LAS RELACIONES ECONÓMICAS SOVIETICO-ARABES: BALANCE, PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS

V. A. Isaev (*)

Después de la segunda guerra mundial, los países árabes han ocupado un lugar importante en el sistema de las relaciones económicas de la URSS con los países recientemente independientes. Esto es la consecuencia lógica de las relaciones políticas soviético-árabes.

En el conjunto de las relaciones económicas soviético-árabes (el comercio exterior, la ayuda técnica y económica, y la concesión de créditos), la atención siempre ha estado fijada, y sigue estándolo, especialmente sobre el comercio exterior. Esto lo muestra el hecho de que la parte del comercio exterior con los países árabes constituye el 26 por ciento de todos los intercambios de la URSS con los países en vías de desarrollo en el período 1981-1989. Los contratos comerciales de la URSS con los países árabes están basados en la concertación de acuerdos intergubernamentales bilaterales. Su contenido depende directamente de las relaciones políticas con cada país y de las posibilidades objetivas de desarrollo de los intercambios. Todos los acuerdos comerciales soviético-árabes tienen, como matices, un cierto número de disposiciones comunes, en particular, el otorgamiento recíproco de las condiciones más favorables en materia de comercio y de navegación marítima, la realización del equilibrio comercial, etc.

Los esfuerzos de ciertos países árabes para planificar el desarrollo de sus relaciones económicas exteriores y la planificación de la economía soviética han permitido la concertación de acuerdos comerciales a largo plazo, estrechamente vinculados a la cooperación técnica y económica. En 1990, la URSS tenía acuerdos de este tipo con Libia y Argelia (hasta el año 2000), e Iraq (hasta el 2005). Un acuerdo análogo con Egipto estaba en estudio. A comienzos de los años 90, la URSS comerciaba con once países árabes, con diez de los cuales sobre una base contractual.

Entre 1961 y 1988, los intercambios de la URSS con los países árabes pasaron de 284 millones de rublos a 3.500 millones de rublos, o sea un crecimiento de 12,3 veces (ver Cuadro 1). En el mismo período, las exportaciones soviéticas pasaron de 168 millones a 1.200 millones de rublos (7 veces más), y las importaciones, de 117 millones a 2.300 millones (19,6 veces). El ritmo superior de las importaciones con relación a las exportaciones trajo consigo la transformación del saldo positivo del comercio soviético con los países árabes, hasta comienzos de los años 80, en un saldo negativo a partir de 1985. En 1988, este déficit rebasó los mil millones de rublos. También hay que señalar la disminución en valor absoluto del comercio soviético-árabe, cuyo monto disminuyó en 613 millones de rublos en 1988 con relación a 1985 (las exportaciones en 202 millones y las importaciones en 411 millones).

Observemos la enorme concentración del comercio soviético-árabe, que se reparte sólo entre algunos países árabes (ver Cuadro 2). Así, en 1988, el 90 por ciento de los intercambios soviético-árabes se distribuía entre cinco países: Iraq (36,ó por ciento del valor total), Egipto (16,9 por ciento), Libia (13,8 por ciento), Siria (11,8 por ciento) y Argelia (10,6 por ciento). La cooperación técnica y económica con estos mismos países constituía el 80 por ciento del volumen total de la cooperación soviético-árabe. Es fácil deducir de ello que el comercio y la ayuda económica están dirigidas casi exclusivamente hacia los países árabes que, en uno u otro momento de su desarrollo, preconizaron principios llamados socialistas. Y según la adhesión o el rechazo a los principios de ala orientación socialista", la parte de los intercambios con tal o cual país variaba con relación al volumen total de los intercambios con el mundo árabe (ver Cuadro 2). Así, la parte de Egipto cayó del 68 por ciento en 1%5 (con Náser) al 15,5 por ciento en 1980 (abandono de "la orientación socialista" y comienzo de la realización de los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel). La parte de Siria subió, en los mismos años, del 5,7 al 13 por ciento (período del paso a "la orientación socialista"). Se ve, pues, que las relaciones políticas han tenido una influencia muy grande sobre el estado de las relaciones comerciales de la URSS con cada uno de los países árabes.

Los países árabes son, entre los países en vías de desarrollo, los mayores compradores de máquinas y equipos soviéticos: entre el 46 y el 50 por ciento de las exportaciones soviéticas de estas mercancías hacia los países recientemente independientes. La URSS abastece a los países árabes de máquinas y equipos. En 1988, el 63 por ciento del valor de las exportaciones hacia los países árabes son productos del grupo de los combustibles (petróleo y derivados), el 7 por ciento madera bruta y el 5,3 por ciento madera aserrada. Algunos de estos productos tienen un papel importante en la satisfacción de las necesidades internas de numerosos países árabes. Siria, por ejemplo, recibía de la URSS alrededor del 50 por ciento de las máquinas y equipos que necesitaba y el 40 por ciento de la madera; Egipto, el 50 por ciento de su madera, etc. Además, la URSS abastecía a los países árabes de cemento, fósforos, azúcar refinada, conservas de pescado, aceite de girasol, productos químicos. También exportaba bicicletas, relojes, televisores, refrigeradores y otros productos de consumo. Pero desde la segunda mitad de la década de los 80, las exportaciones soviéticas de productos de consumo corriente prácticamente han cesado: en primer lugar, porque estos productos faltan en el mercado interno de la URSS, y luego, porque no resisten la competencia con los productos análogos de otros países.

Las importaciones procedentes de los países árabes son muy importantes para la economía soviética. Tradicionalmente, la URSS compraba cítricos, cacahuetes, sésamo, fibra de algodón, lana, textiles e hilo de algodón. En los años 70, las importaciones de productos combustibles ocuparon el primer lugar. La URSS también se puso a comprar textiles, ácido fosfórico, superfosfato triple, perfumería, jabón en polvo, cigarrillos, etc. En 1988, el 97 por ciento de las importaciones soviéticas en petróleo, el 84 por ciento de hilo de algodón, el 56 por ciento de naranjas, el 55 por ciento de fibra de algodón, el 51 por ciento de abonos fosfatados y el 22 por ciento de productos de perfumería y de maquillaje venían de los países árabes.

La estructura de las importaciones soviéticas de los países árabes requiere algunas explicaciones, particularmente en lo que se refiere al petróleo. Hay que señalar que el petróleo árabe apareció en las importaciones soviéticas en la década de los 60, a petición de ciertos países (Iraq, Argelia) que preferían pagar sus créditos en petróleo antes que en divisas fuertes. Además, la URSS prácticamente nunca hizo llegar a su territorio petróleo árabe, excepto algunas cargas procedentes de Argelia o de Libia. No es que eso no fuera ventajoso: cálculos han demostrado que en muchos casos habría sido más rentable utilizar el petróleo de Oriente Próximo en la parte europea de la URSS que hacerlo llegar desde Siberia occidental. Pero la importación sólo puede hacerse por Odesa, que está construida de tal modo que la importación de petróleo excluye que de ahí se lo pueda exportar. Por eso, todo el petróleo árabe es reexportado a Asia, a África y a América Latina, y a veces incluso a Europa.

La URSS compraría tal vez, de buen grado, más algodón y productos alimenticios a los países árabes, pero estos Estados se han puesto a transformar ellos mismos su algodón, sus fosfatos y otros, y a consumirlos más

La venta de armas soviéticas ocupa un lugar importante en los intercambios con los países árabes. Según ciertas estimaciones (que, en nuestra opinión, hay que utilizar con cierta prudencia), la URSS habría vendido a los países árabes armas por un valor total de 54.800 millones de dólares en el período 1983-1987, importe que no incluye a Libia, para la cual faltan las cifras; a Iraq: 28.900 millones (52,7 por ciento del total); a Siria: 10.400 millones (19 por ciento); a Egipto: 7.800 millones (14,2 por ciento). Los suministros soviéticos cubren el 48,1 por ciento de las necesidades en armas de Iraq, el 85,2 por ciento de las de Siria, el 99,5 por ciento de las de la República Popular del Yemen, el 33,4 por ciento de las de Jordania y el 4,3 por ciento de las de Egipto.

Por lo que se refiere a la cooperación técnica entre la URSS y los países árabes hay que señalar que ésta no sólo se concentraba en algunos países, sino, sobre todo, en algunas grandes obras como la presa de Asuán y el complot de Nag-Hamadi (en Egipto), la central hidroeléctrica del Éufrates (en Siria), la Rumaila del Norte (en Iraq), el combinado metalúrgico de El-Hayyar (en Argelia), etc. La URSS contribuyó en gran parte a la creación de la industria petrolera en Siria (prácticamente es por entero obra suya), al desarrollo de la infraestructura hidráulica en Iraq (los canales Zarzar-Eufrates y ZarzarTigris), a la construcción de canales y al desarrollo de la irrigación en la República Popular del Yemen, a la creación de líneas de transmisión eléctrica y de centrales atómicas en Libia, etc. .

Se puede ver bastante claramente tres etapas en la evolución de la cooperación económica soviético-árabe. En la década de los 60, a petición de sus socios árabes, la URSS ayudaba más bien al montaje de fábricas destinadas a disminuir la importación de ciertos productos, lo cual correspondía a la política de numerosos Estados árabes encaminada a la reducción de las importaciones de productos alimenticios, de la industria ligera y de la metalurgia. Las dimensiones de las empresas construidas con la ayuda de los soviéticos estaban, pues, calculadas en función del mercado interno de cada uno de los países aludidos. Cuando este tipo de desarrollo económico llegó a sus límites, y cuando se dieron cuenta de que estas empresas ya no podían ser rentables, los Estados árabes se volvieron hacia la exportación. Esta estrategia (en la década de los 70) permitió a la Unión Soviética contribuir a la construcción de empresas de las que una parte de la producción estaba destinada a ser exportada a la URSS: al mismo tiempo, esto ayudaba a ciertos países árabes a enjugar sus deudas con la URSS con productos manufacturados y no con divisas. En la década de los 80, los países árabes quisieron empresas capaces de asumir ambas funciones: satisfacer su mercado interno sin dejar de exportar. La URSS, que carecía de experiencia, de tecnología y de una base económica suficiente en este campo, no estuvo en condiciones de responder a esta demanda, por lo que el volumen de esta cooperación comenzó a disminuir, a pesar de los esfuerzos de la URSS para hallar nuevas formas de colaboración.

En su voluntad de continuar desarrollando sus relaciones económicas con los países árabes, la URSS creó, por ejemplo, comisiones intergubernamentales de cooperación científica, económica y técnica con Argelia, Marruecos, Siria, Iraq y la República Popular del Yemen; animó a otros países de Europa, del Este y del Oeste, a cooperar con los países árabes: la URSS, Checoslovaquia, Austria y Gran Bretaña participaron así en la construcción de una refinería de petróleo en Iraq. En los años 80, la URSS y otros países de Europa Oriental colaboraron en treinta obras en Egipto y en doce en Iraq.

Por primera vez en la historia de las relaciones económicas soviético-árabes se pusieron de acuerdo para coordinar las exportaciones. Así, en 1989, para ahorrar transporte, la URSS y Kuwait decidieron que la URSS entregaría a Polonia los pedidos de petróleo a Kuwait, mientras que éste entregaría a Yemen del Sur el petróleo encargado a la URSS. Se crearon empresas mixtas soviético-árabes: se contaban doce en mayo de 1990.

La cooperación soviético-árabe da buenos resultados en lo tocante a preparación de cuadros nacionales. Un obrero argelino de cada 16 ha sido formado en un instituto técnico profesional creado con la ayuda de la URSS, o directamente en una empresa de cooperación soviético-argelina. Lo mismo puede decirse de un obrero de cada trece en Siria. Más de 100.000 egipcios trabajan en empresas creadas con la ayuda de la URSS. Hay otros muchos ejemplos.

El aspecto financiero de las relaciones económicas soviético-árabes es muy específico. Su principal particularidad radica en el hecho de que, hasta mediados de la década de los 80, la URSS prácticamente no concedía créditos comerciales: facilitaba a los países árabes (como, por lo demás, a todos los países en vías de desarrollo) únicamente lo necesario para pagar la ayuda económica de la URSS. Por eso, los créditos soviéticos no constituían una esfera independiente (ni, con mayor razón, importante) de las relaciones económicas con los países árabes, como lo son los préstamos de capitales hechos por los Estados occidentales. Toda la ayuda financiera de la URSS estaba, pues, "atada", y la preferencia estaba dada a la financiación de obras industriales y energéticas creadas con la ayuda soviética. Esto componía las tres cuartas partes de los créditos otorgados por la URSS a los países árabes. En general, los créditos eran concedidos por un plazo de 10-12 años al 2-3 por ciento, con un período de 1 a 3 años a un tipo preferente. En la década de los 70, el plazo fue reducido a 3-5 años y los intereses subieron al 4-5 por ciento anual. Desde la década de los 80, la URSS se puso a ajustar sus condiciones de crédito a las de todo el mundo.

Hay que hacer hincapié en el hecho de que los créditos soviéticos tienen gran importancia para el desarrollo económico de ciertos países árabes. En 1971-1975, por ejemplo, la parte soviética de la ayuda a Siria era del 50 por ciento; en 1968-1985, el 41 por ciento de la ayuda a la República Popular del Yemen venía de la URSS.

En la década de los 80, el problema de los reembolsos comenzó a plantearse seriamente. Según ciertas estimaciones, la deuda global de los países árabes con la URSS sería de alrededor de 20 mil millones de rublos en 1989 es decir, casi seis veces el valor de todos los intercambios soviético-árabes para el año 1988. Los mayores deudores son: Siria (ó.700 millones de rublos), Iraq (3.800), Argelia (2.500), la República Popular del Yemen (1.800), Egipto y Libia (1.700 cada uno). El total de las cantidades debidas por estos seis países constituiría, en 1989, el 92,4 por ciento de la deuda de los países árabes a la URSS.

Si se considera la lista de los principales compradores de armas soviéticas entre los países árabes, uno se da cuenta de que prácticamente coincide con la de los principales deudores de la URSS: Iraq, Siria, Yemen del Sur, Egipto. Además, la URSS concedió importantes facilidades a estos países: así, el 50 por ciento de la deuda [siria, probablemente. La falta de especificación debe ser una errata.- N. del t] (principalmente por compras de armas) fue aplazada por 40 años, así como la mitad de la deuda egipcia, por 25 años. Lo mismo ocurrirá probablemente con la deuda iraquí.

Hay que señalar que estas prórrogas conciernen prácticamente a las deudas militares. Para el resto, la situación se endereza progresivamente, pues ciertos países deudores se han puesto a suministrar a la URSS productos manufacturados en pago por su deuda. A comienzos de la década de los 90, Egipto ya había reembolsado el 97 por ciento de sus préstamos económicos, Siria, el 50 por ciento. Pero la situación con Yemen del Sur y Argelia sigue siendo complicada.

Aparte del problema de los reembolsos hay algunos otros problemas en las relaciones económicas soviético-árabes. En primer lugar, hay que hablar de las formas de propiedad, que no son las mismas en la URSS y en los países árabes: esto afecta seriamente las posibilidades de ampliación de la cooperación y es difícil esperar un progreso categórico antes de que se unifiquen. A esto hay que añadir la fuerza de los sentimientos antisoviéticos, el temor de muchos países árabes a una expansión ideológica demasiado grande, el recelo para con los "infieles, los opresores de los musulmanes", que ejercen una influencia negativa sobre las relaciones económicas soviético-árabes. Hoy, la situación comienza a mejorar, pero los prejuicios son fuertes.

El vínculo entre las relaciones políticas y la cooperación económica es todavía demasiado estrecho, y, muchas veces, es incluso un obstáculo. El volumen del comercio y de la cooperación soviético-egipcia bajó claramente a causa del deterioro del ambiente político con el presidente Sadat. Del mismo modo, los intercambios con Sudán y Libia nunca fueron muy estables.

A veces, los productos ofrecidos por los países árabes no se ajustan a las normas o a la calidad exigidas por las autoridades comerciales de la URSS. También suele ocurrir que la calidad de los productos de consumo soviéticos esté por debajo de las normas mundiales de calidad y que los países árabes se nieguen a comprarlos. Es entonces cuando se plantea el problema de la compensación y del comercio de trueque que la URSS practica con ciertos socios árabes, en particular con Yemen del Sur y Siria. Esta forma de intercambios comerciales se justifica cuando se trata de productos de igual calidad, pero dentro del comercio soviético-árabe ha ocurrido muchas veces que una de las dos partes no respeta este principio e intenta recibir productos de mejor calidad que los que ofrece. Lo cual genera desconfianza respecto a este tipo de intercambios, o discusiones muy fastidiosas para definir minuciosamente cada uno de los puntos del acuerdo comercial.

Las firmas árabes a menudo acusan a la administración soviética de comercio exterior, y con mucha razón, de retardar injustificadamente la entrega de las mercancías y el envío de los especialistas, y de falta de regularidad en el aprovisionamiento de piezas sueltas. Por eso, ciertos países árabes prevén sanciones (multas muy elevadas) en sus contratos de cooperación con la URSS para evitar este tipo de sinsabores. Lo cual disgusta mucho a los organismos comerciales soviéticos, tanto más cuanto que el mal estado de la economía soviética de estos últimos años ya no permite cumplir estos contratos en sus mínimos detalles: pura y simplemente reducen el volumen del comercio y de la cooperación.

También se sabe que la URSS ligaba la concesión de sus créditos financieros a la cooperación económica y técnica. Pero ciertos países árabes prefieren no recibir créditos en especie, sino préstamos en divisas convertibles para luego poder emplearlas en otra cosa. La URSS se vio obligada a buscar otros medios para financiar el mismo proyecto, lo cual aumenta los costos de construcción y ya no es ventajoso para ella.

Además, países como Iraq, Siria, Libia y Argelia tratan de reembolsar sus deudas, como ya lo hemos visto, no en divisas, sino en petróleo. Y hay que decir que ofrecían petróleo precisamente cuando su precio era el más bajo del mercado mundial. Cuando éste volvía a subir, ciertos países suspendían sus entregas de petróleo a la Unión Soviética, o bien se lo ofrecían al precio mundial y ya no al precio fijado en el contrato. De todos modos, dada la inestabilidad crónica de los precios mundiales del petróleo, la URSS perdía dinero con frecuencia al revender el petróleo árabe.

También hay que hablar de los retrasos injustificados en la puesta en funcionamiento de las obras soviético-árabes, y del alza de precios en los intercambios. Por ejemplo, se sabe que la construcción de un puerto pesquero y de una central termoeléctrica en Yemen del Sur se prolonga desde hace más de diez años, o que el Lada es vendido más caro en Yemen del Sur que en Kuwait. A veces son consecuencias de causas objetivas, pero no siempre: ocurre que los organismos y los ministerios soviéticos responsables de tal o cual proyecto van dilatando las cosas a sabiendas, para no irse de un país que proporciona divisas.

Se puede explicar esta situación por el hecho de que, tradicionalmente, la URSS daba su ayuda al sector público, reproduciendo en los países árabes su propia concepción del sector estatal. No quería tener que ver con el sector privado, que sólo era capaz de "engendrar relaciones capitalistas" y, por lo tanto, frenar el desarrollo hacia el socialismo, como decía entonces la propaganda soviética. Ahí se ve bien el alto grado de "ideologización" del sistema de relaciones económicas de la URSS.

El menosprecio del sector privado -que, sin embargo, se ha convertido en un componente esencial de la mayoría de las economías árabes en la década de los 80-ha hecho disminuir claramente el potencial de cooperación económica entre la URSS y el mundo árabe, porque numerosas empresas privadas producen ahí ahora un amplio abanico de productos y servicios que podrían interesar a la URSS. A fines de los 80, debido a los cambios ideológicos en la URSS, ciertas organizaciones soviéticas cambiaron de actitud para con el sector privado de los países árabes. En 1989, por ejemplo, cerca del 90 por ciento de las importaciones soviéticas de Siria venían del sector privado. Sin embargo, en este caso, el intermediario era el ministro de Comercio Exterior sirio, lo cual no simplificaba las cosas. La situación es análoga en las relaciones soviético-egipcias. Por eso, hoy habría que ampliar las relaciones con las empresas privadas, a muchas de las cuales les gustaría establecer contactos directos con firmas soviéticas. Sabiéndose que más de 16.000 empresas y organizaciones soviéticas tienen ahora autonomía para efectuar operaciones en el mercado exterior, ahora hay un amplio campo de actividad para compañías intermediarias, las cuales ayudarían a hallar los socios necesarios. Por supuesto, no se trata de renunciar a la cooperación con el sector público de los países árabes, pues sigue siendo el que más perspectivas de proyectos a largo plazo ofrece y el que más capital invierte.

Para volver al tema del reembolso de la deuda de los países árabes con la URSS, hay que observar que, desde mediados de la década de los 80, la URSS se volvió deudora con respecto a ciertos países árabes, Kuwait en particular. Un nuevo campo de actividad se abre, pues, en la esfera de las finanzas y de los créditos para organizaciones bancarias árabes, las cuales podrían ayudar a resolver este problema.

En muchos países árabes, las posibilidades de la producción están lejos de estar explotadas a fondo. La URSS podría ayudar a aumentar el rendimiento de la industria siempre que una parte de la producción sea enviada a la URSS, reembolsando así los créditos soviéticos: esta perspectiva parece completamente real. Hay que saber que, hoy, la situación en h Unión Soviética es tal que el mercado interno está listo para absorber una enorme cantidad de productos y servicios, aunque no sean de la mejor calidad. En otras palabras, las mercancías producidas en los países árabes y que no hallan compradores en los mercados occidentales pueden ser muy competitivas en el mercado soviético.

Las autoridades soviéticas deben ahora captar capitales árabes e informar a los posibles inversores sobre el provecho que se puede sacar de tal o cual rama de la economía soviética.

Mientras la URSS no apruebe una ley sobre la protección de los capitales extranjeros, sobre la exportaciones de los beneficios y sobre la contribución de las empresas mixtas o extranjeras está claro que ningún capital importante, ni árabe ni otro, será invertido en la economía soviética. En agosto de 1990, esta ley aún no había sido aprobada, pero el proyecto estaba en discusión. Según este proyecto sería posible crear empresas que consten de hasta el 99 por ciento de capital extranjero. Si una empresa semejante exporta por lo menos el 5 por ciento de su producción tendrá el derecho de exportar sus beneficios. Esta ley contiene además otros puntos bastante interesantes para los extranjeros. Pero repitamos otra vez que mientras no haya una verdadera legislación sobre la protección de los capitales no hay que esperar ningún aumento de las inversiones extranjeras, y de las árabes en particular.

Hay otras posibilidades de desarrollo de los intercambios soviético-árabes. Los coches de turismo "Niva" y "Sputnik" se han revelado bastante competitivos en el mercado árabe: habría que construir plantas de fabricación y de montaje de automóviles en ciertos países árabes, o, con capitales árabes, en países de África o de Asia. El esquema de una cooperación semejante es muy conocido: la tecnología es soviética, el capital árabe y la mano de obra local.

Enormes posibilidades en el campo del turismo no están explotadas hasta ahora. Una cosa bastante rentable sería la organización de peregrinaciones para los musulmanes a las ciudades y regiones de la URSS cuya historia está ligada al islam. Se podría traducir y difundir obras de la herencia islámica, así como los libros de grandes científicos, escritores y poetas arabófonos que viven en el Asia central soviética.

Los intercambios de científicos y profesores, la organización de la investigación en común sobre temas que interesen tanto a los soviéticos como a los árabes son todavía rarísimos. A este respecto hay que observar hasta qué punto estos socios económicos se conocen mal, a pesar de más de treinta años de relaciones políticas entre la URSS y los países árabes. En la URSS no se publica ninguna revista dedicada especialmente al mundo árabe, así como en los países árabes no hay ninguna revista sobre la vida de la Unión Soviética. Por eso, los árabes sólo con«en la vida política, económica, social y cultural de la URSS a través de la prensa occidental, es decir, indirectamente. He ahí pues, de nuevo otro, campo de cooperación posible: la edición.

Se sabe que cada año se hacen en la URSS un cierto número de descubrimientos, patentes capaces de interesar a los países árabes. Se ha puesto a punto un aparato portátil para desalar el agua de mar; existen modelos de hormigoneras especiales para las paredes y los fondos de los canalesde riego, etc. Pero todas estas novedades no son aprovechadas más que muy lentamente. No se trata sólo de la pesadez del aparato administrativo y de la carencia de medios necesarios: a menudo se trata de una falta de información de los posibles socios. Habría que crear necesariamente un servicio de información destinado muy especialmente a la publicidad de las novedades soviéticas en el extranjero, y, en particular, en los países árabes. Si un país está interesado por tal o cual invención se puede confiar en que invertirá en la construcción de la empresa necesaria y, a cambio, se le proporcionará la parte de la producción que corresponda a los fondos invertidos.

Todos los problemas aquí tratados tienen solución; son otras tantas dificultades que hay que superar, pero sólo un fondo por explotar para el desarrollo de la cooperación soviético-árabe.

La cooperación entre la URSS y los países árabes no puede desarrollarse independientemente de la evolución de la política soviética en lo tocante a las relaciones económicas exteriores, que ha recibido un nuevo impulso con la perestroika. También está claro que los principios fundamentales de la ayuda soviética a los países árabes son, y siguen siendo, la equidad, el respeto de su soberanía, la no injerencia en sus asuntos internos y la garantía de los intereses recíprocos. Los cambios sólo se refieren al modo de aplicar estos principios y de introducir ciertos correctivos a la estrategia económica soviética para con los países en vías de desarrollo.

Si se considera la actual intención de acelerar las relaciones económicas exteriores y la reestructuración fundamental de sus organismos se puede hablar de un principio de tránsito a relaciones verdaderamente comerciales entre la URSS y los países árabes. Esto permite a la URSS realizar con ellos intercambios basados en la especialización de la producción y que tengan en cuenta las ventajas ofrecidas por los diferentes socios. En otras palabras, la "perestroika" del sistema de relaciones económicas exteriores de la URSS abre perspectivas de división del trabajo con los países árabes, lo cual permitirá a todas las partes implicadas aumentar la eficacia tanto de sus relaciones exteriores como de su propia producción.

Como el nuevo sistema ya no está basado en relaciones preferentes con tal o cual país, la URSS debe ahora esforzarse en conciliar dos cosas: el principio de la autonomía económica y los encargos a las empresas destinadas a la ayuda a los países árabes menos desarrollados, la cual debe conservar su sitio en nuestras relaciones. Esto supone una reforma no sólo de las funciones de los organismos soviéticos de comercio exterior (que son nuestros intermediarios en las relaciones económicas con los países árabes), sino también de las del Banco de Comercio Exterior de la URSS. Éste no tenía derecho, hasta ahora, a financiar transacciones con empresas privadas: ahora que la cooperación con el sector estatal prácticamente se ha agotado, tiene que lanzarse necesariamente a los mercados financieros privados con objeto de captar capitales para financiar los diversos proyectos de cooperación económica soviético-árabe.

La cooperación en el marco de empresas mixtas es todavía muy nueva para la parte soviética, pues hasta ahora no ha tenido el éxito esperado. Una (le lassoluciones posibles sería aumentar la participación de la URSS en empresas mixtas con algunos países árabes con objeto de elaborar proyectos capaces de interesar a los mercados de varios países.

Es necesario diversificar las relaciones económicas de la URSS con el mundo árabe: la urgencia la dicta, en particular, la agresión de Iraq contra Kuwait y la participación de la URSS en las sanciones económicas aprobadas por la ONU contra Iraq. Se sabe que, entre los países árabes, Iraq es el principal socio comercial de la URSS desde mediados de la década de los 80, que la URSS se ha visto forzada a reducir al mínimo el número de sus especialistas en Iraq y a suspender totalmente sus entregas de mercancías. Las pérdidas para la URSS se elevan a 1.600 millones de dólares en petróleo y 350 millones de dólares en divisas, sin contar las multas que deberá pagar a los países a los que revendía petróleo iraquí.

La URSS no ha hecho más que empezar la realización de su nuevo sistema de relaciones económicas exteriores. Está en su período de "rodaje". Pero pensamos que los nuevos principios a los que se refiere abrirán nuevas perspectivas con respecto al desarrollo de la cooperación económica soviético-árabe en todas sus formas.

Cuadro 1
La dinámica del comercio soviético-árabe
(millones es de rublos, precios corrientes)
Año
Exportaciones de la URSS
Importaciones de la URSS
Saldo
1961

1965

1970

1975

1980

1985

1987

1988

1989*
167,6

294,4

624,8

891,3

1.364,0

1.412,4

1.256,6

1.210,2

605,5
116,5

198,3

436,6

1.025,3

1.107,2

2.669,0

1.709,4

2.258,3

967,1
+51,1

+96,1

+188,2

-134,0

+256,8

-1.256,6

-452,8

-1.048,1

-360,6

* (Para enero-junio)
Cálculos hechos según: Le commerce extérieur de l'URSS. Recueil de statistiques.
Moscú, los años correspondientes.


Cuadro 2
Porcentaje de ciertos países árabes con relación al
volumen total del comercio soviético-árabe
1961
1965
1970
1975
1980
1985
1987
1988
1989*
Total países árabes

Argelia

Egipto

Libia

Marruecos

Iraq

Siria

Rep.Pop.Yemen
100

-

64,9

0,6

2,7

13,3

6,8

-
100

3,5

68,0

1,0

3,5

6,1

5,7

-
100

11,1

57,6

1,2

4,8

6,0

5,6

0,4
100

11,8

37,0

0,9

4,5

31,0

8,6

0,6
100

6,3

15,5

18,3

8,0

29,6

13,0

2,5
100

9,9

14,3

23,6

4,4

20,2

12,5

3,7
100

8,3

20,0

9,1

3,3

37,5

14,9

3,9
100

10,6

16,9

13,8

1,8

36,6

11,8

4,8
100

10,3

14,2

5,0

2,7

34,1

25,0

4,8

* Para el pieríodo enero-junio.
Cálculos hechos segú las mismas fuentes del cuado anterior.


(*)Responsable del sector Economia de los paises árabes del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de la URSS