LA GUERRA DEL GOLFO Y EL MOVIMIENTO ARABE DE LIBERACION NACIONAL BALANCE Y PERSPECTIVAS

Hedi Timumi*

Este estudio es un intento de evaluación de los principales logros del movimiento árabe de liberación nacional desde el comienzo hasta nuestros días. No hay duda que este intento es difícil en razón de la complejidad y del enmarañamiento de los datos del problema, tanto a nivel árabe como internacional.

Por movimiento árabe de libe}ación nacional entendemos todas las corrientes que han actuado, con medios pacíficos (políticos, sociales, culturales, religiosos) o violentos, de manera consciente o a veces inconsciente, para resolver la contradicción principal de la nación árabe, a saber: la contradicción entre esta nación y las esferas de dominación del sistema capitalista mundial. La resolución de esta contradicción pasa, a nuestro parecer, por la edificación de un desarrollo autocentrado y la solución del problema de la fragmentación territorial de la nación árabe.

Comenzaremos este estudio recordando una realidad importante y muchas veces olvidada, a saber, que Japón es el último Estado que logró edificar, en la segunda mitad dei siglo XIX, un capitalismo nacional autocentrado. Desde entonces, ninguna otra experiencia tuvo éxito, pese a múltiples intentos, incluidos las que tuvieron lugar en el mundo árabe, donde el naserismo y el baazismo han sido los más importantes. ¿Cuáles han sido pues las causas del repetido fracaso de las burguesías árabes en repetir la experiencia japonesa?

Segunda pregunta: ¿cómo explicar la relación dialéctica entre la aspiración Árabe a realizar un desarrollo económico autocentrado, por una parte, y la unidad árabes por la otra? Pues no se necesita ser particularmente clarividente para comprobar que, cada vez que las burguesías árabes llegaron a ocupar un lugar relativamente importante en la división internacional del trabajo, se vieron obligadas a salir de sus marcos regionales y a plantear, de uno u otro modo, la cuestión de la unidad árabe.

En la primera parte de este estudio, intentaremos comprender el carácter de esa fuerza que domina nuestro mundo contemporáneo que es el imperialismo En efecto, pensamos que, hasta ahora, el movimiento árabe de liberación ha dado pruebas de incompetencia y confusión en la comprensión del carácter de su enemigo principal, a saber: el imperialismo.

Las diversas experiencias han demostrado que, en la época del imperialismo, las burguesías árabes son estructuralmente incapaces de realizar el proyecto histórico concluido por sus homólogas en Occidente, es decir, la construcción del capitalismo autocentrado y la unificación nacional. Por consiguiente, es necesario dar una definición del imperialismo, principal obstáculo que explica el fracaso de las burguesías árabes. Los teóricos liberales, socialistas y marxistas de fines del siglo pasado y de comienzos del siglo XX observaron que el sistema capitalista mundial pudo salir de la crisis en la que se había debatido durante dos décadas (los años setenta y ochenta) mediante su expansión a costa del mundo exterior. Pero se trataba de un fenómeno que, por su amplitud, superaba a todos los movimientos de expansión que habían tenido lugar desde el nacimiento del sistema capitalista, en el siglo XV. Esos teóricos consideraron que, en este caso, se trataba del resultado de mutaciones estructurales del sistema capitalista internacional, pero discreparon sobre el carácter de estas mutaciones y sólo estuvieron de acuerdo en un punto: el surgimiento de grandes sociedades monopolistas de gigantescos recursos. Lenin comprendió, mejor que los otros, el carácter del imperialismo; pues consideró que la gran expansión que, a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, condujo, por primera vez en la historia, al reparto territorial y económico de todo el planeta entre los países y los monopolios era el resultado no de un cambio cuantitativo, sino de un cambio cualitativo dentro de los países capitalistas más avanzados. Este cambio cualitativo consistía, en su opinión, en la aparición de los monopolios y la emergencia del capital financiero, síntesis de la interdependencia de los capitales industriales y de los capitales bancarios, así como en la exportación de capitales de los países imperialistas dominantes hacia los países imperialistas menos poderosos, las colonias y las semicolonias.

Estamos convencidos que esta definición leninista del imperialismo sigue siendo el marco esencial para la comprensión del carácter de la época en que vivimos, a condición de que no sea aplicada de modo dogmático.

La expansión de los países imperialistas fuera de sus fronteras condujo a la rápida difusión de las relaciones de producción capitalistas en las colonias y otros territorios en fideicomiso, así como a la creación de burguesías por medio de operaciones "quirúrgicas". Es conveniente señalar aquí que estas relaciones de producción capitalistas están orientadas esencialmente a satisfacer los intereses del imperialismo y no los de los pueblos de las colonias y semicolonias, pese al desarrollo de las fuerzas productivas, que, en diversos grados, puede beneficiar al conjunto de la población en los países del "Tercer Mundo". Esta verdad esencial ha sido demostrada por las investigaciones de la "escuela de la dependencia" en América Latina (escritos de Frank, Furtado, Cardozo, etc.).

La cuestión que se plantea ahora es saber qué es lo que ayudó al imperialismo a hacer fracasar todos los intentos de las burguesías de las regiones dominadas de realizar un desarrollo económico independiente. La respuesta radica en el carácter de las alianzas de clase establecidas por el imperialismo a escala mundial. Las burguesías imperialistas consiguieron neutralizar a sus clases trabajadoras hostiles, para poder dedicarse plenamente al enfrentamiento contra los movimientos de liberación nacional en el exterior, a partir de una posición de fuerza.

A comienzos del siglo, tuvo lugar un gran debate en los círculos de los intelectuales marxistas en torno al papel de las clases obreras en el Occidente capitalista y de los movimientos de liberación nacional en las colonias y semicolonias en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo. Aun cuando todos fueron unánimes en decir que el imperialismo es la fase suprema del capitalismo y que la transición al socialismo sólo puede hacerse por medio de la revolución, discreparon en dos puntos. El primero se refiere a las fuerzas interesadas en realizar esa tan esperada revolución, y el segundo es saber si definir que el imperialismo es la última fase del capitalismo significa que este capitalismo se hundirá por sí mismo, aunque las fuerzas que le son hostiles no desempeñen un papel activo, o si tal afirmación es un simple reconocimiento del hecho de que las condiciones objetivas de la revolución están dadas, pero que si las fuerzas hostiles al imperialismo no desempeñan un papel activo, la fase del imperialismo puede tener una duración indefinida.

Rosa Luxemburgo, en la línea del socialista suizo Sismondi y de los populistas rusos, considera que las tesis formuladas por Marx en el segundo libro de "E1 Capital" son erróneas y que las regiones donde predominan las relaciones de producción precapitalistas (es decir, esencialmente, el Tercer Mundo) constituyen una necesidad vital para el capitalismo, de la que nunca podrá prescindir. En efecto, las regiones capitalistas son incapaces de dar salida a sus producciones dentro de las fronteras de sus propios países debido al bajo poder adquisitivo de las clases obreras de estos países. Rosa Luxemburg piensa, en efecto, que la expansión de los países capitalistas a costa de las regiones no-capitalistas es consustancial al capitalismo, pero que el movimiento de gran expansión que caracterizó el fin del siglo XIX y el comienzo del siglo XX a saber, el imperialismo conducirá al próximo colapso del capitalismo, debido a que las relaciones capitalistas de producción abarcarán a todo el planeta y, entonces, los capitalistas ya no tendrán la posibilidad de realizar la plusvalía. Rosa Luxemburg considera que la revolución depende de la capacidad de las clases trabajadoras en Occidente; en cuanto al papel de los movimientos de liberación nacional en el "Tercer Mundo", cree que es muy secundario, si no nulo. Nikolai Bujarin la criticó enérgicamente por esta definición del imperialismo, tachada de economicista y errónea, considerando que redujo enormemente el papel de la "cuestión agraria", es decir, que no comprendió la gran capacidad de lucha antiimperialista de los movimientos de liberación nacional.

En cuanto a Lenin, considera que las tesis del segundo libro de "El Capital" pretenden tener el carácter de un análisis deliberadamente abstracto del sistema capitalista y no el de un análisis del capitalismo tal como es en los hechos. Lenin reconoce que el capitalismo es capaz de mantenerse y durar incluso sin expansión exterior, pero que, al mismo tiempo, es incapaz de prescindir de esta expansión, porque su motor principal es la búsqueda de una ganancia siempre mayor, y nada más que esa máxima ganancia.

Creo que es un error considerar que Lenin se contentó con estudiar el aspecto económico del imperialismo en su célebre librito "El imperialismo, fase suprema del capitalismo". Si bien es verdad, en efecto, que sólo dedicó algunas rápidas alusiones a los mecanismos de la dominación imperialista en las colonias y semicolonias, también es verdad que vinculó el carácter económico del imperialismo con la lucha de clases en los países imperialistas. De ahí proviene su importante descubrimiento del fenómeno de "la aristocracia obrera". Según Lenin, el extraordinario excedente realizado por las burguesías imperialistas en las colonias y semicolonias les ha permitido, dentro de sus países, corromper a las franjas superiores de las clases trabajadoras, las cuales, al hundirse en el economicismo, es decir, al limitar sus luchas a las reivindicaciones económicas, han perdido todas sus aspiraciones al socialismo. El pensamiento que justifica este economicismo es la socialdemocracia. Esa aristocracia obrera es, para Lenin, un engranaje indispensable para la supervivencia del imperialismo y para la continuación de su desarrollo y de su expansión. Aunque Lenin no abandonó la esperanza de una recuperación de la conciencia entre las clases obreras occidentales, acabó reconociendo que los movimientos de liberación nacional en el "Tercer Mundo" tienen un importante papel revolucionario que desempeñar en la lucha contra el imperialismo. Pero ese papel sólo puede ser revolucionario, en su opinión, si tiene perspectivas socialistas. En cambio, si los movimientos de liberación siguen estando de acuerdo con el capitalismo, pese a su hostilidad al imperialismo, quedarán encerrados en un circulo vicioso. Ahí está, a nuestro parecer, la causa de la impotencia del movimiento de liberación nacional árabe desde su nacimiento hasta nuestros días. ¿Qué estrategia ha adoptado este movimiento para superar esa impotencia estructural?

El sistema capitalista mundial comenzó a atenazar la región árabe desde el siglo XVI; las "capitulaciones" impuestas por los países europeos al sultán otomano son la mejor prueba de ello, y, con el control del emirato de Bahrein por los portugueses, la región árabe sufrió, desde entonces, las primeras manifestaciones de la agresión capitalista extranjera. Desde esa época, el sometimiento de la región árabe al capitalismo mundial y su integración en los engranajes de este sistema no ha hecho más que profundizarse. En el siglo XIX, el cerco impuesto por el capitalismo mundial a la región árabe se acentuó, de modo que ésta se transformó, en su mayoría, en zonas de influencia de los polos del capitalismo mundial. Desde entonces, el mundo árabe ya no ha tenido otro papel que el de abastecer a esos polos con materias primas y productos agrícolas a bajo precio, y servir de mercado a sus productos industriales. Además, ha comenzado a sufrir los cambios económicos, sociales e ideológicos inducidos por las exigencias de la división internacional del trabajo. Aquí pensamos en el caso de Túnez, que, primero, fue incitado a endeudarse, y luego, obligado a autorizar que los europeos posean bienes inmuebles y ejerzan el comercio y, por lo tanto, destruyan los sectores avanzados de su artesanía floreciente como, por ejemplo, la fabricación de feces de zuavo (sombreros), a sufrir la invasión cultural, a través de la acción de los misioneros y de la enseñanza, y a ver que, en el seno de su clase dirigente, surgían franjas sometidas a las esferas capitalistas europeas que luchaban por la conquista de Túnez.

El intento de Muhammad Ali en Egipto (1805-1849) fue el más importante intento de romper el cerco de la región árabe de modo positivo, mediante la construcción de un capitalismo nacional. Con este fin, Muhammad Ali sometió a los campesinos egipcios a una explotación abusiva para extraer un excedente que le permitiera financiar la industrialización. También organizó un ejército nacional, implantó una desarrollada infraestructura de irrigación y creó numerosas industrias, que empleaban a centenares de miles de obreros y producían tejidos de algodón, máquinas de vapor y armas. La tecnología utilizada era, desde luego, importada, pero los egipcios la habían asimilado muy rápidamente. Aunque Muhammad Ali era de origen albanés, se vio obligado de hecho a plantear el problema de la unidad árabe. Utilizó la fuerza para anexar regiones árabes limítrofes y para adueñarse de materias primas y de mercados. Digamos aquí que la región árabe, desde el Golfo hasta el Atlántico, agrupa pueblos que tienen los mismos orígenes u orígenes parecidos y mantienen relaciones desde hace milenios. Estas relaciones adoptaron diversas formas: guerras, comercio y migraciones de poblaciones. El sentimiento nacional árabe es anterior al islam, pero el islam, en su impulso unificador y unitario, reforzó este sentimiento y lo transformó en una realidad política. Es importante destacar aquí que el sentimiento nacional árabe, a la inversa de los nacionalismos europeos, no está ligado a la aparición del sistema capitalista mundial. Esta orientación unitaria árabe pasó, a lo largo de la historia, por periodos de flujo y de expansión, así como por periodos de languidez y de reflujo.

El intento de Muhammad Ali de edificar un capitalismo nacional provocó la admiración de Karl Marx, quien dijo de él que había intentado sustituir la arrogancia del turbante por un verdadero cerebro capaz de reflexionar. Dígase lo que se diga de las razones internas del fracaso del proyecto de modernización de Muhammad Ali y que son razones reales, como el saqueo impuesto a los campesinos, la falta de democracia, el origen extranjero de la burocracia militar en el poder, la inexistencia de un ambiente cultural adecuado en Egipto y la incapacidad de Muhammad Ali para explotar a fondo las contradicciones del campo capitalista internacional, las causas externas desempeñaron, a nuestro parecer, un papel esencial. Que Egipto estuviera cerca de Europa y situado en una zona estratégica, por la que pasa la ruta de las Indias, no podía sino movilizar a Inglaterra el Estado capitalista más poderoso de la época contra Muhammad Ali. Nunca los países capitalistas del siglo XIX habían unificado sus fuerzas del modo en que lo hicieron Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia y Turquía contra Muhammad Ali. Es así como se puso fin por la fuerza al experimento de Muhammad Ali en 1840, de modo que Egipto tuvo que incorporarse, obligado y forzado, a la división internacional del trabajo, según las condiciones impuestas por Inglaterra.

El fracaso de este experimento arrastró a toda la región árabe bajo la dominación directa de los países capitalistas europeos, especialmente cuando éstos pasaron a la fase imperialista (Túnez en 1881, Egipto en 1882, Libia en 1911, Marruecos en 1912 y Oriente Próximo inmediatamente después de la primera guerra mundial)

El movimiento de renacimiento árabe (Nahda), que se constituyó en Túnez, Siria, Líbano y Egipto a fines del siglo pasado, no comprendió las verdaderas razones del fracaso de la experiencia de Muhammad Ali y de la derrota de los árabes ante el imperialismo europeo conquistador. Por tanto, no pudo definir medidas apropiadas para promover el desarrollo de la región árabe, y, en especial, medidas sociales. Sólo hizo hincapié en el factor lingüístico y cultural, de modo que puede decirse que los intelectuales de este movimiento no constituyeron una "intelligentsia" en el sentido pleno del término, es decir, intelectuales orgánicos que representan a una clase social ascendente, portadora de un proyecto social real.

La experiencia de Muhammad Ali se desarrolló durante la época preimperialista. En la etapa imperialista, la primera experiencia árabe importante que intentó reproducir la de Muhammad Ali, pero en un contexto mucho más complejo y difícil, fue la experiencia naseriana. Esta se desarrolló en el contexto de seis importantes cambios a escala árabe e internacional:

  1. La introducción de relaciones de producción capitalistas en la región árabe, siguiendo las huellas de la invasión imperialista. E1 grado de enraizamiento de estas nuevas relaciones de producción depende del desnivel entre las diferentes partes de la región árabe con respecto a los modos de producción vigentes en vísperas de la penetración extranjera (francesa e inglesa) en esta región. Por otra parte, la ocupación francesa fue una ocupación de asentamientos, lo que no ocurrió con la ocupación inglesa. La alianza de clases que se estableció, en una primera etapa, fue una alianza entre, por una parte, las burguesías inglesas y francesas y sus propias "aristocracias obreras" y, por la otra, los terratenientes, los jefes tribales y la burguesía comerciante árabe compradora. Tras la accesión de los países árabes a la independencia y la transformación de la dominación imperialista de colonialismo a neocolonialismo, la composición social de la parte árabe de esa alianza se modificó, al haberse convertido las burguesías pequeña y media en clases dominantes en la mayoría de los países árabes, con excepción de los del Golfo, donde los jefes tribales mantuvieron su lugar en la cúspide de la pirámide.

    Estas burguesías pequeña y media, que habían encabezado los movimientos de reivindicación de la independencia política en la mayoría de los países árabes, consiguieron obligar al imperialismo a concederles un lugar más importante (aunque variable de un país a otro) en la división internacional del trabajo. Fue lo máximo que pudieron obtener estas burguesías.

  2. La emergencia del bloque socialista. La Unión Soviética brindó un gran apoyo a estas burguesías árabes en sus luchas con miras a obtener un lugar más importante en la división internacional del trabajo. Esa ayuda soviética se situaba en el marco de la estrategia del Kremlin encaminada a empujar a estas burguesías hacia un "desarrollo no-capitalista", o simplemente a ejercer presión sobre el imperialismo.

  3. El descubrimiento de las reservas de petróleo más importantes del mundo en la región árabe, y especialmente en el Golfo. Al ser la principal fuente de energía mundial, el petróleo indujo al imperialismo a considerar su dominación sobre la región de Oriente Próximo como una cuestión de vida o muerte. Además, contribuyó ampliamente a transformar a los países que lo poseen en puros consumidores, que gastan sin producir nada, del mismo modo que esterilizó en ellos toda capacidad de trabajo y de creación. Destaquemos igualmente que el descubrimiento del petróleo ha contribuido a ampliar el foso entre los países árabes productores y no-productores de petróleo. Asimismo, que estos países productores han tendido a invertir sus ingresos del petróleo en los países imperialistas y no en los países árabes o en los del "Tercer Mundo".

  4. La emergencia del superimperialismo norteamericano como el Estado imperialista más poderoso, inmediatamente después de la segunda guerra mundial, y el hundimiento de las otras potencias imperialistas, que se encontraron muy por detrás de Estados Unidos. Esta situación es resultado del debilitamiento, debido a la primera y a la segunda guerras mundiales, de los antiguos Estados imperialistas, como Francia e Inglaterra, y de los recientes Estados imperialistas, que habían intentado repartirse el mundo en provecho propio, es decir, Japón y Alemania.

  5. La implantación de Israel, por el imperialismo, en el corazón de Oriente Próximo, después de que esta región se convirtió en una necesidad vital para el imperialismo en razón de su posición estratégica entre los tres continentes y de la importancia de las reservas petroleras que contiene. El sionismo al contrario de lo que algunos suponen no es un socio del imperialismo, sino un instrumento en sus manos, pues los intereses propios del sionismo son un aspecto muy secundario. El sionismo siempre estuvo ligado al Estado imperialista más poderoso: primero, a Inglaterra; luego, a Estados Unidos. El papel del sionismo es defender los intereses del imperialismo en Oriente Próximo y, en general, en la región árabe, agotar las potencialidades de los países árabes y poner trabas al movimiento de liberación nacional árabe. Para que Israel cumpla cabalmente ese papel, el imperialismo debe garantizarle una aplastante superioridad militar frente a la totalidad de sus vecinos árabes. Esa es una de las constantes de la política imperialista respecto a Israel.

  6. Los sentimientos nacionalistas árabes, especialmente en el Machreq, no se han debilitado, pese al hecho de que los movimientos reivindicativos de la independencia política se desarrollaron dentro de marcos regionales. Uno de los logros más importantes del movimiento nacionalista árabe es la adhesión de numerosos intelectuales y políticos egipcios a la idea nacional árabe, en los años treinta, y el surgimiento del movimiento "Baaz" en Siria, en los años cuarenta. Inglaterra intentó, en una etapa tardía, utilizar esas aspiraciones en su provecho (al ayudar, por ejemplo, a la creación de la Liga de los Estados Arabes, en 1945). El pensamiento nacionalista árabe que apareció en esa época (Michel Aflaq, Salah al-Bitar, Munif Er-Razzaz) es considerado como avanzado en sus tesis con relación al pensamiento nacionalista de la época precedente (Nayib Azuri, Abderrahman al-Kawakibi, Sataa al-Husri).

El naserismo consiguió ocupar posiciones independientes relativamente avanzadas en la división internacional del trabajo durante el periodo en que el sistema capitalista internacional experimentaba una importante reactivación, es decir, entre 1945 y los años sesenta. Los principales logros del naserismo se sitúan en el marco del modo de desarrollo llamado modo de las industrias de sustitución de importaciones. Esos logros consistieron en las nacionalizaciones, la industria pesada, la reforma agraria, la represa de Asuan, etc. Indujeron al naserismo a hacerse eco de la corriente unitaria árabe, aunque Naser no era un nacionalista árabe cuando tomó el poder político. El naserismo se comportó a su modo respecto a la corriente unitaria árabe (intervención en Yemen, unidad egipcio-siria, apoyo a la revolución argelina ...). El imperialismo, cuando tuvo le certeza de que el naserismo comenzaba a cruzar la "línea roja", movilizó todos sus recursos y logró limitarlo, en varias etapas, desde la agresión tripartita de 1956 hasta el tratado de paz separada entre Egipto e Israel en marzo de 1979, pasando por la guerra de 1967.

El fracaso del naserismo se debe esencialmente a que su lucha se limitó a la obtención de un estatuto privilegiado en la división internacional del trabajo, pues nunca pretendió separarse del sistema capitalista internacional, sabiendo que esta separación de ninguna manera significaría la ruptura de todo vinculo con ese sistema, o la autarquía. La incapacidad de Egipto para tratar de manera correcta la cuestión de la unidad árabe proviene esencialmente de su fracaso a nivel del modo de desarrollo adoptado, fracaso que era del todo previsible.

La segunda experiencia árabe importante realizada por el movimiento árabe de liberación nacional es la experiencia del Baaz iraquí, que comenzó en los años ochenta. Esta experiencia fue el blanco de la gran intervención militar imperialista de enero y febrero de 1991. En nuestra opinión, esta experiencia no es más que una reedición ampliada de la experiencia naseriana. Se ha desarrollado en una coyuntura árabe e internacional caracterizada por:

  1. El fracaso de las burguesías árabes en transformarse en socios creíbles, con peso propio en la división internacional del trabajo, pues todos los modos de desarrollo adoptados (las industrias de sustitución de importaciones, las industrias de exportación, el liberalismo económico y la privatización de la economía) fracasaron, lo que condujo a la victoria de la tendencia compradora dentro de las clases dirigentes árabes, tendencia que acepta doblegarse a todas las imposiciones del imperialismo.

  2. El ensanchamiento del foso entre los países árabes productores de petróleo (sobre todo, los del Golfo) y los demás países árabes.

  3. El retroceso sufrido por las-corrientes políticas del liberalismo, el nacionalismo y el socialismo, y el ascenso de las corrientes políticas islamistas en el mundo árabe, como señal de la gravedad de la crisis de las burguesías árabes

  4. El fin de la "guerra fría" entre el campo capitalista y el campo socialista tras el fracaso del socialismo soviético y de sus epígonos en Europa Oriental, lo que ha hecho perder a las burguesías árabes radicales un medio de presión, que usaban para arrancar algunas concesiones a los países imperialistas.

  5. El ascenso de la OLP, como reacción al fracaso de los regímenes árabes en la búsqueda de una solución al problema palestino, aunque estos regímenes habían impuesto su tutela a los palestinos.

  6. La exacerbación del expansionismo israelí a expensas de las poblaciones autóctonas y de los países árabes vecinos, y la agravación de los peligros de este expansionismo desde el comienzo de la afluencia masiva de emigrantes judíos soviéticos a Israel.

  7. La victoria del islam político en Irán y sus intentos de infiltración dentro de la región árabe, así como la guerra con Iraq, resultante de ello, que puso fin a las ambiciones iraníes al cabo de ocho años de enfrentamiento.

  8. El comienzo de la decadencia del poderío económico de Estados Unidos y los esfuerzos de este país por buscar una compensación a ello con el recurso a la fuerza militar, sobre todo ante el ascenso de nuevas potencias imperialistas, tales como Japón y la Alemania unificada.

Todos estos cambios han sido fruto de luchas de clases y conflictos internacionales, que han tenido lugar durante el largo periodo de recesión que ha atravesado el sistema capitalista mundial desde los años setenta (fracaso del diálogo Norte-Sur, provocado por el Norte; colapso del socialismo soviético y de los sistemas similares en Europa Oriental; mayor sometimiento de las economías del "Tercer Mundo" a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, etc.). Estos conflictos han terminado en una aplastante victoria del sistema capitalista mundial. El mayor logro de esta victoria ha sido, sin duda, el colapso del socialismo en la URSS y en Europa Oriental. La agresión militar imperialista perpetrada contra Iraq bajo el mando de Estados Unidos es sólo un eslabón en el plan imperialista encaminado a destruir a todas las fuerzas capaces de frenar el restablecimiento de su hegemonía sobre el mayor número posible de países en el mundo. Seria ingenuo creer que Iraq hubiera podido evitar enfrentarse con el imperialismo, pues éste comenzó a cercar a Iraq desde la llegada al poder de Abdel karim Kasem, en 1958. Este cerco se estrechó cuando Sadam Husein tomó el poder e Iraq comenzó a llevar a cabo obras que constituían un mayor peligro real para los intereses del imperialismo y de Israel en la región. Pero estamos convencidos que, pese al muy claro desequilibrio de fuerzas en el mundo en favor del imperialismo, el Iraq de Sadam Husein habría podido aprovechar mejor las contradicciones del escenario internacional y salir con menos daños que los que le ha infligido la coalición militar imperialista.

Iraq ha encabezado el movimiento árabe contra la hegemonía imperialista después del fracaso del naserismo, y en este terreno ha realizado obras que constituyen un importante cambio cuantitativo en comparación con el naserismo: importante penetración en el campo del dominio de la utilización de la riqueza petrolera; adquisición de una tecnología militar muy destructiva por primera vez en la historia árabe contemporánea, lo que constituye una amenaza mortal para Israel; comienzo de un notable movimiento de renacimiento cultural; atenuación de las contradicciones sociales gracias a una mayor distribución de los ingresos del desarrollo. Igualmente, Iraq intentó avanzar, según su propia óptica, por el camino de la unidad árabe (su papel en la realización de la unidad yemeni; su protección a Mauritania frente a la amenaza de Senegal; su anexión de Kuwait y, por consiguiente, el control del 20 por ciento de la riqueza petrolera mundial, lo que el imperialismo en ningún caso podía aceptar).

Es evidente que estos logros iraquíes, pese a su importancia, no se sitúan en el marco de un desarrollo autocentrado y, por lo tanto, no apuntan a separarse del sistema capitalista mundial. Este es el fallo más importante de la experiencia iraquí.

¿Podemos, ahora, intentar un enfoque prospectivo?

  1. En primer lugar, nos parece cierto y seguro que el sistema capitalista mundial está en vísperas de un periodo de poderosa reactivación (reconstrucción de Kuwait y de Iraq; retorno de la Unión Soviética y de Europa Oriental, y tal vez de otros países socialistas, a la economía de mercado). El imperialismo va a vivir una segunda juventud, y el considerable desarrollo de las fuerzas productivas resultante de ello le dará enormes posibilidades y un muy amplio margen de maniobra con relación a las fuerzas que le son hostiles, entre las que figura el movimiento árabe de liberación nacional.

  2. Tras el fracaso del socialismo soviético y de los socialismos de Europa Oriental, están dadas las condiciones para una reactivación de las contradicciones entre los distintos Estados imperialistas, y la ley del desarrollo desigual entre estos Estados habrá de producir sus efectos. Es de prever que Japón y Alemania, y tal vez la Unión Soviética en una ulterior etapa, desempeñen un importante papel en el mundo. En efecto, se sabe que la competencia es la ley que rige al sistema capitalista internacional desde su nacimiento hasta nuestros días, no siendo la armonía más que un estado provisional.

  3. En cuanto al movimiento árabe de liberación nacional, es casi seguro, en nuestra opinión, que va a pasar por un periodo de reflujo después del duro golpe sufrido por Iraq frente a la coalición militar imperialista. Pero cualesquiera que sean el poderío del imperialismo y de sus maniobras, son los pueblos quienes hacen su historia, y no podemos imaginarnos que la nación árabe, con su brillante patrimonio civilizatorio, acepte el papel de dominado, y de consumidor de las producciones de otro, después de la larga lucha que ha librado, desde el siglo XVI contra los polos del sistema capitalista internacional. Por otra parte, el enfrentamiento militar entre Iraq y el imperialismo no podrá sino producir una saludable conmoción en el mundo árabe. E1 camino de salvación para la nación árabe, en esta etapa de su historia, pasa, a nuestro parecer, por la realización de un desarrollo autocentrado y de la unificación de la nación árabe; dos empresas difíciles, concomitantes y dialécticamente ligadas. El desarrollo autocentrado se fundamentará en una nueva alianza de clases dentro del mundo árabe, que abrirá perspectivas hacia el tránsito a un sistema más avanzado, que sólo podrá ser el socialismo, a pesar de las actuales y pasajeras dificultades que vive a escala mundial.

En cuanto a las condiciones que exige un desarrollo autocentrado, consisten en:

Dominar los recursos nacionales, ya sean naturales o financieros;

Tomar a la agricultura como base del desarrollo y romper definitivamente con la política de saqueo impuesta a los campesinos con objeto de extraer el excedente necesario para la industrialización;

Distribuir la renta nacional, con la máxima justicia, entre los productores directos en el campo y la ciudad;

Establecer una igualdad total entre el hombre y la mujer;

Asimilar la tecnología importada, y luego pasar a su producción y a su adaptación a las necesidades locales;

Establecer la democracia;

Velar por la independencia cultural.

Tenemos la convicción de que si logramos realizar este modo de desarrollo, a pesar de su extrema dificultad, podríamos abordar la cuestión de la unidad árabe con mayor racionalidad y eficacia que nunca hasta ahora.


* Hedi Timumi (Túnez). Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Túnez