LA AGRESIÓN CONTRA IRAQ Y LA PROBLEMÁTICA ECONÓMICA

Fathallah Walalu*

El autor de esta líneas ya efectuó, en los años setenta, un estudio analítico de la relación entre los comportamientos económicos y las guerras. En efecto, la economía se articula, en lo esencial, en torno a la lucha siempre renovada del hombre y de las comunidades humanas por la obtención o el control de los recursos.

Esto es lo que explica que, a lo largo de la historia, la problemática de la guerra y de la paz haya estado estrecha y dialécticamente ligada a las circunstancias económicas.

Desde luego, se puede aceptar que las guerras que la humanidad sufrió antes del siglo XVI tenían fundamentos distintos de los económicos (religiosos, culturales o de civilización), pero el enfrentamiento económico siempre tuvo parte en ello, aunque fuese de modo disfrazado y a veces secundario.

El nacimiento y el desarrollo del capitalismo, a partir del siglo XV, dio al factor económico un lugar cada vez más importante en los enfrentamientos militares, pues el capitalismo que es un sistema económico avanzado exacerbó la competencia y los antagonismos económicos en el mundo, hasta tal punto que las guerras que desde entonces sufrió la humanidad son, por regla general, económicas.

Todas las guerras que acompañaron el periodo del mercantilismo, el nacimiento de las naciones en Europa, y las conquistas coloniales que primero se dirigieron hacia el continente americano, descubierto de nuevo, y, después, hacia Asia y África se sitúan en este marco.

Cuando el capitalismo llegó a su actual etapa, y se multiplicaron las crisis en el seno de las grandes potencias económicas, llegaron las guerras de carácter imperialista, que se sucedieron desde mediados del siglo XIX, y cuya causa principal fue la búsqueda de nuevos mercados para la expansión del capitalismo.

Las rivalidades entre las potencias europeas en torno al reparto de las riquezas del planeta culminó en la Primera y en la Segunda guerras mundiales. Después hubo, a lo largo de los años cincuenta y sesenta, las guerras libradas por las potencias coloniales contra los movimientos de liberación en los países árabes y en los continentes asiático y africano, con vistas a, por una parte, aplastar rebeliones cuyo objetivo era frenar la expansión imperialista del capitalismo, y, por otra, abrir un mercado para el complejo militar industrial, para permitirle reforzar su papel motor en el desarrollo económico de los países capitalistas avanzados.

Por eso, y habida cuenta de esta evolución, es legitimo interrogarse sobre el carácter de la guerra que se desarrolla actualmente en el Golfo, y que, en realidad, es una agresión llevada a cabo bajo la batuta de Estados Unidos contra el hermano pueblo iraquí, y también sobre la importancia de la dimensión económica de este enfrentamiento.

Seria exagerado decir que los únicos móviles de la guerra son los factores económicos, o que éstos bastan para explicar sus pormenores; en efecto, en cualquier análisis de esta guerra, no hay que perder de vista los factores históricos y las viejas rivalidades (antagonismo entre las diferentes civilizaciones de Oriente Próximo: babilónico, persa, egipcia, bizantina ...), así como las realidades surgidas de la historia reciente (desmembramiento del Imperio Otomano; expoliación de los derechos de los palestinos, que condujo al establecimiento, por la fuerza, del Estado sionista; fragmentación del espacio árabe en entidades poco extensas, a veces incluso minúsculas, que ni siquiera merecen el nombre de "territorio").

Cualquier esfuerzo de exégesis y análisis de esta guerra deberá, además, intentar no subestimar las contradicciones geopolíticas surgidas de tal fragmentación, y ciertos datos de orden estratégico de la política de Estados Unidos, que, desde hace cuarenta años, se utilizan para proteger y defender a la entidad sionista, trabajando sistemáticamente para eliminar a toda fuerza política o militar capaz de socavar esta entidad o de poner en tela de juicio su existencia.

Tampoco se puede comprender el carácter de la agresión dirigida contra Iraq si no se toma en cuenta el colapso del modelo soviético, el repliegue de la URSS (acaparada por sus problemas internos) y el fin de la guerra fría, que dejó campo libre a Estados Unidos y a sus aliados para intervenir e intentar imponer un nuevo orden internacional subordinado a sus solos intereses estratégicos. Tampoco se debe minimizar los factores culturales y de civilización, que arrojan una poderosa luz sobre el carácter de esta agresión, al revelar la contradicción que hoy pone frente a frente la lógica de la civilización occidental y la de la civilización árabe-islámica. Sin embargo, no es nada exagerado decir que esta guerra impuesta al hermano pueblo iraquí tiene profundas y múltiples raíces económicas, que comparten el carácter del enfrentamiento económico en curso entre el Sur y el Norte, y también entre los diversos conjuntos constitutivos de lo que se denomina Norte, tanto más cuanto que provienen de la dimensión planetaria que hoy caracteriza a la economía. Además, hay que saber que existe una profunda interferencia entre los factores históricos, políticos y culturales, por una parte, y los factores económicos, por la otra, aunque, para ser creíble, todo análisis de la agresión debe partir necesariamente de un enfoque globalizante, es decir, de un enfoque que tome en consideración el conjunto de estos factores a la vez que el producto de su interacción.

A partir de esta hipótesis, y dentro de los limites que nos han fijado nos dedicaremos a esclarecer los móviles económicos que han precipitado la guerra. Ese será el objeto de la primera parte de este trabajo, mientras que la segunda se referirá a las realidades económicas de la posguerra.

(Conviene destacar que este texto se redactó cuando la agresión armada contra Iraq aún proseguía).

1. Realidades económicas de la preguerra

Mucho se ha hablado de las causas aparentes y ocultas que condujeron a la guerra del Golfo y a la agresión perpetrada hoy contra el pueblo iraquí. El examen de los factores económicos que contribuyeron al desencadenamiento de esta guerra nos ha inducido a aislar cinco datos, todos los cuales desempeñaron un papel decisivo en la escalada del conflicto que degeneró en enfrentamiento armado.

Estas características pueden resumirse en tres elementos:

  1. La agudización de la competencia económica entre los grandes grupos regionales, principalmente Estados Unidos, la Comunidad Europea y el grupo Japón-países del Pacifico y dé Asia. Está admitido que la economía norteamericana acusó un relativo retroceso con relación a las economías europea y nipona, habiendo perdido Estados Unidos su estatuto de primera potencia económica mundial en términos absolutos. Es por esta razón que este país se dedicó a incitar a la guerra, contando para ello con su posición como primera potencia estratégica del mundo, con vistas a asegurarse el control de los recursos del Oriente Próximo árabe y, al mismo tiempo, crear dificultades y estrangulamientos a los países europeos y a los de la región Asia/Pacifico, todos los cuales sufren un grave déficit en el campo de la energía, que les obliga a consagrar una importante parte de sus recursos a las importaciones de petróleo provenientes del Golfo.

    Las contradicciones económicas entre Norteamérica y los otros dos polos económicos se sitúan en el contexto del rápido desarrollo que experimentan las economías de Japón, Corea del Sur y otros países asiáticos, y de las grandes perspectivas que se dibujan para la Comunidad Europea con la instauración del mercado único en 1993 y el movimiento de polarización con el que la Comunidad está atrayendo a su órbita a los países de Europa Oriental, por una parte, y a los países escandinavos, por la otra.

    La agresión orquestada por Estados Unidos, que forzó a los países europeos a sumarse a ella por razones estratégicas, tiene una evidente relación con esas contradicciones, que amenazan con agravarse aún más después del fin de la guerra, cuando las estructuras económicas de estas diversas comunidades se lancen a una encarnizada lucha por participar en la reconstrucción de las infraestructuras destruidas por la guerra.

  2. La retirada de la Unión Soviética de la competencia internacional como consecuencia de la quiebra de su modelo político-económico, lo cual engendró varias circunstancias nuevas, de orden económico, que contribuyeron decisivamente al desencadenamiento de la guerra. En efecto, el fin de la guerra fría y los acuerdos estratégicos establecidos por la URSS y Estados Unidos con objeto de reducir sus arsenales y circunscribir todas las guerras y conflictos regionales tuvieron consecuencias negativas en los complejos militar-industriales, pues los países capitalistas basaban en estos complejos una parte de su margen de maniobra, en términos de desarrollo, tal como lo demostraron los diferentes conflictos armados ocurridos en el mundo desde los años cincuenta.

    No hay duda que los lobbies y los grupos de presión que están detrás de estos complejos, y que tienen contacto orgánico y permanente con los centros de decisión en el "Pentágono", la Casa Blanca y la CIA, contribuyeron en gran medida a atizar el conflicto que condujo a la agresión contra Iraq.

    Basta con recordar, aquí, que Estados Unidos había urdido una serie de provocaciones contra Iraq desde antes del 2 de agosto de 1990 y que, después del 2 de agosto, se había ingeniado para hacer abortar todas las posibilidades de solución dentro de un marco árabe pues estaba decidido a golpear a Iraq, aprovechando los cambios que había experimentado el mundo durante estos dos últimos años.

    Del mismo modo, la oportunidad que ofrecía la crisis general en que se debate la Unión Soviética fue explotada por Estados Unidos para organizar la agresión contra Iraq. Esto se percibe, esencialmente, en las ayudas financieras que se concedieron a la URSS, desde comienzos del verano, tanto por parte de Estados Unidos como de los Estados europeos, y hasta por parte de Arabia Saudi, con el fin de ayudarle a superar sus dificultades económicas y políticas internas. Esto indujo a Moscú a seguir a los países occidentales, dejando pasar todos los textos adoptados por el Consejo de Seguridad con el objetivo de conferir una apariencia de legitimidad a la agresión norteamericano-imperialista.

    El descenso de la producción petrolera en la Unión Soviética, consecuencia del envejecimiento de los medios de explotación y de la anarquía que reina en el campo de la producción, contribuyó, a su vez, a incitar a Estados Unidos a poner en marcha una política de producción petrolera de connivencia con los países del Golfo, y en especial con Arabia Saudi, en el marco de una estrategia global que preparaba el desencadenamiento de la agresión contra Iraq.

  3. La cuestión del endeudamiento de los países del Tercer Mundo, que constituye uno de los graves problemas a los que se enfrenta la economía mundial en este fin de siglo. Se sabe, por lo que se refiere a este problema, que ciertos países capitalistas, como Francia, Japón y Alemania, exhortan hoy a estudiar los medios para reducir las deudas acumuladas por los países del Tercer Mundo, a fin de que éstos puedan reinsertarse aunque fuese de manera parcial en los circuitos del comercio internacional y comprar las tecnologías desarrolladas por los países avanzados.

    También es notorio que Estados Unidos había procurado, primeramente, poner trabas a esta acción, para después convertirse en sus defensores a nivel del discurso político, proponiendo el famoso "plan Brady" y autorizando al Banco Mundial y al FMI a examinar la posibilidad de reducir la deuda de algunos países. Es evidente que los norteamericanos han utilizado este subterfugio para incitar a los países árabes más endeudados, comenzando por Egipto, a desempeñar un papel esencial en la formación de la coalición anti-iraqui, a cambio de lo cual Estados Unidos iba a aceptar condonar una parte de la deuda egipcia e incitar a los países del Golfo a hacer lo mismo.

    Con ello, Washington habría contribuido a poner parcialmente en aplicación el "plan Brady", por una parte, y a sacar a Egipto una vez más del frente de la lucha nacional árabe, por la otra.

    Llegó el 17 de enero y el desencadenamiento de las hostilidades contra el hermano pueblo iraquí. Esta agresión tuvo una repercusión muy clara en la evolución de la economía mundial, habida cuenta de todos los parámetros que antes citamos, al hablar de la preparación de la agresión por parte de las fuerzas imperialistas, encabezadas por Estados Unidos.

2. Las consecuencias económicas para la posguerra

Al seguir el discurso político en los países participantes en la agresión norteamericano-occidental contra Iraq, uno se da cuenta que los gobiernos y las grandes firmas que controlan los complejos industriales ya se dedican activamente a la preparación de la posguerra. Si bien la preparación de "la posguerra" durante la guerra se basa en los prejuicios que condujeron a cada una de las entidades a participar en la agresión (sobre todo, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) o a contribuir al financiamiento de las operaciones militares (Japón, Alemania, Corea del Sur), también se sitúa en el marco de la dicotomía conflicto-solidaridad que hace muy inconfortables las posiciones, actuales y venideras, de todas estas entidades en el seno de la economía mundial. A su vez, esto obliga a las fuerzas que apoyan a Iraq en su heroica lucha a tener en cuenta, a su vez, el elemento de la posguerra y a trabajar para consolidar el frente del rechazo a la agresión y de solidaridad con el pueblo iraquí.

Tal como antes lo mostramos, los factores económicos están orgánicamente ligados a los factores políticos, estratégicos, culturales y de civilización en todas las peripecias que condujeron al enfrentamiento militar. De ello se deriva que el porvenir de la economía mundial y regional después de la guerra depende de la evolución de la situación en su totalidad, es decir, en todas sus implicaciones políticas y culturales.

La posguerra se extenderá por un periodo que quizá supere los diez años, lo que nos llevará al próximo siglo. No hay duda que, durante esa década, la región de Oriente Próximo experimentará importantes cambios políticos, que reflejarán los efectos directos de la agresión norteamericano occidental, y repercutirán en la situación y en los grandes asuntos económicos. Cuanto más fuertes sean la determinación iraquí y la solidaridad de los pueblos árabes con el pueblo iraquí, más importantes serán los medios de lucha contra la agresión y mayores las posibilidades de crear condiciones positivas para la posguerra. Pues la heroica resistencia de Iraq y el refuerzo del frente de apoyo a este país son capaces de empujar a Estados Unidos a su derrota política, romper la coalición imperialista-sionista contra Iraq y, en resumidas cuentas, preparar condiciones positivas para la posguerra, aptas para servir los intereses del frente anti-imperialista y la causa árabe.

Desde el punto de vista económico, la "posguerra" es un conjunto de asuntos que deberá tratar el mundo y que contienen el conjunto de orientaciones que gobernarán la competencia económica entre los diferentes polos económicos y entre el Norte y el Sur. Eso es lo que intentaremos estudiar en la continuación de este trabajo, sobreentendiendo que todas las hipótesis y guiones dependen del giro que tomará la guerra, de su duración y de la importancia de las pérdidas humanas y materiales que resultarán de ello, tanto para las fuerzas del imperialismo como para las fuerzas de la liberación, encarnadas por Iraq.


* Fathallah Walalu (Marruecos). Profesor de Economía. Universidad «Mohamed V», Rabat