Las guerras siempre han marcado
virajes históricos en la vida de los pueblos y les han
permitido realizar grandes saltos adelante, induciendo una dinámica
de cambio sociopolítico. Las guerras también generan
un movimiento siempre renovado que influye en la evolución
de los problemas latentes o aplazados. Además, provocan
el choque necesario para revisar lo que se ha realizado y salir
de ello con nuevas o más avanzadas convicciones, a nivel
del proyecto o del discurso.
Nadie discute que la guerra
del Golfo, como expresión de la crisis general de los árabes,
abarca debido a su amplitud a todos los estratos (politico, socioeconóóico
y cultural) y que sus consecuencias en la sociedad árabe
serán tan graves como profundas. Es más, la crisis
ha necesitado una pausa de reflexión para reevaluar los
cálculos relativos a la "fuerza global de la nación
árabe", en la proporción en que logró
devolver a la opinión pública árabe toda
su vitalidad política. No hay duda que esta crisis es el
comienzo de un proceso de evidentes mutaciones, tanto a nivel
de las relaciones de la sociedad con el Estado como a nivel del
discurso y de las alianzas entre los movimientos politicos, y
que, a largo plazo, influirá en la propia estructura y
los mecanismos del orden árabe.
Agreguemos que las causas y los efectos de la crisis
acabarán extendiéndose al conjunto del nuevo orden
internacional de la posguerra fria y a las múltiples formas
de hegemonia que éste encubre. En realidad, hoy estamos
asistiendo con estupor al nacimiento de este nuevo orden, pues
nuestra generación, al haber vivido en plena guerra fria
y haberse acostumbrado a los delicados equilibrios y conflictos
ideolóóicos de esa época, tiene muchas dificultades
para analizar esta rápida sucesión de acontecimientos
a través de marcos de referencia apropiados, que sean diferentes
de los marcos planetarios a los que se había acostumbrado
y que, a nuestro entender, casi ya no convienen para quien quiera
distinguir lo necesario de lo contingente y lo fundamental de
lo accesorio, para comprender los factores que han determinado
los cambios en las relaciones de fuerza a escala mundial, asi
como las consecuencias que de ello se derivan para la región
árabe.
Como investigadores en sociologia, todos podemos
aceptar que la diferenciación ideolóóica
y la bipolaridad que han dominado el mundo a lo largo de los últimos
cuarenta y cinco años han desarrollado herramientas de
análisis completas y han llevado a idear marcos metodolóóicos
muy precisos para los investigadores pertenecientes a los dos
principales espacios conceptuales: por una parte, la funcionalidad
técnica, la modernización y la expansión;
y, por la otra, el enfrentamiento social y la emancipación.
La competencia y las divergencias de opinión entre estos
dos espacios los indujeron progresivamente a comprenderse mutuamente
en el terreno de las referencias intelectuales, de las hipótesis
de exploración del movimiento de la historia y, por lo
tanto, del examen del carácter del cambio social. Sin embargo,
como consecuencia de la gran crisis que vivimos, ahora asistimos
al colapso de esos postulados, hasta tal punto que a nivel de
las tesis y conceptos dentro de una misma escuela de pensamiento
surgieron contradicciones en cuanto al análisis de los
acontecimientos en curso. Sin duda, el futuro del pensamiento
social y politico árabe acusará las consecuencias
de ello.
Viendo las cosas desde el punto de vista del equilibrio,
uno observa que la bipolaridad que prevalecioó hasta ahora,
comparada con lo que ahora mismo está pasando, comienza
a ser considerada por muchos especialistas en problemas de la
guerra y de la paz como una especie de bendición para la
humanidad.
Hay quienes incluso creen que el número "dos"
es de los que traen suerte a la humanidad, al ser el monolitismo
que tiende a la hegemonia portador de sombrios augurios que amenazan
con retrotraer a la humanidad a la 16gica de la fuerza y de la
dominación y a una aplicación de la legalidad internacional
basada en la selectividad y la exclusividad, a merced de los intereses
y humores del momento. Asi, dicen, el número "uno"
es maléfico y lleno de incertidumbre, y si bien es verdad
que la actual dominación del "uno" está
inscrita en la 16gica de la historia, también es verdad
que es una situación provisional, destinada a durar más
o menos, pero que el mundo no podrá aguantar mucho tiempo.
Tarde o temprano, otras bipolaridades surgirán entre las
potencias "blancas" (EE.UU., Europa, Unión Soviética)
y/o "noblancas" (Japón, China, India). Con todo,
los polos realmente activos seguirán siendo sin duda alguna,
y durante mucho tiempo aún tres: EE.UU., Europa y Japón.
En cuanto al Tercer Mundo ... pues bien ¡que Dios lo ampare!
Por consiguiente, se puede convenir que los dos supergrandes
constituyeron, a lo largo de la guerra fria, una especie de cinturón
de seguridad, que garantizaba el equilibrio de fuerzas y la disuasión
por encima de sus intereses estratégicos divergentes. Los
dos grandes contuvieron, sin duda, a Europa y garantizaron el
no-retorno a la lógica del colonialismo directo, y a la de la
guerra y la confrontación. Más exactamente, se puede
afirmar que esta bipolaridad desempeñó, por asi
decirlo, un papel de "vigilante" o "tutor"
que controlaba la aplicación de las decisiones fundamentales
resultantes de la segunda guerra mundial tanto en Europa como
en el Tercer Mundo, y, más exactamente, en las zonas de
influencia y las antiguas colonias que se beneficiaron con una
independencia condicional, salvaguardando asi los intereses defensivos
y económicos de ambas partes, con lineas rojas que no habia
que atravesar. Sin embargo, la noción de "movimientos
de liberación" entendidos como "evolución
histórica" por las ideologias del Este y como "bloqueo
de la historia" por Occidente condujo a la guerra fria, de
la que el mundo árabe fue, después de Europa, uno
de los espacios privilegiados, debido a las rivalidades occidentales
por el control de los pozos de petr61eo, al apoyo brindado a la
entidad sionista como cabeza de puente de Occidente y a las maniobras
de los paises del Este para tener acceso a los mares calientes.
Hay que señalar, a este respecto, que los
paises del Tercer Mundo, y la comunidad árabe entre ellos,
que eran bastiones del colonialismo occidental, fueron los más
afectados por las secuelas de la segunda guerra mundial. Pues,
inmediatamente después de la guerra, el colonialismo clásico
cambió de estrategia y métodos con respecto a ellos.
En efecto, tras haber salido por la puerta (en el sentido fisico
de la palabra, por lo menos), el colonialismo regresó porla ventana y se aplicó a consagrar y promover el subdesarrollo
a través del neocolonialismo y los múltiples medios
que puso en práctica para reforzar el sistema de intercambio
desigual y la no equitativa división internacional del
trabajo, extendiendo la invasión cultural europea y creando
instituciones financieras internacionales que encerraron a los
paises del Tercer Mundo en la trampa del endeudamiento. De este
modo, se paralizaron los esfuerzos de desarrollo socioeconómico
y se escarnecieron y alienaron los valores tradicionales. Este
proceso fue favorecido por el hecho de que los regimenes que,
inmediatamente después de las independencias politicas,
cogieron las riendas del poder no intentaron vincular orgánicamente
la emancipación politica con la liberación económica
y social; lo cual condujo a la monopolización del poder,
a la marginación de la sociedad civil, a la agravación
de la dependencia, a la profundización de las diferencias
sociales entre ricos y pobres, y a la concentración, en
algunas zonas del mundo, de riquezas sustraidas a su emplazamiento
local natural.
Lo peor, tal vez, es que tampoco los regimenes que
optaron por el modelo socialista de desarrollo lograron alcanzar
sus objetivos sociales y plasmar su discurso de liberación
en realizaciones concretas, que respondieran a las siempre renovadas
necesidades materiales y espirituales de sus ciudadanos. Por eso
se encontraron, al final del trayecto, en el mismo atolladero
y el mismo callejón sin salida que los paises que habian
escogido el modelo capitalista.
Otro fracaso no menos rotundo fue la incapacidad
de los movimientos politicos, en calidad de fuerzas sociales influyentes
y organizaciones de masas necesariamente portadoras de
proyectos sociales alternativos, para concebir un discurso politico
interno apropiado y, de ese modo, movilizar a las rnasas, a fin
de crear el cambio sociopolitico.
Por otra parte, el orden regional árabe no
fue capaz de asumir su misión, que es inducir a los árabes
a apoyarse en sus propias fuerzas y hacer el mejor uso de los
recursos árabes con miras a velar por la reconstrucción
de la nación sobre bases nuevas y más eficientes,
en el marco de las instituciones de la acción árabe
común, y esto pese a la cantidad de acuerdos y estrategias
propuestas. En efecto, con este orden regional nació el
desequilibrio estructural, que sirvió para consagrar la
soberania individual de los Estados antes que para concebir un
todo nacional más grande que la suma de las partes y hacer
evolucionar el concepto de acción colectiva, con objeto
de superar las divergencias, garantizar la invulnerabilidad de
la nación árabe y aumentar su capacidad de negociación
y su aptitud para hacer frente a las amenazas dirigidas contra
su seguridad. No hay duda que ese orden sufrió un retroceso
en el transcurso de la última década, a pesar de
las múltiples tentativas por lo demás, poco convincentes
de salvamento, con la consecuencia de la acentuación de
la división y de las discrepancias. Entonces estalló
una grave crisis, que puso en tela de juicio la existencia misma
de ese orden.
A través de esta definición del marco
de interpretación de los factores endógenos se puede
afirmar, sin riesgo de equivocarse, que son precisamente esos
factores los que condujeron al mundo árabe al callejón
sin salida y crearon el ambiente favorable para una crisis, que
estalló en el momento en que el viejo orden mon'a, sin
que aún hubiera nacido el nuevo. Ahora bien, esta transición
de lo viejo a lo nuevo está, naturalmente, llena de contradicciones,
conflictos y desánimos, que no podian dejar de salir a
flote algún dia.
Para completar este esbozo global de las dimensiones
de la crisis, conviene desde el punto de vista metodológico
formular algunas hipótesis y examinar los factores exógenos,
la evolución del conflicto árabe-israeli y las consecuencias
del orden internacional en visperas del desencadenamiento de la
crisis. Previamente, partiremos de la idea de que la bipolaridad
a nivel internacional disponia de repetidores igualmente bipolarizados
a nivel regional, encargados de salvaguardar los intereses de
los dos supergrandes. Por consiguiente, se supone que la ruptura
del equilibrio a nivel internacional no pudo dejar de conducir
a un desequilibrio paralelo a nivel regionaVnacional y a una reconstrucción
de los equilibrios en función de las nuevas circunstancias.
De esta manera, con el ocaso del sistema bipolar se observa, por
ejemplo, que el principio de neutralidad (o, lo que es igual,
de "no-alineamiento") ya no tiene el mismo impacto que
antes. Pues ¿qué significa el hecho que un Estado
sea hoy no-alineado, o al menos reputado como tal, si no hay conflisto
internacional, larvado o declarado, ni partes antagonistas suficientemente
definidas como para constituir un polo de alianza? Por eso, el
alineamiento ha cobrado un carácter visible y directo,
cuando hasta ahora era más bien indirecto, si no vergonzantemente
disimulado. Esta es una consecuencia de la dificultad que hay
en distinguir, ideolóóicamente, al modelo de su
contrario, añadida a la ausencia del "otro" crítico.
Esta nueva relación directa influyó, sin duda, de
modo agudo y radical, en los equilibrios regionales y en el papel
del factor exógeno en su internacionalización y
resolución en beneficio del sistema unipolar vigente.
En una palabra, lo que hemos procurado esclarecer
a través de esta definición del marco de significación
es que la crisis del Golfo, como expresión de la crisis
de los árabes, sólo puede ser captada en su globalidad
en el contexto de los procesos históricos y geopolíticos,
y a la vista de las mutaciones en curso, a nivel local, regional
e internacional; pues la comprensión de un fenómeno
de semejante complejidad y el análisis objetivo de sus
dimensiones requieren un marco de referencia coherente o global.
En caso contrario, el investigador se hallaria cogido en la trampa
de la simplificación, captando sólo la mitad, si no una
pequeña parte, de la verdad.
Desde mi punto de vista, los años venideros
serán ricos en enseñanzas y permitirán hacer
una detenida evaluación de los diversos niveles de significación
de las mutaciones en curso y de sus efectos futuros, en cuanto
esta gran crisis de los árabes se haya transformado en
una "referencia histórica" para el porvenir del
proyecto social árabe y para el surgimiento de un pensamiento
social árabe alternativo, que inevitablemente se derivará
de él. Si como ejemplo la rebelión de los estudiantes
en Francia, en 1968, revolucionó totalmente (por sí
sola e independientemente de su aspecto sectorial) los conceptos
del conjunto del pensamiento sociolóóico francés,
nosotros, como sociólogos árabes, no podemos imaginarnos
que una crisis de la amplitud de la que vivimos actualmente no
desemboque en una verdadera revolución cultural en el pensamiento
árabe contemporáneo. Y si tal revolución
no se produjera efectivamente, eso seria la prueba de que el pensamiento
social árabe es ahistórico, exterior e incapaz de
concebir enfoques y respuestas propias adaptadas a la situación,
y de que la intelligentsia árabe no es capaz de desempeilar
un papel de vanguardia, influyendo en los acontecimientos y recibiendo
la influencia de éstos.
Tal vez sería útil intentar a través
de una primera identificación de los factores internos
y externos que contribuyeron al surgimiento y desencadenamiento
de la crisis apoyarse en la explicación de la acumulación
histórica de los principales factores y en las valiosas
indicaciones que esta acumulación puede brindarnos para
ayudarnos a descifrar las causas y consecuencias de la crisis.
Por eso, en las páginas que siguen, trataremos de abordar
un cierto número de factores históricos que creemos
que han desempeñado algún papel en la génesis
de la crisis.
Los factores endógenos:
Los factores exógenos:
Los factores endógenos
En los primeros dias del desencadenamiento de la
crisis, numerosos investigadores escribieron que, desde el punto
de vista estrictamente politico, la actual crisis es una prueba
del fin de una época, la de la politica de los "hechos
consumados", que comenzó en 1967 con la derrota de
los árabes frente a Israel, que permitió a Occidente
(y, más exactamente, a Estados Unidos) derrotar a la fuerza
egipcia; eliminarla como base del proyecto militar; encerrarla,
luego, en las redes de la dependencia económica a través
de la politica de "apertura" (infitah), los créditos
y las ayudas; y, por último, someterla politicamente por
la via indirecta de la reconciliación con Israel y de la
firma de los acuerdos de Camp David. Todo eso desembocó
en el desmoronamiento de su estatuto de Estado-dirigente dentro
del orden árabe y en el oscurecimiento del proyecto politico
alternativo.
Paralelamente a la evolución de la situación
de Egipto dentro del orden árabe, otros paises árabes
pudieron consolidar sus posiciones en el seno de este orden, especialmente
los países productores de petróleo. Probablemente
es un error considerar el papel de estos países en el seno
del orden árabe como un papel "petrolero" homogéneo.
En efecto, estos paises tienen sus propias segundas intenciones
en cuanto al carácter del papel del petr61eo en el proyecto
social árabe. Asi pues, se puede distinguir entre "el
petr61eo intrahistórico", es decir, aquél que
permite el desarrollo de las capacidades árabes, y "el
petr61eo extrahistórico", es decir, aquél de
"la economia rentista", que mantiene el statu quo
ante y conduce a la destrucción del proyecto nacional
árabe.
Fue en 1973 cuando el mundo occidental se dio cuenta
de las posibilidades que se habian abierto para los árabes
y del papel que podia desempeñar el arma del petr61eo en
el marco de una acción árabe concertada al conferir
al orden árabe un mayor poder de negociación dentro
del orden internacional. En efecto, el embargo petrolero favoreció,
en su momento, la aparición de algunas tesis tercermundistas
que reivindicaban la instauración de un nuevo orden internacional
y la apertura de un diálogo Norte-Sur, en la perspectiva
de un intercambio equitativo. Ese periodo fue calificado, entonces,
por politicos en Occidente, como "mensaje de advertencia",
que significaba que los árabes ya disponian de medios financieros
y militares y que un dia acabarian teniendo en la mano todas las
bazas necesarias. Desde entonces se empezó a observar al
mundo árabe de modo atento, y, si no con respeto, al menos
con cierto temor. Occidente organizó la contraofensiva,
creando la Agencia Internacional de Energia. Los árabes
no tardaron en pasar del papel de "decisores", en cuanto
al establecimiento de los precios (price makers), al papel de
"recaudadores" (price takers), obligados a aceptar,
de buena o mala gana, los precios fijados por otros.
También hay que observar que a los árabes
no les está permitido utilizar los ingresos del petróleo
para entrar de lleno en la carrera de la adquisición de
tecnologías, para fines tanto cientificos como industriales.
Esto es lo que explica las acciones llevadas a cabo para introducir
desequilibrios y contradicciones dentro del orden árabe,
y entre éste y sus "periferias", a fin de debilitar
las posibilidades árabes y cortar todo avance suyo hacia
la modernización. Eso es lo que ocurrió con la guerra
del Líbano, el conflicto entre Iraq e Iran, el bombardeo
del reactor nuclear iraqui y, últimamente, con esta operación
encaminada a destruir el potencial econóóico y militar
árabe que fue la guerra del Golfo.
De esto resulta que los paises árabes petroleros
y la manera en que éstos utilizaron sus ingresos han influido,
de modo directo, en el equilibrio de fuerzas dentro del orden
árabe durante el periodo aqui considerado, en el sentido
de una polarización en torno a un pais dirigente, función
a la cual ningún pais árabe pudo acceder como lo
hizo el Egipto de los años sesenta. Esto determinó
la aparición de formas de reagrupación subregional,
como el Consejo de Cooperación del Golfo, o el Consejo
de Cooperación Arabe creado bajo el impulso de Iraq como
réplica al anterior, lo que significa que se pasó
del concepto de "región-base" al de "reagrupación-base".
Si el primero de estos conjuntos se edificó
sobre bases de seguridad y econóóicas homogéneas,
los miembros del segundo, en cambio, alcanzaron un acuerdo en
el terreno econóóico, pero divirgieron sobre la
cuestión de la seguridad, tal como lo demostró la
actual crisis, la cual también reveló que el petróleo
"rentista" afianzó más su influencia en
el orden árabe que el petróleo de "la autoedificación".
Esto es cierto especialmente para los Estados más influyentes
en la región Egipto, en este caso, donde el petróleo "rentista"
fue sustituido por la infiltración de los principales polos
del orden árabe, lo cual desembocó en la desaparición
de toda autonomia de decisión. Prueba de ello: el desquiciamiento
del orden árabe hizo imposible la búsqueda de una
solución árabe a la crisis del Golfo y perrnitió
la internacionalización extremadamente rápida del
problema. Sin duda, Egipto perdió aqui una ocasión
histórica para recuperar su papel dirigente en el arreglo
de los litigios interárabes y en la defensa de la seguridad
nacional árabe contra las amenazas externas. Pero este
análisis es teórico y no da cuenta de la realidad
vivida. Ahora bien, la realidad nos enseña que la seguridad
nacional árabe ya no depende de los árabes, sino
que desde ahora forma parte de una seguridad colectiva impuesta,
en el marco del nuevo orden internacional, bajo el liderazgo de
Estados Unidos, lo cual entraña la internacionalización
de cualquier problema, dondequiera que surja, y la intervención
y el arbitraje para resolverlo conforme a los intereses de dicho
orden internacional.
Por otra parte, es importante analizar el papel de
los paises petroleros en la acción árabe común
y los esfuerzos de complementaridad para el desarrollo, desde el punto de vista de la utilización óptima de
los recursos, y ver cómo eso condujo a instaurar un ambiente
de crisis. Se puede decir que los paises petroleros asumieron
el compromiso politico y econóóico de actuar con
esta perspectiva complementaria desde comienzos de los años
setenta, y, más exactarnente, después de 1973. Fue
en ese momento que en el seno de las instituciones árabes
de acción común germinó la idea de lanzar
un proyecto de desarrollo nacional árabe orientado hacia
la complementaridad econóóica y concebido como una
solución de recambio para una unidad política que
se habia deshilachado como consecuencia de las infelices experiencias
de los años cincuenta y del revés de 1967. Toda
una pléyade de intelectuales árabes de tendencia
unionista fue asociada a la génesis de esta idea. E1 proceso
condujo a la elaboración de una Estrategia Común
de Acción Econóóica Arabe, que fue adoptada
por la Cumbre Econóóica de Ammán, en 1980:
se habia producido un consenso árabe en favor de una acción
colectiva para acabar de una vez con el subdesarrollo, la dependencia
y la fragmentación. La ambición era transformar
esta famosa estrategia en un plan de desarrollo panárabe,
apropiado para garantizar el despegue del mundo árabe y
conducirlo a una fase de desarrollo verdaderamnente autocentrado.
Según lo que me acuerdo, todas las partes se comprometieron
entonces a procurar que cada plan nacional incluyera, además
de sus componentes locales, una orientación panárabe,
consistente en separar una parte de los recursos para financiar
proyectos situados en el marco del plan interárabe. La
intención era también concretar la seguridad colectiva
árabe en todas sus dimensiones (nacional, militar, tecnolóóica
y alimentaria), proteger los recursos no renovables, consolidar
las infraestructuras y controlar las politicas de industrialización
a fin de evitar interferencias y despilfarro. El costo de este
plan de desarrollo a escala del mundo árabe fue fijado,
en última instancia, en 5.000 millones de dólares, como
primera etapa y por el espacio de una década, aunque la
ambición, al comienzo, era reservar para este proyecto
un presupuesto del orden de los 15.000 millones de dó1ares.
Pero los paises petroleros del Golfo no respetaron
su compromiso de actuar en favor de un desarrollo econóóico
colectivo del mundo árabe. Esta defección tuvo tanto
más efecto cuanto que, en el transcurso de los años
ochenta, los paises petroleros del Golfo volvieron a encontrarse
en posición de fuerza, al no haber podido ni Egipto ni
Iraq participar en las tomas de decisión, por estar el
primero suspendido en calidad de miembro de la Liga Arabe, e Iraq,
acaparado por su guerra contra Irán. Fue justo en este
contexto que los paises petroleros anularon la estrategia econóóica
árabe, cuando el asunto fue sometido al Consejo Econóóico
y Social Arabe. Era un circulo vicioso. El sueño fue asesinado
y se perdió una ocasión histórica. De nuevo,
las relaciones bilaterales basadas, en su mayor parte, en relaciones
de tipo donante-receptor, destinadas a ocultar las contradicciones
y a consagrar las divisiones y el subdesarrollo adquirieron prioridad
respecto a la acción colectiva. Además, es importante
destacar que a las instituciones financieras de la acción
árabe común, creadas sobre la base de una filosofia
y de una finalidad de redistribución de los ingresos petroleros,
se les impidió convertirse en un dinámico instrumento
de financiamiento, volcado hacia el futuro. Lo que es más,
se les impuso diversas trabas, que redujeron su margen de maniobra.
Su gestión pasó enteramente bajo la férula
de los paises petroleros del Golfo, los cuales se apresuraron
a limitar su autonomía árabe. De este modo, por
ejemplo, el Fondo Monetario Arabe no puede conceder créditos
para equilibrar las balanzas de pagos árabes ... ¡más
que con el acuerdo previo del Fondo Monetario Internacional! Por
lo demás, las cosas no terminaron ahi, ya que se puso en
pie instituciones rivales (públicas y privadas) con vistas
a una redistribución de fondos entre los paises islámicos
del Africa negra y de Asia, instituciones que recibieron el nombre
de "bancos" o "sociedades islámicas",
y fueron fomentadas por algunos paises petroleros, que no vacilaron
en apostar al proyecto islámico contra el proyecto nacional
árabe, es decir y para ser más claros, a la solidaridad
islámica aliada con Occidente y hostil a la URSS contra
el nacionalismo árabe y el movimiento de los no-alineados.
Asi, por ejemplo, durante algún tiempo, la resistencia
afgana sacó provecho de esta solidaridad expresada en forma
de generosos subsidios extraidos del maná petrolero árabe,
en detrimento de la causa palestina, que, a causa de esto, pasó
a segundo plano.
Se ve, pues, que las fuerzas influyentes en el seno
del mundo árabe durante el "periodo petrolero"
de la acción árabe común, lejos de sostener
la idea nacional árabe, prefirieron, al contrario, reforzar
la idea islámica. En otras palabras, hemos vuelto la espalda
a nuestra propia entidad una entidad claramente definida para
ir en busca de otra entidad de contornos imprecisos, a saber,
el mundo islámico o la unidad islámica. Al concentrar
los esfuerzos en esta última opción, hemos desperdiciado
el potencial árabe, hemos dispersado nuestra energias en
direcciones secundarias, y hemos ahondado el foso entre los ricos
y los pobres dentro del mundo árabe; en resumidas cuentas,
hemos hecho pasar lo importante antes de lo esencial. Y esto,
cuando el proyecto nacional árabe estaba a nuestro alcance
por dos razones esenciales:
La falta de una cooperación econóóica
árabe y de un uso racional de los ingresos del petroleo
ha ahondado más el foso entre los paises ricos y los paises
pobres. Basta citar algunas cifras para comprender hasta qué
punto son escandalosas las diferencias creadas por el petr61eo:
el PNB por habitante de los países petroleros, comparado
con el de los paises no-petroleros, pasó de la proporción
de 3 a I en 1960 a la de 16 a 1 en 1979, y hoy supera, en los
casos extremos, la proporción de 56 a 1.
Por otra parte, la destrucción de la idea
de complementaridad económica ha tenido como resultado
el aumento, en proporciones astronómicas, del volumen de
la deuda árabe para con las instituciones bancarias internacionales,
con las conocidas consecuencias graves sobre la decisión
politica árabe en todo lo que atañe a las orientaciones
en materia de desarrollo. En visperas de la crisis, la deuda árabe
alcanzaba unos doscientos ocho mil millones de dólares, mientras
que los haberes árabes en el exterior (haberes de origen
esencialmente petrolero) superaban los 670.000 millones.
Bastaria un simple cálculo para demostrarnos
y esto es lo realmente asombroso que el mundo árabe es
acreedor del sistema bancario internacional por la cantidad de
unos cuatrocientos sesenta y dos mil millones de dólares.
En lo esencial, estos haberes están detentados por los
paises petroleros del Golfo, mientras que el resto de paises árabes
son deudores en proporciones variables. A este respecto, lo que
más se reprocha a los paises petroleros es su poco entusiasmo
para ayudar a los paises árabes endeudados a aligerar el
peso de su deuda o, al menos, para conseguir su reprogramación,
valiéndose de sus haberes depositados en los bancos occidentales.
También se les reprocha su vacilación (si no rechazo)
en invertir en proyectos productivos en el mundo árabe,
pues las inversiones de los paises del Golfo en los demás
paises árabes apenas superan actualmente el siete por ciento
del volumen global de sus inversiones en el exterior, aunque los
paises árabes no-petroleros sientan cada vez más
la necesidad de tener su parte en el "petr61eo árabe"
o "petróleo de la nación (Umma)". Este asunto
es dificil de comprender para los analistas no árabes.
Se dieron cuenta de ello realmente sólo hace muy poco ¡y
de qué manera!, después de que estalló la
crisis y las multitudes en los paises árabes geográficamente
alejados de la región del Golfo enarbolaron consignas que
condenaban la distribución no equitativa del maná
petrolero y denunciaban la apropiación por parte de diez
millones de árabes de fabulosos excedentes financieros,
mientras que 190 millones de otros árabes ven doblegarse
a sus paises bajo el peso de la deuda y de su servicio. Esta misma
tesis fue recogida, en una forma menos virulenta, incluso por
el discurso oficial y hasta por los medios de comunicación
que apoyan a los paises árabes aliados con las monarquias
petroleras.
A partir de ese momento, la cuestión de la
redistribución de las riquezas ha sido incluida entre los
puntos propuestos con miras a una solución de los problemas
de la región después de la crisis. La cuestión
ha sido debatida entre los paises del Consejo de Cooperación
del Golfo durante su Cumbre celebrada hace algunos meses en Doha,
donde se tomó la decisión de reservar 15.000 millones
de dó1ares en concepto de ayuda a los paises árabes
y enjugar la deuda de Egipto, y quizá, en parte, la de
Siria. También se comienza a oir declaraciones que dan
a entender que se está encaminándose hacia la creación
de un Banco Regional de Desarrollo para el mundo árabe,
según el modelo del Banco Mundial, cuyo financiamiento
seria garantizado, en lo esencial, por los paises petroleros del
Golfo. Pero las declaraciones oficiales han tomado un rumbo que
no augura un cambio significativo capaz de conducir a una utilización
óptima de los recursos, que permita la edificación
de un verdadero desarrollo en la región; un desarrollo
que, a nuestro modo de ver, no podrá realizarse sin un equilibrio
a nivel del valor de uso (use value) entre los países poseedores
de fondos y los que disponen de mano de obra, conocimientos prácticos
y tierra, en el marco de un proyecto basado en "la complementaridad",
que no se apoyaria sólo en el criterio del costo y de la
rentabilidad económicas, sino también en el de los
costes y la eficiencia sociales. Pero si se dejara a los paises
petroleros toda libertad para seguir prestando a los demás
paises árabes sólo con cuentagotas y con las mismas condiciones
que las instituciones bancarias internacionales, se puede afirmar
que nos hallamos a las puertas de una nueva división NorteSur
dentro del mismo mundo árabe, y de una consagración
del poderio politico del dinero y de la "militarización"
econórnica, por la via indirecta del "poder de ayuda"
(aiding power) entendido como medio de infiltración pacífica
de los sistemas econóóicos, y hasta de la filosofía
social y también a través de la 16gica de las ventajas
excepcionales (cláusula de "la nación más
favorecida" o most favored nation), otorgadas a ciertos paises
en función de criterios politicos bien determinados. Asi,
por ejemplo, ciertos paises serán acusados de no estar
en armonia con el "movimiento general" desde los puntos
de vista politico, social y de la defensa. Esperamos sinceramente
que la creación del "grupo" de los Ocho no sea
un preludio de lo que tememos. Volveremos a ello, por lo demás,
cuando seamos llevados a hablar de la evolución del orden
internacional y de su impacto en el orden árabe en sus
múltiples aspectos.
Una de las mejores lecturas de la crisis del proyecto
de Estado nacional árabe es, quizá, la que se encuentra
en el Informe final sobre las perspectivas de futuro del mundo
árabe, elaborado por el Centro de Estudios sobre la Unidad
Arabe. Desde el punto de vista politico, ahi se ve la prueba de
que el fenómeno de la solidaridad árabe de 1973
fue, en cierto modo, la última demostración de adhesión
al proyecto nacional, en el sentido global del término;
pues, luego, cada régimen árabe comenzó a
absorberse en su propio proyecto, concebido a escala local. Esta
tendencia se desarrolló en sincronia con el auge petrolero
que experimentaron algunos paises árabes, lo que corrobora
nuestras hipótesis acerca de que sólo se tomó conciencia
del peligro potencial que representa la solidaridad interárabe
a partir de esa época, y que, desde entonces, se esforzaron
por quebrar y aniquilar definitivamente esta solidaridad.
De hecho, con motivo del cerco de Beirut, en 1982,
se tomó cabal medida de la impotencia de los Estados árabes,
pues se habia sometido a una prueba las eventuales reacciones
árabes y sus posibles divisiones en caso de intervención
extranjera a mayor escala. Por eso se puede afirmar, en referencia
al mencionado informe del Centro de Estudios, que el proyecto
nacional global, en el sentido de Estado-territorio, ha fracasado
politicamente.
Es innegable que la crisis del proyecto "territorial"
tiene causas tanto econóóicas como sociales. Aqui
examinaremos los aspectos econóóicos de manera bastante
detallada. Los aspectos sociales serán abordados después.
La erosión de las conquistas materiales conseguidas hace
años por los estratos populares fue un factor de inhibición
que debilitó la legitimidad de los regímenes establecidos
y dio paso a mayores disturbios, que socavaron las bases de la
estabilidad econóóica y social de los paises árabes.
Asi, la década pasada estuvo marcada, a consecuencia del
deterioro de las condiciones de vida, por numerosos motines del
hambre y revueltas del pan. Durante los últimos años,
las cosas no han hecho más que empeorar. En efecto, si
no hace mucho todavia era posible corregir los extravios econóóicos
recurriendo a los créditos externos y subvencionando los
productos de primera necesidad, hoy, el Estado territorial debe
asumir cargas y compromisos con los que no le es posible cumplir
es el caso de la mayoria de los paises árabes, sobre todo
después de que las instituciones bancarias internacionales
le impusieron condiciones draconianas para darle acceso a los
créditos; entre otras, la obligación de renunciar
a las politicas de compensación social, por una parte,
y de privatizar el sector público, por la otra. Mientras
tanto, las poblaciones de algunos de estos paises todavia viven
por debajo del nivel de pobreza en una proporción del 50
por ciento o más, careciendo de las más elementales
necesidades de la existencia y enfrentadas a una mortalidad infantil
superior al 200 por mil en algunos casos, sin hablar del indice
de analfabetismo, que supera el 80 por ciento en los medios rurales.
Pero más grave aún es el vertiginoso aumento del
paro, que, en muchos casos, supera la proporción del 20
por ciento de la población activa. E1 fenómeno es
tanto más grave cuanto que hace estragos sobre todo entre
los jóvenes; de ahi sus repercusiones sociales y politicas
en cascada, que ya no son un misterio para nadie. Todo esto se
demostró claramente en la actitud adoptada por esas capas
sociales durante la guerra del Golfo, que reveló un profundo
resentimiento respecto a la riqueza petrolera, resentimiento que
sociolóóicamente puede interpretarse como la expresión
de la hostilidad de los más pobres respecto a quienes se
han convertido en simbolos del despilfarro y del lujo insultante.
Algunos estudios, al tratar de prever las eventuales
consecuencias de la crisis del Estado nacional sobre el porvenir
de los árabes, creyeron descubrir durante estos últimos
años no sin optimismo potencialidades necesariamente unitarias
en la crisis del Estado, pues el fracaso del proyecto nacional
no podia sino imponer el paso a la fase superior, lo que 1ógicamente
suponia que muchos aspectos de la crisis serian trascendidos a
través de la resurrección del proyecto supranacional.
Semejante deducción requeriria un estudio más detenido
a la luz de los datos actuales, a condición de no postular
que los Estados árabes son homogéneos y si de clasificarlos
en función del carácter de sus formaciones sociales
y de las doctrinas políticas vigentes en cada uno de ellos
y en el seno de las comunidades de Estados firabes, asi como en
función de sus diversas actitudes respecto a los paises
que son parte de la crisis. Con todo, si hay algo que esa lectura
no podia prever cuando afirmaba que la crisis del Estado nacional
no contiene, en lo fundamental, las semillas de un futuro conflioto
entre los países árabos es que esta afirmación
iba a ser desmentida por la crisis del Golfo.
Esta crisis ha revelado un muy claro recrudecimiento
del sentimiento de la necesidad del proyecto supranacional a nivel
de la opinión pública, sentimiento que, en el futuro,
podria constituir el esqueleto del discurso de los movimientos
politicos árabes y regir las formas de alianza que éstos
serán inducidos a concertar, convirtiendo, al mismo tiempo,
a estos movimientos en fuerzas sociales activas y capaces de ejercer
presión sobre el Estado nacional. A1 contrario, y a nivel
oficial, en numerosos Estados árabes (miembros de la coalición)
se rechazará totalmente la importancia de dicho proyecto
se le negará toda credibilidad, acusándole de ser
un "resucitado" de los discursos de los años
cincuenta y sesenta, y de ser, por lo tanto, completamente obsoleto.
En cambio, se hará hincapié en la reafirmación
del nacionalismo local, en el marco de la politica de los ejes.
Asimismo, la crisis ha influido manifiestamente en el concepto
de reagrupaciones regionales, definidas ya no en su relación
orgánica con el proyecto panárabe global, sino a
partir de una visión separatista, en base a intereses comunes
inmediatos.
Hablar de la crisis de la sociedad árabe no
es cosa fácil, en atención a la complejidad de los
elementos de análisis y estudio. Pero para las necesidades
del presente trabajo y de la identificación de las consecuencias
de la crisis en el ambiente social, limitaremos nuestro tema a
la cuestión de la marginación de la sociedad civil
y a la falta de gestión y participación popular,
que contribuyeron, en una muy amplia medida, a dar forma a la
actual crisis. En visperas del desencadenamiento de la crisis
del Golfo, los paises árabes no sólo sufrian una
crisis econóóica, sino también una crisis
humana, moral, juridica y politico-social. Para ser más
exactos, diremos que se trata de una crisis que va más
allá del grave retroceso de los indicadores y resultados
econóóicos, y del descuido de los factores de la
justicia social, para afectar al contenido politico del desarrollo
econóóico y social, que, en todo el mundo árabe,
está marcado por una exagerada tendencia a la apropiación
exclusiva de las posiciones de poder, lo cual ha inhibido cualquier
voluntad de participación efectiva de la mayoria de los
ciudadanos en el proceso de concepción y evaluación
de la decisión, y ha llevado a los poderes a tratar con
desprecio la original y fecunda aportación de semejante
participación en la concreción del proyecto nacional
y supranacional.
En el transcurso de las últimas décadas,
algunos estudios empiricos han recontado un conjunto de comportamientos
políticos y de terribles atentados contra las libertades
y el ejercicio de la democracia en los países árabes,
de lo que se deduce que éstos han vivido más de
una tentativa de golpe de Estado, a través de las cuales
se expresaba la búsqueda de una via que permitiera participar
en el poder, lo que conducia a los gobiernos establecidos a liquidar
a sus instigadores, a ahogar la voz de la oposición y a
embarcarse en violentos enfrentamientos con la juventud de las
universidades. Durante el mismo periodo estallaron sangrientos
confliotos entre el poder y las minorias en más de un pais
árabe. Más de una asamblea parlamentaria fue disuelta
mientras la constitución era suspendida y el ejército
salia a las calles para reprimir la rebelión de las masas
en diferentes paises árabes. Tambiéll circularon
informaciones sobre depuraciones en las filas de los partidos
árabes y escenas de violencia colectiva, etc
El peligro de tales situaciones radica en el riesgo
de aumentar el sentimiento de injusticia entre las masas, lo que
contribuiria a reducir el nivel de conciencia objetiva y acentuaria
la tendencia al repliegue en si mismo y a la búsqueda del
interés individual. Incluso hay investigadores que consideran
que esta situación, en por lo menos una de sus dimensiones,
puede ser sintomática de la falta de comportamiento nacional
árabe a nivel de las masas y puede crear un clima propicio
para los conflictos interárabes. En otras palabras, esto
quiere decir que, por falta de presiones populares de carácter
nacionalista árabe sobre los regimenes establecidos a nivel
de cada pais, éstos tendrian toda libertad para desencadenar,
prolongar o contribuir a intensificar un conflicto interárabe.
No hay duda que las reacciones de las multitudes frente a la crisis
corroboraron estas previsiones, en la medida en que estas reacciones
fueron sensiblemente diferentes según que el Estado en
que uno se encontrara gozara o no de una relativa democracia que
permitiera influir sobre el gobierno.
Hará falta mucho tiempo aún antes de
poder disponer de investigaciones precisas sobre las reacciones
de las masas y de los movimientos politicos respecto a la actual
crisis, pero, a través de un análisis sociológico
de las reacciones de las masas (por lo menos de las que denunciaron
la agresión extranjera), ya se puede adelantar que estas
reacciones han constituido una especie de espejo en el que se
ha reflejado el discurso de la memoria nacional, que se nutre
del simbolismo del pasado. Estas reacciones no provenían,
pues, de un claro acercamiento a las dimensiones politicas, socioeconómicas
y culturales propias de un proyecto alternativo. Porque, aqui,
la solidaridad interárabe abordó la cuestión
nacional árabe en su expresión más simple,
la de la pertenencia a una comunidad, a una nación, a un
patrimonio, y que refleja cierta educación, cierta sicologia.
En este tipo de conciencia, la aspiración a la emancipación
y al progreso está en contradicción con las manifestaciones
de adhesión al pasado. Aqui hay que observar que numerosas
respuestas o actitudes descansaban en la herencia cultural árabe
(los valores viriles árabes) y en los estereotipos que
expresan la conciencia social árabe. También hay
que hacer notar que el Yo, como equivalente objetivo de la realidad,
dejó paso a un Nosotros: reacción positiva, aunque
pasional. Se podria apostar que los movimientos politicos se esforzarán,
en el futuro, por disciplinar y racionalizar esta conciencia nacional,
a fin de que alcance un nivel que permita convertir la dinámica
creada por la actual crisis en elemento motor de la lucha contra
la amenaza exterior y en componente esencial de las luchas internas
y de las luchas con la "periferia", en su sentido más
amplio.
Por otra parte, se puede decir que la conciencia valoradora de las masas en el actual conflicto no está ocupada exclusivamente por las manifestaciones aparentes y superficiales de la crisis. Tal conciencia permite al individuo distinguir el bien del mal, lo bello de lo feo, en un dualismo muy general.
Sin embargo, hay que saber que esta conciencia es
una conciencia de lucha aguda, que representa la materia misma
de la historia en todas sus dimensiones, pero que no por eso tiene
una clara conciencia de su especificidad.
En este proceso interfieren el pasado, el presente
y el futuro, como interfieren en la conciencia lo absoluto y lo
relativo, o, en la práctica, lo ideal y lo real.
No obstante, la persistencia del conflicto y de los
antagonismos engendrados por la crisis no dejará, sin duda,
de dar paso, ulteriormente, a una profunda mutación de
la conciencia analitica y, por lo tanto, de la conciencia valoradora,
a través de la práctica politica. Entonces, el desafio
y la unidad en la lucha que actualmente observamos se transformarán
en autoanálisis y dejarán aparecer divergencias
en el terreno de la interpretación y de la asimilación
de los hechos. Pues esta primera valoración muestra claramente
la agudeza del conflicto social que condujo al despertar de la
memoria histórica. Pero la conciencia histórica
espontánea no puede concebir una idea de "sacrificio
sin compensación". Esta conciencia deberá necesariamente
desembocar, más tarde, en un desarrollo de la conciencia
abstracta y de la lucha intelectual y politica, y, por lo tanto,
tomar la forma de una práctica concreta. Es decir, la cuestión
social y la cuestión econóóica pueden trocarse,
a ojos de las masas, con la cuestión nacional y supranacional,
pero de modo transitorio. Todo esto no puede sino reflejarse en
el conflicto, en sus diversas dimensiones, en el Machreq, en el
Magreb y en el Golfo.
En cuanto a los movimientos politicos y a las consecuencias
de la crisis en su acción: se trata, desde luego, de un
problema complejo que no podremos examinar en los limites de este
trabajo. En realidad, los origenes de la crisis de los movimientos
politicos árabes se remontan muy lejos, mucho antes de
la crisis del Golfo. Sin embargo, en la actualidad, la crisis
ha colocado a estos movimientos en una encrucijada. A este respecto
podemos observar que:
De ahi proviene la confusión de los movimientos
politicos, que con exclusión de las corrientes islamistas
corren peligro de verse enfrentados, en el futuro, al problema
de la búsqueda de un modelo de justicia social. En efecto,
tras la quiebra del modelo socialista planetario, y con la dificultad
de optar por el liberalismo occidental después de la reciente
intervención extranjera y el rechazo a las tesis modernistas
resultante de ella, todos estos movimientos se verán obligados
a inventar un nuevo modelo de justicia social, nutrido desde adentro
(from within), pues ya no hay "ideologia universal".
También es probable que las consecuencias sociales de la
crisis induzcan a los movimientos politicos a tomar el pulso de
la opinión con objeto de introducir en su discurso categorias
más enraizadas en la cultura, más atentas a los
problemas de la alienación, y que expresen más claramente
el desafio al expansionismo capitalista y la lucha contra el desarrollo
deforme de las sociedades árabes, pues la actual crisis
tiene como referencia, a la vez, "la realización material"
y "la identidad árabe", y no exclusivamente esta
última.
Este asunto ha sido suficientemente tratado en los
estudios estratégicos árabes. Numerosos intelectuales
árabes han afirmado que el futuro de la política
israelí respecto al orden árabe seguirá obedeciendo
a las mismas constantes. La experiencia del enfrentamiento árabe-israeli
tras la derrota de 1967, luego, tras la guerra de 1973 y, sobre
todo, después de la invasión a Líbano, ha
mostrado la dispersión del esfuerzo árabe frente
a Israel y ha demostrado que Israel seguirá recurriendo
a la maquinaria militar en sus relaciones con los árabes.
Asimismo, las mayores posibilidades abiertas hoy para la puesta
en marcha de un mecanismo de solución política significan
que los países árabes concernidos corren peligro
de verse expuestos, durante los próximos años, a
una nueva serie de discrepancias en torno a la estrategia y tácticas
a adoptar en el proceso de solución, lo que quiere decir
que habrá que esperar una acentuación de los desacuerdos
interárabes.
Sin embargo, con el deseo de entender bien la correlación
entre la evolución del conflicto árabe-israeli y
la actual crisis, es necesario volver otra vez a la guerra de
1973, donde la fuerza potencial del petróleo árabe
desempeñó un gran papel. Es desde entonces que se
comenzó a estrechar el cerco, persiguiendo un doble objetivo:
por una parte, garantizar la ventaja tecnológica y la supremacía
israelíes con relación a los países árabes,
y, por la otra, reforzar la presencia militar norteamericana en
la región para proteger los pozos de petróleo y
defender a los países del Golfo.
Es así como una revisión de documentos
muestra claramente que la administración norteamericana
había comenzado desde el año 1973 a poner a punto
planes y múltiples guiones para apoderarse de los yacimientos
de petróleo. Ya en 1975, el secretario de Defensa norteamericano,
James Schlesinger, dio a entender que, si las circunstancias lo
exigieran, podrían emprenderse operaciones militares para
alcanzar ese objetivo. Más tarde, la administración
Cárter decidió crear, a consecuencia de la caída
del Sha de Irán, una fuerza de intervención rápida
para defender a los países petroleros del Golfo. Pero fue
Reagan quien decidió desarrollar esa fuerza de modo que
llegara a cerca de medio millón de hombres. En realidad,
el aparato militar norteamericano comenzó a proyectar y
a preparar la operación "Escudo del desierto"
desde 1989, cuando el general Schwarzkopf fue nombrado para dirigirla.
Así se comprende que varios politólogos occidentales
recordaran, en el momento en que la crisis estalló, que
la guerra en Oriente Próximo iba a tener lugar indefectiblemente,
hubiese o no entrado Iraq a Kuwait. Su análisis se basaba
en los siguientes datos y condiciones objetivas, internacionales
y regionales:
De hecho, numerosos análisis estratégicos
e informes de la administración norteamericana, revelados
por filtraciones a comienzos del año 1990, indicaban que
el único medio de imponer una solución en Oriente
Próximo era la solución militar; esto explica que
el gobierno extremista de Israel, actualmente en el poder, fuera
bautizado por los especialistas, en el momento de su formación,
"gabinete de guerra", habiendo llegado ciertos comentaristas
hasta a llamarlo "gobierno de Ariel Sharon", en alusión
a las ideas expuestas por éste acerca del futuro de la
región.
Los primeros preparativos con vistas a la intervención
militar en la región fueron revelados por dos acontecimientos
decisivos:
Esta estrategia apuntaba esencialmente a tres objetivos:
A partir de esto se comprueba que la solidaridad
de las tres partes (Jordania, OLP, Iraq) en la etapa siguiente
de la crisis no fue fortuita, al estar solidariamente las tres
en la mira del complot.
Parece ser que si Iraq fue elegido como blanco de
este ataque con exclusión de las otras partes fue por tres
consideraciones esenciales, en las que muchos comentaristas políticos
hicieron hincapié antes y durante la crisis:
La filosofía del plan norteamericano-israeli
ha venido a confirmar lo que se había dicho antes: a saber,
que la falta de una estrategia árabe o la destrucción
de cualquier fuerza árabe alternativa no dejaría
a los árabes otro futuro que, en el mejor de los casos,
maniobrar para evitar caer en una situación aún
peor, y salvar su supervivencia. Puede ser que el discurso oficial
sobre la solución del problema palestino y el conflicto
árabe-israeli después de la crisis sea un discurso
que se sitúe en el marco del compromiso árabe y
de la legalidad internacional, pero estamos convencidos que, en
cuanto estén firmados los acuerdos, las cosas cambiarán
completamente. Porque Estados Unidos sólo concibe una política
que obligue a los árabes a buscar gozar de su favor para
que les sirva de intermediario ante el Estado hebreo a fin de
obtener concesiones de éste. Pero, por otra parte, no creemos
que la conciencia popular suscitada por la crisis permita hacer
pasar fácilmente tales soluciones.
La previsión del impacto de los cambios del
orden mundial en el orden árabe es, sin duda, uno de los
puntos débiles de los estudios estratégicos y prospectivos
árabes. En realidad, hasta aquí, los estudios se
refirieron a aspectos aislados del orden mundial, como, por ejemplo,
la política norteamericana o soviética respecto
al mundo árabe, pero se desatendieron las consecuencias
del acercamiento soviético-norteamericano, que constituyó
un gran viraje en el equilibrio de fuerzas dentro del orden internacional
e influyó enormemente en la evolución del orden
árabe, así como en la percepción de los conflictos
de la región y de los medios de solucionarlos.
Algunos afirman, a este respecto, que los problemas
de seguridad esenciales para los países capitalistas occidentales
radican actualmente en la transición del enfrentamiento
Este-Oeste que se zanjó en beneficio de Occidente a la
hegemonía. Las discrepancias no se referirían, aparentemente,
más que a la forma de esta hegemonía sin más.
Uno de los análisis más penetrantes que se hayan
hecho en política internacional nos ha venido a recordar
que la lógica de Yalta y la de Malta son de todo punto
similares. La elección de ambos lugares, cuyos nombres
son cercanos por la sonoridad, quizá no es fortuita, teniendo
en cuenta la analogía de las funciones históricas
de uno y otro. Si los acuerdos de Yalta consagraron la partición
de Europa, los de Malta pretenden dividir a todo el planeta en
zonas de influencia y de intereses. En conformidad con esta nueva
lógica, Estados Unidos ejercería su hegemonía
en el área occidental y en Oriente Próximo; la Comunidad
Europea conservaría bajo su férula al continente
africano, las Antillas Menores y el Pacifico, pero sobre todo
África; por último, Japón mandaría
en Extremo Oriente y en el Sudeste asiático. En cuanto
a la Unión Soviética, habida cuenta de la situación
de debilidad en que se encuentra, tendría al menos el consuelo
de ejercer su hegemonía en su propio espacio. Aquí,
el acuerdo ha consistido en garantizar la neutralización
de las presiones exteriores, que tendían a hacer estallar
el imperio soviético. Esto es perceptible a través
de las poco enérgicas reacciones de los países occidentales
ante las reivindicaciones de algunas de las repúblicas
soviéticas. Por último, en los casos de India y
de China, parece que se ha acordado dejarles la libre disposición
de sus propios asuntos.
Unidos garantizaría la participación
de la Comunidad Europea en los asuntos de Oriente Próximo
y que Europa autorizaría, en cambio, una limitada presencia
norteamericana en África. Por supuesto, existen numerosos
pretextos, puestos a punto de antemano por la solicitud de los
servicios norteamericanos y europeos, para intervenir y reforzar
la hegemonía, como, por ejemplo, la lucha contra la violencia,
el fanatismo, el terrorismo o el tráfico de drogas, etc.
Desde otro punto de vista, la conferencia de Malta
ha permitido llegar a un acuerdo sobre los métodos de solución
de los conflictos regionales en base al reparto de las zonas de
influencia. Así, se ha dado carta blanca a Estados Unidos
para hacerse cargo de la solución del conflicto de Oriente
Próximo. Eso es lo que explica que la URSS se haya retirado
poco a poco de sus compromisos, hasta el punto de ya no ser consultada
en lo sucesivo a este respecto más que en el marco puramente
protocolario de lo que se ha denominado "política
de seguridad colectiva" (collective security), que se ha
convertido, de común acuerdo, en la base del nuevo/viejo
orden mundial; orden que se quedó "hilvanado"
para Estados Unidos y los países occidentales desde la
segunda guerra mundial y que sólo pudo ser actualizado
y controlado en cuanto se consumó la quiebra del bloque
del Este.
Sin lugar a dudas, la inmunidad del mundo árabe
frente a los intentos de las grandes potencias occidentales para
provocarle conflictos internos seguirá siendo débil,
por no decir inexistente, habida cuenta de la nueva evolución
del orden mundial debido al fin de la guerra fría. Los
acontecimientos ligados a la guerra del Golfo lo han confirmado
en muchos aspectos. Los árabes lamentarán mucho
tiempo no haber sabido aprovechar los equilibrios de la guerra
fría y el apoyo de la Unión Soviética a sus
causas para sentar las bases de una eficaz seguridad nacional
árabe, que les habría garantizado independencia
y capacidad de negociación en el marco del orden internacional.
En su forma actual, la seguridad nacional árabe se ha convertido
en parte de la seguridad nacional de Occidente, y especialmente
de Estados Unidos. En lo sucesivo, el movimiento de liberación
nacional y de independencia árabe ya s610 será considerado
como una antigua reserva estratégica de la URSS y un residuo
de la guerra fría, que, por consiguiente, es conveniente
combatir, ya sea con una acción directa, ya sea domesticándolo,
sin dejar de trabajar paralelamente para reforzar a Israel y a
los regímenes árabes "moderados" o "conservadores",
es decir ... amigos de Washington.
Para terminar, no puedo sino lamentar no ser optimista
en lo que se refiere a la capacidad del orden árabe para
superar la actual crisis. Seguramente no será capaz de
hacerlo a causa del carácter mismo de las potencias influyentes,
por una parte, y de su falta de autonomía de decisión
y de verdadera influencia sobre el futuro, por la otra. Hay quienes
creen que el vinculo orgánico y directo que comienza a
establecerse entre numerosos países árabes, Estados
Unidos y Occidente, en el marco de claras alianzas desde el fin
de la crisis, podría dar paso a un verdadero desarrollo
capitalista, como fue el caso de Japón y Corea inmediatamente
después de la guerra. Por mi parte, lo dudo mucho, sabiendo
bien que Occidente siempre consideró, y seguirá
considerando mucho tiempo todavía, a la región de
Oriente Próximo como un simple depósito de petróleo.
Tampoco creo que la actual crisis incite a Occidente a revisar
sus concepciones en este aspecto. Al contrario, casi no le interesa
favorecer el ascenso del mundo árabe, tal como los recientes
acontecimientos lo han demostrado.
Como intelectuales, no tenemos más remedio
que proponer enfoques alternativos y volver al estudio de la lógica
de la historia y de las acumulaciones históricas capaces
de conducir a un cambio cualitativo. La historia es una producción
y esta producción necesita herramientas. Debemos, pues,
elegir las herramientas apropiadas. Estoy profundamente convencido
de que la función de los intelectuales árabes y
de los movimientos políticos debe situarse dentro de unos
limites definidos por la necesidad de renovar el pensamiento árabe
(como teoría y práctica). Esto no puede hacerse
de otro modo más que a través de la democracia una
democracia pensada y teorizada a partir de las aspiraciones y
objetivos de la sociedad árabe, pero también a través
de la conceptualización de la idea de "lo posible
árabe", que la actual crisis engendró en el
espíritu de la joven generación árabe y que
los modelos de desarrollo y las prácticas culturales contribuyeron
durante mucho tiempo a marginar, alienar y extinguir. La causa
de la democracia no se sitúa aquí a un nivel de
clase o de país, sino a un nivel social y nacional árabe.
No se trata de contentarse con predicar la democracia, sino de
practicarla en todos los niveles de comportamiento, sin nunca
abstraerla de su marco ético y material, basado en el principio
de liberación. Pero no, desde luego, en los limites de
los sistemas establecidos aun cuando se suscriba el adagio "el
príncipe gobierna mediante la justicia", sino trabajando
por influir en los modelos vigentes. Si no, nada cambiará
en el mundo árabe.
Por lo que se refiere a la relación de los
árabes con el resto del mundo, me parece que el pensamiento
árabe debería renunciar al dualismo entre tradición
y modernidad, en el que se ha extenuado desde hace un siglo o
más, y admitir que su enfrentamiento con Occidente tiene
bases racionales y materiales, ligadas a intereses concretos,
y que la ideología y la religión sólo entran
en él como objetivos secundarios de apoyo, y no a la inversa.
E1 mundo s610 respetará la civilización
de los árabes, su cultura y sus tradiciones cuando éstos
se hayan dotado de fuerza económica y militar. No hay peor
actitud, en mi opinión, que obstinarse en la afirmación
de la identidad mientras se está en situación de
debilidad económica. Pues ésa es verdaderamente
la claudicación desde el punto de vista de la civilización,
o, al menos, el tipo mismo de lucha negativa que el mundo no puede
reconocer y contemplar más que con burla. En su uso internacional,
"el derecho" es una palabra que rima con "fuerza,
acción y capacidad de reivindicación".