LA DIMENSION POLITICA. LA CRISIS DEL GOLFO: UNA PRIMERA LECTURA DE LOS FACTORES INTERNOS Y EXTERNOS

Darem Bassam*

1. Primera actitud: definir el marco de interpretación

Las guerras siempre han marcado virajes históricos en la vida de los pueblos y les han permitido realizar grandes saltos adelante, induciendo una dinámica de cambio sociopolítico. Las guerras también generan un movimiento siempre renovado que influye en la evolución de los problemas latentes o aplazados. Además, provocan el choque necesario para revisar lo que se ha realizado y salir de ello con nuevas o más avanzadas convicciones, a nivel del proyecto o del discurso.

Nadie discute que la guerra del Golfo, como expresión de la crisis general de los árabes, abarca debido a su amplitud a todos los estratos (politico, socioeconóóico y cultural) y que sus consecuencias en la sociedad árabe serán tan graves como profundas. Es más, la crisis ha necesitado una pausa de reflexión para reevaluar los cálculos relativos a la "fuerza global de la nación árabe", en la proporción en que logró devolver a la opinión pública árabe toda su vitalidad política. No hay duda que esta crisis es el comienzo de un proceso de evidentes mutaciones, tanto a nivel de las relaciones de la sociedad con el Estado como a nivel del discurso y de las alianzas entre los movimientos politicos, y que, a largo plazo, influirá en la propia estructura y los mecanismos del orden árabe.

Agreguemos que las causas y los efectos de la crisis acabarán extendiéndose al conjunto del nuevo orden internacional de la posguerra fria y a las múltiples formas de hegemonia que éste encubre. En realidad, hoy estamos asistiendo con estupor al nacimiento de este nuevo orden, pues nuestra generación, al haber vivido en plena guerra fria y haberse acostumbrado a los delicados equilibrios y conflictos ideolóóicos de esa época, tiene muchas dificultades para analizar esta rápida sucesión de acontecimientos a través de marcos de referencia apropiados, que sean diferentes de los marcos planetarios a los que se había acostumbrado y que, a nuestro entender, casi ya no convienen para quien quiera distinguir lo necesario de lo contingente y lo fundamental de lo accesorio, para comprender los factores que han determinado los cambios en las relaciones de fuerza a escala mundial, asi como las consecuencias que de ello se derivan para la región árabe.

Como investigadores en sociologia, todos podemos aceptar que la diferenciación ideolóóica y la bipolaridad que han dominado el mundo a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años han desarrollado herramientas de análisis completas y han llevado a idear marcos metodolóóicos muy precisos para los investigadores pertenecientes a los dos principales espacios conceptuales: por una parte, la funcionalidad técnica, la modernización y la expansión; y, por la otra, el enfrentamiento social y la emancipación. La competencia y las divergencias de opinión entre estos dos espacios los indujeron progresivamente a comprenderse mutuamente en el terreno de las referencias intelectuales, de las hipótesis de exploración del movimiento de la historia y, por lo tanto, del examen del carácter del cambio social. Sin embargo, como consecuencia de la gran crisis que vivimos, ahora asistimos al colapso de esos postulados, hasta tal punto que a nivel de las tesis y conceptos dentro de una misma escuela de pensamiento surgieron contradicciones en cuanto al análisis de los acontecimientos en curso. Sin duda, el futuro del pensamiento social y politico árabe acusará las consecuencias de ello.

Viendo las cosas desde el punto de vista del equilibrio, uno observa que la bipolaridad que prevalecioó hasta ahora, comparada con lo que ahora mismo está pasando, comienza a ser considerada por muchos especialistas en problemas de la guerra y de la paz como una especie de bendición para la humanidad.

Hay quienes incluso creen que el número "dos" es de los que traen suerte a la humanidad, al ser el monolitismo que tiende a la hegemonia portador de sombrios augurios que amenazan con retrotraer a la humanidad a la 16gica de la fuerza y de la dominación y a una aplicación de la legalidad internacional basada en la selectividad y la exclusividad, a merced de los intereses y humores del momento. Asi, dicen, el número "uno" es maléfico y lleno de incertidumbre, y si bien es verdad que la actual dominación del "uno" está inscrita en la 16gica de la historia, también es verdad que es una situación provisional, destinada a durar más o menos, pero que el mundo no podrá aguantar mucho tiempo. Tarde o temprano, otras bipolaridades surgirán entre las potencias "blancas" (EE.UU., Europa, Unión Soviética) y/o "noblancas" (Japón, China, India). Con todo, los polos realmente activos seguirán siendo sin duda alguna, y durante mucho tiempo aún tres: EE.UU., Europa y Japón. En cuanto al Tercer Mundo ... pues bien ¡que Dios lo ampare!

Por consiguiente, se puede convenir que los dos supergrandes constituyeron, a lo largo de la guerra fria, una especie de cinturón de seguridad, que garantizaba el equilibrio de fuerzas y la disuasión por encima de sus intereses estratégicos divergentes. Los dos grandes contuvieron, sin duda, a Europa y garantizaron el no-retorno a la lógica del colonialismo directo, y a la de la guerra y la confrontación. Más exactamente, se puede afirmar que esta bipolaridad desempeñó, por asi decirlo, un papel de "vigilante" o "tutor" que controlaba la aplicación de las decisiones fundamentales resultantes de la segunda guerra mundial tanto en Europa como en el Tercer Mundo, y, más exactamente, en las zonas de influencia y las antiguas colonias que se beneficiaron con una independencia condicional, salvaguardando asi los intereses defensivos y económicos de ambas partes, con lineas rojas que no habia que atravesar. Sin embargo, la noción de "movimientos de liberación" entendidos como "evolución histórica" por las ideologias del Este y como "bloqueo de la historia" por Occidente condujo a la guerra fria, de la que el mundo árabe fue, después de Europa, uno de los espacios privilegiados, debido a las rivalidades occidentales por el control de los pozos de petr61eo, al apoyo brindado a la entidad sionista como cabeza de puente de Occidente y a las maniobras de los paises del Este para tener acceso a los mares calientes.

Hay que señalar, a este respecto, que los paises del Tercer Mundo, y la comunidad árabe entre ellos, que eran bastiones del colonialismo occidental, fueron los más afectados por las secuelas de la segunda guerra mundial. Pues, inmediatamente después de la guerra, el colonialismo clásico cambió de estrategia y métodos con respecto a ellos. En efecto, tras haber salido por la puerta (en el sentido fisico de la palabra, por lo menos), el colonialismo regresó porla ventana y se aplicó a consagrar y promover el subdesarrollo a través del neocolonialismo y los múltiples medios que puso en práctica para reforzar el sistema de intercambio desigual y la no equitativa división internacional del trabajo, extendiendo la invasión cultural europea y creando instituciones financieras internacionales que encerraron a los paises del Tercer Mundo en la trampa del endeudamiento. De este modo, se paralizaron los esfuerzos de desarrollo socioeconómico y se escarnecieron y alienaron los valores tradicionales. Este proceso fue favorecido por el hecho de que los regimenes que, inmediatamente después de las independencias politicas, cogieron las riendas del poder no intentaron vincular orgánicamente la emancipación politica con la liberación económica y social; lo cual condujo a la monopolización del poder, a la marginación de la sociedad civil, a la agravación de la dependencia, a la profundización de las diferencias sociales entre ricos y pobres, y a la concentración, en algunas zonas del mundo, de riquezas sustraidas a su emplazamiento local natural.

Lo peor, tal vez, es que tampoco los regimenes que optaron por el modelo socialista de desarrollo lograron alcanzar sus objetivos sociales y plasmar su discurso de liberación en realizaciones concretas, que respondieran a las siempre renovadas necesidades materiales y espirituales de sus ciudadanos. Por eso se encontraron, al final del trayecto, en el mismo atolladero y el mismo callejón sin salida que los paises que habian escogido el modelo capitalista.

Otro fracaso no menos rotundo fue la incapacidad de los movimientos politicos, en calidad de fuerzas sociales influyentes y organizaciones de masas necesariamente portadoras de proyectos sociales alternativos, para concebir un discurso politico interno apropiado y, de ese modo, movilizar a las rnasas, a fin de crear el cambio sociopolitico.

Por otra parte, el orden regional árabe no fue capaz de asumir su misión, que es inducir a los árabes a apoyarse en sus propias fuerzas y hacer el mejor uso de los recursos árabes con miras a velar por la reconstrucción de la nación sobre bases nuevas y más eficientes, en el marco de las instituciones de la acción árabe común, y esto pese a la cantidad de acuerdos y estrategias propuestas. En efecto, con este orden regional nació el desequilibrio estructural, que sirvió para consagrar la soberania individual de los Estados antes que para concebir un todo nacional más grande que la suma de las partes y hacer evolucionar el concepto de acción colectiva, con objeto de superar las divergencias, garantizar la invulnerabilidad de la nación árabe y aumentar su capacidad de negociación y su aptitud para hacer frente a las amenazas dirigidas contra su seguridad. No hay duda que ese orden sufrió un retroceso en el transcurso de la última década, a pesar de las múltiples tentativas por lo demás, poco convincentes de salvamento, con la consecuencia de la acentuación de la división y de las discrepancias. Entonces estalló una grave crisis, que puso en tela de juicio la existencia misma de ese orden.

A través de esta definición del marco de interpretación de los factores endógenos se puede afirmar, sin riesgo de equivocarse, que son precisamente esos factores los que condujeron al mundo árabe al callejón sin salida y crearon el ambiente favorable para una crisis, que estalló en el momento en que el viejo orden mon'a, sin que aún hubiera nacido el nuevo. Ahora bien, esta transición de lo viejo a lo nuevo está, naturalmente, llena de contradicciones, conflictos y desánimos, que no podian dejar de salir a flote algún dia.

Para completar este esbozo global de las dimensiones de la crisis, conviene desde el punto de vista metodológico formular algunas hipótesis y examinar los factores exógenos, la evolución del conflicto árabe-israeli y las consecuencias del orden internacional en visperas del desencadenamiento de la crisis. Previamente, partiremos de la idea de que la bipolaridad a nivel internacional disponia de repetidores igualmente bipolarizados a nivel regional, encargados de salvaguardar los intereses de los dos supergrandes. Por consiguiente, se supone que la ruptura del equilibrio a nivel internacional no pudo dejar de conducir a un desequilibrio paralelo a nivel regionaVnacional y a una reconstrucción de los equilibrios en función de las nuevas circunstancias. De esta manera, con el ocaso del sistema bipolar se observa, por ejemplo, que el principio de neutralidad (o, lo que es igual, de "no-alineamiento") ya no tiene el mismo impacto que antes. Pues ¿qué significa el hecho que un Estado sea hoy no-alineado, o al menos reputado como tal, si no hay conflisto internacional, larvado o declarado, ni partes antagonistas suficientemente definidas como para constituir un polo de alianza? Por eso, el alineamiento ha cobrado un carácter visible y directo, cuando hasta ahora era más bien indirecto, si no vergonzantemente disimulado. Esta es una consecuencia de la dificultad que hay en distinguir, ideolóóicamente, al modelo de su contrario, añadida a la ausencia del "otro" crítico. Esta nueva relación directa influyó, sin duda, de modo agudo y radical, en los equilibrios regionales y en el papel del factor exógeno en su internacionalización y resolución en beneficio del sistema unipolar vigente.

En una palabra, lo que hemos procurado esclarecer a través de esta definición del marco de significación es que la crisis del Golfo, como expresión de la crisis de los árabes, sólo puede ser captada en su globalidad en el contexto de los procesos históricos y geopolíticos, y a la vista de las mutaciones en curso, a nivel local, regional e internacional; pues la comprensión de un fenómeno de semejante complejidad y el análisis objetivo de sus dimensiones requieren un marco de referencia coherente o global. En caso contrario, el investigador se hallaria cogido en la trampa de la simplificación, captando sólo la mitad, si no una pequeña parte, de la verdad.

Desde mi punto de vista, los años venideros serán ricos en enseñanzas y permitirán hacer una detenida evaluación de los diversos niveles de significación de las mutaciones en curso y de sus efectos futuros, en cuanto esta gran crisis de los árabes se haya transformado en una "referencia histórica" para el porvenir del proyecto social árabe y para el surgimiento de un pensamiento social árabe alternativo, que inevitablemente se derivará de él. Si como ejemplo la rebelión de los estudiantes en Francia, en 1968, revolucionó totalmente (por sí sola e independientemente de su aspecto sectorial) los conceptos del conjunto del pensamiento sociolóóico francés, nosotros, como sociólogos árabes, no podemos imaginarnos que una crisis de la amplitud de la que vivimos actualmente no desemboque en una verdadera revolución cultural en el pensamiento árabe contemporáneo. Y si tal revolución no se produjera efectivamente, eso seria la prueba de que el pensamiento social árabe es ahistórico, exterior e incapaz de concebir enfoques y respuestas propias adaptadas a la situación, y de que la intelligentsia árabe no es capaz de desempeilar un papel de vanguardia, influyendo en los acontecimientos y recibiendo la influencia de éstos.

2. Segunda actitud: analizar los factores

Tal vez sería útil intentar a través de una primera identificación de los factores internos y externos que contribuyeron al surgimiento y desencadenamiento de la crisis apoyarse en la explicación de la acumulación histórica de los principales factores y en las valiosas indicaciones que esta acumulación puede brindarnos para ayudarnos a descifrar las causas y consecuencias de la crisis. Por eso, en las páginas que siguen, trataremos de abordar un cierto número de factores históricos que creemos que han desempeñado algún papel en la génesis de la crisis.

Los factores endógenos:

Los factores exógenos:

Los factores endógenos

Los factores exógenos

A cambio de este reparto se habría convenido que Estados.

Unidos garantizaría la participación de la Comunidad Europea en los asuntos de Oriente Próximo y que Europa autorizaría, en cambio, una limitada presencia norteamericana en África. Por supuesto, existen numerosos pretextos, puestos a punto de antemano por la solicitud de los servicios norteamericanos y europeos, para intervenir y reforzar la hegemonía, como, por ejemplo, la lucha contra la violencia, el fanatismo, el terrorismo o el tráfico de drogas, etc.

Desde otro punto de vista, la conferencia de Malta ha permitido llegar a un acuerdo sobre los métodos de solución de los conflictos regionales en base al reparto de las zonas de influencia. Así, se ha dado carta blanca a Estados Unidos para hacerse cargo de la solución del conflicto de Oriente Próximo. Eso es lo que explica que la URSS se haya retirado poco a poco de sus compromisos, hasta el punto de ya no ser consultada en lo sucesivo a este respecto más que en el marco puramente protocolario de lo que se ha denominado "política de seguridad colectiva" (collective security), que se ha convertido, de común acuerdo, en la base del nuevo/viejo orden mundial; orden que se quedó "hilvanado" para Estados Unidos y los países occidentales desde la segunda guerra mundial y que sólo pudo ser actualizado y controlado en cuanto se consumó la quiebra del bloque del Este.

Sin lugar a dudas, la inmunidad del mundo árabe frente a los intentos de las grandes potencias occidentales para provocarle conflictos internos seguirá siendo débil, por no decir inexistente, habida cuenta de la nueva evolución del orden mundial debido al fin de la guerra fría. Los acontecimientos ligados a la guerra del Golfo lo han confirmado en muchos aspectos. Los árabes lamentarán mucho tiempo no haber sabido aprovechar los equilibrios de la guerra fría y el apoyo de la Unión Soviética a sus causas para sentar las bases de una eficaz seguridad nacional árabe, que les habría garantizado independencia y capacidad de negociación en el marco del orden internacional. En su forma actual, la seguridad nacional árabe se ha convertido en parte de la seguridad nacional de Occidente, y especialmente de Estados Unidos. En lo sucesivo, el movimiento de liberación nacional y de independencia árabe ya s610 será considerado como una antigua reserva estratégica de la URSS y un residuo de la guerra fría, que, por consiguiente, es conveniente combatir, ya sea con una acción directa, ya sea domesticándolo, sin dejar de trabajar paralelamente para reforzar a Israel y a los regímenes árabes "moderados" o "conservadores", es decir ... amigos de Washington.

Para terminar, no puedo sino lamentar no ser optimista en lo que se refiere a la capacidad del orden árabe para superar la actual crisis. Seguramente no será capaz de hacerlo a causa del carácter mismo de las potencias influyentes, por una parte, y de su falta de autonomía de decisión y de verdadera influencia sobre el futuro, por la otra. Hay quienes creen que el vinculo orgánico y directo que comienza a establecerse entre numerosos países árabes, Estados Unidos y Occidente, en el marco de claras alianzas desde el fin de la crisis, podría dar paso a un verdadero desarrollo capitalista, como fue el caso de Japón y Corea inmediatamente después de la guerra. Por mi parte, lo dudo mucho, sabiendo bien que Occidente siempre consideró, y seguirá considerando mucho tiempo todavía, a la región de Oriente Próximo como un simple depósito de petróleo. Tampoco creo que la actual crisis incite a Occidente a revisar sus concepciones en este aspecto. Al contrario, casi no le interesa favorecer el ascenso del mundo árabe, tal como los recientes acontecimientos lo han demostrado.

Como intelectuales, no tenemos más remedio que proponer enfoques alternativos y volver al estudio de la lógica de la historia y de las acumulaciones históricas capaces de conducir a un cambio cualitativo. La historia es una producción y esta producción necesita herramientas. Debemos, pues, elegir las herramientas apropiadas. Estoy profundamente convencido de que la función de los intelectuales árabes y de los movimientos políticos debe situarse dentro de unos limites definidos por la necesidad de renovar el pensamiento árabe (como teoría y práctica). Esto no puede hacerse de otro modo más que a través de la democracia una democracia pensada y teorizada a partir de las aspiraciones y objetivos de la sociedad árabe, pero también a través de la conceptualización de la idea de "lo posible árabe", que la actual crisis engendró en el espíritu de la joven generación árabe y que los modelos de desarrollo y las prácticas culturales contribuyeron durante mucho tiempo a marginar, alienar y extinguir. La causa de la democracia no se sitúa aquí a un nivel de clase o de país, sino a un nivel social y nacional árabe. No se trata de contentarse con predicar la democracia, sino de practicarla en todos los niveles de comportamiento, sin nunca abstraerla de su marco ético y material, basado en el principio de liberación. Pero no, desde luego, en los limites de los sistemas establecidos aun cuando se suscriba el adagio "el príncipe gobierna mediante la justicia", sino trabajando por influir en los modelos vigentes. Si no, nada cambiará en el mundo árabe.

Por lo que se refiere a la relación de los árabes con el resto del mundo, me parece que el pensamiento árabe debería renunciar al dualismo entre tradición y modernidad, en el que se ha extenuado desde hace un siglo o más, y admitir que su enfrentamiento con Occidente tiene bases racionales y materiales, ligadas a intereses concretos, y que la ideología y la religión sólo entran en él como objetivos secundarios de apoyo, y no a la inversa.

E1 mundo s610 respetará la civilización de los árabes, su cultura y sus tradiciones cuando éstos se hayan dotado de fuerza económica y militar. No hay peor actitud, en mi opinión, que obstinarse en la afirmación de la identidad mientras se está en situación de debilidad económica. Pues ésa es verdaderamente la claudicación desde el punto de vista de la civilización, o, al menos, el tipo mismo de lucha negativa que el mundo no puede reconocer y contemplar más que con burla. En su uso internacional, "el derecho" es una palabra que rima con "fuerza, acción y capacidad de reivindicación".


* Darem Bassam. (Iraq). Especialista en estudios de desarrollo humano.