POR UNA ESTRATEGIA DE DESARROLLO AUTOCENTRADO EN AFRICA

Samir Amin *

1.- El deterioro de la situación económica y social en el conjunto del Tercer Mundo y, especialmente, en la gran mayoría de los países africanos durante la última década, obliga cada vez más a las distintas autoridades, nacionales e internacionales, a aceptar un cuestionamiento de los dogmas de la teoría y de la práctica de las políticas convencionales de desarrollo. La cuestión de la opción alternativa de un desarrollo "autoconcentrado", en oposición a las políticas convencionales "extravertidas", ha alcanzado una popularidad repentina e inesperada. Este éxito y el uso de esta expresión que implica, por parte de unos y otros en contextos diferentes (o incluso en discursos extremadamente vagos), impone la precaución de precisar previamente la historia de la elaboración de este concepto y de su contenido, antes de considerar la cuestión de su operatividad en las condiciones actuales de África.

1.1.- La primera formulación que emitimos de este concepto se remonta a 1957 y dice literalmente: "Mientras que en el modelo de la acumulación autocentrada las relaciones exteriores se someten a la lógica y a los imperativos de la acumulación interna, en el modelo de desarrollo extravertido, por el contrario, son las relaciones con el exterior las que determinan casi totalmente el ritmo y las características de la acumulación interna". Esta fórmula concisa sigue siendo nuestra definición de esta cuestión, pero merece una explicación.

1.2.- La oposición modelo autocentrado / modelo extravertido no se deducía de una teoría abstracta formulada a priori o de un deseo ideológico. Era la conclusión de un análisis histórico comparativo que, evidentemente, como cualquier interpretación de los hechos, se insertaba dentro del marco de una teoría (la de la acumulación a escala mundial).

Se tenían en cuenta tres familias de experiencias históricas: a) la del desarrollo de los países y regiones del capitalismo desarrollado (Europa,

Japón, América del Norte) considerado en su sentido histórico más amplio, desde la época mercantilista hasta nuestros días; b) la del desarrollo de las regiones del capitalismo subdesarrollado (Asia, África y América Latina), considerado en el mismo sentido amplio; c) la del desarrollo socialista contemporáneo (URSS, Europa del Este, China).

La teoría de la acumulación a escala mundial, explícita, considera que la historia del desarrollo (capitalista) desde sus orígenes (hacia el siglo XVI) y hasta nuestros días, no es la de desarrollos "nacionales" yuxtapuestos, con unos "rezagados" que repiten el camino de sus predecesores, sino la de un sistema mundial que se distribuye en centros motores y periferias arrastradas y dominadas, modeladas por los centros. La unidad (el sistema economía-mundo, "world economy" es lógicamente superior a las partes ("las economías locales"); no es la suma de las mismas. Esta teoría, elaborada progresivamente con un esfuerzo colectivo en el que reconocemos los nombres estrechamente asociados de Samir Amin, Giovanni Arighi, André Gunder Frank e Inmanuel Wallerstein, desarrolla cuatro conclusiones que recordaremos brevemente:

  1. La teoría se oponía a la concepción de las "etapas sucesivas" del crecimiento, tanto en su versión convencional (Rostow), como en una versión que toma del marxismo el lenguaje de sus conceptos (modos de producción sucesivos).

  2. Consideraba, por lo tanto, que el "subdesarrollo" lejos de ser un sinónimo de "retraso", es el producto del "desarrollo". El desarrollo de unos (los centros) y el subdesarrollo de otros (las periferias) son los productos concominantes del mismo desarrollo (la acumulación mundial).

  3. Reconocía, entre los "centros" y las "periferias", situaciones de "semiperiferia" que basculan en un momento dado, ya sea para acceder al estadio de "nuevos centros" o para caer en la situación de "periferias". Sin embargo, el espacio de indeterminación que permitía el paso del estadio de semiperiferia al de centro deja de existir a partir de finales del siglo XIX. El sistema mundial es ya de tal envergadura, que la mundialización del ordenamiento del proceso productivo por parte del capital de los monopolios de los centros (hoy en día, las multinacionales) ha dado un salto cualitativo, reduciendo este margen a la nada: no hubo ningún nuevo Japón desde el Japón (y los países de reciente industrialización actuales no son "japonés" en gestación) (1).

  4. Deducía de las conclusiones anteriores que el desarrollo del "Sur" (diferente del crecimiento dominado periférico), implicaba una "ruptura" con la lógica de la acumulación mundial y no podía, por lo tanto, inscribirse en la misma.

1.3.- La teoría que esbozamos, sin que tratemos aquí de demostrada, permitía volver a clasificar todos los aspectos principales del fenómeno del desarrollo histórico del mundo moderno.

En los centros, el desarrollo ha sido siempre autocentrado, desde el principio, pero nunca ha sido autárquico (sin relaciones con el exterior); todo lo contrario. Los centros que progresaron a ritmos más acelerados son aquellos que disfrutaron de un dominio más extenso o más profundo sobre periferias que sometieron a las exigencias de su acumulación autocentrada. En algunos periodos, un centro que se convirtió en hegemónico a escala mundial (Gran Bretaña, de 1763 a 1870, los Estados Unidos de 1944 a 1970), preconizó la ideología de la libertad económica, bajo formas adecuadas al sistema de la época: libertad de comercio para la pax británica y libertad de empresa para la pax americana. Los centros no hegemónicos no aceptaron nunca someterse a las consecuencias de esa ideología. Preconizaron (y sobre todo practicaron) diversas formas de proteccionismo (en el sentido amplio de la palabra), que necesitaban para evitar su periferización. En muchos casos consiguieron acelerar su desarrollo autocentrado e incluso cuestionar las hegemonías. Este proteccionismo (frente a los centros hegemónicos "liberales" o no hegemónicos "protegidos*", inscribieron, unos y otros, su acumulación autocentrada en una división internacional del trabajo modulada por ellos mismos.

Por el contrario, los países socialistas (en el sentido restrictivo: URSS, Europa oriental, China, Corea, Corea del Norte, Vieltnan ...) que son países "menos avanzados" (en distintos grados y con la excepción de Checoslovaquia y Alemania del Este), no solo adoptaron todos el principio de un desarrollo autocentrado (someter las relaciones externas a su acumulación interna), sino que pasaron prácticamente por una fase casi autárquica. Esta autarquía, no venia impuesta por el sistema mundial en vez de buscada por ellos mismos, durante dos décadas o más, sino también estaba aceptada y se extendía incluso a. los pequeños países de Europa del Este durante los años cincuenta y los planes stalinistas. El hecho de que la URSS, junto con la Europa del Este, intente reestructurar este sistema por medio del COMECON (y también incluir algunos recién llegados extraeuropeos), que se abra aún más a la división internacional del trabajo, que China intente también abrirse más a la división internacional del trabajo, no quiere decir en absoluto que estos países hayan renunciado al principio del desarrollo autocentrado.

El Tercer Mundo forma parte del sistema de la división internacional del trabajo capitalista en posición de periferia. No practicó nunca una estrategia autocentrada; todo lo más, en determinadas circunstancias, anunció el cuestionamiento de determinados aspectos de la estrategia periférica extravertida. También se benefició indirectamente en algunos casos del relajamiento del control del centro durante las guerras y las crisis; y es interesante destacar que suele se en estos periodos cuando se inicia un desarrollo autocentrado que en muchos casos se destruye en la fase ulterior. Incluso, durante la guerra de liberación, los maquis, obligados a la autarquía, llevaron las transformaciones hacia un desarrollo de base autocentrado más lejos que en ningún otro caso en el Tercer Mundo. Consignas como self reliance, "contar con las propias fuerzas", chuche, etc... que tienen evidentemente un sentido político (por el que confesamos todas nuestras simpatías) nacieron de un movimiento popular de liberación nacional. No fue por casualidad.

1.4.- Para intentar esquematizar la oposición modelo autocentrado/ modelo extravertido, propusimos un esquema con cuatro sectores (1. Producción de medios de producción; 2. Producción de bienes de consumo de masas; 3. Producción/consumo de lujo; 4. Exportaciones.). Definimos el modelo autocentrado como el que está determinado por la articulación de los sectores 1 y 2, y el extravertido como el que está determinado principalmente por la articulación de los sectores 4 y 3.

El esquema propuesto nos lleva a una conclusión principal. En el modelo autocentrado, las remuneraciones del trabajo (salarios y rentas de los agricultores) deben aumentar necesariamente al ritmo del progreso de la productividad. En el modelo extravertido, por el contrario, las remuneraciones del trabajo pueden estar desconectadas al crecimiento de la productividad (2).

Esta conclusión encuentra ahora su sentido político, que es el siguente:

  1. el desarrollo de un país del Tercer Mundo contemporáneo no puede venir del ajuste de su economía a las exigencias de la división internacional del trabajo, sino todo lo contrario, de la desconexión (delinking) de esta economía frente a la división internacional del trabajo (3);

  2. esta desconexión es una condición necesaria (pero no suficiente) para un desarrollo autocentrado que resulta imposible si no es popular (es decir, si los beneficios del aumento de la productividad no van inmediatamente a amplias masas);

  3. por el contrario, un crecimiento cuyos beneficios estén destinados principalmente a una minoría, no solo es posible sobre la base de un desarrollo a una minoría (aunque no es posible siempre y en todas las circunstancias) sino que incluso exige un desarrollo de este tipo, más eficaz para este objetivo que un modelo autocentrado.

Por lo tanto, en el Tercer Mundo existe una sinonimia entre desarrollo autocentrado y desarrollo nacional y popular.

1.5.- Esperamos que los razonamientos precedentes hayan puesto de manifiesto algunas ambigüedades del lenguaje.

No habría que banalizar el concepto de desarrollo autocentrado, nacional y popular (DANP), ni que asimilarlo a una serie de "medidas proteccionistas", más o menos serias, por otra parte, o simplemente a la autarquía .

Tampoco habría que confundirlo con el de "dependencia". Evidentemente, las economías periféricas son dependientes, en el sentido en que los ritmos y las estructuras de su crecimiento están gobernados por los de los centros (mientras que esto no resulta cierto en el caso inverso). (4)

Si bien se puede hablar de interdependencia, aunque sea desigual, entre los centros (poder hegemónico y otros, agricultores grandes y pequeños del centro...) no se puede hablar en el mismo sentido de interdependencia entre centros y periferias, sino de dependencia de las periferias. La diferencia entre ambos conceptos (periferia o modelo extravertido por una parte y dependencia por la otra) aparece cuando se consideran los casos de economías dependientes no periféricas: Canadá, por ejemplo, cuyo capital nacional no ocupa más que una posición subalterna y está dominado por el capital de los Estados Unidos, pero cuyo crecimiento de las rentas del trabajo es paralelo al de la productividad. Canadá es más una provincia de los Estados Unidos (y como no lo es, es un Estado dependiente, en cierta forma) que otra cosa. La dinámica de su acumulación (por articulación de los sectores 1 y 2) es similar a la de California o Alabama, no a la de Haití o Brasil.

Tampoco habrá que confundir "periferia" y "retraso" ("subdesarrollo", en su acepción más común). España experimentó un crecimiento durante las décadas de los cincuenta y los sesenta caracterizado por el crecimiento paralelo de las rentas del trabajo / productividad; Brasil, un crecimiento caracterizado por una desigualdad creciente en la distribución de la renta (descenso de los salarios reales y de las rentas agrícolas; aumento de las rentas de las clases medias que fue la causa principal del crecimiento de la demanda). Se puede deducir de ello que España era un centro rezagado y Brasil una periferia.

2.- Ahora es posible ver que las políticas aplicadas en África durante las décadas de lo sesenta y los setenta (¡y las que preconizan y siguen preconizando instancias como el Banco Mundial!) son básicamente extravertidas.

2.1.- No es posible pasar revista aquí a toda la variedad de experiencias de África. Tampoco es nuestra intención reducirlas todas a un modelo sencillo y único, sin matices. Sin olvidar los contrastes y las diferencias y dándoles incluso más importancia que a lo que constituye su denominador común, podríamos recordar que en este amplio continente ha habido regímenes sociales diferentes y numerosos sobresaltos políticos, encontrándonos al menos con cuatro grupos de experiencias:

Se podría volver a clasificar estas experiencias en función de un criterio político: a) afirmación de un objetivo de independencia nacional, y a veces (y con mucha frecuencia) de un objetivo "socialista" y de medidas afectivas acompañando a estas afirmaciones, al menos en el plano de la intervención del Estado (nacionalización, a veces reformas agrarias, sistemas de cooperativas, controles formales de las relaciones exteriores, etc...); estando relacionados (y no por casualidad) los discursos generales (sobre la situación mundial, etc...) y las alianzas internacionales evidentes; b) o afirmación de un objetivo de apariencia neutra de "desarrollo como prioridad", apelación a los capitales (principalmente occidentales) negativa a condenar los principios del capitalismo, de la iniciativa privada, de la estrategia mundial de las multinacionales y de los Estados occidentales, etc...

El lector que conozca, aunque sea superficialmente, África, cruzará estas dos tramas y pondrá nombres de países y de Jefes de Estado en cada uno de los subgrupos.

2.2.- Dentro del marco de esta clasificación formal, se distinguen fácilmente, continuando con un análisis tradicional de los "rendimientos económicos" (como hacen los informes del Banco Mundial, o todos los de las Administraciones o los centros de decisión del sistema, nacionales e internacionales, públicos y privados):

Esta cuestión, que en nuestra opinión es fundamental, no se suele tener en cuenta (¡El Banco Mundial no lo hace nunca!).

2.3.- Más allá de rendimientos económicos aparentes y a corto plazo, si integramos el factor político, reconoceremos necesariamente dos familias de experiencias en África:

Esta segunda familia de experiencias, la única interesante desde el punto de vista de la alternativa autocentrada si bien merece el calificativo de "nacional" (por realidad o por intenciones) es bastante poco "popular". La industrialización nacional que se persigue no tiene como objetivo prioritario la mejora del nivel de vida de las masas más empobrecidas (y centrarse, por lo tanto, en su demanda real, no ("solvente"), sino articularse sobre la demanda en expansión de las clases medias. El "retraso" de la agricultura no es una casualidad, y que la demanda de alimentos básicos interesa más a las masas pobres que a estas clases. Se profiere la agricultura de variedades ricas (frutas y verduras, carne para los privilegiados) a los productos básicos (cereales): Egipto es un buen ejemplo, espoleado en esta dirección por los capitales árabes e internacionales (con las bendiciones del Banco Mundial). El modelo de consumo de las clases medias, que es el modelo occidental, absorbe todos los recursos "escasos": capitales (locales y extranjeros) y mano de obra cualificada. Nuestra estimación del uso de esta última en el mundo árabe nos lleva a la conclusión de que las tres cuartas partes de este bien escaso (es decir, el stock de trabajadores que ha pasado por una educación secundaria, técnica o superior), estaban destinadas, directa o indirectamente, a la producción destinada a satisfacer el exceso de consumo de los privilegiados.

Por supuesto, el sistema productivo que corresponde a esta opción implica una dependencia tecnológica total. La teoría de que habría que aumentar el tamaño del pastel antes de repartirlo (sentido común aparente) es absurda. No se construyen autopistas (para facilitar la circulación de los que tienen automóviles) para repartirlas mañana, por metros, a los mendigos. La distribución condiciona la naturaleza del pastel, más aún que su tamaño.

Si estas experiencias siguen siendo extravertidas (las primeras, sin lugar a dudas, las segundas, después de un análisis profundo de su contenido) es porque no son populares, en el sentido que damos aquí a esta palabra ("desarrollo, ¿para quién?").

Este último rasgo, que es común a unos y a otros, se expresa a través del respeto al sacramento principio de la "rentabilidad". Si se considera este criterio como decisivo (incluso con matizaciones esporádicas), si está basado (como es el caso) en el sistema de precios mundiales (que refleja la división internacional del trabajo, el reparto de los mercados entre los monopolios, etc ...), este criterio solo puede llevar a una opción de estrategia extravertida. Ni el discurso político, ni las alianzas diplomáticas modifican el sentido de esta opción.

3.- La elección alternativa de un desarrollo autocentrado, nacional y popular, no solo es posible en África como en cualquier otro sitio, en el sentido de que no existen obstáculos "técnicos" absolutos que lo hagan imposible (el obstáculo es siempre social), sino que es objetivamente necesario, en el sentido de que persistir en el rechazo de esta opción es encerrarse en un callejón sin salida.

3.1.- La estrategia autocentrada nacional y popular descansa en primer lugar en el principio de una distribución de la renta lo más igualatoria posible, principalmente entre el campo y la ciudad, entre los sectores modernos, de mayor productividad, y los sectores retrasados. El excedente de la producción sobre las rentas del trabajo igualadas de este modo constituyen un remanente que, si es nacional y se retine para su acumulación, permite garantizar un marcado crecimiento y una progresión paralela y regular del consumo popular. La estructura de la demanda que se crea de este modo, hace aparecer como prioritarias las necesidades de base y orienta al sistema productivo hacia la satisfacción de estas.

Para ilustrar este principio, supongamos una situación de partida (año 0), caracterizada por el predominio de la población rural (80%) y su inferioridad en términos de productividad (la producción de la agricultura solo representa el 60% del PIB). Si todas las rentas distribuidas fueran iguales a las rentas rurales medias (es decir,60/80 = 0,75), el excedente del PIB sobre las rentas del trabajo definidas de este modo (60 para las zonas urales, 15 para las urbanas) permitiría, si no se exporta y se desperdicia con el consumo de los pudientes, una acumulación notable (25% del PEIB) que garantizaría, por ejemplo, un crecimiento del orden del 7% anual (duplicación en diez años). Al finalizar la década, dado que el PIB se habría duplicado y la población habría aumentado, por ejemplo, en un 25% (2% de crecimiento anual), la productividad nacional media (producción per cápita) habría aumentado en un 60% (200/125), habiendo pasado la población urbana del 20 al 30% de la población total.

Admitamos el principio de un desarrollo autocentrado nacional y popular: a lo largo de la década, la planificación de los precios y de las rentas garantizará un crecimiento igual de las rentas de todos paralelo al de la productividad. Si, por ejemplo, la productividad rural aumentase en un 40% (menos que la del conjunto de la economía), la renta per capitá en las ciudades y en el campo aumentaría también en un 40% (pasando del 0,75 al 1,05). El excedente destinado a la acumulación aumentaría también en gran medida (del 25 al 35% del PIB). (5).

El sencillo esquema que presentamos a continuación ilustra este modelo de crecimiento autocentrado, nacional y popular.

La paradoja aparente (la producción media per capitá aumenta más deprisa para la economía nacional que para cada uno de sus componentes, rural y urbano) se explica fácilmente: la productividad absoluta de las ciudades es muy superior a la del campo y la proporción urbana aumenta de un 20 a un 30% de la fuerza de trabajo global.

Hay que saber que un esquema de crecimiento de este tipo no puede derivarse del funcionamiento de las leyes de mercado sobre la base del sistema de precios del sistema mundial. La decisión de regular la remuneración del trabajo sobre una base igualitaria determinada por la productividad rural media (igualdad de la "reación" de cereales en la ciudad y en el campo, escala de salarios urbanos reducida y no calcada sobre la de Occidente ...), la de nacionalizar el excedente, de ocuparse de su centralización y redistribución a escala nacional, son decisiones políticas que implican separar el sistema de las opciones económicas del que se derivaría del "análisis de proyectos" y de la "rentabilidad", principios sacrosantos (para el Banco Mundial, entre otros).

3.2.- Sin entrar en una descripción ilusoria de los detalles concretos de las medidas que hay que adoptar para aplicar un esquema de desarrollo de este tipo, se puede decir:

3.3.- Los obstáculos para aplicar estos principios son evidentes. ¿Son inexpugnables? ¿Cuál es la naturaleza de los obstáculos más serios?.

El obstáculo del tamaño de los países africanos es evidente. Sin embargo, opera sobre todo en lo referente a la industria y no tanto a la agricultura. Muchos de los problemas inmediatos de la agricultura se pueden resolver mediante la acción directa en la base y de la base. Sin duda, la solución de estos problemas exige algunos medios materiales que habrá que importar cuando no los pueda suministrar la industria local. El obstáculo no es tanto la imposibilidad de suministrar estos medios como el marco social que impone la estrategia global. Si la función de la agricultura es suministrar un excedente para, en el mejor de los casos, una industrialización que no le concierne o, en el peor, un consumo parasitario, es inútil contar con la movilización de las energías rurales, porque de hecho se trata de quebrar la autarquía de los campesinos, no para mejorar su suerte, sino para explotarlos. Los métodos aplicados se resienten de esta opción: se prefieren grandes presas y perímetros de colonos organizados, implantaciones agrícolas de multinacionales y revolución verde asociada a la pequeña y gran propiedad modernizada (expulsando a los campesinos pobres de sus tierras), granjas estatales y cooperativas que imponen a los agricultores los productos y las técnicas que permitan obtener un excedente en aumento. Estos métodos vienen muy bien a la agroindustria proveedora de insumos, pero son extremadamente costosos y de una dudosa eficacia, a causa de la propia resistencia del campesinado. Un progreso difuso, basado en millares de pequeñas mejoras (control del agua en pequeñas superficies, asociación agricultura/ganadería intensiva, etc.) exige un marco social completamente diferente y una estrategia global que no trate de obtener un excedente cada vez mayor de los campesinos. El obstáculo de tamaño opera muy poco en este estadio. Podemos ver como algunos de los grandes países de África, donde no existe este obstáculo, no se las arreglan mejor que los otros.

Este obstáculo no debería impedir que se inicie una industrialización autocentrada, al menos en países de más de cinco millones de habitantes. Sin duda, no podría ser "completa" en estos países y no evitaría una dependencia relativa de las importaciones importante. Además, este obstáculo se podría reducir con una cooperación interafricana, basada en la aplicación de complementariedades planificadas. Sin embargo, esta cooperación, a su vez, no sería compatible con las fórmulas de "mercados comunes" que acentuarían la desigualdades en lugar de reabsorberlas.

El obstáculo real es el social: el desarrollo autocentrado sacrifica el crecimiento privilegiado de las clases medias. Además es internacional, en el sentido de que el sistema de los intereses de las multinacionales y de los Estados desarrollados, preocupados ante todo por la seguridad de su aprovisionamiento en materias primas, se opone a la opción autocentrada. ¿No es sintomático que los esfuerzos del FMI tengan por objeto participar en la desestabilización de las experiencias que puedan iniciar este tipo de desarrollo? ¿No es sintomático que las condiciones que impone este organismo sacrifiquen siempre sistemáticamente los intereses populares (bloqueo de los salarios, liberalización de los precios, ahorro en gastos sociales...), en detrimento del discurso sobre las necesidades básicas?. Esta política, acentuando la desigualdad social, refuerza la falta de salidas de la estrategia extravertida.

El obstáculo exterior podría debilitarse, sin duda, si se escuchara la demanda del Tercer Mundo de un Nuevo Orden Económico Internacional. El Nuevo Orden Económico Internacional no es una estrategia autocentrada, sino, básicamente, una revisión de la división internacional del trabajo en un sentido favorable al Sur. No obstante, esta mejora de los medios que pueda tener el Sur a su disposición podría ponerse al servicio de un desarrollo autocentrado que se hará menos difícil. Podría ponerse también al servicio de un proyecto nacional no popular, aunque sea también un callejón sin salida, con la condición de que no se confunda el Nuevo Orden Económico Internacional, en el sentido que le dan los 77, con el proyecto de nuevo despliegue de las multinacionales. Ya hemos expresado en otro lugar nuestra opinión sobre estas cuestiones y allí remitimos al lector. Sin embargo, el Norte ha rechazado el Nuevo Orden Económico Internacional ¡y con razón !

3.4.- Finalmente, vemos que el desarrollo autocentrado es sinónimo de desconexión (&delinking), que ocupará un largo periodo histórico (al menos varias décadas). A su término, y solo entonces, en un mundo modificado por el refuerzo de las naciones y de los pueblos del Sur se podrá volver a hablar de "reconexión" ("relinling"), reconociendo las ventajas de la división internacional del trabajo. No antes.



* Samir Amin es uno de los principales renovadores de las teorías de desarrollo desde la perspectiva de los países dependientes. Profesor en universidades africanas, francesas y norteamericanas.

Traducción de Alicia Martorell

(1) Evidentemente, esta opinión está muy discutida. Sería muy largo explicar aquí las razones por las que no creemos que en este momento sea posible, a partir de un crecimiento ampliamente extravertido, por la importancia masiva de los capitales y de las tecnologías que imponen una participación activa en la división internacional del trabajo, crear un desarrollo nacional, es decir, de situarse en la división internacional del trabajo a alturas dominantes.

(2) El esquema (ver "The Law of value and historical materialism (part V). The end of a debate", Monthly Press, 1978) relaciona la demanda (y las rentas que la condicionan) con el progeso de la productividad del trabajo. En un sistema cerrado, esta relación impone un aumento de las rentas del trabajo, sin el que la crisis por insuficiencia de la demanda bloquea el crecimiento. En un sistema abierto, esta relación puede desaparecer para reaparecer a nivel global del conjunto de los países interrelacionados en la división internacional del trabajo. Es precisamente lo que caracteriza el sistema mundial actual: la demanda popular insuficiente en la periferia no bloquea el sistema porque está compensada por la demanda local de los privilegiados y la de los países dominantes que se benefician de la transferencia de valor asociada al intercambio desigual, consecuencia de la división internacional del trabajo desigual. Para nosotros, es precisamente la definición que separa cualitativamente los países del centro de los de la periferia.

(3) Ver para un tratamiento más extenso del tema, Samir Amin, La desconexión. Hacia un sistema mundial pol¿céntnco, IEPALA Editorial, Madrid, 1989.

(4) ¿Se puede hacer una excepción con las economías petrolíferas'?. Es evidente que si se toma la palabra "dependencia-- en la acepción que le da el lenguaje corriente, las economías del Norte

dependen ' de la energía importada como dependen" también en gran medida de otras materias primas vitales para su desarrollo, procedentes del Tercer Mundo. Pero ese no es el pro

blema. Se sitúa en la naturaleza de la división internacional del trabajo que organiza el sistema. Los países exportadores de petróleo no ocupan los lugares predominantes en esta división internacional del trabajo.

(5) Este esquema demuestra que es posible un excedente suficiente para financiar el desarrollo. incluso en un país "pobre", lo que demuestra, por otra parte, la experiencia de China. Evidentemente, hay otros aspectos del problema, ligados al tamaño del país, a su dotación de recursos naturales potenciales, etc.. . que no consideramos aquí. El argumento a favor de la "apertura" se basa en tres consideraciones: (I) la necesidad de apelar masivamente a los capitales exteriores y a la tecnología importada; (11) la ventaja comparativa de la especialización; (lil) la cuestión del tamaño (recursos naturales, mercados, etc...)

El primer argumento obvia el precio que hay que pagar por todas esas importaciones de capitales y de tecnología y fomenta la indolencia. El segundo argumento está basado precisamente en una tesis de las ventajas comparativas que ignora el concepto de división internacional del trabajo desigual y, por lo tanto, las transferencias de valor inherentes al sistema de los precios mundiales. El tercer argumento es el único que tiene una parte de verdad.