nuestros hijos no tienen trabajo a causa del ESAP (el "Programa económico de ajuste estructural").
Grupo Sibonelelo, de Zimbabwe
Sesión Pública del Sur de África
