LA GUERRA DEL GOLFO: PRELUDIO DE UN NUEVO ORDEN REGIONAL ÁRABE

Mustafa Filali*

Prólogo

Al acabar la guerra del Golfo, el mundo árabe se encuentra en vísperas de un nuevo orden mundial que, de Este a Oeste, lo engloba totalmente, y que, a corto plazo, compromete su futuro en lo político, lo cultural y lo social. No es la menor de las paradojas de la guerra que, habiendo nacido de la voluntad de mantener el statu quo y defender valores aceptados, no haya tardado en convertirse en un pretexto para modificar la situación existente e instaurar un nuevo equilibrio. Todo ocurre como si la guerra silo fuera, en el fondo, una ocasión para cosechar ganancias y realizar proyectos concebidos desde hace mucho tiempo.

Si los países coaligados contra Iraq recurrieron a la guerra con el fin de liberar Kuwait, restablecer la situación anterior y restaurar la soberanía del Estado kuwaiti sobre su territorio y su petróleo, la evolución del conflicto engendró otros objetivos, induciendo a los coaligados a procurar eliminar al régimen iraquí, capturar a su presidente y cambiar el mapa político del país. El jefe de la coalición proclamó incluso, desde antes de la iniciación de las hostilidades, su intención de edificar un nuevo orden regional en Oriente Próximo y apartar las fuentes de energía del control de los dirigentes árabes, a fin de garantizar a la economía mundial un aprovisionamiento regular, a salvo de los caprichos y de los bruscos cambios de humor.

¿Puede considerarse la guerra del Golfo, en sus causas aparentes y en sus resultados, como una etapa decisiva de este último cuarto de siglo, como un momento crucial en nuestra actitud respecto a las causas árabes y una invitación a la reflexión para un futuro alternativo? O ¿habrá entrado la comunidad internacional en un vasto proceso de cambio desde la caída del muro de Berlín, e incluso antes de esa fecha y, más exactamente, desde que desapareció el equilibrio internacional, tanto militar como político, entre el Este y el Oeste, dejando a un solo polo político la conducción de los asuntos del mundo contemporáneo, un polo que funciona a partir de un solo espacio ideológico y se basa en un sistema de valores del que quisiera hacer una biblia para el conjunto de la humanidad? La Unión Soviética tuvo que dejar a Estados Unidos y a sus dirigentes el poder de decisión. Igual fue la claudicación de parte de la Comunidad Económica Europea y de países asiáticos tales como China, Japón e India. Los intelectuales de los países occidentales han sido unánimes (o casi) en considerar que el socialismo marxista ha perdido todo impacto ideológico, todo valor de referencia, dejando ampliamente abierto el camino al liberalismo. Por eso, los debates de ideas, y hasta el esfuerzo de reflexión, han perdido su motivación. Ya es, como escribió un pensador occidental, "el fin de la historia".

Se puede considerar que la guerra del Golfo ha sido, en sus pormenores, lo mismo que en sus intenciones y motivaciones declaradas, el resultado del cambio que ha afectado a las relaciones internacionales, y uno de los frutos de la reducción de los factores de tensión que se ha producido en el escenario político mundial. Incluso podría ser que pruebas irrefutables lleguen a demostrar que el origen de esta guerra se remonta a los comienzos de los años ochenta y que su desencadenamiento comenzó a ser planificado inmediatamente después de los acuerdos de Camp David, concertados entre Egipto e Israel bajo la égida del presidente Cárter y gracias a los esfuerzos desplegados por su ministro de Asuntos Exteriores, Kissinger. No es exagerado sugerir que Iraq estaba muy especialmente en la mira porque, después del armisticio concertado por Egipto, quedó como la única potencia árabe a la que había que tener en cuenta, no sólo Israel, sino también sus vecinos árabes, cercanos o lejanos. Por eso, uno no puede sorprenderse que el reactor nuclear iraquí haya sido destruido bajo los auspicios de los servicios de información norteamericanos, en medio de la indiferencia árabe e internacional. Este acto puede contarse entre las operaciones de lanzamiento del plan establecido, un plan al que se sabe la administración norteamericana dio un contenido y un número de código hace más de diez años.

Esta guerra es una guerra norteamericana, según testimonio del mismo M. Brzezinsky, antiguo asesor para asuntos militares. "Es norteamericana en un 90 por ciento" dijo. "También es norteamericana en lo que concierne al nuevo orden mundial al que va a dar origen". Esta afirmación es corroborada por Arthur Schlesinger, también antiguo asesor del presidente norteamericano, que en su último libro escribe que "(...) esta guerra es, en primer lugar, una guerra norteamericana, y la ONU no tuvo en ella más que un papel de cobertura y de justificación internacional". E1 escritor francés Régis Debray destaca también este aspecto cuando escribe, en un reciente articulo, que "Estados Unidos no ha ocultado, desde hace diez años, que hacia planes para la implantación de bases militares permanentes para sus fuerzas en el Golfo a fin de poder vigilar la producción de petróleo y controlar sus precios".

1. El nuevo orden mundial

Habida cuenta de las reservas que hemos expresado acerca de las razones de la guerra del Golfo ¿estamos ante un nuevo orden mundial, o ante una nueva fase dentro de un orden ya establecido y que seria idéntica a las fases precedentes en sus principios, sus formas y sus motivaciones? Y ¿qué cambios cabe prever en lo que concierne a la comunidad árabe, en el Machreq, en primer lugar, y en el Magreb, después? Estas son las preguntas a las que intentaremos dar algunas respuestas.

2. Aspecto del nuevo orden regional árabe

Hemos demostrado, con las observaciones anteriores, que la región de Oriente Próximo será reestructurada por lo menos ése es el propósito de Estados Unidos en torno a Israel, como eje reforzado y polivalente, y como enclave destinado a garantizar la estabilidad armada y el respeto a la "pax americana". Todavía es difícil prever, en esta fase, de qué modo se dotará Israel de fronteras seguras. ¿Recaerá la opción en la fórmula de la expansión geográfica con vistas a crear el gran Israel, aprovechando las negociaciones de paz, como lo quisiera el ala religiosa extremista en Israel, expansión que probablemente se haría en perjuicio de Jordania e Iraq? ¿O, más bien, recaerá en la fórmula llamada "cinturón de seguridad", que abarca a los territorios limítrofes con el Estado hebreo, que serian sometidos a alta vigilancia y colocados en situación de dependencia reforzada desde el punto de vista financiero, tecnológico y económico?

A este respecto, no está demás conocer el punto de vista de las otras partes implicadas en el futuro de Oriente Próximo, y, principalmente, de la Comunidad Económica Europea y de los países árabes que forman parte de la coalición antiiraqui.

A modo de conclusión

Uno tiene derecho a preguntarse si la Unión del Magreb Árabe será un socio que tendrá algo que decir en la edificación del nuevo orden regional, o bien, si va a situarse en la continuidad árabe, reintegrarse en el seno de la Liga Árabe y reanudar el discurso de las consignas. ¿Tomarán en cuenta los regímenes magrebies y árabes a las corrientes que han desencadenado sus pueblos? ¿Se apoyarán en estas corrientes para lanzarse por el camino del cambio? ¿Aprovecharán esta excepcional ocasión histórica para reconstruir sus relaciones con sus pueblos y cimentar el frente interior para poder adherirse al nuevo orden internacional y regional a partir de una base fuerte y coherente? ¿Tendrán los dirigentes magrebies la voluntad necesaria para acelerar el proyecto de unión magrebí, como marco ejemplar para la renovación cualitativa de sus relaciones con sus socios extranjeros? ¿Se dotarán, con este fin, de los mecanismos de decisión y de acción apropiados?

Por otra parte ¿qué papel podrán desempeñar las élites intelectuales magrebies y árabes en la concepción de una alternativa al orden regional árabe que se sitúe en el contexto del nuevo orden internacional propuesto por Estados Unidos?

He ahí otras tantas preguntas que pueden ayudarnos a explorar el futuro y a poner de relieve sus rasgos sobresalientes. Hemos subrayado la política voluntarista que se desprende de las declaraciones norteamericanas para el establecimiento de un orden regional propio para la zona árabe del Golfo dentro del nuevo orden internacional. Es muy probable que los regímenes árabes de la coalición no tengan más opción que la de sumarse a ese proyecto de orden internacional y que su futuro común no sea el fruto de sus mutuas concertaciones. Se encontrarán en una posición extremadamente embarazosa al menos en dos frentes.

  1. Respecto de la causa palestina, los Estados árabes serán obligados a aceptar que Israel ocupe una posición central, como polo político. E1 Estado hebreo será fuertemente apuntalado por los servicios de información norteamericanos y abundantemente provisto con informaciones y fotos relativas tanto a la situación general, como a los más mínimos hechos y gestos en la región árabe. También será dotado con un arsenal militar que le garantice la supremacía en toda la región. De manera que los países árabes ya no dispondrán, al servicio de la causa palestina, más que de un margen de acción estrecho y sometido a condiciones. ¿Aceptarán, por eso, recomenzar una nueva guerra regional? ¿O aceptarán que el asunto sea resuelto conforme a los proyectos de Israel, que considera que hay que tomar porciones de territorio de Jordania, Líbano e Iraq con vistas a crear el Estado palestino?

    En la hipótesis de una aceptación de este enfoque por parte de los regímenes árabes, se plantea la cuestión de saber si los dirigentes palestinos darán su conformidad a ello y si los pueblos árabes lo consentirán. ¿Cuáles serian entonces las consecuencias de tal política para la estabilidad interior de los países árabes y para las relaciones entre los regímenes y la opinión pública, sobre todo en los países que cuentan con una fuerte proporción de refugiados palestinos? Esas son algunas de las grandes preguntas que plantea la instauración de la "pax americana" y que son fuente de apuros para los regímenes árabes coaligados y un peligro para la estabilidad política de los Estados de la región.

  2. La posición de los movimientos islamistas existentes en Oriente Próximo seguirá siendo una de las grandes incógnitas entre los factores que influyen en el futuro de esta región. En efecto, es muy poco probable que las masas que apoyan estos movimientos puedan aceptar el inicuo plan que Estados Unidos tiene intención de aplicar. No hay que olvidar, en efecto, las reacciones de las masas islámicas en Egipto después de los acuerdos de Camp David. Pero cualesquiera que sean las medidas de seguridad adoptadas por los regímenes árabes para anticiparse a tales reacciones, es difícil creer que en la opinión pública pueda instaurarse el ambiente de tranquilidad necesario para la ejecución del plan norteamericano. Tampoco olvidemos, a este respecto, el papel que eventualmente desempeñaría el Irán musulmán para polarizar a esos movimientos islamistas, como lo hizo antes de la guerra, y reforzar sus posiciones hostiles a Occidente y a lo que ellos llaman el "satán norteamericano". No es casualidad que la guerra haya sido motivo de una reconciliación entre Irán e Iraq, después de ocho años de enfrentamientos, aun cuando tal reconciliación continúe rodeada de misterio y se planteen tantos interrogantes a propósito de los aviones iraquíes refugiados en los aeropuertos iraníes. Incluso es posible que el régimen de Teherán acepte sin vacilaciones desempeñar un papel motor en el apoyo a las corrientes que fomentarán desórdenes y se opondrán a los regímenes árabes en el Golfo y en Egipto, lo cual podría traducirse en un mayor acercamiento entre Irán e Iraq y desembocar, a corto plazo, en la aparición de una alianza chii entre los dos Estados vecinos, que tendría un peso demográfico comparable al de la totalidad de los países árabes de la coalición y dispondría de recursos petroleros equivalentes a más de la mitad de la producción de los campos petrolíferos árabes.

    Tal zona chii adosada a las repúblicas islámicas soviéticas, al constituir un nuevo factor de equilibrio, tendría, sin duda alguna, el aval de la Unión Soviética, que así dispondría de una alternativa regional al orden norteamericano. Pero tampoco cabe duda que el nacionalismo árabe se opondría a ese tipo de alianza y la consideraría como una defección de Iraq, y un atentado contra esa visión racional y avanzada de una sociedad civil liberada que esta corriente nacionalista aspira a edificar. Se iría ahondando el foso entre los Estados árabes coaligados y ese eje chii, si éste llegara a constituirse con la ayuda de la Unión Soviética, y Teherán aceptara hacer borrón y cuenta nueva en sus relaciones con Bagdad y salir de su aislamiento político en medio de esta región del islam sunni.

En base a estas proyecciones, uno puede imaginarse que el orden regional, tal como se plasmará en la realidad, estará articulado en torno a tres grandes zonas, cada una de las cuales abarcaría Estados entre los cuales la guerra habría tejido lazos más estrechos, o cuyas pasadas diferencias habría atenuado. La primera de esas zonas seria la del chiismo irani-iraqui, con la mirada puesta en el Este, en dirección a la Unión Soviética y a sus repúblicas islámicas. La segunda seria la región meso-oriental, la del islam sunni, constituida en torno a Arabia Saudi y Egipto, con arreglo al orden regional norteamericano. La tercera de esas zonas seria la Unión del Magreb Árabe, que el orden norteamericano se esforzará por marginar, ampliando el foso que la separa de la zona árabe coaligada, como consecuencia de sus posiciones en la guerra del Golfo y de sus iniciativas de paz ante el Consejo de Seguridad. Reconocemos que, en el momento de la guerra, los Estados de la Unión del Magreb Árabe no constituían un frente homogéneo y no hablaban con una sola voz, y que algunos de sus miembros tenían una actitud claramente "pro-oriental". Esta orientación no era un misterio para nadie antes de la guerra, pero eso no impidió que los Estados de la UMA unificaran sus gestiones diplomáticas. Eso significa que esta hipótesis relativa a las tres zonas no se realizará a un ritmo rápido y armonioso, y sin que aparezcan fisuras y debilidades.

En efecto, debemos interrogarnos sobre la posición de Siria en el seno del grupo sunní en el que se encuentra debido a la guerra, y sobre la actitud de este grupo frente a ese aliado que sigue ocupando el Líbano ... lo que constituye una importante brecha en ese frente. Luego ¿cuál será la posición de Jordania y Yemen frente a estas alianzas?

Este es un enfoque prospectivo de un futuro alternativo, y esta podría ser la respuesta de la comunidad árabe al orden regional norteamericano, a los evidentes desafíos civilizatorios que éste representa y a sus objetivos políticos, que pretenden, por lo bajo, decidir el futuro de los pueblos de la región y hacer primar los intereses occidentales e israelíes sobre los derechos y los intereses de estos pueblos.

Se trata, además, de una visión voluntarista, que se niega a imaginar que el porvenir de la comunidad árabe entera esté gobernado por el total sometimiento a un plan impuesto desde el exterior y que se basa en semejantes objetivos. Esta visión devuelve todo su peso a los factores culturales y éticos, que los coaligados tanto se esforzaron por ocultar durante la guerra del Golfo, procurando sustituirlos por la legalidad internacional (exponiendo así ésta al fracaso), de modo que la desvergüenza y la hipocresía prevalecieron sobre la racionalidad y la virtud.

De este modo, los pensadores árabes adquieren la convicción de que todo sistema que comienza con la negación de los valores de civilización e incita a los seres humanos a la traición cultural y a la alienación intelectual lleva en sus entrañas los gérmenes de su fracaso. E1 surgimiento, entre los pueblos árabes mezcladas todas las tendencias políticas y capas sociales, de una poderosa corriente de adhesión a su civilización, a su cultura y a los valores auténticos de los que éstas son portadoras, y el rechazo a la mentira y al fariseísmo intelectual, constituyen la aportación más valiosa y el fermento más fecundo de la guerra del Golfo.


* Mustafa Filali. (Túnez). Representante de Túnez ante el Secretariado General de la Unión del Magreb Árabe.

( I) Arthur Schlesinger: Les milles jours de Kennedy.

(2) Brzezinsky: La révolution technotronique.

(3) Lester Brown: Un monde sans frontieres (1973)

(4) Citado por Yves Eude: La conquête des esprits (Maspero, 1982)

(5) Misma fuentc, p. 78.