Las cuatro conferencias han
mencionado, de uno u otro modo, las posiciones de los grupos sociales
árabes sobre la guerra del Golfo en los países del
Norte de África y del Creciente Fértil. Estas posiciones
han oscilado entre el rechazo categórico y la oposición
relativa contra la guerra y la presencia extranjera. No creo que,
en estas regiones, el discurso social sobre la guerra, tanto en
el ámbito no oficial como en el oficial, haya sido diferente,
en su contenido, del de las demás regiones árabes,
ya sea dentro o fuera de la esfera del conflicto. Si bien es difícil
reunir pruebas definitivas en este campo, es posible, en cambio,
delimitar algunos contornos del discurso del Golfo, al menos,
del no oficial. En primer lugar, tenemos que destacar la concordancia
entre el discurso oficial y el popular en cuanto al rechazo a
la invasión de Kuwait por Iraq y a las medidas que siguieron
a esa invasión. El rechazo a esta invasión y, por
consiguiente, a la anexión de Kuwait, por lo menos en el
ámbito no oficial, se explica, probablemente, por la imagen
de un régimen iraquí sanguinario y despiadado que
se incrustó en la mente de la gente. De modo que este régimen,
en virtud de su carácter, no podía compararse con
ninguno de los otros regímenes establecidos en la región.
El modelo iraquí no podía tener "proyección"
ni suscitar adhesión alguna en los países del Golfo,
aunque sólo fuese debido al margen de libertad (por más
relativo que sea) y al bienestar social (lo que, sin duda, es
más importante) de que goza la gente en estos países.
Sin embargo, es posible esbozar un esquema aproximado de las divergencias,
relativas o totales, entre los dos sectores (oficial y popular)
sobre el modo de enfrentar la crisis y, especialmente, sobre la
presencia extranjera y el carácter militar o pacifico de
la acción a emprender para poner fin al conflicto. Existe
un importante sector de la opinión pública que claramente
se apoya en los grupos religiosos no oficiales, en ciertas franjas
de las agrupaciones nacionalistas y liberales, así como
en los círculos que, durante el periodo precedente, fueron
influidos por las campañas antinorteamericanas llevadas
a cabo en gran escala por la propaganda iraní. Esta parte
de la opinión pública era apenas favorable al principio
de recurrir a fuerzas extranjeras o a la opción militar
en un asunto que no había sido zanjado a nivel local y
que, en realidad, había sido provocado por la interacción
de las posiciones de las otras partes del conflicto: las internacionales.
Sin embargo, creemos que la actitud de esta franja de la opinión
pública local no ha tenido el peso suficiente como para
influir en las decisiones o modificarlas.
Frente a estos sectores, una importante parte de
la opinión pública en el Golfo además de
la opinión pública kuwaiti, evidentemente, que,
por algunos lados, está abierta a las corrientes islamistas
y nacionalistas, llegó a la convicción (como efecto
de los acontecimientos y de los complejos cambios que hunden sus
raíces en las sociedades de la región) de que no
había más alternativa que la destrucción
o, al menos, una considerable reducción, del potencial
militar, e incluso económico, de Iraq. En otras palabras,
de que el régimen iraquí debía ser "castigado"
por haber invadido Kuwait.
Por último, frente a todas estas tendencias,
hay una tercera corriente, aparentemente poco influyente, que
está constituida por algunas figuras de la intelligentsia
del Golfo de tendencia liberal o nacionalista y que exhorta a
dar preferencia a la dimensión geográfica sobre
el factor "riqueza" y los intereses de las potencias
regionales e internacionales ligados a ella. Esta intelligentsia
considera que la geografía durará mientras dure
la vida en la - región, mientras que la riqueza está
destinada a acabarse algún día. Por lo tanto, no
hay que cometer el mismo error de apreciación que el régimen
iraquí, que se esforzó por cambiar la geografía
y recurrió a la historia para invadir Kuwait. Por eso,
esta corriente exhorta a todas las fuerzas locales, árabes
e islámicas, influyentes en la región, a idear un
nuevo tipo de relaciones, que sean diferentes de las que han prevalecido
hasta ahora. Dicho de otro modo, la necesidad geográfica
exige de los países del Golfo, así como de las demás
fuerzas árabes e islámicas, un nuevo tipo de relaciones,
que esté basado en el equilibrio de intereses así
como en los comunes denominadores.
Aunque estamos de acuerdo con este punto de vista,
debemos recalcar que la validez de este enfoque dependerá
de la manera en que se resuelva el conflicto y de las alternativas
que las potencias que van a decidir el desenlace de la guerra
estimen más apropiadas para preservar sus intereses inmediatos
y estratégicos.
Por último, los acontecimientos del Golfo
más allá de sus consecuencias dramáticas
o catastróficas han revelado un aspecto fundamental, a
saber, que ya no se debe volver a la situación prevaleciente
en la región antes del 2 de agosto, ya se trate, especialmente,
de las relaciones entre la sociedad civil y el Estado, o de la
necesidad, formulada explícita o implícitamente,
de participar en el poder de decisión, tanto a nivel interior
como a nivel exterior, y de definir nuevas y equilibradas relaciones
entre los Estados miembros de la comunidad árabe, y entre
Estos y los Estados islámicos vecinos.
Estoy de acuerdo con él en la mayor parte
de los puntos que ha plantado, y muy especialmente en lo que ha
dicho respecto a los pocos Estados que están viviendo un
comienzo de democracia.
No hay duda que estos Estados han facilitado la tarea
de la sociedad civil al no someterla a una presión demasiado
fuerte. La característica de los magrebíes es que
están lejos del Machreq: ¿cómo explicar entonces
esa llamarada de arabismo en el Magreb? Pienso que en ese entusiasmo
hay un impulso hacia la arabidad: los pueblos magrebíes
se sienten árabes en todo su ser. Pero son esquizofrénicos.
En Túnez, por ejemplo, los sentimientos nacionalistas árabes
estén fuertemente reprimidos. En el Magreb sentimos una
pasión por la arabidad tanto más grande porque no
tomamos en cuenta los litigios y los conflictos entre los países
del Machreq, que muy a menudo están en situación
de hermanos enemigos, como ocurre con Siria e Iraq, o como ocurrió
con Egipto y otros Estados árabes cada vez que se planteó
el problema del liderazgo en la región.
En el Magreb hemos vivido la guerra del Golfo con
una especie de ingenuidad, es decir, con un compromiso sincero.
De ello ha resultado, entre otras cosas, una profundización
de la conciencia nacional en el pueblo. La cuestión que
se plantea es saber qué presión va a ejerce esta
profundización de la conciencia que ha tenido lugar fuera
de las organizaciones políticas.
Por otra parte, en el Magreb deseamos fuertemente
afirmar nuestra identidad árabe frente a Occidente, pues,
por otro lado, estamos obsesionados con la modernidad científica,
tecnológica y hasta técnica. A1 hombre de la calle
no le ha preocupado especialmente la legalidad internacional,
porque considera que la entrada de Iraq en Kuwait es, desde el
punto de vista de la nación árabe, un acto legítimo.
Una conferencia exhaustiva, que parte de una original
reflexión sobre el movimiento árabe desde el siglo
XIX, analizado a través de una metodología marxista
metodología que hoy es puesta en duda o marginada, aunque
en el marxismo existen elementos exactos que no es posible borrar
y que, al contrario, convendría mantener).
Sin embargo, criticaría a Timumi de haberse
dejado encerrar en ese marco y de no haber intentado reactualizarlo
a la luz de los recientes acontecimientos ocurridos en el mundo.
La expresión "movimiento de liberación"
árabe por ejemplo, no ha sido definida claramente. ¿Qué
significa, exactamente, este concepto, que, sin duda alguna, es
movilizador, pero que, desde un punto de vista crítico,
sigue siendo vago?
No estoy de acuerdo con el autor cuando afirma que
el capitalismo es el imperialismo...
Por lo que se refiere a la burguesía árabe,
pienso que se ha exagerado el papel de Muhammad Ali, quien no
sentó las bases de una verdadera industrialización.
Todo lo que hizo fue implantar industrias manufactureras.
El Machreq árabe siguió siendo feudal
hasta comienzos de los años sesenta. ¿Cómo
podría haber dado a luz una burguesía?
En realidad, la burguesía árabe está
actualmente en plena gestación.
El 1 de agosto de 1990 me hallaba en Norteamérica
y de los análisis de la prensa norteamericana. Eran moderados,
en comparación con los de la prensa francesa, que entonces
caía en la histeria. Con excepción del periódico
"Wall Street", la prensa norteamericana demostró
moderación.
La prensa francesa es una prensa retrógrada,
nacionalista en el mal sentido de la palabra: uno tenla la impresión
de que Francia había vuelto a 1914 y a la movilización
general contra los alemanes.
Las posiciones del Estado francés eran más
bien avanzadas en comparación con las de la prensa. Pero,
en general, Francia ha tenido una actitud reaccionaria, cada vez
más confirmada.
Me ha apenado observar una especie de entusiasmo
de los tunecinos por la posición francesa.
Todo mi deseo es que esta crisis o esta tragedia
sea el comienzo de una verdadera emancipación intelectual.
Necesariamente tenemos que fijar criterios para evaluar
el carácter o la fuerza de la reacción popular en
los países árabes frente a la crisis del Golfo;
y también para medir su alcance e impacto sobre las decisiones
de los gobiernos locales durante este mismo período.
A este respecto, pienso que podemos estar de acuerdo
en que no hay que exagerar desmesuradamente la evolución
que ha tenido lugar en la opinión pública, independientemente
de la simpatía que nos inspire. Por ejemplo, no cabe duda
que las masas populares magrebies expresaron sus posiciones en
forma nueva y a gran escala. Pero esta expresión del sentimiento
popular, a través de manifestaciones espontáneas,
sobre todo cuando la posición de los gobiernos parecía
moderada, podría no dar todos los resultados que uno espera
de esta evolución.
Yo espero que esta evolución acarree modificaciones
más profundas, así como un compromiso mayor, en
la posición de los gobiernos frente al acontecimiento.
Con el empuje de las masas populares, estos gobiernos pueden participar
positivamente en la lucha, tal como se vio durante los conflictos
de 1956 y 1967, cuando se incendiaron oleoductos en algunos países
de Oriente Próximo, se rompieron relaciones diplomáticas
y, en el caso de los países magrebíes, se enviaron
refuerzos militares a Egipto. Nada de esto hemos visto esta vez,
a pesar de las posibilidades de que disponen países como
Argelia o Libia. Uno se sorprende al ver las reacciones limitadas
de algunos de estos países, a pesar de sus potencialidades
y de los discursos políticos que sostienen.
Es importante que evaluemos el alcance del empuje
del arabismo en los países del Magreb, el alcance del acercamiento
entre el islamismo y el nacionalismo árabe, y el alcance
del cuestionamiento de la relación paternofilial con Francia,
todo lo cual nos proporcionaría amplio material para el
estudio de estas evoluciones, después de que hayamos superado
el actual desastre.
La evaluación de la reacción en Egipto
es, igualmente, rica en enseñanzas, a pesar de la confusión
alimentada, en gran escala, por una información condicionada
por el enorme aparato ideológico (y, sobre todo, de medios
de comunicación masiva) montado por los "coaligados",
Egipto inclusive.
La evolución que se ha producido en Egipto
con respecto a la visión de Estados- Unidos como "imperio
del mal" es muy importante. Nos hemos despertado después
de diez años de Camp David. Difícilmente nos imaginábamos
que eso pudiera suceder algún día. Sin embargo,
he ahí que, por otras razones, esto ha sucedido.
Parece que, sobre todo en el Alto Egipto, las masas
pobres se han puesto del lado de Iraq en su lucha contra la invasión
norteamericana. Aunque en algunas fuerzas políticas hayan
aparecido divisiones, las manifestaciones estudiantiles, la mayor
difusión de los periódicos de la oposición
y las decenas de comunicados de protesta provenientes de las asociaciones
y organizaciones culturales y populares, más la formación
de comités de socorro y el acercamiento entre las corrientes
políticas naserianas, islamistas y comunistas, todo eso
ha representado un verdadero empuje para Egipto, cuya fuerza deberá
medirse con el rasero de la radical oposición frente al
gobierno egipcio que este empuje ha traído consigo.
El "Comité de Defensa de la Cultura Nacional",
cuyo secretariado general tengo el honor de desempeñar,
se ha propuesto reunir todas estas informaciones en un folleto
y ha organizado dos congresos, en los que los intelectuales egipcios
han podido hacer oír la voz de esas corrientes de oposición.
Es posible que Estados Unidos haya procurado ir hasta
el final en su lógica de dominación, pero las reacciones
de las masas populares y de los intelectuales han sido muy importantes
para hacer frente a esa hegemonía. Hay que estudiar cuidadosamente
estas reacciones, y, con este fin, definir criterios de evaluación
adecuados, a fin de poder actuar juntos para hacerlas evolucionar,
y sacar provecho de esta evolución popular para preservar
el futuro.
No quisiera entrar en un debate sobre Egipto con
el Dr. Chaaraui, por no disponer de informaciones precisas a este
respecto. Sea lo que fuere, lo que hemos oído honra a Egipto.
Sólo quiero responder a lo que el Dr. Chaaraui
dijo sobre todo lo que ocurrió en el Magreb árabe,
pues creo que él reduce su alcance al afirmar que eso no
ha podido suceder más que con la aprobación de los
gobiernos.
No estoy de acuerdo con esa afirmación.
En Túnez, por ejemplo, la posición
del gobierno fue de apoyo a Iraq y de oposición a la anexión
de Kuwait. Ese fue también el caso de Argelia. Pero, a
nivel popular, hubo varios movimientos y manifestaciones, algunos
de los cuales condujeron a un enfrentamiento con el Estado y se
saldaron en heridos.
Se efectuaron numerosas colectas de donaciones, principalmente
entre las capas más desfavorecidas.
Las masas populares en Argelia, Túnez, Yemen,
Sudán, Jordania y Palestina han hecho grandes cosas y han
aceptado importantes sacrificios. No puedo admitir que se afirme
que nada notable ocurrió en estos países.
Nunca dije que estos pueblos reaccionaron de este
modo por orden de sus gobiernos. Sin embargo, quise establecer
una comparación entre tales manifestaciones y, por ejemplo,
el apoyo que el pueblo sirio dio a Egipto en 1956 interrumpiendo
las entregas de petróleo a los países occidentales,
o, también, con la participación efectiva, aunque
limitada, de Argelia en las guerras de 1967 y 1973, siempre bajó
la presión de las masas populares.
Quería llamar la atención sobre los
diferentes impactos que sobre el poder han tenido las luchas populares
en diversos países árabes. Aunque no conozca con
precisión lo que pasó en Túnez, establezco
una distinción entre la influencia que sobre los gobernantes
han tenido las posiciones de las masas populares respecto a Occidente
y su influencia sobre las partes en conflicto (obsérvense,
por ejemplo, los comportamientos histéricos de hostilidad
contra Arabia Saudi por parte de los yemenies que se marcharon
de ese país).
Todos los que me conocen saben que no puedo subestimar
la reacción de las masas. Pero cualquier evaluación
debe ser hecha según criterios precisos y sin exageraciones
de orden sentimental, que podrían conducir a la decepción
y a contemplar cómo la inercia sucede al ardor colectivo.
Yo tendría que hacer tres observaciones relativas
a la conferencia de la señora Dalal al-Bizri, que es interesante
a nivel del análisis y de su exhaustividad:
a) la relación sociedad-Estado;
b) la cuestión del islam y de las corrientes islamistas;
c) la relación entre el nacionalismo y la
corriente islamista.
La señora Al-Bizri ha dicho que la sociedad
fue marginada y que no influyó en las decisiones que tomaron
los regímenes.
Conviene rectificar esa afirmación a la luz
de lo que ocurrió en el Magreb, especialmente en Marruecos,
donde el rey se negó, primeramente, a autorizar cualquier
manifestación de apoyo a Iraq y, luego, tuvo que retroceder
ante la marcha de las masas marroquíes.
La relación sociedad-Estado puede ser subdividida
en dos aspectos: uno, oriental, y el otro, occidental. Incluso
en el Machreq árabe, las masas populares no han apoyado
las posiciones del gobierno (en Egipto, por ejemplo). Nos habría
gustado que esta relación entre las masas y la autoridad
pública hubiese sido objeto de un análisis.
"O la fe penetra en el corazón de los
gobernantes o el poder debe ser entregado a los creyentes?'. Este
pensamiento de un teólogo se aplica al Magreb árabe,
aunque en grados diversos (en Argelia, Túnez o Marruecos).
La guerra ha demostrado la amplitud de los cambios ocurridos,
que pueden tener influencia sobre las posiciones de los regímenes,
sobre todo en Marruecos. No es casualidad si más de mil
doscientos prisioneros marroquíes fueron liberados después
de casi veinte años de encarcelamiento.
La señora al-Bizri ha afirmado que la conciencia
árabe se apoya en una clasificación dicotomía
y en el triunfalismo afectivo.
Observamos que el esfuerzo de teorización
de los acontecimientos actuales es débil. La falta de referencias
teóricas constituye, de hecho, el eslabón débil
del pensamiento árabe contemporáneo. Sin embargo,
es conveniente destacar el esfuerzo de teorización emprendido
por el Centro de Estudios sobre la Unidad Árabe desde hace
más de diez años.
El fenómeno del "chajbutismo" existe,
pero es diferente en el Machreq y en el Magreb, del mismo modo
que no presenta las mismas características a lo largo de
la historia.
Como ejemplo quisiera citar la unidad árabe
y la rica bibliografía a la que ha dado origen.
El fenómeno del previsible afianzamiento de
la corriente islamista se debe, a nuestro modo de ver, a causas
anteriores al desencadenamiento de la guerra del Go1fo, con excepción
de dos puntos: la pérdida del liderazgo moral de Arabia
Saudí y el alineamiento de la dirección iraquí
con las posiciones islamistas. Por eso prevemos que este afianzamiento
será externo y no interno, y desigual de una región
a otra. Sin embargo, no constituirá un fenómeno
unívoco.
¿Cuál será la baza ideológica
y teórica de la corriente islamista? Teniendo como base
lo que pasó en Argelia y en Túnez, creemos que este
movimiento se librará de la dualidad sociedad-civil/sociedad-teocrática.
Comprobamos eso especialmente en Túnez, con el establecimiento
de relaciones con el Partido Comunista y Ios demás partidos
progresistas y laicos. Además, Rached Gannuchi sostiene
que en el islam no hay un sistema "listo para usar",
que podría ser aplicado directamente.
Sumemos a ello las preocupaciones de orden económico
y el intento de superar la consigna globalizante que exhorta a
la aplicación de la economía islámica. Todo
eso obligó a los islamistas a tomar en cuenta las teorías
vigentes y a adaptarse a ellas.
Tales situaciones llevan a las corrientes islamistas
a concertar una especie de tregua interior, en contrapartida de
un afianzamiento en lo exterior.
En cuanto a la relación entre el nacionalismo
y el islam, observamos un cambio a nivel del contenido conceptual
del arabismo y del nacionalismo, sobre todo después de
la desaparición de la racionalidad en la práctica
de los Estados occidentales (segunda muerte de Voltaire).
Asistimos a un retorno del espíritu de clan
y del chauvinismo en el sentimiento popular árabe, en el
pensamiento nacionalista y en el imaginario árabe en general.
Esto es lo que abrió a la corriente islamista la posibilidad
de conducir a las masas árabes y creó las condiciones
para un traspaso de la dirección nacionalista de Egipto
a la dirección islamista de Arabia Saudi.
Quisiera responder rápidamente a la observación
de Hicham Djait. Yo también he leído periódicos
norteamericanos. Es verdad que varios artículos describieron
las reacciones de los árabes, tanto en el Magreb como en
el Machreq árabes. Varios periodistas norteamericanos intentaron
entender y analizar las motivaciones de esas reacciones. Sus análisis
son más o menos pertinentes. Pero, en general, están
hechos sin excesiva pasión, con cierta distancia. El caso
de los periódicos franceses es completamente diferente.
Generalmente domina la pasión polémica, sobre todo
cuando se trata de las reacciones de los magrebies. Hasta quienes
defienden la idea de la emergencia de un nuevo Magreb no logran
ocultar sus pasiones, como si se tratara de una polémica
sobre un problema estrictamente francés.
La misma pasión inspiró las reacciones
populares en el Magreb y los comentarios de los intelectuales
magrebies. Esa pasión asfixió el razonamiento racional,
tanto en Francia como en el Magreb.
Uno tiene la impresión de que ni los franceses
ni los magrebies se asumen como pertenecientes a naciones y Estados
independientes. Este tipo de relaciones intimas, cómplices
y conflictivas no se dan entre árabes y norteamericanos.
Quisiera precisar aún más el concepto
de movimiento de liberación árabe, del que se ha
dicho, durante esta discusión, que es demasiado vago.
Se trata de una corriente compleja, que, con diversos
medios, trata de resolver, consciente o a veces inconscientemente,
la contradicción fundamental que vive la sociedad árabe:
la que la opone al imperialismo.
E1 movimiento de liberación árabe se
nutre de numerosas aportaciones: militar, cultural, política
y religiosa. Quienquiera que se levante contra el imperialismo
es considerado parte del movimiento de liberación árabe.
Por lo que se refiere al marxismo, yo distinguiría
entre el marxismo como método de análisis y el marxismo
en su aplicación práctica. Considero que el método
sigue siendo válido, pero que la aplicación práctica
constituye otro problema, que exigiría un largo debate
que no cabe aquí.
M. Filali dijo en su intervención que Voltaire
ha muerto por segunda vez. Por mi parte, diría que Voltaire
ha sido asesinado muchas veces en Túnez. E1 colonialismo
francés, desde que se adueñó del país,
en 1881, se dedicó a propagar, a través de sus intelectuales,
los mismos conceptos de libertad, democracia, civilización
... ¿Por qué cada vez nos despertamos para proclamar
que estos valores van a perder toda consistencia? Se trata de
valores universales, y si el colonialismo los utiliza para sus
propios fines, eso no significa que por ello sean erróneos.
De ahí proviene la necesidad de comprender bien el imperialismo.
Es en este punto en el que hice hincapié en
mi conferencia, esta mañana. No comprender el imperialismo
conduce al movimiento de liberación árabe a hacer
cálculos erróneos, incluso a transformarse, sin
darse cuenta de ello, en un instrumento al servicio del imperialismo.
Sadam Husein, por ejemplo, creyó que el imperialismo norteamericano
no desencadenaría la guerra porque es incapaz de sacrificar
la vida de numerosos soldados norteamericanos. La realidad demostró
lo contrario.
Muchos hablan del arma química como si se
tratara de un "estreno mundial", cuando Francia ya había
utilizado este arma, entre 1915 y 1918, contra los tunecinos en
el sur del país. Semejantes afirmaciones se explican por
la falta de cultura política, una de cuyas misiones más
urgentes es comprender el imperialismo, que define el carácter
de nuestra época.
Voy a intentar tender un puente entre la intervención
de Dalal sobre el bricolaje y lo que dijeron Tahar y Hilmi. E1
problema es saber cómo nace la voluntad de saber y cuáles
son las reglas que gobiernan la emergencia de la ciencia en una
sociedad dada. En mi opinión, el intelectual, aquí,
crea sin que haya una demanda social, sólo para responder
al deseo del político y de los demás intelectuales.
Para que el intelectual pueda librarse de su inquietud, es necesario
que la sociedad le imponga su existencia.
Es verdad, sin embargo, que la demanda social cubre
vanos aspectos y supone múltiples respuestas, basadas en
el conocimiento y la experiencia. Además, hablamos de democracia-a
partir de los libros y de conceptos vacíos de contenido,
mientras que la demanda social árabe por la democracia
existe, tanto en Túnez como en Argelia y Jordania.
Lo mismo ocurre con el desafío cultural que
ha planteado una guerra de dimensiones mundiales (al contrario
de las anteriores guerras árabes) y que ha revestido formas
concretas tales como la presencia militar, la información
occidental etc.
Todo esto interpela al intelectual sobre temas tales
como las vías y los recursos con los que nos lanzamos a
la guerra.
E1 intelectual debe librarse de la relación
narcisista, que genera masoquismo, para situarse en lo concreto
y tener una visión objetiva de la sociedad.