Las conferencias que he oído me han dejado
aún más perplejo. Las palabras "cultura"
e "intelectual" se han vuelto problemáticas,
mientras que yo siempre he considerado al "intelectual"
como "hombre honesto", "hombre de cultura".
Nuestras intervenciones se han transformado en otras tantas "elegías",
y este coloquio en un verdadero "muro de lamentaciones".
No puedo estar de acuerdo con el Dr. Darem cuando
afirma que los occidentales conocen bien a los árabes,
mientras que los árabes no saben nada del pensamiento político
occidental. Pues estamos informados sobre la historia de Occidente,
sobre su cultura, sus periódicos ... En cambio, no creo
que la percepción occidental del pensamiento político
y el alma árabes sea exacta, ni pertinente, ni equitativa.
Sólo una pequeñísima minoría de intelectuales
occidentales conoce, de manera precisa y objetiva, a los árabes.
No siento ningún complejo de inferioridad
epistemológica frente a los intelectuales occidentales.
En cuanto a saber si el papel del intelectual es influir con sus
escritos sobre el que decide, yo diría que esta influencia
no es inmediata, sino que se produce después de algún
tiempo.
Me hago preguntas sobre el contenido y las referencias
de la cultura de la posguerra. Sabemos que, hasta ahora, nuestras
referencias han sido siempre occidentales, con el pretexto de
universalidad, aunque son referencias que Occidente utiliza de
modo hostil y hegemónico para ocultar la verdad, deformar
la realidad y, por consiguiente, alienar las mentalidades.
La pregunta para la que esperaba respuesta en la
parte del debate consagrada a la cultura es saber cómo
librarse de la dependencia cultural sin salirse de la universalidad
y con objeto de tener una especificidad cultural que pueda alimentar
el imaginario árabe sin alienación ni repliegue
en sí mismo.
En lo que concierne a esta guerra, quisiera hacer
notar que algunos sugieren que la vuelta de Sadan al islam es
de orden táctico. Seguramente hay algo de verdad en esta
afirmación, pero, por mi parte, pienso que él no
se lanzó por este camino desde una posición teórica,
sino práctica. La presencia de los
norteamericanos en tierra santa ha constituido un shock para los
musulmanes, y no hablo sólo de los islamistas. Por otra
parte, el movimiento Baaz ha evolucionado hasta integrar elementos
islámicos en la ideología baazista. En todo caso,
no creo que esta evolución sea artificial, sino que el
problema sigue planteado, pues es inadmisible que siga habiendo
un foso tan grande entre el islam y la arabidad. La sensibilidad
islámica está afianzada en las masas populares.
Es uno de los elementos constitutivos de la identidad árabe;
su evolución obedece a un movimiento natural y no sólo
a simples cálculos.
Por otra parte, considero que lo que Sadam Husein
ha emprendido al lanzarse contra Occidente en los campos militar,
diplomático y económico es rico en enseñanzas,
pues, en verdad, nuestros sentimientos de fracaso, y de hostilidad
respecto a Occidente, no dejaban de dar vueltas en un circulo
vicioso, aislado y sin contacto con la calle y la vida política.
Ahora bien, en este mundo inhumano, tales sentimientos
no pueden influir en los acontecimientos. Sólo la lucha en contacto
con la realidad (la guerra, la tecnología, la economía
...3 es portadora de cambio. Es esa lucha la que hace avanzar
a la historia.
Por eso, ocultarse detrás de la neutralidad
del saber y de la función del intelectual es algo inaceptable.
Si el intelectual no desempeña ningún papel es porque
se niega a comprometerse en la lucha real de la vida.
Nuestros intelectuales todavía viven en su
torre de marfil; escriben libros que no leen ni los gobernantes
ni el pueblo. Es una situación que ellos mismos eligieron
cuando abdicaron de su papel como intelectuales dialécticamente
ligados a su realidad social y a sus pueblos.
Primera observación: saber y compromiso. Si
el compromiso es necesario, no es, desde luego, suficiente para
definir al intelectual. Este debe producir un saber, sometido
a las reglas del método, y es esta producción lo
que lo define como intelectual o como científico.
Durante la guerra del Golfo se ha podido observar
que raros eran los historiadores que conocían, con cierta
precisión, la historia de Iraq y de sus relaciones con
Kuwait. Por eso, cuando se sintió la necesidad social de
referirse a esta historia,' los intelectuales fueron incapaces
de responder a la demanda social.
Segunda observación: saber y dominación.
Una de las enseñanzas de esta, guerra es que el discurso
occidental está íntimamente ligado a la situación
de dominación de Occidente. Por eso, todas las nociones
de racionalidad, coherencia, etc., que se utilizaban para caracterizar
a la civilización occidental deben ser hoy objeto de una
revisión crítica. Occidente no es más racional
que las otras comunidades humanas, y hasta. puede que sea más
bárbaro, por su racionalidad más ligada a la dominación.
Me hubiera gustado que Tahar Labib haga una comparación
más amplia entre la forma en que la prensa occidental trató
la crisis del Golfo y sus orígenes y el modo en que la
prensa árabe se comportó a este respecto, y que
nos diga en qué medida influyeron los medios de comunicación
occidentales sobre la opinión pública árabe
en la comprensión de la crisis y de sus complicaciones.
Por ejemplo ¿en qué medida la identificación
de Sadam con Hitler influyó en el pensamiento social árabe?
¿Hasta dónde la calificación a Sadam de '¿carnicero
de Bagdad" o de "Hayyay"(l), hecha por algunos
periódicos de los países árabes de la coalición,
pudo neutralizar a la calle árabe o, por lo menos, las
reacciones de la opinión pública en estos países,
y, especialmente, en Egipto y, quizá también, en
Siria?
Mi impresión es que esta comparación
hecha ya sea por los periódicos occidentales, o por la
prensa de los países árabes de la coalición
no influyó en el pensamiento social árabe en cuanto
a la idea que éste tenia sobre la personalidad del presidente
iraquí. Esta idea abarcaba una dualidad: rechazo al carácter
brutal y sanguinario del presidente iraquí y adhesión
al espíritu de decisión y a la audacia que se asocian
con su imagen, pese a la catástrofe que provocó-esta
audacia y que afectó no sólo a Iraq y a Kuwait,
sino a todo el mundo árabe. Por supuesto, esta imagen varia
de una sociedad árabe a otra.
Así. en los países árabes de
la coalición, y especialmente en la región del Golfo,
prevalece el primer aspecto de la personalidad del presidente
iraquí, mientras que el segundo aspecto la resolución
y la audacia predomina en el Magreb y en algunos países
del Levante.
Yo quisiera hacer algunas observaciones respecto
al intelectual árabe y a la producción cultural
en el mundo árabe. En comparación con las demás
regiones del Tercer Mundo, y especialmente con América
Latina, parece que el número de intelectuales creadores
e investigadores árabes es relativamente bajo.
Del mismo modo, el volumen y la diversidad de la
producción intelectual, y el reducido número de
escuelas de pensamiento (y hasta su inexistencia, en muchas regiones
del mundo árabe), no pueden explicarse por razones especificas
de la región, sino por causas objetivas.
Las sociedades árabes todavía no han
dado origen a una estructura de clases homogénea, pues
se encuentran en un periodo de transición y de cambio,
de contornos imprecisos. Esta situación es la causa esencial
de la deficiencia del movimiento cultural y de la no emergencia
de intelectuales comprometidos y creadores,
que habrían podido definir y expresar con fuerza los proyectos
de las diferentes clases sociales, contribuyendo así al
continuo y siempre renovado enriquecimiento del movimiento cultural.
Además, las burguesías, pequeña
y media, que, en la mayoría de países árabes,
han dirigido la mayor parte de las experiencias de desarrollo,
a través del aparato del Estado y en el marco de la división
internacional del trabajo vigente, han convertido a los intelectuales
árabes en intelectuales al servicio del poder, con la mente
alienada en los conceptos de los países dominantes en la
economía mundial. Esta situación ha engendrado un
intelectual dependiente, en el campo del saber, sobre todo en
las sociedades total o casi totalmente privadas de democracia.
Por otro lado, observamos que los países árabes
que tienen una economía rentista han asimilado el desarrollo
de comportamientos sociales orientados principalmente hacia el
consumo, un consumo que, más allá del sector económico,
se extiende a la cultura, y se caracteriza por una demanda de
productos e instrumentos culturales, de Oriente o de Occidente,
que varia según el carácter del Estado y de sus
vínculos políticos con el exterior.
La inconsistencia del intelectual árabe se
ha manifestado claramente durante los últimos diez años,
cuando se derrumbó casi totalmente ante el asalto del discurso
ideológico liberal y el repliegue de los países
del Este, en los dos frentes de la política y de la ideología.
La cuestión que se plantea ahora es saber
cómo a reaccionar
el intelectual árabe ante el asalto que países occidentales han llevado a cabo
contra Iraq y las fuerzas de liberación en el mundo árabe.
Los desafíos (múltiples y cada vez más temibles),
los movimientos de masas de que ha sido testigo la calle árabe
(especialmente en el Magreb), la ausencia o el debilitamiento
de la ideología ¿promoverán un despertar, un
movimiento de renovación en el intelectual árabe?
¿Entrará éste en una nueva fase de creatividad,
más independiente, en el sentido intelectual e institucional,
y bebiendo más de la experiencia popular de liberación?
¿Podrá superar los otros obstáculos objetivos
que he mencionado antes, para enfrentarse a los desafíos
y las realidades del actual período histórico?
Eso es lo que espero, en todo caso, pues la próxima
etapa podría ver, en lo político, el ascenso de
las fuerzas tradicionalistas y salafíes, después
de que Occidente, al gestionar la crisis, haya devaluado ciertos
valores humanistas a los que, en nuestros países, se referían
el discurso racional y la sociedad civil.
El próximo periodo también podría
ver, en lo económico, un mayor sometimiento de algunos
países árabes a la voluntad de los países
occidentales. .
En efecto, no olvidemos que la mayoría de
los países que apoyan a Iraq han emprendido, en casa, programas
de ajuste estructural, ligados a condiciones impuestas por las
instituciones financieras internacionales. Estos países
podrían, pues, estar más expuestos que otros a presiones
encaminadas a hacerles pagar sus posiciones políticas. Por
eso es deber del intelectual contribuir a la realización
de proyectos más capaces de responder a las aspiraciones
de las masas y de ayudar a los países árabes a librarse
del circulo de la dependencia respecto a Occidente y a trabajar
por la instauración de un nuevo orden internacional basado
en una verdadera cooperación.
Yo tengo algunas cuestiones que plantear respecto
al concepto de intelectual, tal como aparece en la ponencia del
Dr. Tahar Labib.
El intelectual es ¿el médico, el dueño
de una licenciatura, el productor de conocimientos, u otra cosa?
Temo que el Dr. Labib no ha sido demasiado riguroso
en su conferencia; pero ha per nítido evidenciar una realidad:
que los intelectuales árabes, en un momento decisivo de
la vida de un pueblo hermano, o bien han puesto sus plumas al
servicio de los regímenes establecidos, o bien han preferido
esconderse, pues no han desempeñado ningún papel
notable en estas circunstancias.
Por otro lado ¿es posible, en este momento,
contentarse con debatir cuestiones abstractas y problemas epistemológicos,
cuando la presente etapa de nuestra historia exige un compromiso
y un estrecho contacto con las masas populares? ¿Es el momento
de celebrar coloquios sobre el conocimiento, cuantas miles de
bombas son arrojadas sobre Bagdad? No lo creo.
En la reacción de los intelectuales ha habido
una cierta indolencia, una desidia imperdonable, aunque algunos
hayan tomado posición y hayan manifestado su compromiso.
Pero éstos no figuran entre los grandes intelectuales.
Dirigiéndose al más amplio público, se han
esforzado por responsabilizarlo y por adoptar una posición
clara, que sea la voz de la conciencia nacional.
El intelectual debería haber sabido que la
dialéctica de la política y de la guerra no se apoya
en el conocimiento, sino en la dialéctica del amigo y del
enemigo. Desde este punto de vista, estoy convencido de que el
movimiento desencadenado por Sadam Husein es más importante
incluso que el conflicto con Israel, pues ha apuntado al corazón
mismo de la "nodriza" de Israel: Estados Unidos.
Pienso que las tres conferencias han terminado en
un bosquejo de nuevas perspectivas, y no en una nota elegíaca
o en un lamento cualquiera, como se ha dicho. El problema es que
cuando uno de nosotros aspira a ser un intelectual militante,
es necesario que sea "también" un intelectual.
En cuanto a definir al intelectual, pienso
que es esa figura que va desde el faquih (teólogo, doctor
de la fe) hasta Sartre, pasando por Gramscii la del hombre-que
posee un saber, una visión del mundo, y que propone una
alternativa. E1 problema en los países árabes, es
que el papel del intelectual cesó cuando los poderes comenzaron
a considerar que podían extraer su legitimidad de si mismos
y que no tenían ninguna necesidad de la opinión
o de la adhesión del intelectual.
Una de las consecuencias de la guerra es la posibilidad
que ahora tienen las masas de contribuir, de modo efectivo, a
definir el próximo papel del intelectual.
Por lo que se refiere a nuestro conocimiento de Estados
Unidos y de la mentalidad de Occidente en general, muchos estiman,
en efecto, que es escaso, especialmente en lo que respecta a Estados
Unidos. Edward Said, por ejemplo, considera que no conocemos la
mentalidad norteamericana, aunque sólo fuese desde el punto
de vista del "conoce a tu enemigo".
¿Cómo volverá el intelectual árabe
a la cuestión de la unidad árabe? Está ese
fenómeno que yo he denominado "arabushismo",
es decir, el apoyo a Bush en nombre del interés árabe.
Ahora bien, como de costumbre, no dejaremos de toparnos, en la
primera ocasión, con "arabushianos" debatiendo
problemas e intereses de la nación árabe. Pues bien,
es necesario que nos reunamos de nuevo para discutir, cualesquiera
que sean nuestras divergencias y la diversidad de nuestras posiciones.
Otra observación: numerosos estudios prospectivos
sobre el porvenir árabe vaticinaron lo que acaba de ocurrir
en Kuwait. Eso demuestra que el intelectual árabe no fue
totalmente incapaz de leer, de descifrar, la realidad, y de intentar
un enfoque prospectivo. Hay que reconocer el trabajo científico
realizado por la intelligentsia árabe y hacerle justicia.
En cuanto a la dialéctica Machreq-Magreb,
desde algún tiempo se está creando un consenso acerca
de la complementaridad, solidaridad e interacción fecunda
entre las dos vertientes de la nación árabe. Nos
corresponde reflexionar sobre esta relación tan rica, lejos
de las sensibilidades habituales.
Por lo que atañe a los valores occidentales,
seria desastroso que algún día llegáramos
a aceptar la superstición o lo irracional, y rechazáramos
los derechos humanos en nombre del rechazo a Occidente. En cambio,
lo que si debemos evaluar de nuevo es el respeto, por parte de
Occidente? de sus propios valores. Pues este ha llevado su arrogancia
hasta el extremo de permitirse violar sus propios principios,
sin esperar reacciones del exterior.
No quisiera repetir lo ve: se ha dicho a lo largo
de los debates, sobre todo cuando yo mismo he abordado, en mi
conferencia, algunos de los puntos planteados. Quisiera, sin embargo,
aclarar algunas nociones y recalcar algunas de las tareas que
nos corresponde cumplir.
La significación del movimiento de liberación
nacional es, en primer lugar, económica y social; luego,
ideológica; y, por último, cultural y a nivel de
medios de comunicación.
Todos estos elementos aparecen hoy, con una brillantez
sin precedentes, en todo lo que tienen de positivo y de negativo.
Así, los islamistas no pueden seguir contentándose
con la afirmación de que Occidente son "las cruzadas'',
mientras que la fuerza islamista continúa apareciendo como
"capitalismo dependiente" de los bancos occidentales
y de sus instrumentos.
Es necesario abrir un debate, fundamentalmente sobre
su programa social, pues hemos visto cómo- los "Hermanos
Musulmanes", en el parlamento egipcio, se alineaban detrás
de las fuerzas y grupos financieros más reaccionarios,
más opuestos a los intereses de las masas y más
estrechamiento ligados a los organismos financieros imperialistas
y capitalistas en general.
No se entiende que los islamistas hayan iniciado
un diálogo con los nacionalistas, como ha destacado el
Dr. Filali, mientras se negaban a discutir con la izquierda sobre
un programa socialdemócrata.
La izquierda, también, necesita revisar sus
tesis y sus posiciones respecto a la paz en el mundo, al conflicto
árabe-israeli, al carácter prioritatio de la democratización,
reivindicación ésta que linda con una apología
en favor del liberalismo puro y duro. Exhortamos a la izquierda
a revisar sus concepciones del imperialismo y de la lucha de liberación
nacional, y a dar prioridad a estas cuestiones, pues Israel ha
vuelto a los primeros tiempos del colonialismo de asentamientos,
mientras que el imperialismo ha ocupado la región con su
infernal maquinaria de guerra para destruir a todo un pueblo.
En estas condiciones ¿dónde está esa evolución
de Israel, de la que tanto se nos habla? ¿Dónde está
la paz mundial? La izquierda se enfrenta, pues, en esta guerra
del Golfo, a las reivindicaciones del movimiento de liberación
nacional y a la movilización de las masas populares y de
las masas islamistas en favor de esta liberación nacional.
Se trata de un tema importante, sobre el cual deben discutir juntos
la izquierda y los islamistas.
En resumen, pienso que los islamistas deben progresar
en cuanto a la cuestión social, y que la izquierda debe
evolucionar en un sentido más nacionalista. Es sólo
a esta condición que unos y otros se elevarán al
nivel del acontecimiento.
Los magrebies, por su parte, deben comprender que,
en el Machreq, la batalla del arabismo y del islamismo continúa.
Aunque, por su lado, estén enfrentados a Occidente y a
las maniobras de la nueva francofonía, deben ayudar a no
dejar que las tesis sobre una supuesta ruptura Machreq-Magreb
influyan negativamente en la lucha común.
La derrota militar y la dilapidación de las
riquezas no constituyen un gran problema para el Golfo, que no
carece ni de recursos financieros ni de reservas petroleras.
Queda por saber cómo hacer frente a la situación
desde los puntos de vista popular, cultural e intelectual, y combatir
las tendencias aislacionistas y chauvinistas, cuyo ascenso constituiría
un grave peligro para el periodo venidero.