DEBATE

Dalal al-Bizri

Hubiera querido discutir con el Dr. Filali sobre el tema de los movimientos islamistas. Sin embargo, me ceñiré al campo político. Intentaré formular una hipótesis sobre un punto que creo que los dos investigadores han oscurecido más o menos al representar a Estados Unidos como un actor internacional cuya voluntad se parecería a la de Dios.

Debido a que vivo cerca de Israel, he podido seguir de cerca el papel de esta entidad en la preparación y el desarrollo de la guerra.

Israel ha desempeñado un papel no sólo antes de la crisis, sino también en la posguerra.

También intentaré emitir una hipótesis sobre el papel de Israel: pienso, en efecto, que la génesis de la crisis está íntimamente ligada a iniciativas de Israel, pasadas y venideras.

Esta hipótesis se basa en el hecho de que, después de los acontecimientos ocurridos en Europa Oriental y de los cambios que afectaron a la Unión Soviética, antiguo enemigo de Israel, éste sintió con zozobra que corría peligro de perder su papel de bastión de Occidente frente al bloque del Este. Es un aspecto de la cuestión que tiene su peso en el campo de la política internacional.

Israel desencadenó su campaña contra Iraq simultáneamente a la aparición de numerosas circunstancias nuevas, que llevaron a Estados Unidos a compartir sus puntos de vista.

Israel desempeñó otro papel en la gestión de la crisis. ¿Cuál fue este papel? Es una pregunta que planteo y para la cual personalmente no tengo respuesta.

Las medidas que siguieron al estallido de la crisis del Golfo aparecen en filigrana en las declaraciones que hizo Israel sobre los cohetes que había adquirido Siria, en las mismas proporciones o incluso más que Iraq. Se trata de una campaña parecida a la que Israel desencadenó contra Iraq en vísperas de la crisis.

La crisis del Golfo nos ha sorprendido. La pregunta que se plantea es saber si las medidas de seguridad, tal como han sido formuladas por los dos ponentes, son las que van a ser aplicadas, o si Israel ha adoptado otras medidas particulares, que se conocerán más tarde. Debemos plantearnos esta pregunta a fin de evitar ser cogidos por sorpresa, como lo fuimos con ocasión del desencadenamiento de la guerra del Golfo.

Hicham Djait

Yo tendría algunas observaciones que hacer respecto a estas dos excelentes ponencias.

Cuando el Dr. Bassam habla del carácter inevitable de la guerra y expone el plan imperialista-israeli, se comprende que, en efecto, ése es el elemento clave del problema, sobre todo si se recuerda los asesinatos de dirigentes palestinos, el asunto del cañón gigante y la guerra económica, lo que, en si, demuestra que se ejerció presión contra Iraq. Pero ¿basta eso para decir que la guerra desencadenada contra este país era inevitable?

Es la ocupación de Kuwait lo que hizo inevitable la guerra y transformó el enfrentamiento diplomático y a nivel de medios de comunicación en enfrentamiento armado.

Sin embargo, hay causas que tienen sus raíces muy lejos: se puede observar que la opinión pública árabe en Siria, Iraq, Líbano y Palestina, así como ciertas franjas de la sociedad en Egipto y otros países árabes, alimentan sentimientos hostiles hacia Estados Unidos e Israel, sentimientos que reflejan cierta conciencia del papel que han desempeñado estos dos Estados.

La historia demuestra que la guerra introduce cierta dinámica y libera al espíritu de sus grandes complejos. Pero, a escala del mundo árabe, el problema puede ser reducido a la relación con Occidente y al enfrentamiento con el mundo industrializado. Eso es lo que hizo que Iraq entrara en el gran movimiento de la historia y contribuyera a asentar a los árabes en la modernidad.

El acontecimiento pone en tela de juicio todo un simbolismo; tal vez provoque más tarde revisiones radicales.

El Dr. Filali me ha inspirado un montón de preguntas. Entre otras: la división de los árabes durante esta guerra ¿cómo podrá ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos? La unidad ¿nos acerca a nuestros objetivos, o llegaremos a ellos mediante la paciencia y la dialéctica?

El ingreso de algunos países árabes en una coalición con los norteamericanos ¿inducirá a Estados Unidos a tomar en cuenta los intereses de estos países árabes, cuando en el pasado hemos podido observar las vastas polémicas suscitadas, y las presiones ejercidas, para prohibir la venta de armas a Arabia Saudi, sin embargo aliada de Estados Unido?

Quizá haya que atribuir esto a la analogía existente entre el régimen político israelí y los regímenes occidentales.

Tal situación ¿podrá contribuir a encontrar una solución a los problemas de la deuda, al problema palestino y a otros problemas?

Durante una conferencia de prensa dada antes del desencadenamiento de la guerra terrestre, MacFarlane, asesor de Reagan para los asuntos de seguridad nacional, declaró que Estados Unidos disponía de amigos en Paquistán, Egipto y Turquía, y quizá hasta en Irán, sin mencionar a Arabia Saudi, lo que indica que la administración norteamericana procura cercar a la nación árabe estableciendo una red de amistades con países islámicos que manifestaron su disposición a cooperar positivamente con Estados Unidos.

Por lo que respecta al lobby sionista en Estados Unidos, sólo tiene un papel limitado y se halla enteramente bajo la férula del lobby militar-industrial y bancario, al que está guerra aportará millones de dólares.

Tampoco habría que olvidar otro dato, que llamaré "el narcisismo" de las grandes potencias, que puede conducir a la adopción de graves decisiones. Considero que los intelectuales deben repensar su cultura política y revisar algunos conceptos, como el de Estado-Patria. El Estado-Patria es una fuerza real. Y si este Estado no es fuerte por si mismo, es el o den internacional quien garantiza su inmunidad.

La niebla ideológica que nos envuelve desde hace cincuenta años no se disipará sin un desarrollo socioeconómico real, y no este seudo-desarrollo, llevado a cabo siguiendo las prescripciones del Banco Mundial.

Además, tal desarrollo no podrá darsesin una redistribución de las riquezas árabes.

Abdelkader Zgal

Antes del desencadenamiento de la guerra del Golfo, varios de nosotros (sociólogos, politólogos, historiadores) expresamos cierto embarazo en la utilización de conceptos sociológicos heredados de la experiencia histórica occidental. La guerra del Golfo ha evidenciado la exigencia de una vigilancia epistemológica en el manejo de los conceptos, hasta de los más neutros en apariencia. Tomo, por ejemplo, los conceptos de Estado y de Estado Nación. En la tradición clásica árabe, en el imaginario cultural árabe, el Estado es definido por su centro político, sin delimitación precisa de sus fronteras. En la tradición clásica europea, a él se añade la idea de Nación. Por Estado-Nación se entiende un sistema político que se caracteriza, ante todo, por la homogeneidad cultural entre los gobernantes y los gobernados. Un Estado-Nación es, de entrada, una Nación (una comunidad cultural homogénea) que dispone de un centro político (de un Estado) gestionado por connacionales. Las modalidades de reclutamiento de los políticos en un Estado-Nación no desempeñan ningún papel en la definición de este concepto.

La realidad árabe es otra. Hay Estados que disponen de fronteras políticas relativamente muy antiguas, como Egipto, Marruecos y, más o menos, Túnez. También hay Estados, como Kuwait, dibujados en los mapas geográficos, por las potencias coloniales, alrededor de una bolsa de petróleo. Siria e Iraq también son Estados dibujados por las potencias coloniales alrededor de las antiguas capitales del Imperio Omeya y del Imperio Abbasí. El resultado es que ninguno de estos Estados puede aspirar al estatuto de Estado-Nación, en el sentido europeo del término. A pesar de la existencia de particularismos locales, y a pesar de las políticas de algunos dirigentes encaminadas a reforzar y a elevar esos particularismos al estatuto de una entidad nacional, ningún Estado árabe logró transformarse en un Estado-Nación, en el sentido occidental del término. Las fronteras políticas son una realidad evidente. No son fronteras culturales. Son cada vez menos fronteras culturales. El mauritano se siente concernido por la política petrolera de Kuwait, del mismo modo que siente la música de Um Jaltum como parte de su propio capital cultural. E1 mundo árabe no puede ser pensado como una región geográfica como Centroamérica o África Occidental. Quiérase o no, es, ante todo, un espacio cultural delimitado por fronteras de orden cultural. Es un espacio cultural destinado, cada vez más, a transformarse en un Estado-Nación. Es un espacio cultural expuesto a violencias comparables a las que han dado a luz a los Estados-Naciones, en Europa y en América del Norte (y en las demás regiones del mundo).

La guerra del Golfo no es una guerra entre dos Estados-Naciones independientes, como las guerras entre Francia y Alemania. La guerra del Golfo es comparable a la guerra civil norteamericana.

La ideología unitaria árabe de Naser, del Partido Baaz y de Gadafi es una ideología pobre, sin imaginación. Una reproducción del modelo estatal centralizado y autoritario.

Necesitamos una imaginación creativa para repensar el concepto de la unidad árabe.

Hilmi Chaaraui

Al comenzar este coloquio, no quisiera anticipar los numerosos e importantes puntos que serán planteadosy que, por lo demás, se impondrán por sí mismos, tratándose de un tema tan vasto y múltiple. Pero quisiera hacer algunas observaciones sobre ciertos temas de carácter político que el Dr. Darem Bassam, por falta de tiempo estoy seguro, no pudo mencionar.

En primer lugar, me preguntaré si nuestro esfuerzo de análisis debe concentrarse en la actual situación árabe o, más bien, desarrollar, criticando la actual realidad, un enfoque prospectivo. En todo caso, eso es lo que intentaré hacer por mi parte, porque hay que coger esta realidad con suficiente espíritu crítico como para determinar los contornos de una posición del intelectual en lo que concierne al futuro. Nuestro objetivo es que el intelectual llegue a definir y a adoptar una posición consecuente.

La primera pregunta se refiere a la lectura de la actual situación de la cultura política cuya problemática estaba, o está todavía, ligada a la crisis.

Dicho de otro modo ¿han planteado los regímenes políticos y pienso en el mismo régimen iraquí, y también los intelectuales, el problema de los recursos árabes, de la unidad árabe y de las relaciones interárabes en términos capaces de garantizar una suficiente movilización de las masas con vistas a esta batalla, que había que prever? Esto nos conduce a otro interrogante sobre el carácter de la toma de decisiones a escala de los Estados, en el marco nacional árabe, y también sobre las bases de las decisiones, y el papel desempeñado a este respecto por los intelectuales y las fuerzas populares.

Esta crisis es, desde el principio, la crisis de todos nosotros. No es la crisis de solo un país o de solo un dirigente, que, desde un comienzo, habría querido que se desencadenara tal como se desencadenó. Esto es algo de lo que debemos darnos cuenta en el futuro.

La segunda pregunta se refiere al orden árabe propiamente dicho. ¿Puede hablarse, actualmente, de orden árabe, ante la enorme fractura que acaba de producirse?

Si esta escisión ha sido provocada por la agresión llevada a cabo por Estados Unidos con facilidad contra el régimen más frágil ¿es igual de fácil poner en el mismo plano las demás situaciones regionales y los demás regímenes establecidos? En efecto ¿qué plataforma común seguirá uniendo al régimen militar de Sudán, Yemen. Jordania, la OLP e Irak? Y ¿en base a qué se hallan hoy unidos Siria, Egipto, Marruecos y los países del Golfo? Dicho de otro modo ¿cómo estar seguros de que estas uniones seguirán tal cual en el futuro? ¿No estaríamos en vísperas de un nuevo estallido si llegara a producirse una divergencia objetiva más evidente?

¿Cómo puede predecirse, a este respecto, qué pasará con el Consejo de Cooperación del Golfo después de esta alianza y de esta inserción en la estrategia adoptada por Estados Unidos frente a la crisis? ¿No hay que prever que los países del Golfo serán más marginados aún dentro del "orden árabe", debido a que el dominio norteamericano sobre el poder político en el Golfo acabará ajustando el comportamiento de los dirigentes, e incluso de amplias capas sociales, dentro de unos limites norteamericanos? Estoy convencido que Kuwait se comportará como el Estado norteamericano número 52 si una presión árabe suficientemente poderosa no llega a contrarrestar tal tendencia.

La tercera pregunta se refiere a la situación de la seguridad nacional árabe al día siguiente de esta crisis, por no decir la situación del orden árabe mismo. También se refiere al marco dentro del cual se organiza y funciona la subordinación a la dominación norteamericana.

A este respecto llamo vuestra atención sobre el proyecto de la "Nueva Europa" y sobre la carta, recientemente adoptada, acerca de los fundamentos y perspectivas de la unidad europea.

En lo tocante al mundo exterior, el proyecto sólo menciona claramente el sur del Mediterráneo. Ahora bien, hasta junio de 1990, esa área geográfica sólo abarcaba el sur y el este del Mediterráneo, es decir, el norte de África y la zona de seguridad de Israel. Pero las reuniones intereuropeas desde diciembre de 1990 es decir, desde el desencadenamiento de la crisis comenzaron a hablar del Golfo, antes de asociar a Japón, en febrero último, en el grupo de Estados que tienen intereses en Oriente Próximo. Aquí señalaría que el proyecto norteamericano, esencialmente pero también, y en diversos grados, el proyecto europeo, hablan de un "Oriente Medio" que incluye a Irán y Turquía, y a veces se extiende a Paquistán y a Etiopía. Del mismo modo, se observa que Israel, como por lo demás Turquía, de nuevo hacen subir la puja por el problema del agua; de ahí el riesgo de ver aparecer una nueva zona de conflicto dentro de Oriente Próximo. Además, en la región del Magreb, en el sur de Sudán, en Somalia, etc., existen antiguos conflictos, "listos-para-servir", que bastaría reavivar ...

La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿tiene Estados Unidos la intención de resolver efectivamente los problemas, o bien, la necesidad de desarrollar sus armamentos como Europa y la Unión Soviética lo empujará a mantener su dominación mientras administra los conflictos, e incluso mientras se esfuerza por hacerlos estallar?

En el pasado se habló de un proyecto Eisenhower y de una Alianza islámica, en el marco de soluciones para Oriente Próximo. Es por eso que quisiera que las cosas estén bien claras para la corriente islamista, a fin de que no se deje obnubilar por la participación de Irán y Paquistán, y no vea sólo la parte aparente de una "solución" que fue concebida con un fin que no puede estar más alejado de lo que la corriente islamista se imaginaba.

Esto nos obliga a examinar de manera atenta y responsable la cuestión de las soluciones de seguridad para la posguerra. ¿De qué seguridad se trata? ¿De qué modo y en provecho de quién será garantizada? ¿Son capaces las organizaciones populares y culturales de instaurar un orden popular árabe, independiente de los gobiernos? ¿Por qué, en efecto, no plantearse tales preguntas?

La cuarta pregunta se refiere a la causa palestina: si no encuentra solución en el marco global del conflicto árabe-israelí ¿permanecerá en la esfera de los conflictos limitados, que alimentan el comercio de las armas y mantienen la tensión en la región, o bien se le dará una solución limitada, en el marco de las soluciones en cadena que serán impuestas después de la guerra?

Sea lo que fuere, y dentro de la nueva esfera de dominación norteamericana en la región, la causa palestina no tiene mucho que esperar. Por eso, la Intifada debe ser apoyada y reforzada como factor esencial del enfrentamiento, y los derechos del pueblo palestino deben ser recuperados antes de que caigan a merced de la solución norteamericana.

Ali al-Kinz

(sobre la ponencia de Darem Bassam)

La división del mundo árabe es, junto con la destrucción del poderío iraquí, una de las consecuencias fundamentales de esta crisis. Desde la segunda guerra mundial, el mundo árabe resistió a todas las presiones en este sentido. Hoy, sucumbió. Interpretamos esto como un Yalta interno; un poco como la división de Europa después de 1945.

Pero en esta división, que separa al mundo árabe en partidarios y adversarios de la coalición, hay que distinguir dos partes en el primer grupo:

Hay que reflexionar, pues, a partir de esta nueva hipótesis de trabajo, porque ha sido impuesta por los datos reales.

Hedi Timumi

Me hubiese gustado que este coloquio se hubiera celebrado más tarde, cuando hayamos recuperado un mínimo de serenidad. En efecto, los pormenores de lo que se ha denominado "la crisis del Golfo" todavía no están muy claros. Hablamos de acontecimientos aún calientes, y temo que nos perdamos en conjeturas, lo que no nos ayudará a iluminar el camino.

Quisiera hablar del movimiento de liberación árabe. Tengo en mente tres grandes experiencias con las que los árabes entraron en la historia: la de Muhammad Ali en Egipto, en la primera mitad del siglo XIX; la del naserismo; y la del Baaz iraquí, que se desarrolla ante nuestros ojos. Estas grandes experiencias tuvieron lugar en Oriente Próximo, y no en los otros países islámicos o árabes, debido a la importancia de la región y a la presencia de Israel y del petróleo.

Para no perdernos en cuestiones de detalle y en improvisaciones, creemos que hay dos preguntas esenciales sobre las que la élite árabe debe hacer un examen de conciencia:

  1. ¿Por qué la burguesía árabe, y las clases dirigentes de modo general, no han logrado realizar un desarrollo económico autocentrado? Esta pregunta se abre, por lo demás, hacia otra problemática que está ligada a ella.

  2. ¿Por qué la burguesía árabe y las clases dirigentes no han logrado realizar la unidad árabe? Una lectura de las experiencias pasadas hace aparecer una constante: cada vez que se intentó una experiencia de desarrollo que se liberaba hasta cierto punto de la voluntad de los países imperialistas, esta experiencia condujo a plantear la cuestión de la unidad árabe.

Considero que existe un vinculo dialéctico entre la edificación de un desarrollo independiente y la unidad árabe. Aquí podríamos no estar de acuerdo con el presidente Sadam sobre la manera en que abordó la cuestión de la unidad árabe, pero debemos preguntarnos porqué se encontró ante la necesidad imperiosa de plantear esta cuestión desde el momento en que permitió que su país alcanzara cierto nivel industrial y tecnológico.

Tahar Labib

Algunos interrogantes relativos al campo de la cultura podrían relativizar, aunque sea un poco, los resultados a los que llega la ecuación política del Golfo. A este respecto, tendría tres preguntas que plantear:

  1. ¿Hubo voluntad deliberada de provocar el acontecimiento? ¿Tenían Iraq y los árabes en general la opción de hacer o no hacer la guerra? ¿Era su papel, esencialmente, resistir, o ejecutar mecánicamente lo que les era impuesto? Lo importante es que mientras los árabes discutían y polemizaban sobre el asunto de saber quién era el agresor y quién el agredido, el "bushismo" consagraba la aparición de un totalitarismo planetario, que no actuaba sólo para proteger los intereses económicos y políticos de Estados Unidos, sino que se presentaba con este mismo fin como la fuerza que interviene para resolver el problema del bien y del mal a escala mundial.

    Ahora bien, para Bush, la guerra era el "único" y, al mismo tiempo, el "mejor" de los medios. La guerra fue, en efecto, lo que a Estados Unidos hizo perder su honor en Vietnam y condujo a los propios norteamericanos a hablar del ocaso del imperio norteamericano. Por eso era necesaria una guerra para recuperar el honor perdido; y esto también explica su ferocidad.

  2. ¿Cuáles son las reacciones posibles, a escala mundial y árabe, contra esta tendencia norteamericana, contra una nueva forma de hegemonía? Uno puede preguntarse, incluso sin demasiado optimismo, si los árabes no han entrado en una nueva era de la liberación árabe, que capitalizaría las diversas energías e interacciones, incluidas las que engendró la misma guerra del Golfo.

  3. ¿Cuáles serán las relaciones de los países árabes coaligados con Estados Unidos y cuál el estatuto que les está reservado en el marco del nuevo orden internacional que se esboza? Pienso que no hay ninguna garantía de que el lugar reservado al aliado árabe esté en relación con el papel que ha desempeñado en la guerra del Golfo. Pero al menos se puede prever, a este respecto, que los lugares y los papeles, así como el grado de dependencia, vatiarán de un país a otro. Es,-por ejemplo, verosímil que las cosas ocurran diferentemente para los países del Golfo, para Siria, por un lado, o Egipto, por el o«o. En resumen, no hay ningún inconveniente en dejar la puerta abierta a todas las hipótesis y suposiciones. Existen muchos factores culturales a los que podríamos no prestar atención en este momento, pero que podrían influir en los acontecimientos ulteriormente, y a largo plazo.

Aún tendría una observación que hacer respecto a la correlación entre la idea de una unidad árabe global y los proyectos de reagrupaciones regionales dictadas por la necesidad o la "realpolitik". Es muy posible que la guerra desemboque en nuevas alternativas que vayan desde la utopía hasta la confesión de impotencia. No se excluye, por ejemplo, que pueda formarse un nuevo núcleo, que polarice particulares»s y afinidades entre las que la guerra ha establecido conexiones. Aquí también no vemos ninguna razón para desechar las alternativas que se perfilan a partir de un mapa de la posguerra.

Baquir al-Nayyar

Tengo algunas observaciones que hacer sobre las dos ponencias y los comentarios que han formulado algunos de mis colegas.

Es muy difícil poner todos los intereses europeos en la misma línea que los de Estados Unidos. En primer lugar, los intereses europeos no son ni homogéneos ni armoniosos. París no tiene los mismos intereses que Londres, ni la Comunidad Europea que Estados Unidos ... La coalición que acaba de formarse no puede ser considerada, a corto o largo plazo, como una alianza estratégica permanente.

En cuanto a la idea mencionada por Mustafa Filali acerca del eventual establecimiento de una alianza o de un eje irani-iraquí bajo un paraguas soviético o con la bendición de Moscú, la cuestión está ligada, aquí también, a los cambios que se produzcan en el seno del régimen iraquí, a nivel de las personas. Y es que los actuales dirigentes, cualesquiera que sean sus relaciones coyunturales con el régimen iraní, seguirán siendo asociados, en el espíritu de los iraníes y del régimen de Teherán, al recuerdo de los ocho años de guerra. El régimen iraní tal vez acepte dialogar con ellos, pero a condición de que negocien en posición de debilidad frente a un Irán fuerte.

Queda la idea expuesta por Ali al-Kinz sobre una eventual integración de los países del Golfo en la esfera norteamericana. Esta idea no es nueva en sí, pero debemos abordarla con mucha prudencia. Los países del Golfo no tienen necesariamente todos la misma visión de las cosas. Así, las posiciones de Kuwait al menos en los terrenos político y social son muy diferentes de las de los otros países del Golfo. También hay que notar aquí que la actitud de Kuwait respecto a la presencia militar europea fue constantemente hostil antes de 1987 y siguió siéndolo hasta que este país se vio obligado por los acontecimientos de la guerra iraqui-irani a recurrir a Estados Unidos para proteger sus petroleros. Esta nueva posición se reforzó, sin duda y tal vez de modo duradero con la invasión de Iraq a Kuwait. Este acontecimiento prácticamente privó a los países del Golfo del pequeño margen de libertad que tenían antes. Empujará, o, mejor dicho, ya empujó a este grupo, quiero decir, a los miembros del Consejo del Golfo, a adoptar actitudes que podrían parecer poco entusiastas respecto a las grandes causas árabes.