Hizo falta más de un
año de negociaciones entre la Comunidad Europea, sus Estados
miembros y 68 Estados de África, el Caribe y el Pacífico
(ACP) para llegar a la firma de la nueva Convención, el
15 de diciembre de 1989. Ciertas dificultades que surgieron eran
bastante parecidas a aquellas con las que se tropezó durante
las negociaciones de las Convenciones precedentes. Sin embargo,
el contexto internacional y las aspiraciones de las dos partes
eran bastante diferentes de las que habían inspirado la
creación de la primera Convención de Lomé
en 1975. El compromiso de la Comunidad Europea de conceder una
asistencia económica a los ACP estaba entonces teñido
por el temor-habida cuenta de la crisis del petróleo-de
verse enfrentada con problemas de abastecimiento en productos
básicos.
La sombría realidad
de las economías ACP
En el momento de la apertura de las negociaciones,
en octubre de 1988, el presidente de los ACP subrayaba que numerosos
Estados ACP afrontaban problemas que nunca habían sido
tan graves desde que la Convención existe. Desde la firma
de Lomé III, la deuda ACP, estimada en alrededor de 130.000
millones de dólares estadounidenses, se ha convertido en
un importante obstáculo para el crecimiento económico.
Los ACP achacan la causa de ello a la caída de los precios
de los productos básicos a su nivel más bajo desde
hace cincuenta años, dado que el Grupo ACP, en su conjunto,
de pende de los productos básicos (con exclusión
del petróleo) en un 90 por ciento de sus ingresos de exportación.
La participación de los ACP en las importaciones
de la CE no ha aumentado desde la primera Convención, en
la que el comercio era la pieza maestra. Enfrentados con una competencia
más enconada de los demás países en desarrollo,
los ACP declararon que carecían de capitales para diversificar
su estructura de producción, dado el aumento de las salidas
de capitales privados y de las transferencias netas a las instituciones
financieras multilaterales.
Numerosas economías ACP del África
subsahariana experimentaron un crecimiento negativo en el transcurso
de la década de los 80. El rápido crecimiento demográfico,
junto a los problemas de seguridad alimentaria a largo plazo así
como a la situación del medio ambiente, más inquietante
que nunca, han ejercido una presión creciente sobre las
economías nacionales.
Para hacer frente a estos problemas económicos
de orden interno y externo, muchos Estados ACP emprendieron programas
de reestructuración macroeconómica que muchas veces
agravaron las dificultades ya dramáticas de sus poblaciones
pobres.
Además, los ACP están preocupados con
respecto al marco económico que surgirá de las actuales
negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda Uruguay así
como del Mercado Único europeo, cambios sobre los cuales
prácticamente no tienen influencia.
División en el seno de los Estados miembros
de la CE
Aunque esta sombría realidad de una crisis
de desarrollo de las economías debería haber constituido
un serio reto para la Comunidad, los Doce colocaron en segundo
plano la renegociación de la Convención de Lomé.
En efecto, la reestructuración económica de la CE
y los cambios ocurridos en los mercados internacionales redujeron
considerablemente la dependencia de los Estados miembros con respecto
a las materias primas ACP. Estos se dedicaron más a allanar
sus dificultades internas para llegar al Mercado Único
en 1992 y a defender los intereses de los Doce en las negociaciones
del GATT. Hacia el final de las negociaciones de Lomé,
todas las miradas estaban clava das en Europa Oriental. La Comunidad
también sufría presiones internas y externas para
que ayudara más a otros países en desarrollo, por
ejemplo, en América Latina.
Pero el factor más importante es que los Estados
miembros ya no consideraban a la Convención como un
instrumento innovador ("de vanguardia"), capaz de
contribuir a resolver ciertos problemas ACP. La mayoría
de los Estados miembros eran más partidarios de una ayuda
bilateral que de una mayor cooperación a nivel europeo,
parcialmente a causa de los decepcionantes resultados de las tres
Convenciones de Lomé precedentes. Por razones de interés
individual e ideológicas, ciertos Estados miembros tenían
sentimientos por lo menos moderados en contra de Lomé.
El Reino Unido, y en menor medida los Países Bajos
y la RFA, estaban atentos a no conceder fondos suplementarios
a Lomé, insistiendo en el interés de aumentar los
ingresos provenientes del comercio más bien que la ayuda
financiera. Preferían facilitar el acceso de los ACP a
los mercados de la CE y mejorar radicalmente su competitividad
en los mercados mundiales. Por otra parte, países como
Italia y Francia querían proteger su mercado y conservar
el prestigio político y el provecho económico que
sacan de los proyectos y programas de ayuda. Como si estas profundas
divergencias sobre la cooperación al desarrollo no fueran
suficientes, ciertos Estados miembros sostenían que
otras instituciones y recintos internacionales eran más
eficaces en la ayuda a los países en desarrollo.
En consecuencia, una vez más, la Comunidad
manifestaba claramente al comienzo su anhelo por una "continuidad"
y "mayor eficacia" y su preferencia por renegociar los
textos lo menos posible. Ciertas modificaciones que la
Comunidad quería introducir en la Convención para
hacer frente a la actual situación de los ACP estaban influidas
por temas al orden del día del Fondo Monetario Internacional
(FMI), del Banco Mundial y del GATT.
El enfoque defensivo adoptado por el Grupo ACP
Hallar una posición común a los
66 Estados ACP [originales]
ha resultado ser una apuesta más difícil todavía
que en la negociaciones anteriores. La Convención es
lo único que mantiene juntos a este grupo de gobiernos
de tres regiones bastante diferentes. Los Estados ACP preconizaban
enfoques diferentes para hacer frente a la crisis del desarrollo,
de la que cada uno tenía su propia experiencia. Además,
la capacidad de la Convención de perseguir sus objetivos
estaba cada vez más puesta en tela de juicio. Nada de eso
favorecía la presentación de un frente unido. Se
reveló que las negociaciones tenían más bien
como objetivo conseguir más fondos y concesiones comerciales
de la Comunidad, sin dejar de tratar de satisfacer los intereses
de cada Estado ACP.
Los ACP declararon que tratarían de formar
una nueva Convención que ayudara a los ACP a invertir la
difícil situación con la que se enfrentan así
como su actual posición de abastecedores de materias primas.
Sin embargo no lograron poner a punto una estrategia de negociación
coherente para conseguir una ayuda de la CE radicalmente diferente.
Fuera de solicitar algunos instrumentos nuevos, por ejemplo, para
la transformación y la distribución de sus productos
básicos, presentaron una serie de peticiones para mejorar
o ampliar la mayor parte de los mecanismos existentes. Reconociendo
implícitamente que su situación económica
limitaba su poder de negociación, los ACP adoptaron muchas
veces una posición maximalista sobre los diferentes temas
para tratar de conseguir algunas concesiones de la CE.
Todas las negociaciones oficiales entre las Comunidad
Europea y los ACP estaban precedidas por indagaciones preparatorias,
consultas of iciosas y presiones ejercidas por diferentes grupos
de intereses. Por parte de la CE, las propuestas de la Comisión
tenían que ser aprobadas primero por el Consejo, y por
unanimidad ("bilateralismo colectivo"). Las largas
discusiones y los procedimientos dilatorios utilizados por los
doce Estados miembros retardaron muchas veces las negociaciones,
mostrando cuán poco dispuestos estaban a veces algunos
de ellos a hacer concesiones importantes sobre numerosas cuestiones
capitales.
La opinión pública y los medios de
comunicación ejercieron, de hecho, muy poca presión
sobre los Estados miembros. Las elecciones al Parlamento Europeo
(en junio de 1989) desviaron la atención de los parlamentarios
del Comité de desarrollo y de cooperación, como
era de esperar.
Por parte ACP, las
negociaciones fueron llevadas a cabo sobre todo por los embajadores
en Bruselas, con la asistencia del Secretariado ACP. Aunque los
trabajos preparatorios comenzaron demasiado tarde y no disponían
de un apoyo logístico y analítico comparable al
ejército de expertos de la Comisión Europea, los
ACP insistieron en negociar todas las partes de Lomé III
(294 artículos, 8 protocolos y 54 anexos). Esto los colocó
a menudo en una situación en que sólo podían
reaccionar a las iniciativas de la CE durante las negociaciones.
Como cada uno de los ocho grupos de negociación tenía
un portavoz ACP diferente se planteó un problema de coordinación
entre los diferentes campos, tales como los intercambios comerciales,
los productos básicos, la cooperación comercial
y la cooperación financiera y técnica. La mayoría
de los embajadores/portavoces tenían poca credibilidad,
porque no tenían la competencia técnica necesaria
o no eran representativos. Los negociadores de la Comisión,
frecuentemente más experimentados, consideraban a sus homólogos
ACP como socios más débiles.
Este desequilibrio de la
relación de fuerzas y de estrategias de negociación
también estaba claro en las negociaciones entre los
ministros ACP y CE cuando éstos se reunían para
allanar los obstáculos políticos.
Las posiciones ACP y CE más
firmes lo eran sobre las cuestiones relativas al comercio, a losproductos básicos, a la deuda y al presupuesto financiero.
Sólo al final de las negociaciones pudo llegarse a una
especie de compromiso sobre estas cuestiones, cuando los ACP redujeron
considerablemente sus demandas. A veces fueron necesarias largas
sesiones nocturnas, durante las cuales los ministros de los Doce
regateaban sus intereses nacionales.
Comercio: las migajas concedidas
por los ministros de la CE
El resultado final de las
concesiones sobre las importaciones agrícolas ACP limitadas
por la Política Agrícola Común de la CE consiste
esencialmente en:
1) un ligero aumento de las
cantidades elegibles y una ligera reducción de las tasas
o de los derechos de aduana para los productos que ya gozaban
de un régimen preferente;
2) el añadido de unos 40 productos agrícolas,
cuyas importaciones todavía estaban limitadas, en conjunto,
a nivel del programa de comercialización y de las cantidades
que son favorecidas por el acceso preferente.
Los ministros de la CE consideraban que su oferta
era excepcional habida cuenta del elevado nivel de proteccionismo
practicado por ciertos gobiernos. Pero, en comparación
con el consumo total europeo, es muy mezquina. Está muy
por debajo de lo que los ACP reivindicaban (por ejemplo, éstos
no han conseguido más que un aumento de 3.000 toneladas
para el arroz descascarillado en vez de las 30.000 toneladas solicitadas)
y a veces no tiene ningún interés para ellos (como
el queso y la porción de cuajada). No concede a los ACP
un régimen comercial preferente, global y transparente,
para sus productos agrícolas, que permitiría a numerosos
exportadores ACP invertir en importantes unidades de producción
y de distribución o remplazar los productos caros, subvencionados
por la CE, por productos ACP competitivos. Algo igualmente importante:
no se ha previsto ninguna disposición para parar el dumping
de la CE en los mercados ACP cuando tiene un efecto desalentador
y destructor sobre la producción local.
Los compromisos sobre la crítica cuestión
de las normas de origen no satisficieron en absoluto las demandas
ACP (ver Lomé Briefing, núm. 11). El valor añadido
requerido para que un producto ACP pueda gozar de libre acceso
sigue siendo elevado y sigue estando sometido a un complejo conjunto
de reglas y de listas. La posibilidad, hoy, de solicitar una derogación
que limite el valor añadido al 45 por ciento permite flexibilizar
la mayor parte de las normas de origen, principalmente porque
la CE tiene que dar una respuesta en el plazo de 60 días
laborables o "la solicitud se la considera como aceptada".
¡Esta nueva medida debiera permitir a los ACP llevar la capacidad
administrativa de la CE más allá de sus límites
presentando demasiadas solicitudes al mismo tiempo!
En resumidas cuentas, el régimen comercial
concedido todavía permite a la CE adoptar medidas contra
las importaciones ACP que acarrearan graves perturbaciones en
un sector de actividad económica de la CE. Sin embargo,
la CE se comprometió aún más, en Lomé
IV, a recurrir menos a estas medidas con fines proteccionistas.
Hay que señalar una importante mejora en el
nuevo Protocolo relativo al ron. En efecto, éste prevé
un aumento de las cantidades que pueden ser importadas con franquicia
de derechos arancelarios así como la supresión de
este cupo arancelario a partir de 1996.
La solicitud de compensación de los ACP para
las preferencias comerciales que fueron o aun a ser disminuidas
fue constantemente rechazada. En el actual ambiente de liberalización
comercial, la CE está cada menos dispuesta a comprometerse
a conceder una posición preferente a los ACP. Lo que queda
bien ilustrado en la oferta referente a los productos tropicales
-de los que ciertos Estados ACP dependen fuertemente-que hizo
la CE a todos los países en desarrollo durante la Ronda
Uruguay. La CE no hizo nada más que prometer ayudar
a los ACP a conquistar los mercados terceros, sin precisar cómo.
En cuanto a los problemas que se derivarán de la supresión
del acceso preferente de los plátanos ACP a ciertos mercados
nacionales de la CE después de 1992 (ver Lomé
Briefing, núm. 11), la única ganancia de las
negociaciones es que los abastecedores tradicionales ACP serán
consultados "con objeto de proteger todos los intereses legítimos
de las partes" (Anexo I=V). En Lomé lll (Art. 9, 134,
135), las garantías ofrecidas en materia de información
y de consultas se revelaron totalmente insuficientes.
Ninguna esperanza nueva para los productos básicos
ACP
La Comunidad rechazó categóricamente
la solicitud de un programa especial de acción con vistas
a reorganizar y racionalizar la transformación, la comercialización,
la distribución y el transporte (TCDI) de los productos
básicos ACP, así como su financiamiento, con arreglos
temporales especiales ACP/CEE sobre los productos básicos
y mecanismos de apoyo a las inversiones. En este campo, uno
halla sólo principios generales en el capítulo
sobre la cooperación en materia de productos básicos.
Esto significa que un Estado ACP puede solicitar un apoyo
para un programa de TCDT centrado en la diversificación,
la consideración de las señales del mercado, la
formación, el desarrollo de estrategias internacionales
y regionales, el fomento de las inversiones y la mejora de las
infraestructuras. El capítulo sobre el desarrollo industrial,
la fabricación y la transformación también
llama la atención sobre las industrias que transforman
materias primas destinadas a la exportación, sin dejar
de poner de relieve el vínculo que hay que establecer entre
el proceso de industrialización, la agricultura local y
el desarrollo rural. La mejora de la promoción y de
la comercialización de los productos ACP es dejada
al cuidado de una unidad especial, que será puesta en pie
"a corto plazo", según la declaración
conjunta que figura en Lomé IV. Por lo que se refiere al
transporte, las propuestas concretas de los ACP para aumentar
su participación en los transportes marítimos fueron
bloqueadas por poderosos grupos de intereses dentro de ciertos
Estados de la Comunidad. Sólo pudo llegarse a un compromiso
después de negociaciones, concediendo la misma protección
al sector de los transportes marítimos de la CE que en
Lomé III.
Aunque la Comunidad y los Estados miembros podían,
si lo deseaban, contribuir a mejorar el funcionamiento y la
transparencia de los mercados internacionales de productos básicos,
la nueva Convención se limita a consultas y cambios
de impresiones, especialmente en lo que concierne a los acuerdos
internacionales.
El mecanismo para ayudar a estabilizar los ingresos
de exportación de los productos básicos agrícolas-el
STABEX-fue modificado. Los "recursos transferidos" ya
no tendrán que ser reembolsados y la Comunidad tendrá
más control sobre la utilización de los recursos,
que serán especialmente orientados hacia la diversificación.
Los nuevos productos acabados no serán, sin embargo, cubiertos
por el STABEX. Sólo se añadieron tres productos,
entre ellos ... la cáscara de cacao. La mayor parte de
los otros cambios se refieren a dos problemas capitales del sistema:
la carencia de recursos y el método de cálculo.
El objetivo fundamental de las nuevas reglas es dar menos a más
países. El aumento de los subsidios a 1.500 millones de
ECU apenas amortizará los efectos del derrumbe de los Acuerdos
internacionales sobre el café y el cacao.
Medidas insignificantes sobre la deuda y las inversiones
La nueva sección sobre la deuda sólo
prevé algunas medidas. Su objetivo es evitar una
agravación de la deuda ACP en el transcurso de la nueva
Convención (ver STABEX, SYSMIN) y conceder una asistencia
técnica para administrar mejor la deuda y los capitales.
Al comienzo. la CE rechazaba cualquier inclusión
de la cuestión de la deuda en la nueva Convención.
La Comunidad alegaba que no tenía ninguna competencia para
tratar la cuestión de la deuda, ignorando el hecho de que
la Convención es firmada tanto por cada Estado miembro,
individualmente, como por la Comunidad. La mayor parte de la deuda
ACP es con gobiernos de la CE y con bancos privados de la Comunidad.
Sin embargo, Lomé IV no contiene ningún compromiso
de los europeos de llevar a cabo una acción concertada
en los recintos internacionales o de crear un marco global para
la concertación de acuerdos bilaterales que podrían
ayudar a los ACP a restablecer su capacidad de pago del servicio
de la deuda. Incluso la escasa deuda con la Comunidad no fue anulada.
Lomé IV introduce nuevas medidas sobre
la promoción, la protección, el financiamiento y
el apoyo a las inversiones nacionales y europeas. Los ACP
están muy deseosos de captar nuevas inversiones privadas
extranjeras, que consideran como un medio de afrontar su problema
de la deuda y de financiar la TCDT. La CE no ha satisfecho todas
las solicitudes de los ACP, por ejemplo, sobre la creación
de un sistema de garantía para las inversiones extranjeras,
y ha destacado más el desarrollo de las empresas-sobre
todo, de las pequeñas y medianas empresas-así como
la creación de un ambiente de inversión seguro y
favorable.
Es poco probable que las nuevas medidas inviertan
eficazmente la tendencia a la fuga de capitales y a la desinversión,
habida cuenta del actual ambiente de inversión internacional
y de la concentración de la atención mundial en
Europa oriental. Además, a causa de su propia situación
económica, los gobiernos ACP no son suficientemente fuertes
como para adueñarse de los beneficios procedentes de las
inversiones privadas extranjeras. Esta situación tampoco
permite hacer comercialmente rentables sus necesidades de desarrollo
más acuciantes.
Los fondos para el séptimo FED: una gran
decepción para los ACP
Para los cinco primeros años de Lomé IV, el séptimo Fondo Europeo de Desarrollo (FED) asignará 10.800 millones de ECU en ayuda programable no programable (de los cuales 825 millones para los capitales de riesgo) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI), 1.200 millones de ECU en préstamos (ver Cuadro).
| Lomé III Lomé IV | ||||
|
| |||
| Ayuda
Capitales de riesgo STABEX SYSMIN Apoyo al ajuste estructural (AAE) Préstamos en condiciones especiales TOTAL FED BEI RECURSOS TOTALES |
|
|
|
|
(1)1 ECU = aproximadamente 0,7 libras esterlinas o 6,9 francos
franceses (febrero de 1990).
(2) Una parte de lo cual puede ser utilizada para el AAE.
La CE recalca que esto corresponde a un aumento nominal del 46
por ciento del FED. En valor real por habitante, el presupuesto
financiero global de 12.000 millones de ECU es casi el mismo que
para Lomé lll. Esto se debe principalmente a los franceses,
que detentaban la Presidencia de la CE y que estaban decididos
a pulir su imagen a los ojos del Tercer Mundo: intentaron, sin
descanso, persuadir a los países más recalcitrantes
(Reino Unido, Países Bajos, República Federal de
Alemania). Los ACP fueron defraudados, porque ellos consideraban
15.500 millones de ECU como un mínimo, habida cuenta de
los nuevos campos de cooperación (ver más adelante),
de la pérdida de su poder adquisitivo en los cinco últimos
años, del empeoramiento de la situación económica
de varios Estados ACP clasificados como países de renta
intermedia en Lomé lll (¡Nigeria!) y del aumento de
la población ACP.
La oferta financiera de Lomé IV ignoró los llamamientos
de instituciones internacionales en favor de un aumento de las
transferencias financieras netas al África subsahariana
cuando las perspectivas de un aumento de la ayuda al desarrollo,
nacional o multilateral, no son alentadoras. Está claro
que los 4,4 ECU anuales por habitante no permiten a la Convención
estimular significativamente las economías ACP.
Por primera vez, la duración de la
Convención de Lomé es de diez años. El séptimo
FED financiará los cinco primeros años y el texto
puede ser modificado antes de que el próximo protocolo
financiero sea firmado. El Grupo ACP tiene dos miembros nuevos
Haití y la República Dominicana. Namibia puede
convertirse en miembro automáticamente, si lo desea, cuando
sea totalmente independiente.
Fuera de algunas referencias a la cuestión
de la deuda (ver más arriba), en Lomé IV
hay algunos campos nuevos de cooperación. Son reveladores
de la opinión que mantienen la mayoría de los donadores
oficiales desde fines de la década de los 80. Confirman
las tendencias que los gobiernos beneficiarios seguirán
afrontando a comienzos de la década de los 90.
Apoyo al ajuste estructural: un nuevo mecanismo
socorro
Un fondo distinto y una parte de los recursos destinados
al Programa Indicativo Nacional (PIN) podrán ser utilizados
para ayudar a los países que emprenden programas de ajuste
estructural (ver Lomé Briefing, núm. 9).
Este apoyo cobrará la forma de programas de desembolso
rápido para pagar las importaciones, o de una asistencia
técnica. Las importaciones tienen que estar encaminadas
a dar un apoyo en divisas a un sector particular (programas sectoriales
de importación) o en general (para el carburante, por ejemplo).
Los fondos de contrapartida pueden servir para responder a ciertas
necesidades sociales inmediatas resultantes de las reformas macroeconómicas.
Se abonó un total de 1.150 millones de
ECU al fondo distinto para el Apoyo al Ajuste Estructural
(AAE). Difícilmente puede ser considerado como un monto
suplementario al presupuesto global en términos reales,
como lo solicitaban los ACP. La Comisión y el Parlamento
europeos eran del parecer que se necesitaban 12.800 millones de
ECU para que la ayuda programable y no programable de la nueva
Convención (excluidos los fondos del BEI) fuera eficaz.
Ese monto incluía los 2.000 millones de ECU para el AAE,
lo que corresponde exactamente a la diferencia en la oferta final
de los Estados miembros (10.800 millones de ECU).
Dado que los fondos disponibles son limitados, la
Comisión ya admitió que, en la práctica,
sólo de 30 a 35 Estados ACP podrán beneficiarse
con el fondo AAE. Los alrededor de 34 Estados ACP que han
emprendido un Programa de Ajuste Estructural (PAE) con el apoyo
financiero o la aprobación de las instituciones de Bretton
Woods (IBW) tendrán prioritariamente derecho a ello porque
Use considera que han satisfecho automáticamente las condiciones
requeridas para la obtención de una ayuda para el ajuste"
(Art. 246). Esto es contrario al artículo 244, que
estipula que el apoyo al ajuste estructural descansa en los siguientes
principios: un análisis que incumbe principalmente a los
Estados ACP; una adaptación a las condiciones sociales,
culturales y del medio ambiente de cada país; el respeto
de los objetivos de desarrollo, tales como la seguridad alimentaria;
medidas previstas desde el comienzo para paliar los efectos negativos
en el terreno social; así como otros principios que no
figuran en muchos PAE tradicionales del FMI y del Banco Mundial.
El artículo 244 refleja la insistencia de
ciertos Estados miembros, sobre todo de la cuenca mediterránea,
para que los procedimientos de aplicación del AAE sigan
un enfoque específicamente europeo. Sin embargo, a pesar
de las críticas internacionales y las crecientes protestas
populares que suscitan los resultados de los PAE "tradicionales",
la Comunidad no tiene de ningún modo la intención
de concebir o de poner en marcha estrategias de desarrollo alternativas.
La Comisión sólo intentará, y ya lo hace,
influir sobre las IBW en la concepción de los nuevos PAE
y en la reorientación de los PAE existentes, insistiendo
en una política de reformas macroeconómicas o sectoriales
sostenibles desde un punto de vista político y social (ver
las resoluciones de los Consejos de mayo de 1988 y mayo de 1989).
No obstante, la capacidad de la Comisión al respecto es
muy limitada. La creación de una "unidad macroeconómica",
con un máximo de cinco personas, se topa con problemas
inesperados, y los programas de formación del personal
de la Comisión en la DG VIII son muy débiles comparados
con los conocimientos de los expertos de las IBW. Paralelamente,
una coordinación total de los votos de los Estados miembros
en las IBW aún no está a la vista. Con todo, los
ACP tendrán que afrontar cada vez más un frente
unido de donadores que tratarán de convencerlos de que
adopten un enfoque macroeconómico occidental del desarrollo.
Un Estado ACP beneficiario tendrá probablemente
poco que decir en "la evaluación conjunta" de
las medidas de reforma por parte de la Comunidad y del Estado
ACP de que se trate. La
experiencia reciente en materia de programación del ajuste
estructural ha demostrado que los gobiernos ACP son poco capaces
de hacer su propio análisis y tienen poco poder para imponer
su programa. Esto nos conduce a dos observaciones.
La primera es que los ACP deberían sacar provecho
plenamente de las disposiciones relativas a la asistencia técnica,
que podrían darles la oportunidad de adquirir las informaciones
y las técnicas de negociación necesarias para discutir
con la CE y las IBW, y de reforzar su capacidad institucional
para ayudarles a idear sus propios programas de transformación
económica así como las medidas necesarias para adaptarse
a la economía mundial en constante mutación.
La segunda es que cada vez más se reconoce
la existencia de un grave problema político en la concepción
y aplicación de las medidas de ajuste estructural. La población
concernida no tiene nada que decir en la programación,
y ni los gobiernos ni los donadores son responsables de las consecuencias
de las reformas. El artículo 244-d, que estipula que "el
apoyo al ajuste se sitúa en el marco del modelo político
y económico del Estado ACP concernido", no favorece
la adopción de un nuevo enfoque político y económico
en lo que se refiere al proceso de reforma.
Los Estados ACP, que urgentemente deben paliar las
nefastas consecuencias sociales de los PAE emprendidos con préstamos
condicionales del Banco Mundial o del FMI, estarán muy
deseosos de solicitar programas de importación o serán
aconsejados en este sentido por las IBW, como ocurrió
recientemente en Costa de Marfil. Estas importaciones convienen
tanto a los países ACP, que así atenuarán
a corto plazo sus presiones presupuestarias o su insuficiencia
de divisas, como a las industrias de la CE. ¡Hace meses ya
que los Estados miembros discuten de qué manera van a repartir
los pedidos de exportación igualitariamente, es decir,
no sólo para las antiguas metrópolis!
Recursos humanos: de la movilización de
todos los actores de la cooperación a la planificación
familiar
La nueva Convención tiene como propósito
entrar en relación con más gente que participe en
el desarrollo en el sector privado y las comunidades locales de
los Estados ACP y de la Comunidad. Los beneficiarios de esta "cooperación
descentralizada" serán "los poderes públicos
descentralizados, las asociaciones rurales y aldeanas, las cooperativas,
las empresas, los sindicatos, los centros de enseñanza
y de investigación, las organizaciones no gubernamentales
para el desarrollo (las ONG), asociaciones diversas y todos los
grupos y actores capaces y deseosos de aportar su contribución
espontánea y original al desarrollo de los Estados ACP".
El objetivo esencial es "la aplicación fructífera
de las operaciones propuestas" (Art. 22). Con excepción
de las sociedades comerciales, las organizaciones económicas
culturales, sociales y educativas, tanto de los ACP como de
la Comunidad, obtienen un apoyo financiero para las acciones de
desarrollo que presentan. Las organizaciones sin fines de lucro
pueden participar en las microrrealizaciones que son puestas
en práctica por iniciativa de las colectividades locales
y con su participación activa. A fin de dar un apoyo a
los operadores privados del mundo financiero y de los negocios
se introdujo un nuevo campo de cooperación relativo al
desarrollo de las empresas (Título VIII).
Estas nuevas disposiciones no parecen capaces
de "descentralizar" las actividades de la Convención
y hacer participar a los verdaderos "actores del desarrollo".
Por ejemplo será extremadamente difícil hacer saber
a las organizaciones de base locales y a los pequeños actores
del desarrollo que pueden sacar provecho de estas disposiciones.
Y aunque estuvieran informadas, las organizaciones (para el desarrollo)
sin fines de lucro no podrían participar en los concursos-subastas
para los mercados de trabajos, de abastecimientos y de servicios.
Pero, algo aún más importante, ciertas
organizaciones podrían mostrarse poco dispuestas a brindar
sus "modos de acción originales y sus recursos"
para proyectos enmarcados en programas en los que ellas no han
tenido nada qué decir, por ejemplo, para reducir las consecuencias
nefastas del ajuste estructural (ver Art. 226-d-i).
La Convención sigue sin tener un enfoque que
se funde en las necesidades de la base, aunque tal enfoque constituya
una garantía esencial de éxito para el desarrollo
a largo plazo. Lomé IV afirma (Art. 13 y Art. 220-c), como
lo hacía Lomé III (Art. 10 y Art. 185-c), que la
cooperación debe favorecer la participación de
las personas concernidas por la concepción y la puesta
en práctica de las acciones de desarrollo. Pero los Programas
Indicativos Nacionales (PIN) de Lomé III han sido concebidos
casi exclusivamente por los gobiernos de cada uno de los Estados
ACP y la Comisión Europea, sin la participación
de la población. La iniciativa de hacer participar a la
población desde las primerísimas fases de la preparación
incumbe totalmente a los gobiernos ACP, cuya reticencia al respecto
apareció claramente durante las negociaciones.
Las nuevas disposiciones relativas a la cooperación
descentralizada incluyen cláusulas categóricas que
prevén que estas acciones sólo serán apoyadas
"en los límites fijados por los Estados ACP interesados"
(Art. 20). Ninguna de las dos partes consultó a las
ONG ACP o europeas para el desarrollo, incluso durante
las negociaciones, sobre cómo participarán en la
Convención. Lomé IV no ofrece ninguna garantía
de que las ONG serán tratadas de un modo que sea compatible
con su método de trabajo con la población ni de
que las organizaciones interesadas únicamente en el dinero
serán excluidas. En ciertos países, el control por
los gobiernos ACP puede ser un serio obstáculo para la
participación del sector privado.
La importancia dada a la cooperación centrada
en la población misma puede notarse también en las
mejoras realizadas en el campo único de la cooperación
cultural y social de Lomé. Entre las innovaciones importantes
citemos las nuevas disposiciones en favor de un diálogo
intercultural, especialmente de contactos y encuentros entre
grupos de jóvenes, y de programas que conciernen a la
población, entre ellos, la planificación familiar
voluntaria.
Hay que alegrarse de que otros artículos
sobre el perfeccionamiento de los recursos humanos también
hayan sido ampliados a acciones que abarcan la educación
y la formación, la investigación, la ciencia y la
tecnología, la salud y las mujeres.
El papel y las necesidades de las mujeres, así
como su participación, fueron introducidos en numerosos
campos de cooperación. Habida cuenta de los pobres resultados
de la Convención a este respecto, la implicación
de las organizaciones de mujeres en la concepción, la aplicación
y la evaluación plantea un serio reto a los gobiernos ACP,
a la Comisión y a los responsables de la ejecución
de los proyectos.
Los ACP se decepcionaron de que la Comunidad se haya
negado a hacer de la Fundación para la Cooperación
Cultural ACP/CEE una institución de pleno derecho de la
Convención para la puesta en práctica de numerosas
disposiciones loables de la cooperación cultural y social.
Pero la mayoría de los gobiernos ACP no dieron suficiente
importancia en sus programas a la dimensión sociocultural
de Lomé III. Hoy es imperativo desplegar esfuerzos concretos
para hacer de esta dimensión humana la base de la aplicación
de Lomé IV.
Naturalmente ... el medio ambiente
El nuevo "Título" dedicado al medio
ambiente es mencionado con orgullo al comienzo del texto de Lomé
IV. Fija los principios y los objetivos cuyo objeto es
tener sistemáticamente en cuenta el medio ambiente en las
acciones de la nueva Convención y apoyar los esfuerzos
desplegados por los Estados ACP para detener el deterioro de los
equilibrios ecológicos y proteger sus recursos naturales.
Por otro lado, la lucha contra la sequía y la desertización
es objeto de un capítulo más amplio en la sección
relativa a la cooperación agrícola, la seguridad
alimentaria y el desarrollo rural. Además, en diversos
campos de la cooperación, tales como la pesca, han sido
introducidas o ampliadas medidas de protección del medio
ambiente.
Las partes han acordado, por ejemplo, privilegiar
enfoques preventivos, sistemáticos y transsectoriales,
así como una gestión global que tenga en cuenta
la dimensión sociocultural. Sin embargo, estas medidas
serán aplicadas, en general, teniendo como base listas
de los elementos que hay que tomar en cuenta (por establecer)
aceptadas en común. Estudios de impacto en el medio ambiente
(¿sólo.2) serán realizados "para los proyectos
de gran trascendencia y para los que presentan un riesgo importante
para el medio ambiente". Cuando se prevean consecuencias
negativas para el medio ambiente deberían formularse medidas
correctivas indispensables desde la fase inicial de los proyectos
o programas, "de modo que éstos puedan avanzar según
los calendarios de ejecución previstos". Llegado el
caso, ¿por qué no considerar abandonarlos completamente?
El problema es que los aspectos económicos y ecológicos
no serán examinados al mismo tiempo en la programación,
dado que ningún análisis de la base de recursos
naturales precederá la fijación de los objetivos
económicos.
La prohibición de cualquier exportación,
directa o indirecta, de desechos peligrosos (tal como los define
la Convención de Basilea) y de desechos radiactivos de
la Comunidad con destino a los Estados ACP, mientras que, simultáneamente,
los Estados ACP prohiben la importación a su territorio,
directa o indirecta, de estos mismos desechos procedentes de la
Comunidad o de cualquier otro país (Art. 39), constituye
un importante progreso. Lomé IV obliga también a
la Comunidad a facilitar las informaciones técnicas sobre
los pesticidas y otros productos químicos exportados hacia
los ACP, pero sólo si están disponibles y si los
Estados ACP lo piden. Una u otra parte pueden hoy solicitar consultas
sobre los riesgos ecológicos mayores, sea de alcance planetario
(como el efecto invernadero), sea de alcance más específico,
en la medida en que estos riesgos les afecten concretamente; esto
incluye cambios de impresiones antes de iniciar las discusiones
en los recintos internacionales.
El cumplimiento de estas disposiciones plantea un
verdadero desafío a la credibilidad de la Convención
en su calidad de contrato que depende del derecho internacional.
Por ejemplo, ¿qué "medidas apropiadas con arreglo
a la situación" serán tomadas si no se han
adoptado medidas internas de tipo jurídico y administrativo
necesarias para aplicar la prohibición relativa a los desechos
peligrosos y radiactivos, o "en caso de dificultades a este
respecto"? La Convención debería dar un apoyo
total al fortalecimiento de la capacidad de los ACP de controlar
los movimientos transfronterizos de desechos (véase el
grupo de trabajo de la OUA sobre las leyes de prohibición
relativas a los movimientos transfronterizos de desechos en África).
En términos generales, la Convención
no tiene disposiciones suficientemente poderosas para combatir
las causas fundamentales del deterioro del medio ambiente, tales
como la pobreza, la ausencia de principios democráticos,
el perseguimiento de objetivos sectoriales, la deuda, la injusticia
de la relación de intercambio, la insuficiencia de medios
de aplicación (ver Lomé Briefing, núm. 3,
sobre el informe Brundtland).
Las negociaciones de Lomé IV apenas han tocado
un problema fundamental de las Convenciones anteriores: el nivel
decepcionante de la aplicación y sus escasos resultados.
No fue fácil reflejar los numerosos principios y declaraciones
de Lomé III en una línea de conducta coherente,
y aún menos ponerlos en práctica. Comparada con
Lomé III, la nueva Convención se ha vuelto aún
más voluminosa y más compleja. Durante las negociaciones
no se ha buscado ninguna solución a las lagunas políticas
tales como la falta de directrices de los gobiernos ACP y el mantenimiento
de una centralización excesiva de los poderes de decisión
en Bruselas (Comisión, Estados miembros). Han seguido sin
ser examinadas graves lagunas administrativas, entre las cuales
la utilización de procedimientos inadaptados para las administraciones
ACP, la monopolización por compañías de los
estudios de factibilidad para programar los PIN, la falta de competencia
técnica en la Comisión Europea (DG VIII, incluso
las delegaciones en los Estados ACP). En pocas palabras falta
un sistema eficaz de control conjunto.
Una de las consecuencias de estos problemas fue el
bajo ritmo de entregas reales de fondos de Lomé a los Estados
ACP(en octubre de 1988 se había desembolsado alrededor
del 10 por ciento, mientras que ya había transcurrido el
70 por ciento de la duración de la Convención).
Aunque las entregas rápidas no son una garantía
de la calidad de la ayuda facilitada, los negociadores estimaron
necesario acelerar las entregas de fondos provenientes de las
Convenciones anteriores. El artículo 240-2-a permite la
utilización de los recursos de los programas anteriores
que no hayan sido comprometidos en programas de importación
"de desembolso rápido". En otras palabras, una
considerable parte de los recursos de Lomé ya no será
asignada para actividades a largo plazo. Dado que los negociadores
no atacaron los problemas en sus raíces, ¿se va a
seguir el mismo procedimiento después de algunos años
de aplicación de Lomé IV?
Ciertos problemas de aplicación podrían
ser resueltos reforzando los efectivos de la DG Vlll. Pero la
Comisión de ningún modo tiene la intención
de hacerlo, a pesar de los nuevos campos de cooperación
y los campos ampliados en Lomé IV. Por el momento, cualquier
personal suplementario es destinado al perfeccionamiento del Mercado
interno y a la cooperación con Europa Oriental.
¿El rostro humano de Lomé?
El aumento del número de personas tanto de
los ACP como de la CE que participan en la aplicación
tal vez permitiría adaptar mejor la Convención al
problema de la pobreza creciente en muchos Estados ACP. Son necesarias
medidas y métodos específicos para dotar a los
pobres de medios que los hagan menos vulnerables en el futuro.
Aunque llegar a los pobres no se reconozca como un objetivo
fundamental en todos los campos de cooperación, si hubiera
voluntad política, la aplicación podría ser
benéfica para los pobres. El artículo 5 prevé
que "las partes se esforzarán, conjuntamente o cada
una en su esfera de responsabilidad, por contribuir a la eliminación
de las causas de situaciones de miseria indignas de la condición
humana y de profundas desigualdades económicas y sociales".
El añadido de este nuevo artículo sobre
los derechos humanos y de los pueblos en el cuerpo principal
de la Convención (ver Lomé Briefing, núm
13) reconoce también que el respeto de los derechos humanos
es un real factor fundamental. De qué manera se aplicará
este artículo todavía no está claro. ¿Será
utilizado únicamente para suspender la ayuda a los países
en donde se den a conocer flagrantes violaciones de los derechos
humanos, como en el pasado? ¿O tendrá finalmente Europa
valor para admitir que los problemas de África son más
de tipo político que económico, y de evidenciar
este hecho durante la programación? ¿Y cómo
se puede obligar a la CE a asumir su
responsabilidad de contribuir a ala eliminación
de los obstáculos que impiden el goce pleno y efectivo
por los individuos y los pueblos de sus derechos económicos,
sociales y culturales"?
Luz verde a la cooperación regional
Durante las negociaciones, numerosos expertos destacaron
que la cooperación regional entre los diferentes Estados
ACP era capital para desarrollar sus economías, promover
un desarrollo autónomo y combatir los problemas del medio
ambiente. La CE, siendo ella misma una organización regional
en marcha hacia una mayor integración económica,
está muy bien situada para poner su experiencia de la "regionalización"
a disposición de los ACP.
La integración económica regional
es uno de los terrenos
a los cuales fue ampliado el campo de aplicación de la
cooperación regional en Lomé IV. Hay que alegrarse
de este refuerzo, dado que los ACP deberán competir con
bloques comerciales más potentes en la década de
los 90.
Es lamentable que la Convención prevea relativamente
pocos fondos para la cooperación regional (1.250 millones
de ECU). Podría ser que esto limite el apoyo que la CE
da a la SADCC (ver Lomé Briefing, núm. 4)
para permitir que esta organización regional reaccione
con prontitud a los cambios políticos en África
del Sur. Pero se impone con toda urgencia una voluntad política
más firme entre los gobiernos ACP a fin de utilizar
los fondos disponibles, por ejemplo, para la coordinación
regional de los programas de Lomé (los PIN) o los programas
de ajuste estructural.
Las ocasiones perdidas
Cuando nació la Convención de Lomé,
su objetivo era cambiar las relaciones Norte-Sur existentes, que
obstaculizaban los esfuerzos de desarrollo de los ACP, y promover
reglas que contribuyeran al establecimiento "de un nuevo
orden internacional más justo y más equilibrado"
(Preámbulo).
Desde la primera Convención de Lomé no fue aprobado
casi ningún nuevo instrumento de vanguardia, como el STABEX.
En Lomé IV, sólo la prohibición sobre los
desechos peligrosos y nucleares se asemeja a esta categoría
de instrumentos. En el transcurso de las negociaciones, sin embargo,
se perdieron numerosas ocasiones de crear reglas innovadoras.
Citemos, como ejemplo, la disposición relativa
a los intercambios de servicios. Aunque el error de haber
ignorado hasta ahora la importancia de los servicios en el aumento
de la productividad de las economías ACP fue rectificado
(ver Título LX), la fijación de reglas para los
intercambios de servicios fue dejada totalmente al cuidado de
los negociadores de la Ronda Uruguay (ver Art. 185). Estos
habrían apreciado la existencia de un acuerdo entre un
grupo de países del Norte y del Sur, por ejemplo, sobre
disposiciones que reglamenten la dirección de las operaciones
de las empresas de la CE en los mercados de los países
ACP. Los objetivos y las modalidades referentes a los intercambios
de servicios no pudieron ser aprobadas, sobre todo porque los
ACP temían ser colocados en una situación más
débil y porque tenían pocos conocimientos sobre
los problemas en juego. Esto es particularmente inquietante ante
la rápida expansión, en la economía mundial,
de las industrias de servicios y de información que tendrá
lugar en la década de los 90.
Otra ocasión que se perdió fue en el
campo de la pesca. La CE se negó a conceder al pescado
capturado en la Zona Económica Exclusiva de un Estado ACP
y desembarcado en este país por barcos que no pertenecen
ni a la Comunidad ni a los Estados ACP la condición de
pescado "originario" de ese Estado ACP. Esto significa
que los Estados ACP que sólo tienen una pequeña
flota son privados de la ocasión de ganar divisas de las
exportaciones de sus recursos haliéuticos cogidos por barcos
extranjeros. La CE utilizó claramente una laguna del
derecho marítimo internacional para proteger su mercado
antes que acordar una nueva regla que diera un trato justo a los
países en desarrollo.
La reorientacíón de las prioridades
Lomé IV se aleja un poco más todavía
de la ambición política original de la Convención,
que pretendía ser un modelo de relaciones entre países
pobres y países ricos. Aunque los problemas interdependientes
de los productos básicos, de la deuda y de las inversiones
seguirán poniendo trabas a las economías ACP en
la década de los 90 no se previó ninguna estrategia
particular ni ningún apoyo especial para resolverlos. En
Lomé III, la Convención ya transmitió un
paquete de medidas encaminadas a transformar el papel tradicional
de los ACP como abastecedores de materias primas a una ayuda
que daba la prioridad al desarrollo agrícola y rural y
a la seguridad alimentaria. Los negociadores quisieron mantener
esta prioridad en Lomé IV (ver Art. ó), aunque las
negociaciones sobre estos temas llamaron poco la atención.
Pero un amplio abanico de principios, objetivos, campos e instrumentos
fue incorporado a Lomé IV sin mucha coherencia. La
Convención continúa dando un apoyo a la realización
de un desarrollo global autónomo y autosostenido, basado
en los valores sociales y culturales de los ACP (Art. 4 y Art.
13), pero brinda un nuevo apoyo al ajuste estuctural (AAE), que
está ideado por las instituciones financieras multilaterales
(ver más arriba) y basado en criterios macroeconómicos
(Art. 243). Señales claras nos permiten pensar que ciertos
países van a orientar su PIN preferentemente en apoyo
de su ajuste estructural.
Uno de los cambios notables en Lomé IV es
que el 10,6 por ciento de los recursos del séptimo EED
están reservados para las medidas a corto plazo y que
la utilización de una parte de los fondos del PIN para
el AAE disminuye todavía más la prelación
dada a la ayuda al desarrollo a largo plazo en la Convención.
Cambio de sociedad
Aunque los ACP nunca hayan sido tratados como los
socios iguales definidos en la Convención, el concepto
les da un cierto poder de negociación para exigir un trato
equitativo y el respeto de su soberanía. Esta última
está hoy comprometida por las disposiciones que prevén
un control más estricto y un "diálogo"
sobre la utilización de los fondos, particularmente de
los concedidos como STABEX, SYSMIN y AAE. La CE quiere mejorar
los resultados de la Convención en África cueste
lo que cueste y considera este control más estricto de
los fondos de Lomé, y el hecho de precisar su utilización
en el texto, como una manera de lograrlo. En efecto, ciertos gobiernos
ACP no se mostraron a la altura de las responsabilidades que les
dio la Convención y no utilizaron ciertos fondos de Lomé
para acciones de desarrollo.
La condicionalidad que estaba implícita
en los diálogos sobre las políticas durante Lomé
III será reforzada con la coordinación de la ayuda
de la Comunidad con la del Banco Mundial y del FMI. Estas IBW
podrían ser consideradas como nuevos "socios',
ya que Lomé les dará indirectamente los fondos
que necesitan urgentemente para sostener sus programas (ver Art.
226d-vi: los fondos de contrapartida de Lomé pueden servir
para pagar subsidios iniciales a los trabajadores del sector público
o semipúblico echados al paro por el ajuste estructural).
Este tipo de cooperación se aparta mucho del objetivo inicial,
que era crear un verdadero instrumento comercial y de desarrollo
a largo plazo.
Además, a la CE le interesa más, sin
duda alguna, la puesta a punto de un sistema comercial multilateral
a través de las negociaciones del GATT y un fortalecimiento
de su propia posición comercial gracias al Mercado Único.
El séptimo FED propuesto por los Estados miembros
de la CE, comparado, sobre todo, al volumen de la ayuda y de los
fondos puestos a disposición de Europa Oriental, demuestra
claramente a los ACP que quedan pocas cosas de su relación
privilegiada con la CE.
Los ACP deberán manifestar una voluntad
política mas firme para
explotar el potencial de la Convención relativo a la ayuda
al desarrollo autosostenido a largo plazo si quieren que la Convención
de Lomé no se deteriore todavía más hasta
ya no ser más que un simple proveedor de fondos.