UN BALANCE DE LAS CONVENCIONES DE ASOCIACIÓN CEE-ACP

Bruno Carton (*)

La Convención de Lomé, que asocia a Europa y los Estados de Africa-Caribe-Pacífico, es un objeto mitológico.

En la historia de las relaciones Norte-Sur, esta cooperación aparece como el único ejemplo de "convenio colectivo" global de desarrollo concertado entre dos grupos de países soberanos.

Los poderes públicos europeos han hecho un importante trabajo de legitimación ideológica de estas Convenciones, presentadas como ejemplares o modelos de las relaciones Norte-Sur.

La presente contribución sólo pretende una cosa: contribuir a un análisis en términos de costos/ventajas de estas relaciones de cooperación. Intentamos mostrar qué ventajas y qué costos se han derivado de esta convención de asociación y para quién.

¿Se trata de una asociación igualitaria entre dos sujetos políticos que existen realmente? ¿O de compromisos sucesivos entre socios sin existencia política (la CEE, los ACP)?

Nuestra contribución se estructura en tres partes:

I. Un corte histórico que sitúa la construcción de una asociación Europa Africa (Caribe-Pacífico) en el ritmo de la integración europea.

II. Una lectura de las políticas comerciales y de estabilización de ingresos de los productos básicos ... o cómo la integración europea se asocia a las economías ACP hasta el momento en que esta asociación pierde su utilidad.

III. Interrogaciones sobre los límites de la Asociación Europa-ACP.

I. La asociación Euro-Africana en el ritmo de la integración europea

Del Tratado de Roma a las dos Convenciones de Yaundé: una zona de librecambio primero impuesta, luego negociada

El Tratado de Roma, que en 1957 creó el Mercado Común, ya contenía las primicias del futuro acuerdo de Lomé.

La cuarta parte del Tratado había decidido asociar a los seis países fundadores de la CEE los "países y territorios no europeos que mantienen con ellos relaciones especiales".

Entonces, de lo que se trataba era de aclarar una situación jurídica extendiendo a los países y territorios de ultramar el librecambio comercial instituido en el interior de la Comunidad Económica Europea.

De 1958 a 1962, la zona de librecambio creada entre los Seis por el desarme arancelario y de fijación de cupos se extendió, según un calendario de vencimientos progresivo, a los asociados de ultramar.

La Convención de aplicación de esta "asociación" decidida en el Tratado de Roma instauró un primer Fondo Europeo de Desarrollo (FED), principal instrumento de gestión de las ayudas financieras e inversiones destinadas a "facilitar el desarrollo progresivo de los países asociados" (Art. 132 del Tratado de Roma).

Esta asociación había sido limitada a cinco años. Cuando expiró en 1962, la mayoría de los países y territorios asociados unilateralmente habían conquistado su independencia política. ¿Iban a reanudar por su cuenta esta alternativa de asociación?

Dieciocho de estos países aceptaron negociar, a partir de 1961, un nuevo acuerdo de asociación. Todos ellos antiguas posesiones de Francia, especializados en la producción de productos tropicales destinados a satisfacer las necesidades del mercado de la metrópoli, estos Estados firmaron la Convención de Yaundé en 1963 con la esperanza de que sus "privilegios" inherentes al viejo sistema de preferencia imperial no serian puestos en tela de juicio por su independencia y por la construcción de la CEE.

Así nacieron los EAMA, es decir, los Estados Africanos y Malgache Asociados, Estados que nunca estuvieron asociados entre ellos, pero que se reunieron para negociar juntos con la Comunidad.

El objetivo proclamado en Yaundé, en el linaje del Tratado de Roma, era "crear una zona de libre circulación de mercancías adaptada a las necesidades de desarrollo de economías todavía no suficientemente industrializadas".

Esta primera Convención (1963-1968) mantenía un régimen de preferencias comerciales recíprocas entre los EAMA y la CEE e instituía una ayuda financiera de 730 millones de unidades de cuenta (equivalentes, hasta 1971, a un dólar estadounidense). De este modo, esta Convención no hacía más que dar una forma contractual a un sistema de asociación que el Tratado de Roma había concedido e impuesto a la vez.

"Está claro que, con este tratado, el Mercado Común institucionaliza el tránsito del capitalismo tradicional a nuevas formas de dominación. Los instrumentos de esta política son la instauración de una zona de librecambio, una posibilidad de amplia instauración en los 18 EAMA, la libre circulación de capitales y de mano de obra en los dos sentidos" (Documento CGT).

Desde el punto de vista del régimen comercial de los intercambios instaurado por Yaundé I se puede, sin duda, afirmar que ha permitido evitar catástrofes en el momento en que los países africanos, que salían del régimen colonial, vieron desaparecer las garanttas de acceso y de precios que Francia reconocía a la mayona de ellos.

El acceso en franquicia garantiza a los EAMA la protección de la tariSa aduanera común (TAC) contra sus competidores de América Latina, de Asia o del Africa anglófona. Así, al abrigo de esta TAC, los productos marfiteños, m;tlgaches, camerunenses pudieron partir a la conquista de los mercados alemán y del Benelux y conseguir allí algunos resultados.

Sin embargo, las estadísdcas revelan que las exportaciones de los EAMA hacia la CEE no progresaron tan rápido como las de los demás países subdesarrollados hacia esta misma Comunidad: el 11 por ciento anual entre 1964 y 1973 frente al 13 por ciento para los demás pa'xses en vías de desarrollo. El ritmo de las exportaciones de los EAMA hacia la CEE fue inferior al de sus exportaciones hacia el conjunto de los países desarrollados (el 6,8 por ciento) para el período de 1958 a 1%9. Para este semifracaso hay una razón fundamental: ciertos grandes productos de exportación de los pa'wses asociados, tales como el cobre, el hierro o los cereales oleaginosos, nunca fueron favorecidos por ninguna preferencia y su entrada en la Comunidad se hizo en franquicia, cualquiera que fuese el proveedor.

  • Yaundé II

    Firmada en 1969, esta Convención casi no hizo más que prorrogar las principales disposiciones del acuerdo anterior, pero en un contexto de erosión de las tJentajasy preferencias aduaneras.

    En el momento de Yaundé II, Europa aparecía tironeada entre una voluntad de crear-consolidar su propia zona de influencia (voluntad criticada por EE.UU, que rechazaba el principio de las preferencias recíprocas EAMA-CEE de los acuerdos de Yaundé) y su contribución a obrar por el librecambio generalizado.

    El alcance de las preferencias concedidas a los EAMA era cada vez mas reducido y los EAMA habían de tener en cuenta competidores que también eran favorecidos por preferencias o reducciones arancelarias: los 91 países stlhdesarrollados a los que la CEE había concedido, el 1 de julio de 1971. preferencias arancelarias generalizadas para los productos manufacturados y semiacabados (la SPG).

    Esta evolución favorecía a los países en vías de desarrollo más avanzados. Además, bajo la presión de Alemania y Países Bajos, más sensibles a las opciones mundialistas que a una estrategia de cooperación "compartimentada" del tipo de la asociación de Yaundé, la CEE determinó disminuciones de los derechos aplicados a las importaciones de aceite de palma, café y cacao en beneficio de Indonesia.

    Así, Yaundé II entró en vigor en un contexto en que los EAMA acusaban a la CEE de orientarse hacia un sistema de preferencias generalizadas y de abandonar el régimen de preferencias recíprocas, conduciendo a la zona de librecambio euroafricana a no ser, pronto, más que una ficción jurídica.

    Contexto marcado igualmente por las críticas hechas por los países asiáticos a Europa de mostrar poca prisa en la firma de nuevos acuerdos comerciales y, por lo contrario, de conseguir verdaderas cláusulas de salvaguardia que permitían a los europeos poner un dique a la entrada de productos japoneses "sensibles" .

    Tal como se lo ve desde el punto de vista del socio más débil de la asociación-los EAMA-, el balance de Yaundé no es totalmente negativo. El aparato institucional establecido por las dos convenciones de asociación es el único ejemplo de cooperación que permite a países en vías de desarrollo un poder de negociación relativo, pero nunca nulo.

    En el terreno de los flujos de inversiones, el FED seguía a Francia como fuente de ayuda pública para los EAMA (el 44 por ciento de la ayuda procedía de Francia y el 19 por ciento del FED entre 1968 y 1970, frente a sólo el 11 por ciento del FED de 1960 a 1966).

    El alcance modesto de la instauración de la zona de librecambio para el comercio de los EAMA (en 1974 se comprueba que sólo un tercio de las exportaciones de los países asociados es favorecido por un régimen preferente en la CEE) demuestra que no es una liberalización del comercio lo que debería ser el eje de la cooperación, sino una estrategia (¿común?) de desarrollo.

    Lomé I: la plasmación de una nueva etapa de la integración europea

    La aceleración del proceso de negociación para la incorporación del Reino Unido a la CEE-cumbre de La Haya de diciembre de 1969, que concluyó con el Tratado de incorporación de enero de 1972-planteaba el caso de los países de la Commonwealth en la asociación.

    Según el protocolo 22 adjuntado a las actas de incorporación del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, la Comunidad ofrecía a veinte países de la Commonwealth en África, el Océano Indico, el Pacífico y las Antillas lo siguiente:

    Vacilantes durante mucho tiempo ante la asociación EAMA/Europa (pues este tipo de acuerdo regional parcial podía aparecer como una concesión con relación a las reivindicaciones globales de los países no alineados), los países del Commonwealth confirmaron en 1973, en la cumbre de la OUA, su interés por una negociación "de bloque a bloque" con la CEE.

    Uno de los puntos que habían hecho vacilar a los Estados "asociados" anglófonos ante la Comunidad era la exigencia de la reciprocidad expresada por la CEE en lo que se refiere a las ventajas comerciales, reciprocidad que los europeos enarbolaban en nombre del respeto de las reglas del GATT.

    En julio de 1973, 43 países de Africa-Caribe-Pacífico aceptaron participar en una conferencia de apertura de una negociación CEE-ACP.

    Nombraron tres portavoces, uno por cada parte geográfica, para expresar su concepción de los vínculos que había que entablar con la Comunidad: el acceso al mercado europeo sin reciprocidad; la revalorización de los productos básicos y la mejora de la relación de intercambio; la cooperación industrial, y una ayuda financiera.

    En 1975, el acuerdo de Georgetown, que reunía a los países en desarrollo asociables a la CEE, condujo a la creación del Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico: los ACP.

    El hecho de que esta unidad de 46 países haya podido realizarse tiene, en sí mismo, una importante significación.

    El contexto-choque petrolero, recesión de las economías CEE y ACP, las reivindicaciones por un Nuevo Orden Económico Internacional encaminadas a operar una redistribución de las ganancias realizadas en los países industrializados durante los años 1945-1979 hizo posible una convención como la de Lomé.

    Los Estados de la CEE se preocupaban del acceso a los mercados y de la seguridad de su aprovisionamiento en productos básicos, y los Estados ACP, del acceso a los mercados, de la estabilidad de los ingresos de exportación de los productos básicos y de las transferencias reales de recursos.

    En el momento de su firma en 1975, Lomé I podía equivaler a un arbitraje de costos/ventajas respectivas para cada uno de los dos grupos de la negociación.

    ¿Cuáles son los elementos esenciales de esta primera Convención de Lomé

    La CEE concedía a los ACP la supresión total de los derechos arancelarios y de las restricciones cuantitativas a la importación de productos industriales. Esto significaba, por ejemplo, que ropa o perfiles de aluminio fabricados en los ACP no tendrían que pagar, al entrar en el Mercado Común, los derechos arancelarios del 17 y del 7,5 por ciento que se aplicaban a las mismas mercancías procedentes de Asia o de América Latina. La misma preferencia era concedida al 96 por ciento de los productos agrícolas exportados por los ACP.

    Sólo los productos ACP que competían a la Política Agrícola Común, para los que la CEE mantenía grandes protecciones (maíz, arroz, carne vacuna, Rores cortadas, etc.), no disfrutaban del libre acceso al mercado europeo.

    Escaldados por la experiencia de los EAMA, quienes se habían encontrado con que la CEE les negaba concesiones arancelarias para productos hortifructícolas de fuera de temporada en 1972, los ACP habían pedido, desde el comienzo de las negociaciones, el libre acceso total y sin restricciones al mercado europeo para sus productos agrícolas. La CEE, aunque aceptó relajar considerablemente la protección de su propia agricultura con reducciones de los derechos aduaneros y tasas agrícolas, no dejó de sostener que su política agrícola no era negociable. Esta posición europea revela la ficción de la igualdad de los socios en la negociación de la asociación ACP-CEE: las políticas internas europeas no son negociables por lo que se refiere a su impacto sobre las economías ACP.

    El asunto es saber quiénes son los beneficiarios reales de la supresión de estas fijaciones de cupos y derechos arancelarios: ¿los actores transnacionales que comercializan las producciones ACP, que así se ven gratificados con mejores condiciones de penetración en un mercado más grande, o los Estados?

    El principio del librecambio fue reemplazado por el principio de la no reciprocidad de las obligaciones comerciales.

    Esta renuncia a la reciprocidad era una de las reivindicaciones capitales del grupo ACP en la Conferencia de Kingston de 1974. Es, por decirlo así, la aplicación del principio llamado de "la desigualdad compensatoria".

    Potencialmente, la posición de los países ACP en el mercado de la CEE. uno de los más importantes del mundo, se vio de ese modo reforzada.

    Esta victoria debe ser atenuada por las cláusulas de salvaguardia que se otorga la CEE: ésta podía tomar medidas de salvaguardia si la aplicación de la libre entrada de mercancías en la CEE ocasionaba graves perturbaciones en un sector de su actividad económica. La imprecisión de los términos permitía a la CEE poner en tela de juicio lo que acababa de conceder en materia de cooperación comercial.

    El STABEX o mecanismo de estabilización de los ingresos de exportación ha sido considerado como la pieza maestra de la Convención.

    Así, C. Cheysson pudo declarar, en 1975, que "el STABEX es tan importante a nivel mundial como lo que se ha hecho en cada uno de nuestros países el día en que se reconoció que los trabajadores tenían derecho a los sub sidios deparo o a subsidios de asistencia en caso de enfermedad».

    El STABEX no era una propuesta ACP. El grupo ACP, volviendo a tomar las opciones de la Conferencia de Argel de 1973 y del Grupo de los No Alineados, había pedido, para garantizar sus ingresos de exportación, el compromiso de índizarlos precios de sus productos básicos a los de los productos manufacturados exportados por la CEE. Así se habría protegido contra el hundimiento de las cotizaciones mundiales y la inflación. La Convención de Lomé, con el STABEX, no suscitó progresos en este campo.

    La CEE quería generar, a escala de su asociación con los ACP, no un sustituto sino un complemento de una política de materias primas por construir a escala internacional. Por primera vez, ciertos riesgos inherentes a la producción y exportación de productos agrícolas básicos eran cubiertos por una especie de seguro financiado por el importador que no imponía, en reciprocidad, ninguna clase de condicionalidad. Examinaremos la "eficacia" de este instrumento en la segunda parte.

    Teniendo en cuenta el hecho de que, desde 1952, el Reino Unido compraba el azúcar de la Commonwealth dentro de un acuerdo de precios negociados, la Convención de Lomé no habría podido salir a luz, sin duda, sin un acuerdo sobre el azúcar. El protocolo azúcar, destinado esencialmente a proteger la poderosa industria azucarera británica y los vínculos de Londres con sus socios tropicales, difería de la lógica del STABEX. El azúcar ACP era favorecido por una verdadera garantía de mercado; en efecto, el protocolo consistía en un compromiso recíproco de suministro y compra de azúcar sin refinar originaria de los ACP que se refería a 1,3 millones de toneladas por año, o sea, alrededor del 60 por ciento de las exportaciones azucareras de los ACP, a precios negociados equivalentes a los precios garantizados a los remolacheros europeos.

    Rápidamente, los países ACP productores de azúcar debieron comprobar que el protocolo azúcar no era respetado por la Comunidad. Esta llevó a cabo una política de fomento de su propia producción de remolacha; la exportación de sus excedentes a precios subvencionados perjudicaba a los países ACP exportadores de azúcar al hacer caer los precios en el mercado mundial. "Ese no es, ni mucho menos, un modelo de 'partnership"' (S. RAMPHAL, secretario general de la Commonwealth, en Lomé Breifing, 1983).

    Lograda esa ventaja, este instrumento inadecuado (con relación a un mercado mundial marcado por la productividad creciente de la remolacha y la aparición de sustitutos tales como la isoglucosa) se vio prorrogado hasta Lomé IV.

    El primer y segundo FED no habían dedicado más que el uno y el ó por ciento, respectivamente, a la industrialización. Además, sólo se trataba del montaje de industrias de extracción o, en la mejor hipótesis, de primera transformación .

    La conferencia ministerial de Kingston entre ACP presentó un memorándum relativo a la cooperación industrial, el cual inspiró ampliamente el capítulo de Lomé I sobre esta cooperación.

    Si el texto de la Convención incitaba a los "operadores económicos" a conformarse a los objetivos de desarrollo y a los planes de los Estados ACP, no preveía que representantes de los trabajadores pudieran estar presentes ahí donde la cooperación industrial se iba a poner en práctica.

    Por otro lado, la Convención había previsto ' normas de origen" muy estrictas, que requerían, para el acceso de un producto ACP al mercado europeo, que una proporción exageradamente elevada del valor del producto fuera originaria del Estado ACP (el 50 por ciento del valor o valor añadido).

    Para numerosos Estados ACP pequeños, cuya esperanza de industrialización basada en la utilización de materias primas locales era limitada, estas normas de origen les cerraban el acceso a la industrialización, de la que, sin embargo, Lomé se hacía el cantor.

    La Convención creó el centro de desarrollo industrial, que ha funcionado apenas como oficina de estudios industriales comunitarios para uso de los países asociados.

    Lomé II

    La principal innovación de Lomé II, firmada en 1979, ha sido la introducción de una facilidad de ayuda al sector mines, conocida con el nombre de SYSMIN.

    A comienzos de la década de los 70, la CEE, que cubría su demanda de productos mineros, por lo menos a medias, con importaciones (procedentes de los PMA en un 44 por ciento), evaluaba sus perspectivas de abastecimiento como precarias y podía temer la eventualidad de una acción de cártel de parte de los productores, calcada de la OPEP. El "Sistema mineral" fue instaurado con el objetivo de salvaguardar la viabilidad y la competitividad del potencial minero de los países asociados.

    El sistema preveía una cooperación financiera (un máximo de 285 millones de ECU durante Lomé 11, que pasó a 415 millones durante Lomé III) destinada a la realización de proyectos y programas de auxilio al sector minero cuando, para un producto cubierto por el sistema (cobre, fosfato, bauxita, manganeso, hierro, estaño y uranio de Niger), se apreciara una baja sustancial de sus capacidades de producción o de sus ingresos de exportación. La existencia de un umbral de dependencia-la parte de la industria minera en los ingresos de exportación debía ser de por lo menos el 15 por ciento-limitó la utilización del SYSMIN a algunos grandes exportadores tradicionales (Zaire, Zambia).

    La lógica del SYSMIN es la de una ayuda que se aplica en caso de rupturas temporales de la producción.

    Al ser usado, el SYSMIN resultó inadaptado al contexto de crisis caracterizó, en la década de los 80, a la casi totalidad de los mercados concernidos, y a la disminución de las tasas de crecimiento del consumo de metales en los países industrializados. Así, su lógica le impidió aplicarse en los casos en que un productor decidiera voluntariamente una baja de la producción en respuesta a las condiciones desfavorables del mercado, o ser utilizado para sostener programas de reestructuración destinados a anticipar una modificación de las condiciones del mercado.

    Lomé III: "La Convención del regreso a la tierra" o "Luz verde a la seguridad alimentaria, pero demasiado tarde"

    Las dos primeras Convenciones de Lomé pueden analizarse en términos de adaptación de espacios de estabilización o de compensación con relación a los mercados mundiales.

    Ahí, la ayuda financiera fue concentrada esencialmente en las infraestructuras que unen a las regiones con los centros urbanos conectados al mercado mundial.

    En cuanto al memorándum presentado por el comisario Pisani en octubre de 1982, que serviría de base para la renegociación de Lomé para 1985, en él se proponía cuadrar la cooperación CEE-ACP con el objetivo de autosuficiencia alimentaria de los países asociados.

    En este sentido, el memorándum se adhería a la principal propuesta del Plan de Acción de Lagos, aprobado por la OUA en 1980, el cual abogaba por políticas agrícolas regionales que permitieran la aparición de mercados de dimensiones suficientes para la creación de una base de apoyo industrial para el desarrollo agrícola.

    Este tema de la estrategia alimentaria, que sería transmitido por numerosas agencias de desarrollo en la década de los 80, es, en sí mismo, portador de ambigüedades.

    Para el Banco Mundial, la autosuficiencia alimentaria debe provenir de un paquete de medidas estandarizadas que restablezcan los equilibrios económicos globales, tales como la privatización de los circuitos de comercialización, la supresión de las subvenciones y el abandono progresivo de los sistemas de protección rural; se supone que estas medidas favorecen la producción en un mercado totalmente liberado.

    El razonamiento del Banco Mundial no integra, como condición de viabilidad externa a los países implicados, la disminución de la competencia internacional sobre los actores de las hileras agroalimentarias de los países ACP. Lo cual significa la protección regional de los campesinados con relación a las colosales diferencias de productividad de las agriculturas de los países industrializados.

    Por su parte, el memorándum Pisani integraba implícitamente el análisis de que una estrategia alimentaria es una transferencia de rentas; transferencia de rentas de los consumidores urbanos a los productores rurales, de los consumidores urbanos hacia el Estado por la supresión de las subvenciones al consumo, del sector público hacia el privado al hacerle la retrocesión de las actividades más arriba y más abajo de la producción.

    Tal política ponía en tela de juicio la posición económica y social de los grupos sociales que viven de la retención del excedente en toda la cadena alimentaria: funcionarios prebendados de las oficinas estatales, comerciantes usureros de los mercados paralelos, especuladores sobre importaciones, etc. También ponía en tela de juicio la función desempeñada por las ayudas técnicas extranjeras "enganchadas" a "proyectos» agrícolas concretos, que no hallarían sitio dentro de una estrategia global e integrada.

    El recurso al sector campesino como el único capaz de realizar la autosuficiencia alimentaria choca rápidamente contra el límite que fija la debilitación de la clase dominante. Pero también implica un Estado capaz de realizar y de arbitrar la transferencia de rentas.

    Esta necesaria función de arbitraje del Estado es puesta en tela de juicio por los ajustes estructurales impuestos por el Banco Mundial. Así, para la estrategia alimentaria piloto que Lomé III sostuvo en Malí a mediados de la década de los 80, la política de presión sobre los salarios impuesta al país por el FMI y el Banco Mundial hizo que todo aumento del precio de los cereales en ciudad fuera políticamente explosivo. Así, Malí fue conducido a mantener una estructura de precios que actuaba en beneficio de los cereales importados, cuando un solo aumento del 9 por ciento de los salarios habría permitido aumentar en un 30 por ciento el precio de sus cereales pagado a los campesinos. Para soportar estos aumentos de precios al consumo, los no agricultores deberían poder beneficiarse con una política de creación de empleos no agrícolas, que, a su vez, supondría un mercado interior suficientemente amplio y protegido desde dentro.

    La reorientación de la cooperación ACP-CEE hacia la autosuficiencia alimentaria chocaba, pues, con coacciones de tres órdenes:

    II. Europa-ACP: balance de las políticas de los productos básicos - relaciones comerciales

    El STABEX

    Su objetivo explicitado por Lomé I es "remediar los efectos nefastos de la inestabilidad de los ingresos de exportación y permitir también a los Estados ACP velar por la estabilidad, la rentabilidad y el crecimiento continuo de sus economías ... tendiendo a garantizar la estabilización de los ingresos provenientes de la exportación, de los Estados ACP hacia la CEE, de productos afectados por fluctuaciones de los precios y de las cantidades".

    Esto concierne a doce productos y sus derivados (o sea, 29 productos en total): cacahuete, cacao, café, algodón, coco, palmera y palmito, cueros y pieles, productos del bosque, plátanos, té, sisal sin refinar y un solo mineral: el hierro.

    El sistema actúa a partir de dos umbrales, cuando:

    Para estos dos umbrales, la cifra es reducida al 2,5 por ciento para 34 países ACP "menos desarrollados, enclavados o insulares".

    Si se cumplen estos requisitos, el Estado ACP concernido tiene derecho a pedir una transferencia financiera, cuya base está constituida por la diferencia entre el nivel de referencia y los ingresos efectivos. Para cubrir esas transferencias, la CEE destina un total de 375 millones de unidades de cuenta (UC) por el tiempo de duración de la Convención (cinco años), cuya gestión compete a la Comisión.

    Los Estados ACP que se han beneficiado con la transferencia deben contribuir a la reconstitución de los recursos del sistema si sus ingresos aumentan de nuevo, pero esto no atañe a los países "menos favorecidos».

    El STABEX, calificado de "revolucionario" por sus promotores, ha hecho gastar mucha tinta desde (e incluso antes de) la firma de la Convención.

    Así, durante la negociación de Lomé 11 en 1978, frente a la solicitud de los ACP de introducir un sistema que cubriera todos los productos hacia todos los destinos (y no sólo hacia la Comunidad), C. Cheysson, rechazando esta "globalización", hacía notar que, en el momento en que el STABEX era criticado por sus limitaciones por los ACP, los países de la ASEAN acababan de decidir proponer que se adopte un sistema idéntico para garantizar sus ingresos de exportación hacia Japón.

    El STABEX: ¿mecanismo destinado a ser el primer movimiento de la sinfonía del Nuevo Orden Económico Internacional? En realidad, el mecanismo no hace más que coincidir con las exigencias de los Estados europeos defensores de la economía de mercado (RFA, RU), esto es, no actuar sobre los precios, no oponerse al libre juego de la oferta y la demanda. Se acepta que no se pague el precio debido por un producto dado porque la especulación o los acuerdos han logrado hacerlo bajar, pero se prestará o donará una parte de la diferencia.

    Para los promotores del STABEX de lo que se trata es de compensar, con subvenciones reembolsables, los efectos de las leyes del mercado sobre las principales exportaciones de los ACP.

    Con la experiencia se ha caído en la cuenta que el STABEX de ningún modo cubría la totalidad de los ingresos de exportación de los ACP por varias razones.

    Además del hecho de los dos umbrales que limitan el automatismo del funcionamiento de las transferencias-umbrales que son sobre todo desventajas para los PMA-, la estabilización sólo atañe a la parte de las exportaciones realizadas entre países ACP y la CEE (parte que se ha visto que decrecía de año en año desde 1972). Este sistema penaliza a los ACP cuyo comercio con sus países limítrofes es considerable y penaliza todo desarrollo de relaciones inter-ACP.

    Más importante aún, el sistema congela la estructura de los intercambios (productos agrícolas y no productos industriales) e incita al desarrollo de las exportaciones de productos sin refinar en perjuicio de su transformación in situ. El efecto nocivo del sistema es ver que aumenta la producción de productos sin refinar y, por lo tanto, presenciar nuevas caídas de precios.

    El sistema sólo retiene productos básicos agrícolas; entre las materias primas minerales sólo es retenido el mineral de hierro (debido al interés de los especialistas en siderurgia europeos).

    "Y entonces, lejos de contribuir a hacer más independientes económicamente a estos países, el STABEX refuerza los lazos Sur-Norte. ¿No es la definición del neocolonialismo comercial y, por lo tanto, político... ? (Paul DESBOIS y Jean-Pierre RAMADAC, 1979).

    Si se profundiza más en el análisis y si en vez de productos se procura conocer las firmas multinacionales o nacionales que sirven de intermediarias, uno encuentra nombres como Unilerver, Philips, Lesieur, la Société Générale de Belgique, todas estas antiguas "compañías de tráfico", para las que los ACP son cotos reservados desde el comienzo de la era colonial.

    Algunos productos han concentrado, en catorce años de aplicación (1975-1989), la mayor parte de las transferencias: el café (el 36 por ciento del total), el cacao (el 17 por ciento) y el cacahuete (el 15,5 por ciento) representan las dos terceras partes de los fondos. Por lo tanto, los principales beneficiarios fueron algunas economías de renta (Costa de Marfil, Senegal y Sudán recibieron el 40 por ciento de los desembolsos).

    El crecimiento de los recursos del STABEX (375 millones de ECU durante Lomé I, 550 durante Lomé II, 925 para Lomé III y 1500 para Lomé IV) debe ser relativizado por la inflación y por la explosión de las necesidades con la crisis de las materias primas. Así, en 1988 y 1989, los fondos sólo han financiado el 61 y el 50 por ciento de las solicitudes elegibles de transferencia de los ACP.

    Se calcula que la subestimación del presupuesto global del STABEX durante Lomé III ha debido ser aproximadamente dos veces inferior a las necesidades de los países ACP.

    Ante la crisis de las estructuras de la oferta no se ve cómo su déficit no será estructural.

    Ultima cuestión ligada al STABEX: las incertidumbres que atañen a la asignación de los fondos.

    Si los financiamientos transferidos por medio del STABEX están mayoritariamente orientados hacia la financiación de ingresos públicos en detrimento de la financiación de proyectos de ayuda a la diversificación de las producciones de exportación o de otros proyectos de desarrollo, uno se puede plantear la pregunta legítima de la utilidad del STABEX para las poblaciones interesadas.

    Cooperación comercial: ¿ha generado el sistema comercial de Lomé un proceso de desarrollo?

    Con motivo de las negociaciones para Lomé II, el profesor C. K. Helleiner de Toronto escribía en 1979 que la verdadera prueba del valor de una nueva Convención de Lomé consista en determinar si ésta ayuda a los países ACP, tomados individualmente o en su conjunto, a reactivar y diversificar su sector de exportación y si, con ello, sus estructuras económicas se ven mejoradas.

    Se puede discutir la elección de este criterio para juzgar el conjunto de la Convención de Lomé. Sin embargo, resulta válido para juzgar los resultados en materia de cooperación comercial.

    Para el período 1972-1982, que cubre tres años anteriores a Lomé I, el período Lomé I y tres años de aplicación de Lomé II, la participación de los países ACP en las importaciones de la CEE, en porcentaje de todas las importaciones extracomunitarias, pasó del 7,4 al 5,5 por ciento (4,45 por ciento en 1988).

    En porcentaje de todas las importaciones de la CEE procedentes de los países en vías de desarrollo, la participación de los países ACP pasó del 20 por ciento en 1972 al 13,8 por ciento en 1982 (15 por ciento en 1988). Observemos, por otro lado, que la parte del petróleo procedente de los ACP en el volumen de importación de la CEE varió del 20 al 40 por ciento con fluctuaciones de precios en valor relativo. Sin el rápido aumento de las importaciones petroleras en la década de los 70, la participación global de los ACP en el volumen de importación de la CEE habría disminuido aún más dramáticamente.

    Para concluir con la contribución de Lomé al comercio, también hay que destacar que el enfoque de Lomé no constituye un nuevo modelo: la admisión de productos exentos de tasas aduaneras o cualquier otro tipo de acceso preferente no tenían nada de innovador.

    Los productos básicos ACP habrían tenido acceso al mercado comunitario teniendo como base tarifas reducidas o nulas incluso en ausencia de Lomé (ver Lomé Briefing).

    En otra palabras, puesto que los ACP no tenían producción industrial importante era beneficioso abrir los mercados ampliamente.

    En cambio, Lomé previó dispositivos de protección del mercado europeo contra las eventuales amenazas de desestabilización del mercado interno europeo: sin hablar de las normas de origen, la amenaza de invocar la cláusula de salvaguardia fue utilizada para reducir las exportaciones textiles de la isla Mauricio. La amenaza de utilización de la cláusula de salvaguardia pudo desmovilizar inversiones.

    Por lo que se refiere a las restricciones de acceso para los productos agrícolas templados competidores de la Política Agrícola Común, éstas limitaron, entre otros, las exportaciones ACP de carne de vacuno y de productos hortifrutícolas de fuera de temporada.

    En el marco del GATT, Europa, enfrentada a los nuevos dragones agrícolas del Sur-Brasil, Indonesia, Malasia-, propuso liberalizar el mercado europeo de productos agrícolas. Esta liberalización, que costó caro al presupuesto comunitario-consecuencia de la baja de los derechos sobre las importaciones europeas de productos tropicales-, linda con ventajas que, por lo menos en lo tocante a productos sin refinar, permitieron a los ACP ganar parcelas del mercado europeo.

    En el comercio CEE-ACP, la existencia de márgenes de preferencia ha ayudado a las relaciones comerciales. Los productos para los cuales los ACP no tuvieron preferencia especial, como los orujos oleaginosos o el caucho, tuvieron menos éxito. En cambio, en los casos de preferencia acentuada, como el plátano, los ACP mantuvieron un mejor crecimiento de sus exportaciones. Por supuesto, el trato preferente no lo explica todo.

    Cuadro

    Crecimiento promedio del comercio PVD/CEE

    de 1978/1979-1986/1987

    Productos
    Crecimiento

    conjunto PVD
    Crecimiento

    ACP
    Margen de preferencia

    aduanera
    Café verde

    Habas de cacao

    Aceite de palma

    Orujos oleaginosos

    Caucho

    Plátanos
    + 3,4%

    + 4,5%

    + 4,9%

    +14,1%

    +27,4%

    + 1,6%
    +4,7%

    +3,7%

    +6,3%

    -3,1%

    +6,9%

    +3,4%
    4,5%

    3 %

    5,5%

    0%

    0%

    20%

    Fuente: Cartas de Solagral, núm. 92, mayo de 1990.

    ¿Qué será de ello al término de la negociación de la Ronda Uruguay? La construcción del mercado de 1992, sobre el que los ACP casi no han sido consultados, podría significar también la regresión de la integración comercial de los ACP.

    Un solo ejemplo: el cacao. La armonización de las normas de los productos alimentarios pone en peligro a los socios ACP, ya que en toda Europa se podrán utilizar materias grasas vegetales en la fabricación del chocolate en perjuicio de la manteca de cacao.

    III. Interrogaciones sobre los limites de la asociación Europa/ACP

    La ejemplaridad de Lomé: la gestión contractual es institucional

    Una especificidad que debe reconocerse a las Convenciones de Lomé es haber establecido un sistema institucional de cooperación que sirve de soporte a la definición y a la gestión de la cooperación.

    Estas características no se encuentran en ningún otro proveedor de fondos, multilateral o bilateral.

    La ayuda europea es, en primer lugar, previsible, contratada de manera plurianual por un período de cinco años, con transferencia de los montos no desembolsados; este compromiso jurídico permite a los Estados ACP hacer una programación de la ayuda por un tiempo de duración que cubre un plan nacional quinquenal.

    La Comunidad presenta a los ACP una "caja de herramientas" diversificada (ayuda financiera directa, estabilización de los ingresos, facilidades de financiamiento especiales para los productos mineros, facilidades comerciales, etc.) sin condiciones. Corresponde a los ACP servirse de ella con pleno dominio de su elección.

    La cooperación del FED comprende la ayuda "programada" (las subvenciones y préstamos especiales) y la ayuda Uno programada" (que incluye los fondos del STABEX, del SYSMIN, la ayuda de urgencia, los capitales de riesgo del Banco Europeo de Inversiones). El conjunto permite tipos de intervención más diferenciados y menos "coloniales" que las intervenciones de los Estados miembros.

    Lomé establece un sistema institucional de cooperación único en su género; ampliamente "apolítico", este sistema es de carácter administrativo y diplomático, no es selectivo, porque se aplica a todos los países ACP sin distinción de régimen. La distribución de la ayuda la hace la administración europea teniendo como base criterios objetivos (PNB, enclave, etc.). Va enteramente a las inversiones y teóricamente no es una ayuda presupuestaria.

    El sistema es más transparente que el de las cooperaciones bilaterales, lo cual se debe a la existencia de un sistema de controles internos y externos a la Comisión.

    La ayuda no está atada y todos los contratos tienen que dar lugar a concursos-subasta que permitan la competencia.

    Si uno se coloca desde el punto de vista de los objetivos del desarrollo, el sistema comunitario contiene un aspecto esencial: es su carácter contractual.

    El grupo ACP tiene una realidad en el momento de la negociación. Una de las consecuencias del carácter contractual de la Convención es que el FED no está condicionado por las exigencias de compromisos de los programas de ajuste estructural; de manera general, las acciones financiadas por el FED no tienen que responder a las estrictas condiciones de rentabilidad financiera y económica que imponen las intervenciones de organismos como el Banco Mundial.

    Desde este punto de vista, Lomé III ha introducido un cambio bastante radical con relación al enfoque tradicional por proyectos: es el «diálogo sobre las políticas", el apoyo a orientaciones sectoriales en los ACP y el principio de concentración de la ayuda (en una región o un sector).

    El nuevo enfoque en materia de programación-cada país ACP establece y somete a la Comunidad un programa indicativo teniendo como base sus prioridades de desarrollo-puede perfeccionar el proceso de definición de objetivos del desarrollo.

    Dentro de la ayuda programada (subvención), una asignación específica está encaminada a apoyar la integración regional. El objetivo es ideal; prácticamente, los proyectos regionales son raros.

    Cuando el sistema Lomé se acomoda a los vientos de la condicionalidad

    La tendencia actual es incrementar considerablemente la ayuda no programada y no vinculada a proyectos. Ya actualmente, si a los instrumentos de ayuda no programada de Lomé se añade otros medios, como la ayuda alimentaria, el conjunto de la ayuda no programada representa ampliamente más de la mitad de la ayuda total a África.

    Esta tendencia es un peligro en la medida en que el mejor trabajo que podría hacer la Comunidad con relación a los Estados miembros (cuya ayuda, sobre todo la de Francia, es esencialmente política) es concentrarse en la aplicación de programas y proyectos de desarrollo. Cuanto más desprogramada es la ayuda financiera de la Comunidad, más peligro corren los países ACP de ver condicionada la concesión de esta ayuda a cambios políticos y sociales que afectan al corazón del Estado: es una especie de colonialismo al que vuelven los Estados miembros (sobre todo Francia, el Reino Unido y Alemania) bajo la égida del FMI y del Banco Mundial.

    Esta condicionalidad puede ser, de hecho, contradictoria con los principios de contractualidad y neutralidad, que han constituido, hasta ahora, la originalidad de las sucesivas Convenciones de Lomé, sobre todo cuando evoluciona, como es el caso, hacia la consideración de elementos cada vez más esenciales de la política económica y social de los ACP.

    Esta tendencia está muy marcada en varios Estados miembros (Reino Unido, Francia, RFA), que consideran los acuerdos de ajuste estructural FMI Banco Mundial como una garantía y sitúan cada vez más sus programas dentro de estas políticas.

    En ciertos casos, los programas de la CEE instaurados lo son explícitamente también para "ayudar" al país de que se trata a poner en práctica el ajuste estructural establecido por el Banco Mundial; es decir, se convierten en un instrumento, entre otros, de aplicación de la política del Banco.

    Lomé III ya contiene un instrumento que se incluye típicamente en la panoplia de los que se utilizan para el ajuste estructural: el programa sectorial de importación condicionado a la aceptación de reformas económicas y sociales por los ACP concernidos.

    "El problema no es sencillo. Muchos proveedores de fondos no ven otras posibilidades, para mantener su credibilidad y reforzar la del sistema financiero internacional, más que seguir las políticas del Banco Mundial, que son orientaciones de carácter dominante y que hasta ahora no han sido enfrentadas con políticas alternativas creíbles. Sin embargo, por lo que se refiere al África subsahariana por lo menos, no hay ningún elemento para afirmar que los países que han aplicado un programa de ajuste estructural del Banco hayan conseguido mejores resultados económicos y sociales que los que no lo han aplicado.

    Muchas medidas contenidas en ciertos programas de ajustes estructurales son comprensibles y hasta legítimas; es el caso de las medidas cuya aplicación es una condición esencial de la eficacia de la ayuda, como las políticas de sostenimiento de los precios agrícolas.

    Lo que ya no lo es son algunas de ellas que tienen como resultado, si no como objetivo, despojar totalmente de la concepción y de la gestión de sus políticas sociales, e incluso económicas, a los países ACP concernidos, muchos de los cuales, por lo demás, resisten fuertemente a esas políticas impuestas desde el exterior.

    La introducción de mecanismos de ajuste estructural ligados a una condicionalidad económica general significaría, aún cuando esta introducción esté limitada financieramente, la transformación oficial del papel de la Comunidad en ejecutante de políticas establecidas por otros; y, sobre todo, el fin de una rara y notable originalidad; y esto, en el fondo, no porque las medidas del Banco Mundial sean justas, sino, simplemente, porque el Banco Mundial es el único socio dominante.

    La introducción de un sistema semejante constituiría una novación, aunque la Comunidad, en su práctica corriente de identificación de numerosos proyectos, considere ya los proyectos del Banco Mundial como una circunstancia determinante de hecho de sus propias acciones.

    Varios Estados miembros serán, sin duda alguna, muy favorables a esta evolución, lo cual les dispensa de hacerse preguntas sobre el objetivo y los resultados de la ayuda, y lo cual, según creen, favorecerá la inversión privada de las firmas europeas", (Jean-Pierre DUBOIS, "L'Afrique et l'Europe").

    Lo que es significativo es que estas ideas fueron lanzadas antes de que los programas Lomé III llegaran al comienzo de su fase de ejecución en 1988-1989; lo que significa que estas ideas fueron lanzadas teniendo como base no la experiencia de la Comunidad, sino las experiencias de otros proveedores de fondos, que no son concluyentes desde el punto de vista del desarrollo (aumento del endeudamiento, baja del consumo por habitante, aumento de la dependencia externa, etc.). La CEE, en virtud de su experiencia de la cooperación de Lomé, se ha forjado una experiencia sobre este apoyo a programas sectoriales; no tiene peritaje propio sobre la regulación macroeconómica. Por consiguiente, no se sabe cómo podría desempeñar otro papel que el de ser, en el mejor de los casos, el amortiguador social de políticas definidas por otros.

    Tal alineación amenaza con relegar a un segundo plano los objetivos y las acciones del desarrollo en beneficio exclusivo de objetivos políticos y financieros (reducción de la deuda), cuyo efecto sería el aumento de la dependencia externa y la acentuación considerable de las diferencias en la distribución de los ingresos (baja del consumo por habitante mientras la población aumenta), que marginarían aún más las acciones de apoyo a las estructuras locales de estos países.

    El sistema Lomé: una política marginal para Europa

    Su monto financiero (2.000 millones de ECU por año para Lomé III) no constituye una masa significativa con relación a otros proveedores de fondos que intervienen en África, esencialmente el Banco Mundial y también los Estados miembros. La ayuda concedida por la Comunidad para los ACP sólo representa una décima parte de toda la ayuda pública al desarrollo proporcionada bilateralmente por los 12 Estados de la CEE. Se ha podido decir que Lomé no era, en realidad, más que la décimotercera política de cooperación en Europa. Su ambición ya no es ser la política europea de cooperación, sino sólo un "modelo".

    Si uno de los objetivos a los que se aspiraba al principio de Lomé era permitir un "sindicato de los países del Sur" es forzoso comprobar que Europa no se ha planteado más que débilmente el mismo objetivo para ella misma.

    La política de cooperación de los países europeos sigue siendo fundamentalmente bilateral y no comunitaria. Desde el punto de vista de la política exterior de la Comunidad, la cooperación al desarrollo no está, en efecto, realmente integrada en los raros esfuerzos diplomáticos que la Comunidad lleva a cabo en el exterior.

    La Comunidad no está comisionada por sus Estados miembros para interesarse en el problema de la deuda y, con mayor motivo, en la renegociación de su servicio.

    Deja a sus Estados miembros el cuidado de interesarse en las políticas macroeconómica s .

    Lomé puede ser considerada también como "el espejo del trabajo que le cuesta a la CEE definirse como sujeto político colectivo y coherente, y espejo también de la persistente preeminencia de los intereses individuales de los Estados en detrimento de una política europea" (Foro de Delfos).

    La posición de la CEE en el diálogo Norte-Sur evoluciona, principalmente como consecuencia de la evolución interna de los Estados de la CEE y de sus relaciones mutuas (1992), y de la evolución de las intervenciones del capitalismo norteamericano y japonés.

    La interpenetración entre el capitalismo japonés y la CEE se acelera (gran mercado europeo, excedentes japoneses, introducción progresiva del yen en el mundo financiero). La cooperación japonesa, rica en capitales, débil en interventores y en experiencia, se acerca a la CEE para una especie de asociación en la zona reservada de ésta: África (pero no para el Pacífico). La zona de intercambios preferentes está amenazada con fragmentarse.

    Las relaciones CEE/EE.UU. están marcadas por el doble juego británico (ideológico) y neerlandés (preeminencia dada a las contribuciones a los organismos multilaterales: PNUD, BIRD, etc.), que impide a la CEE realizar una real delimitación de su zona de influencia y una real cohesión de políticas.

    Una política implícita de la CFF podría ser velar por que su importancia política sea por lo menos igual a su influencia en los intercambios y, por lo tanto, a su compromiso económico en forma de APD. Naturalmente, eso era lo que ocurría, en líneas generales, antes del PAE; ya no ocurre automáticamente. Eso es lo que defienden los militantes de la unión política y monetaria europea; son los mismos que defienden el aumento masivo del FED, la mejora de los instrumentos y el refuerzo de la coordinación de las cooperaciones de los Estados miembros.

    Los opositores de tal política implícita son o partidarios del canal multilateral "liberal" (y, por lo tanto, de PAE mejorados), o partidarios de un nacionalismo confirmado (Francia a veces, en particular en la zona CFA); pero estos últimos ya no tienen las posibilidades de su ambición y, a falta de ello, se juntarán con los defensores de la unión (zone ECU).

    Apoyar de manera selectiva el refuerzo del FED y de sus instrumentos es preservar la posibilidad de poder hacer surgir, dentro del proyecto CEE/ACP, una alternativa (capitalista, sin duda, pero fundada en un proyecto social y dejando un sitio central a la economía mixta) a la política liberal estilo FMI/BIRD/PAE.

    Pero este apoyo no es más que la necesaria condición previa de la reivindicación de una política explícita "europea", cuya elaboración pasa totalmente por un debate intraeuropeo.

    Financieramente marginal, la política europea de cooperación al desarrollo no constituye ni un elemento sustancial de la política exterior de la Comunidad, ni un elemento de refuerzo interno de ésta.

    La posición europea en las actuales negociaciones comerciales de la Ronda Uruguay demuestra, entre otras cosas, el carácter unilateral de las decisiones de la CEE, que no consulta más que formalmente a los ACP sobre lo que, sin embargo, les concierne, y muestra los a los límites de la condición de socios propuesta a los ACP'.

    Por último es esencial comprender que la política de cooperación de la Comunidad sólo actúa sobre una parte muy limitada de lo que está en juego y de las relaciones de fuerzas a nivel internacional. Es así que las transferencias netas en concepto de las Convenciones de Lomé sólo representan una fracción ínfima de la deuda de los países del África subsahariana (el 2 por ciento); estas transferencias, por lo demás, no han tenido como objetivo, hasta 1987, disminuir el peso de la deuda.

    Del mismo modo, las decisiones de los grandes operadores comerciales y firmas multinacionales escapan naturalmente del marco de Lomé; y no es la entrada libre de productos ACP en el mercado comunitario lo que cambiará algo. Los efectos perjudiciales del vertimiento de los excedentes agrícolas en concepto de ayuda alimentaria subsisten; y el STABEX no tiene, evidentemente, ninguna influencia en los mercados internacionales de materias primas cuyas cotizaciones bajan, aun cuando constituya una ayuda presupuestaria bienvenida, si no para las poblaciones, por lo menos para los gobiernos y las administraciones de los países ACP.

    La ayuda al desarrollo de la Comunidad funciona, al menos en parte, como un fondo de ayuda a la exportación para las industrias, los servicios y la agricultura europea.

    Para el quinto FED (1979-1984) se estima que el conjunto de los contratos de trabajos, suministros y asistencia técnica fueron revertidos en un 75 por ciento como promedio a los Estados miembros de la Comunidad en forma de pedidos a sus empresas (la tasa de reversión para Francia es del 21,5 por ciento del conjunto de estos contratos). En cuanto el porcentaje del 27 por ciento que va a los operadores ACP-TOM [Territorios de Ultramar franceses], éste debería ser afinado: ¿cuántos de estos operadores son verdaderamente nacionales, o filiales más o menos controladas por capitales extranjeros?

    Para concluir

    Responder a esta pregunta es saber si la CEE ha podido ayudar a los Estados ACP a aflojar las coacciones exteriores que influyen en las políticas interiores, permitiéndoles así romper el círculo vicioso del marasmo económico.

    La degradación de las condiciones exteriores para la rnayoría de los Estados ACP deja cernerse una duda cierta en cuanto al carácter apropiado para los problemas de hoy de los actuales instrumentos de Lomé.

    Esta pregunta acerca de la eficacia del sistema de asociación de Lomé remite al tema de los actores.

    Hemos podido comprobar hasta qué punto la Convención de Lomé era marginal en las políticas europeas.

    No es el fruto de la voluntad de un actor público europeo que hubiera. construido su política exterior, sino de un arbitraje de rivalidades e intereses.

    Los Estados CEE y los Estados ACP han situado la integración comercial como matriz de su asociación si preguntarse si el desarrollo de los intercambios constituía la clave del desarrollo.

    Al término de Lomé lll, las preferencias ACP-CEE se ven banalizadas: el sistema de relaciones preferentes establecido por la CEE con sus asociados se relajó a medida que la integración interior europea se construía.

    La CEE como tal no interviene en la negociación de la deuda de sus asociados; este papel está reservado para el Comité Monetario, compuesto por representantes de los ministerios de Finanzas de los Estados y por gobernadores de bancos.

    En el GATT, la CEE no es en modo alguno el portavoz de su asociación con los ACP, ninguna reflexión es hecha allí sobre la conveniencia, para el conjunto ACP-CEE, de renunciar a la regla de la reciprocidad a cambio de una selectividad.

    Otra señal del vacío de asociación política: el conjunto Europa-ACP se prohibe elaborar una política conjunta sobre los movimientos migratorios. La política migratoria es dejada a los Estados nacionales.

    Hablamos de su fracaso en construir una cooperación regional que Lomé 1I y 1l le autorizaban.

    Más fundamentalmente, los "sindicados" ACP tenían intereses divergentes que han paralizado cualquier evolución de los instrumentos de la cooperación.

    Las diferentes renegociaciones de Yaundé y Lomé han presenciado los arbitrajes obligados entre los rentistas del STABEX, los rentistas del Protocolo Azúcar y los beneficiarios del SYSMIN;

    El juego de intereses divergentes-la coyuntura de los PMA está, además, más ligada a espacios privilegiados como la zona del franco o la CEE, mientras que las coyunturas de países de rentas intermedias (Nigeria, etc.) los liga más bien a la economía norteamericana-ha anulado cualquier redefinición de estos instrumentos.

    La alternativa Pisani para las estrategias alimentarias podía ser un momento de elección para los ACP con respecto a los guiones o modos de desarrollo para los que optaban: competitividad externa, especialización en el intercambio internacional, acumulación en un espacio protegido.

    Esta interpelación se hizo en un contexto de crisis financiera y de estrangulación económica, que dejaba pocos márgenes para la elección. Además, el memorándum Pisani implicaba una redefinición de la política agrícola europea, para la que no había voluntad política.

    Ahí se vuelve a plantear la cuestión de la coherencia entre la política escaparate de Lomé y las políticas internas de Europa.

    Lomé se manifiesta menos como un "pequeño Norte-Sur", una asociación política capaz de influir en el contexto internacional, que como una reagrupación retórica de socios sin voluntad ni significación política propia.

    Bibliografía

    Principales documentos a los que se refiere nuestro análisis

    TORELLI y VALASKAS: L'association CEE Afrique noire. Centro de Investigación y de Desarrollo, octubre de 1973.

    ADDA, Jacques y SMOETS, Marie-Claude: La France face au Sud. París, L'Harmattan, 1990.

    DUBOIS, Jean-Pierre: "L'Afrique et l'Europe", en la obra colectiva: Vingt questions sur l'Afrique: des socialistes répondent. París, L'Harmattan, 1988.

    AITEC: Dossier Lomé IV. París, 1989.

    COMITE DE ENLACE DE LAS ONG EUROPEAS ANTE LA CEE: Lomé Briefing, Serie Lomé lll, 1983-1984 y Serie Lomé IV, 1988-1990.

    FORO DE DELFOS: Les relations Nord-Sud et la Convention de

    Lomé, Informe de síntesis de dos conferencias sobre Lomé IV. Nauplie, 8-13 de noviembre de 1989.

    CONFEDERACION EUROPEA DE SINDICATOS (CES): Diferentes documentos, 1975-1986.

    COMISION EUROPEA: Courrier CEE-ACP, 1980-1988.

    GRUPO DE INVESTIGACION PARA UNA ESTRATEGIA ECONOMICA ALTERNATIVA (GRESEA): Lomé et les alternatlves á l'ajustement structurd, Actas del coloquio de abril de 1989, Bruselas.

    AITEC-GRESEA: Les rdations Europegiers Monde dans le contexte de la mise en oeuvre de Lomé IV, Actas del seminario de junio de 1990, París-Bruselas, septiembre de 1990.

    CGT: La Convention de Lomé, néo colonSalisme ou nouvd ordre écow nomique international?. Estudios y Documentos Económicos de la CGT, París, febrero de 1977.

    MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES - NEGOCIADO DE EVALUACIONES: Análisis comentado del documento "Programme d'action concertée pour un développement stable en Afrique au sud du Sahara". París, junio de 1985.

    DESBOIS, Paul y RAMADAC, Jean-Pierre: Les pieges de l'Europe. París, Éditions Anthropos, 1979.

    LA CARTA DE SOLAGRAL: Coopération Nord-Sud. Qud avenir pour Lom^?. «Dossier" núm. 92, mayo de 1990.

    Siglas

    FED: Fondo Europeo de Desarrollo

    BEI: Banco Europeo de Inversiones

    STABEX: Estabilización de los ingresos de Exportación

    SYSMIN: Sistema de facilidades de financiamiento especial para los productos mineros

    TDC: Tarifa Aduanera Común

    EAMA Estados Africanos y Malgache Asociados

    ACP: Africa, Caribe y Pacífico

    PAE: Política de Ajuste Estructural


    (*)Investigador en el GRESEA (Bruselas)

    Este capítulo se ha beneficiado con las contribuciones de Jean-Pierre DIEHL y Michel LEVANTE de la AITEC.