LA DIMENSIÓN ECONÓMICA, EL MUNDO ÁRABE Y LA BATALLA ECONÓMICA DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Chadi Ayari*

Introducción

Durante mucho tiempo aún se hablará de "lo económico" en esta segunda guerra del Golfo de los tiempos modernos. ¿No es ésta, en el fondo, la más reciente, aunque no la última, batalla por el dominio de los recursos productivos?

Dominio de la energía, dominio de las finanzas, dominio de los mercados: tres parámetros que, junto con el dominio tecnológico y el dominio militar, constituyen la base del poder económico, del poder a secas.

Desde este punto de vista, lo que está en juego es lo siguiente:

En primer lugar, el Norte de la postperestroika. Este Norte, con sus dos principales cabezas de puente Estados Unidos y la Unión Soviética, está decidido a concretar hoy, y para siempre, lo que podría denominarse "el dividendo de la perestroika": reducción de los gastos de armamento nuclear y convencional, reducción de los gastos de defensa y seguridad, apertura de nuevos mercados para los intercambios de bienes, servicios y tecnologías, etcétera. Para Estados Unidos y sus socios de la OCDE, esto significa la continuación de una expansión secular (ininterrumpida, de hecho, desde 1982-83). Para la URSS y sus socios del ex-COMECON, esto significa el retorno a un ciclo de crecimiento (que hoy se ha vuelto urgente). Para todo ello, este Norte de la postperestroika tiene necesidad imperiosa de un "nuevo orden mundial" que le garantice seguridad a cuatro niveles:

Por todo eso, la batalla económica subyacente a estos cuatro parámetros de seguridad del Nuevo Orden Mundial es una batalla lógica.

A este respecto, los siete meses de crisis guerra del Golfo nos permiten hoy sacar una gran enseñanza por lo que se refiere a la voluntad del Norte de imponer a todo el mundo su "nuevo orden", su nueva realpolitik. En efecto, ésta no retrocederá ante ningún costo, ante ningún sacrificio. Ni en términos humanos, en la medida en que no se siente responsable de las pérdidas de vidas limitadas o masivas que podría causar. Ni en términos económicos, en la medida en que le tiene sin cuidado las destrucciones de infraestructuras productivas. Ni en términos de civilización, en la medida en que borrará, si hace falta, hasta la memoria, hasta la cultura, hasta la historia de los pueblos y naciones que se opongan a ella.

Luego, el Sur. En esta vasta reestructuración del mundo, deseada y llevada a cabo por el Norte (y, principalmente, por Estados Unidos), el Tercer Mundo, el Sur, rico o pobre, petrolero o desprovisto de recursos, socialista o liberal, monárquico o republicano, democrático o autocrático, no ocupa ningún lugar. Se encuentra a la vez excluido y neutralizado.

En semejante contexto, la aventura iraquí se presenta como un gran desafío al Nuevo Orden Mundial; un desafío, pues, que hay que combatir y vencer con todos los medios, económicos y militares, legales e ilegales, legítimos e ilegítimos. Porque precisamente se trata de un país como Iraq: un país que amenaza, más o menos, directa o indirectamente, las cuatro formas de seguridad de las que antes hablamos.

Para comprender por qué Iraq, y no el mundo árabe en su totalidad, constituye una amenaza inaceptable para el Nuevo Orden Mundial arbitrariamente decidido por el Norte habría que mostrar cómo la entidad económica árabe funciona (o no funciona) en la actualidad.

Este será el primer punto de esta ponencia.

Luego, para vislumbrar la posible o probable situación en que se encontrará esta economía árabe en la era de la posguerra del Golfo, deberíamos examinar un cierto número de guiones (o, más exactamente, subguiones) político-económicos a los que el mundo árabe será arrastrado, voluntariamente o de mala gana, en cuanto Iraq haya sido vencido militarmente: es decir, desde hoy. Ese será el segundo punto de la presente ponencia.

1. Funcionamiento y disfuncionamiento de la economía árabe en la actualidad

A escala mundial, la economía árabe hace el papel de un enano cada vez más impotente. Un enano particularmente deforme, cuyos miembros están cada vez más desproporcionados entre si. De todos los espacios regionales en el Tercer Mundo (y en el mundo a secas), el espacio económico, financiero y social árabe es donde se dan las disparidades más grandes, las iniquidades más flagrantes, los fenómenos de desintegración y la ausencia de cooperación más evidentes; en una palabra, los disfuncionamientos más graves.

E1 mundo árabe contemporáneo se presenta hoy, más que nunca, y tal como lo ha mostrado esta maldita guerra del Golfo, como un apéndice del orden económico mundial: dependiente de Occidente para su alimentación cotidiana, a pesar de sus inmensas riquezas agrícolas e hidráulicas; gravemente subindustrializado, a pesar de sus materias primas y sus recursos naturales; científica y tecnológicamente atrasado, a pesar de sus "yacimientos" de recursos humanos; peligrosamente subcapitalizado, a pesar de sus medios financieros disponibles. Que en este espacio árabe particularmente desarticulado, no-solidario, dependiente y débil, uno de sus componentes en este caso, Iraq se esfuerce, con derecho o sin él, torpemente o en el momento oportuno, por aceptar los retos e impugnar los órdenes establecidos y las flagrantes injusticias (continua baja de los precios del petróleo, destrucción del pueblo palestino, por no hablar más que de estas injusticias), y ... Ia división, las inversiones de alianzas, los estrechos egoísmos, los sórdidos cálculos a corto plazo, los reflejos de autoconservación de los regímenes establecidos, las abjuraciones de las promesas de ayer ... se agudizan, hasta tal punto que los árabes se ponen a destruirse mutuamente ... ¡por intermedio de Occidente!

¿Cómo le va hoy a esta economíaárabe dependiente? Algunos indicadores de referencia nos permitirán verlo más claro.

Y si el maná financiero engendró, a veces, crecimientos notables, no consiguió ni dar seguridad a los sistemas políticos, económicos y sociales árabes contra las sorpresas del subdesarrollo o las vicisitudes de la coyuntura mundial, ni, con mayor motivo, erradicar, en los países árabes, las secuelas de la miseria, de la desnutrición y del analfabetismo.

¿Qué imagen presenta hoy la situación de las finanzas árabes?

  1. A nivel de las reservas de divisas (con excepción de los activos en oro) acumuladas por el conjunto de los países árabes, éstas experimentaron una caída continua durante los últimos años. En efecto, de 56.000 millones de dólares en 1982, el total de las reservas de divisas árabes pasó a 38.000 millones de dólares en 1988, o sea, una disminución del orden del ¡47 por ciento en seis años! De los 18.000 millones de dólares perdidos, 16.000 correspondían a cuatro grandes países petroleros: Arabia Saudi (-7.000 millones de dólares), Kuwait (-4.000 millones de dólares), Libia (-3.400 millones de dólares) y Argelia (-2.500 millones de dólares). En realidad, estas estadísticas no incluyen a Iraq, que ya no proporciona cifras sobre el monto de sus reservas de divisas ... desde 1977.

    Sabiendo que este país estaba en posesión de unos 7.000 millones de dólares a fines de 1977, y, asimismo, que la guerra que este país llevó a cabo contra Irán desde 1980 (y durante ocho años) agotó más de los 7.000 millones de dólares disponibles, se puede suponer razonablemente que la pérdida de las reservas de divisas del mundo árabe se sitúa mucho más allá de los 18.000 millones de dólares antes mencionados. La volatilidad de las reservas de cambio árabes es consecuencia directa de la volatilidad de la renta petrolera que las engendró. Y en la medida en que esta renta es cada vez más confiscada por los grandes países consumidores (los países occidentales), en nombre de la seguridad del Nuevo Orden Mundial decidido por ellos y para ellos, esa volatilidad revela por si hiciera falta la gran fragilidad y la gran dependencia de los países petroleros árabes con respecto a Occidente. La economía política de la renta petrolera árabe lleva en su seno suficientes ingredientes como para que, un día, un dirigente árabe de un país petrolero, en este caso diga "no", a su modo, a la confiscación permanente del único recurso estratégico que todavía sigue estando en manos árabes: el petróleo.

    Ayer fue el libio Gadafi: un rebelde que desestabilizó por sorpresa la economía energética y petrolera occidental. Hoy es el iraquí Sadam Husein. Era demasiado. La rebelión no pasará. ¡Y no pasó! Jamás se sabrá a costa de cuántos sufrimientos humanos, de cuántas destrucciones físicas y morales.

    La economía moderna del petróleo especialmente la de los dos últimos años, y, sin duda alguna, la de la posguerra del Golfo se presenta como "un golpe de Estado permanente" llevado a cabo por los occidentales para tener acceso, en cantidades suficientes y a los más bajos costos posibles, al recurso productivo que más se les va de las manos (aunque en condiciones menos dramáticas que en 1973): el petróleo. Esto significa que el conjunto de los países árabes (y, entre ellos, en primer lugar, los países petroleros) estará cada vez más falto de reservas de divisas y, por lo tanto, será cada vez más vulnerable y estará cada vez más integrado, por fuerza, en la "lógica" del Nuevo Orden Mundial.

  2. A nivel del endeudamiento neto de las economías árabes, la situación actual es igualmente grave. Evaluada en unos doscientos mil millones de dólares en 1990, la deuda externa consolidada del mundo árabe representa, en promedio, no menos del 50 por ciento del PIB. Con dramáticas diferencias, por supuesto, entre países como Mauritania, donde el coeficiente supera ¡el 230 por ciento! y Omán, donde tal coeficiente aún no llega al 40 por ciento. Sin duda alguna, en términos de balance neto (inversiones netas en el exterior/deuda externa neta), la situación parece mucho más favorable; puesto que a los 200.000 millones de dólares de deuda externa árabe corresponden más de 700.000 millones de dólares de inversiones netas árabes en el exterior. Los países árabes serian, por consiguiente, acreedores netos de unos ¡500.000 millones de dólares! con relación al resto del mundo. Cálculo muy equivocado éste. En efecto, al igual que el petróleo árabe, las inversiones árabes en el exterior (depósitos bancarios, títulos y valores mobiliarios, inversiones directas, etc.) son cautivas de los países, bancos, empresas y bolsas que las reciben.

    Ya se trate de compras de bonos del tesoro y otras obligaciones públicas norteamericanas (65.000 millones de dólares sólo para Arabia Saudi), o de depósitos fiduciarios en los bancos occidentales, o de tomas de participación directa en las empresas industriales occidentales (más de 60.000 millones de dólares sólo para Kuwait), o ya se trate de adquisiciones de valores mobiliarios en las bolsas extranjeras, el dinero árabe se encuentra, a la vez, coaccionado en su movilidad (la eventual liquidación por Arabia Saudi de su portafolio de bonos del tesoro norteamericano constituye una amenaza para la seguridad del dólar); limitado en su remuneración por las políticas monetarias occidentales (ejemplo: la continua baja de los tipos de interés norteamericanos); despojado de su poder de decisión (numerosas inversiones directas kuwatíes no tienen un derecho de fiscalización sobre la gestión de las empresas concernidas); y amenazado por los bloqueos, congelaciones y otras expoliaciones (como ocurrió, hace muy poco, con los activos iraquíes y kuwatíes, y, antes, con los libios e iraníes). Sin olvidar, por supuesto, que la reconstrucción de Kuwait, de las infraestructuras destruidas en Arabia Saudi, y ¿quién sabe? de Iraq, apenas dejará sitio para cualquier financiamiento árabe de esta deuda externa, también árabe.

    He ahí, pues, una economía árabe, acreedora neta del exterior en el papel, que se hundirá cada vez más en la dependencia económica, financiera, e incluso política, de la deuda externa. y que, por lo tanto, deberá seguir solicitando asistencia y ayuda del Nuevo Orden Mundial.

    Cuando, mucho antes del 2 de agosto de 1990, Iraq pidió que Kuwait anulara las deudas que le debía un puñado de miles de millones de dólares y que se diera solución al problema de la deuda externa de los países del Sur; cuando ese mismo Iraq, asfixiado, desde el mes de agosto de 1990, por un embargo de la ONU, tan inhumano como ilegítimo, proclamó que su petróleo seria regalado a los países pobres que lo necesitaran, se le negó ese derecho de patrocinio del Tercer Mundo. E1 Nuevo Orden Mundial vio en ello una maniobra de desestabilización que había que parar, costara lo que costara. Y así se hizo.

    Escandalosas desigualdades a nivel de la producción de riqueza insoportable pobreza en unos lugares e irritante opulencia en otros en el seno de la comunidad árabe del Machreq y del Magreb, de Asia y de África; una economía árabe de endeudamiento cautivo de Occidente, tanto en sus intercambios comerciales como en sus recursos financieros: ¿qué otro caldo de cultivo haría falta para que, por fin, se alcen voces árabes que digan ¡no! a ese golpe de Estado permanente, a esa escandalosa confiscación de la riqueza nacional árabe? Iraq y su presidente Sadam Husein han creído tener que ser los abanderados de la rebelión, en nombre de objetivos declarados (la defensa de los derechos de los pueblos árabes sobre la propiedad árabe) y también en nombre de objetivos no-declarados: la satisfacción de una venganza con respecto a un vecino acreedor, próspero y altanero, y también ese hado profético del que se emperifollaron, a veces, un Naser y un Gadafi para no citar más que la historia árabe contemporánea, y que dio a algunos de nuestros dirigentes la ilusión de ser el "Mehdi el-Montader" o el novísimo Mesías, destinado a liberar al mundo árabe y musulmán de las cadenas del subdesarrollo, de la dependencia y de la decadencia religiosa y cultural. Tanto el camino elegido (la conquista militar de un país vecino tan soberano como cualquier otro), como los desafíos lanzados (hacia toda la comunidad occidental dominante), los discursos (dirigidos, primero, a Iraq, y luego, a la nación árabe y al mundo entero) y los cálculos estratégicos (un permanente chantaje con el miedo a la guerra del próspero Occidente) fueron, todos, erróneos, torpes, injustificados y mal manejados. Vencido y humillado, Iraq paga hoy por ello el más caro de los precios. Pero las razones de la rebelión no por eso han desaparecido.

    La situación del mundo árabe y la del Tercer Mundo, y la de sus relaciones con el Norte de antes y de después de la perestroika, exigían impugnar lo que un historiador japonés llamó el "fin de la historia", después del colapso del imperio del Este. Iraq quiso poner fin a este "fin de la historia", reivindicando, primero para si mismo, luego para el mundo árabe, y por último para el Tercer Mundo, el derecho a convertirse, por primera vez, en lo que H. Djait llama "actores de la historia". Iraq jugó y perdió. Está bien, pero la impugnación del Nuevo Orden Mundial no por eso se ha apagado. Reaparecerá bajo otras formas, con otros hombres y con otros métodos.

    ¿Alumbrará el mundo árabe otra rebelión contra las injusticias del Nuevo Orden Mundial? Y, primeramente ¿cómo será, o, más bien, cómo seria, este mundo árabe de la posguerra del Golfo? Es a esta segunda interrogación que consagraremos la segunda y última parte de este articulo.

2. La economía árabe de la posguerra del Golfo.

Algunos guiones probables

Es difícil delimitar el estado en que ha quedado el lugar de los sucesos este 28 de febrero de 1991, fecha en que el presidente Bush ha anunciado la suspensión de las hostilidades contra Iraq. Son difíciles de evaluar las destrucciones físicas, económicas, industriales, petroleras y ecológicas sin hablar de las destrucciones humanas en Iraq, Kuwait y Arabia Saudí; igualmente, los gastos presupuestarios y no-presupuestarios, pasados y futuros, directos e indirectos, ocasionados por la anexión de Kuwait y por la guerra del Golfo, y que han sido sufragados por estos mismos tres países, por sus aliados árabes y por el resto del mundo árabe; y, por último, las necesidades de reconstrucción y rehabilitación allí donde la guerra destruyó o dañó el potencial productivo árabe.

Cuando, además, se sabe que la reparación de la economía árabe especialmente en los países del Golfo tendrá como marco las nuevas alianzas, los nuevos pactos estratégicos que los países "coaligados" están todavía en trance de definir, se comprende aún mejor la dificultad de imaginarse en este momento cuál podría ser la situación de la economía árabe de la posguerra del Golfo.

Con respecto a las orientaciones alternativas que podrían ser dadas a la economía árabe en lo inmediato y durante los próximos años ya se perfilan algunos grandes rasgos, que se podrían denominar un poco abusivamente, hay que decirlo guiones posibles o probables.

Estos guiones alternativos se apoyan en dos grandes cuestiones previas esenciales:

En primer lugar, la identidad de los socios árabes cooperantes. La cuestión principal que se plantea a este respecto es la siguiente: ¿quién debe cooperar con quién en el mundo árabe de mañana y sobre qué bases estratégicas deberían establecerse en el futuro las nuevas relaciones interárabes?

En segundo lugar, los modos de cooperación económica. Ya establecidas las bases estratégicas de las relaciones interárabes ¿qué debería abarcar la cooperación económica?

Más concretamente ¿cuál es la participación respectiva de la cooperación llamada pública (ayudas, asistencia y donaciones otorgadas por los gobiernos de los países del Golfo al resto de los países árabes) y de la cooperación llamada privada (inversiones directas, asociaciones o joint-ventures industriales, bancarias, agrícolas u otras)?

a. E1 equilibrio de las ventajas reciprocas. La cooperación en materia económica como en toda materia, por lo demás es la movilización de recursos comunes a dos o más entidades cooperantes (países, sociedades públicas o privadas, etc.) con objeto de realizar juntos uno o varios "productos" nuevos, que las partes en cuestión juzgan de utilidad para ellas; es decir, productos que son generadores de intereses y ventajas reciprocas para ellas. La reciprocidad de los intereses no quiere decir necesariamente igualdad aritmética perfecta, equilibrio perfecto entre los intereses o ventajas sacadas por unos y otros del proceso de cooperación (suponiendo que semejante igualdad sea posible algún día). La reciprocidad significa que cada una de las partes contratantes o cooperantes saca provecho de la acción emprendida en común. Esta condición de reciprocidad es la que da a la cooperación su sentido, y, sobre todo, garantiza su perdurabilidad. Tal condición está, por supuesto, ausente en las nociones de asistencia o ayuda. Estas pueden, desde luego, incluir ventajas mutuas, directas o indirectas, para las partes en cuestión; pero estas ventajas no constituyen la razón de ser original de las relaciones de asistencia y ayuda. Por eso, estas formas de relaciones generalmente, relaciones entre Estados son frágiles, inestables, reversibles, tal como lo demuestra ampliamente la historia de medio siglo de relaciones Norte-Sur.

Que las prácticas de asistencia y ayuda hayan estado, durante décadas, disfrazadas de "cooperación" para no herir las susceptibilidades políticas de las partes asistidas o ayudadas ha contribuido en alto grado a mantener un equívoco muy grave en las relaciones económicas, y hasta políticas, entre las naciones ricas y las naciones menos ricas. A nivel del mundo árabe, tal equivoco ha sido constantemente mantenido, e incluso agravado, por el permanente discurso pasional y romántico sobre la unidad árabe, sobre la "Umma Arabia", sobre la solidaridad árabe, sobre el destino común árabe ... y qué se yo. La abundancia de recursos financieros en los países del Golfo petrolero, sobre todo en los años setenta y hasta mediados de los ochenta, permitió mantener tal equivoco en las relaciones bautizadas como cooperación interárabe. Cerca del sesenta por ciento de la ayuda árabe proporcionada durante esos años fue a países árabes, y principalmente a tres de ellos: Jordania, Siria y el ex-Yemen del Norte.

En realidad, bajo la apariencia de "cooperación" sólo había asistencia directa. E1 número de proyectos árabes comunes podía contarse con los dedos de una mano. En la segunda mitad de los años ochenta empezó un viraje en la cooperación económica interárabe. La disminución de los ingresos petroleros, añadida a un "golfotropismo" cada vez más evidente es decir, a una más aguda conciencia de la prioridad de los intereses propios de los países del Golfo acarreó un descenso de las transferencias financieras públicas hacia otros países árabes. Y el proceso se agravó todavía más con el brutal descenso de las inversiones privadas árabes en numerosos otros países árabes, tales como los del Magreb, por ejemplo(l).

El futuro de las relaciones económicas árabes, a la vista de la realpolitik de la posguerra del Golfo, se presenta, a nuestro entender, así:

Los ejes prioritarios, si no exclusivos, de la cooperación interárabe se limitarán a los países miembros de lo que antes hemos llamado el nuevo "Creciente fértil".

Las ayudas públicas árabes disponibles serán asignadas prioritariamente a los países coaligados y aliados, es decir, Egipto, Siria y Marruecos.

La cooperación económica privada árabe se acelerará, primero, a nivel de los países del Golfo mismos, en respuesta a ese "golfotropismo" antes mencionado, y, luego, entre los países árabes miembros de las alianzas en gestación.

Por lo que se refiere a los demás países de la región, las ayudas públicas árabes se.reducirán a su mínimo estricto, por no decir que desaparecerán totalmente en un futuro próximo. Entre los Estados miembros del nuevo "Creciente fértil" y el resto de países árabes sólo podrán nacer formas de cooperación privada, en el sentido estricto del término, es decir, dentro de un equilibrio máximo de ventajas reciprocas. Esto quiere decir que, en el futuro, los países árabes que están fuera de la coalición deberán contar con otras fuentes de ayuda y de cooperación: en primer lugar, deberán apoyarse en sus propias fuerzas, y, en segundo lugar, en las ayudas multilaterales.

b. Los recursos financieros árabes movilizables. Una de las grandes incógnitas de la posguerra del Golfo se refiere al nivel de los recursos financieros árabes disponibles y movilizables para sostener, a la vez, el esfuerzo de reconstrucción y rehabilitación de los potenciales productivos destruidos por la guerra principalmente en Kuwait y Arabia Saudi y los proyectos de ayuda y de cooperación. Las cifras divulgadas a través de los medios de comunicación varían cada día. Sólo se las conocerá en cuanto haya sido hecha la evaluación de las pérdidas y destrucciones. Pero desde ahora se puede estimar que serán deliberadamente exageradas con el fin de reducir las ambiciones y esperanzas de los potenciales solicitantes de ayuda y cooperación (árabes, en primer lugar, y no-árabes asiáticos o africanos, sobre todo, en segundo lugar).

Las perspectivas del simple mantenimiento de las ayudas kuwatíes a los otros países árabes a los no-coaligados, se entiende y, también, las perspectivas de una activa cooperación privada con éstos, se reducen a nada (o a casi nada), al haberse evaluado ya "lo roto" y, por lo tanto, la reconstrucción entre sesenta mil y cien mil millones de dólares sólo en Kuwait.

En cuanto a Arabia Saudi primera potencia financiera del Golfo y del mundo árabe, prestataria de los mercados financieros internacionales por primera vez en su historia y enfrentada a un déficit estructural en su comercio exterior desde 1983, necesariamente cerrará la taquilla de ahora en adelante: como fuente de ayuda y asistencia al mundo árabe no-aliado y también como promotora de los proyectos privados de éste en el mundo árabe.

Cuando todas las cuentas hayan sido hechas, quedará, pues, menos dinero para gastar en las ayudas y la cooperación. Y los medios disponibles serán asignados prioritariamente a los amigos de la guerra y de la postguerra.

Conclusión

Así le va a la economía árabe en el presente, y en sus perspectivas inmediatas y mediatas, tal como las podemos ver hoy. Una economía muy desarticulada, muy desestructurada y muy desorganizada ya en vísperas de la guerra del Golfo. Una economía que busca, en la incertidumbre, sus nuevos rasgos distintivos, después de este dramático conflicto del Golfo. La configuración de las nuevas alianzas y de los numerosos pactos militares y de seguridad dará su perfil a la economía árabe de mañana. Pero, cualquiera que sea esa configuración, esta economía estará más coaccionada, más sometida y más dependiente que antes. E1 mundo del Golfo estará más cautivo que nunca en su soberanía política, en sus intercambios comerciales, en sus finanzas y en sus proyectos de cooperación. E1 otro mundo árabe el de los no-aliados, el de los no-coaligados estará abandonado a su suerte. Tal vez sea ésta una gran oportunidad histórica para que estos últimos lo revisen todo: sus opciones políticas, sus opciones económicas, sus opciones de desarrollo y sus opciones de cooperación.


* Chadi Ayari (Túnez). Profesor de Relaciones Financieras Internacionales. Universidades de Aix-en-Provence y Niza. (Francia)

(1) Ver nuestro artículo "Les capitaux privés arabes boudent-ils la Tunisie?", aparecido en la revista del IFID, en septiembre-octubre de 1990.