INFORME SOBRE LA PREPARACION DEL MANDATO SUDAFRICANO PARA LA NEGOCIACION DE UN ACUERDO BILATERAL DE COMERCIO CON LA UNION EUROPEA
[*]*
Comités Parlamentarios de Agricultura, Aguas y Montes, Asuntos Exteriores y Comercio e Industria.Traductor:Angel Ortiz.Introducción
El 12 de Agosto de 1996, los Comités de Agricultura, Aguas y Montes, Asuntos Exteriores y Comercio e Industria de la Asamblea Nacional se reunieron con miembros de los Departamentos de Agricultura y Comercio e Industria para discutir los preparativos del mandato del equipo sudafricano sobre la negociación de un acuerdo comercial con la Unión Europea. En dicha reunión, los tres comités decidimos elaborar un informe destacando nuestros puntos de vista tanto del contenido como del proceso de elaboración de dicho mandato.
Objetivos estratégicos de un acuerdo con la Unión Europea
Las negociaciones comerciales con la Unión Europea van a tener una gran importancia para Sudáfrica pues se trata de nuestros socios comerciales más importantes. Según las estadísticas recientemente elaboradas por el Departamento de Comercio e Industria, el comercio total en 1995 entre la Unión Aduanera de Africa del Sur (SACU) y la Unión Europea ascendió a 70.872 miles de millones de Rands (el 42% del comercio total), de los que 44,020 correspondieron a las importaciones desde la UE, mientras que 26,852 fueron exportaciones; lo que significa que el SACU mantiene un déficit comercial con la UE de unos 17,168 miles de millones de Rands. No solo la importancia de un socio comercial como la UE hacen de estas negociaciones un tema de tanta significación, sino también una serie de aspectos comerciales cruciales que podrían tener consecuencias profundas para Sudáfrica y para toda la región. Por tanto, nuestro punto de vista es muy importante para que se haga presente en las negociaciones y para que sus responsables sean conscientes de todos los aspectos.
El objetivo estratégico de las negociaciones con la Unión Europea debería ser lograr un acuerdo que sitúe la economía sudafricana en un camino de crecimiento orientado al desarrollo para alcanzar los objetivos globales definidos en el Programa de Reconstrucción y Desarrollo (PRD). Somos conscientes de que un acuerdo con la UE tendrá un efecto directo sobre nuestros socios del SACU, sobre los países de la Comunidad para el Desarrollo de Africa del Sur (SADC) y, más ampliamente, sobre el grupo de países ACP (Africa, Caribe y Pacífico). El acuerdo debería, por tanto, promover la cooperación mutua en beneficio de las dos partes y de la integración de toda la región, así como unas relaciones más justas entre los países desarrollados y en desarrollo, según el compromiso repetidamente expresado por la UE y por el gobierno de Sudáfrica.
En concreto, el acuerdo con la UE, que el Parlamento ratificaría sin problemas, debería contemplar:
* el fin del trato discriminatorio que actualmente se aplica a las exportaciones sudafricanas si lo comparamos con países de las mismas características,
* una mejora significativa del acceso al mercado europeo para los exportadores sudafricanos tanto de los productos que actualmente compra la UE como de los que en un futuro se podrían exportar, con el objetivo de equilibrar lo más posible nuestro actual déficit con la UE,
* los beneficios económicos plenos de nuestra incorporación a la Convención de Lomé, especialmente el acceso a la cláusula de acumulación bajo las normas de origen de Lomé que no precisan de ningún trámite burocrático
* una distribución de los costes y beneficios entre ambas partes que tenga en cuenta: la desigualdad entre las economías y los niveles de desarrollo de los dos países, el peso del comercio bilateral en relación al total, el déficit actual, los costes de ajuste de la aplicación del acuerdo y las necesidades de desarrollo de Sudáfrica y de toda la región. Así se haría realidad el deseo expreso de la UE de conseguir un acuerdo que promueva el crecimiento económico, el desarrollo y la democracia de Sudáfrica así como de todo el Africa Austral;
* un acuerdo que cree unos precedentes positivos para todo el ámbito ACP y que refuerce los intentos de promover la cooperación regional y la integración de toda la región, en el momento en que la UE está revisando sus futuras relaciones con los países ACP para cuando el mandato de Lomé IV expire.
El proceso de negociación
Creemos que el equipo negociador sudafricano debería centrarse en nuestras propias propuestas y no solo en reaccionar al mandato del Consejo de Europa que guiará a los negociadores europeos. Estos, a su vez, deben reconocer que las dos partes de la negociación tienen que responder ante sus ciudadanos y que ninguna está por encima de la otra.
No podemos, sin embargo, ignorar lo conseguido hasta ahora en un proceso que se inició a mediados del 95. Debemos ser conscientes del rechazo de la UE a nuestra inclusión en el capítulo comercial de la Convención de Lomé y de su propuesta de establecer un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) que cubra el 90% de los intercambios comerciales bilaterales a implementar en el curso de los próximos diez o doce años. La propuesta de la UE incluye una asimetría en el calendario por el que Sudáfrica tendría un período ligeramente más largo para cumplir su parte del acuerdo.
La UE ha reiterado su deseo de alcanzar un acuerdo recíproco. Presentado de diversas maneras, pero siempre como la única posibilidad compatible con la OMC (Organización Mundial del Comercio), que garantizaría a Sudáfrica un acceso libre de aranceles más amplio que el proporcionado por el Sistema General de Preferencias (SGP). Más recientemente, la preocupación por ayudar a Sudáfrica para que su proceso de liberalización económica sea creíble ha llevado a la UE a insistir en conseguir un acuerdo. Por otro lado, debemos reconocer la valoración del impacto de la propuesta que la UE ha presentado y que, en su documento, terminaba con la siguiente afirmación: "... es obvio que la UE tiene mucho que ganar con un ALC con Sudáfrica. La posterior apertura al mercado sudafricano en el marco del acuerdo creará un serie de ventajas de competitividad para los exportadores europeos en relación con exportadores de los Estados Unidos, Japón y de otros proveedores de Sudáfrica. El precio que tendría que pagar la UE por mejorar su posición en términos de pérdida de ingresos aduaneros sería relativamente bajo..." .
Creemos que estas negociaciones deberían reconocer que los sentimientos y las expresiones de solidaridad no suelen tener mucha influencia en este tipo de negociaciones sobre intereses comerciales. Y dado que la oferta de la UE expresa el deseo de ayudar a Sudáfrica en sus esfuerzos por promover la democracia, el desarrollo, el crecimiento económico y la integración regional, más que una declaración a priori debería ser un verdadero objetivo por el que luchar.
Comentarios sobre el mandato negociador de la UE
Aunque ya hemos expresado nuestro deseo de que el equipo negociador sudafricano se centre en nuestras propuestas, sin embargo, debemos hacer algunos comentarios sobre el mandato negociador de la UE que se queda corto en ciertos aspectos críticos que ya han sido identificados anteriormente. En concreto, no se tiene en cuenta la desigualdad en los niveles de desarrollo y en el tamaño de las economías de ambas partes, así como la enorme diferencia que para cada parte supone la otra como competidor comercial. El PIB de Sudáfrica es aproximadamente la mitad del de Bélgica con solo un cuarto de su población. La UE es una de las regiones del mundo consideradas como avanzadas e industrializadas mientras que Sudáfrica es un país de "ingresos medio-bajo" con un sector industrial históricamente orientado hacia el mercado interior, con grandes barreras arancelarias y que todavía no ha alcanzado una suficiente competitividad internacional. Uno de los objetivos más importantes de la política sudafricana es aumentar la competitividad (en parte reduciendo el sistema de aranceles), pero esto no ha hecho más que comenzar y, además, depende de un complejo proceso de reestructuración y potenciación de sus recursos humanos, que llevará mucho tiempo. Sudáfrica tiene un 30% de su población activa en paro, muy por encima de la media europea. Se encuentra en el puesto 93 en la clasificación del PNUD sobre desarrollo humano, muy por debajo de cualquiera de los países miembros de la UE. Sudáfrica proporciona el 1,5% de las importaciones comunitarias mientras que importa el 40% de la UE.
Aunque la propuesta de levantar los aranceles para el 90% de los intercambios parece razonable, cuando se analizan todos estos desequilibrios, el panorama cambia sustancialmente. Con los variados sistemas de tarifas que surgirán en Sudáfrica y la UE por los compromisos de la Ronda Uruguay y dadas las diferencias entre ambos, algunos analistas han señalado que la propuesta europea exigirá a Sudáfrica un ajuste muy severo para asegurarse solamente una pequeña mejora en el acceso libre de aranceles al mercado europeo. Se calcula que un ALC para el 90% del volumen comercial supondría eliminar los aranceles de entre el 4 y el 7% más de lo que hoy exige la Ronda Uruguay sobre las importaciones comunitarias desde Sudáfrica, mientras que ésta tendría que eliminar alrededor del 36% para sus importaciones desde la UE.
Es bien conocida la particular "sensibilidad" (fuerte sentimiento proteccionista) de la UE hacia el sector agrícola, precisamente el más competitivo de Sudáfrica. El mandato europeo propone en su TLC la exclusión de una lista de productos agrícolas que suponen el 38% de las actuales exportaciones sudafricanas a la UE. Cuando se elaboró el mandato, se sugería que solo el 55% de las exportaciones agrícolas sudafricanas se incluyeran en las sucesivas fases del TLC durante un período de referencia de doce años. El plan también proponía que Sudáfrica aceptara el 88% de sus importaciones industriales desde la UE libres de aranceles y que aplicara la misma medida para el 97% de la exportación de sus productos manufacturados. Para cumplir el objetivo del 90% de cobertura, Sudáfrica tendría que levantar sus aranceles al 95% de sus importaciones agrícolas desde la UE, que aparte de gozar de esta ventaja, tendrían el apoyo de las subvenciones que ofrece la Política Agraria Común (PAC).
Esta propuesta supone un impacto considerable sobre todo el Africa Austral que podría dilapidar todos los esfuerzos de promoción regional. El cambio de las tarifas por la aplicación del TLC afectaría inmediatamente a todo el SACU. Los productores agrícolas e industriales ,exportadores o no al SACU, de países como Botswana, Lesotho, Namibia y Swazilandia, entrarían en competencia directa con las exportaciones europeas. La supresión total de los aranceles de las importaciones desde un país con un mayor potencial comercial significaría una reducción drástica de los ingresos aduaneros, soporte básico de los ingresos comunes del SACU y de los países BLNS***.
Se está realizando un estudio del impacto de un ALC con la UE sobre los países BLNS, patrocinado por la UE y coordinado por Swazilandia. El Comité económico permanente del parlamento namibio organizó recientemente un taller en el que los productores de carne bovina namibios solicitaron la exclusión de la carne y sus derivados del ALC. Los productores de carne bovina de Namibia estarían dispuestos a someterse a la competencia de los productores europeos, pero no pueden acceder al nivel de sus exportaciones libres de aranceles y subvencionadas por la PAC. Según el informe del citado comité, los productos cárnicos suponen el 35% de las exportaciones agrícolas europeas al SACU, lo que significa que la exclusión del vacuno del
TLC haría imposible conseguir el objetivo del 95% de las importaciones agrícolas libres de aranceles. También en él, aparecen las estimaciones del Grupo de Investigación de Política Económica de Namibia que fija en el 15% las pérdidas (el coste de la aplicación del TLC según las propuestas del mandato de la UE) en los ingresos del estado . Miembros de la delegación comunitaria que participó en el taller sugirieron otras fuentes de ingresos como el IVA para compensar dichas pérdidas. De este modo Sudáfrica, por ejemplo, podría compensar igualmente las pérdidas. Pero aplicar estas medidas equivaldría a ignorar la contención fiscal y olvidarse de todos los compromisos de reforma que ya están en marcha. Si se pretende que los países BLNS soporten estas pérdidas, habría también que olvidarse de las recomendaciones hechas por la UE de reducir sus déficits presupuestarios.
Nuestro equipo negociador debería ser sensible a los intereses de nuestros socios del SACU y del SADC. Debemos acordar estrategias para intercambiar nuestras opiniones y asesorarnos sobre el impacto de las propuestas durante las negociaciones. Debemos también mantener contactos periódicos con el grupo ACP puesto que las negociaciones con Sudáfrica son valoradas en algunos círculos europeos como el precedente para la reestructuración de las relaciones EU-ACP para cuando expire el acuerdo de Lomé IV, encaminadas hacia la introducción de la reciprocidad y el abandono del sistema de concesiones no restrictivas.
Nos preocupa que la UE intente relacionar las negociaciones comerciales con otra serie de exigencias que no tengan relación directa con las mismas. Como parlamentarios, las presiones por legislar ciertas áreas (competencia, propiedad intelectual ,etc.) en convergencia con la UE no pueden hacernos olvidar nuestro compromiso con el electorado.
Creemos que el acuerdo comercial, el acceso restringido a Lomé, el Programa Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, los acuerdos puntuales sobre pesca, vino o licores, deben tratarse como temas independientes sin que los avances en uno de ellos condicione a los demás.
Principios generales y su enfoque
Sabemos que nuestros negociadores no han aceptado el principio general de un TLC. Han acordado solamente estudiar todas las posibilidades bajo el principio "nada esta acordado hasta que todo está acordado" . Si, como parece, no va a ser posible alcanzar un acuerdo que nos proporcione concesiones no recíprocas, estaríamos dispuestos a apoyar uno con compromisos
recíprocos. Pero siempre sobre las bases de que los beneficios que se obtengan deben compensar los costes del ajuste y la distribución de los costes y beneficios que se decanten en favor de la parte más débil, Sudáfrica, dentro de una asimetría racional.
Nuestra principal objeción a la propuesta de la UE, dadas las necesidades tanto de Sudáfrica como de toda la región, es su insistencia por alcanzar la misma cuota de cobertura (el 90%) para ambas partes, con la única desigualdad en cuanto al calendario de aplicación. Un acuerdo coherente con nuestros objetivos de crecimiento y desarrollo y sensible con las necesidades regionales debe incluir una asimetría en los objetivos y en el calendario, basado en el reconocimiento de la desigual capacidad de las dos partes. Sudáfrica reconoce que la reforma arancelaria es una condición, que no la única, para aumentar la competitividad; y ésta no se ha tenido prácticamente en cuenta. Dentro del marco de la Estrategia Macro-Económica, los nuevos aranceles, que se están aplicando en la reforma en marcha, quedarán en algunos sectores por debajo de las exigencias de la Ronda Uruguay. La experiencia nos dice que esta reforma ha sido utilizada con éxito en los programas de promoción de industrias competitivas adecuándose a las posibilidades de desarrollo y crecimiento del país. Estos resultados no se pueden conseguir con la liberalización salvaje de la economía pues la imposición prematura de una reducción arancelaria por presiones externas podría desembocar en la desindustrialización del país.
No queremos en este documento decir a nuestros negociadores como deben actuar ni aconsejarles qué productos deberían incluirse en el acuerdo. Nos preocupa mucho más los principios generales y la orientación estratégica.
Sobre esto, quisiéramos señalar algunas posibilidades. En primer lugar, no se debe olvidar que si tiene que haber reciprocidad, solo se podrá conseguir tras un período de concesiones no recíprocas. En otras palabras, el acuerdo podría incluir un sistema de concesiones no recíprocas para la UE de aplicación inmediata con el compromiso de ir avanzando poco a poco hasta conseguir la plena reciprocidad en la etapa final. Esto se ha hecho en muchos acuerdos que la UE tiene o está negociando, por ejemplo con la Federación Rusa.
En segundo lugar, creemos importante señalar que las normas de la OMC (Organización Mundial del Comercio) sobre Areas de Libre Comercio (ya mencionadas al hablar de las relaciones con la UE) fueron diseñadas teniendo en cuenta programas de integración regional entre grupos de países de las mismas áreas geográficas; pero no para ser aplicadas en acuerdos
recíprocos intercontinentales entre países en desarrollo y desarrollados. El acceso MNF (Most Favoured Nation) no es mejor que la propuesta de la UE. Deberían crearse acuerdos entre ciertos países en desarrollo a cambio de concesiones recíprocas entre estos mismos países, lo que supondría un cambio de rumbo en los acuerdos de comercio internacionales que, en nuestra opinión, no están adecuadamente contempladas en las normas de la OMC.
Las normas de la OMC sobre ALC exigen únicamente que afecten al comercio "en general" . Miembros del OMC y de la Comisión Europea, junto con miembros del Parlamento Europeo, han reconocido que no hay ninguna norma ni convención vigente que especifique que un ALC compatible con la OMC deba cubrir un porcentaje fijo (90% o cualquier otro) del comercio total, ni que esa cobertura deba ser igual para las dos partes, lo cual nos parece de suma importancia.
Creemos firmemente que cualquier acuerdo compatible con los principios que ambas partes declaran apoyar, debería implicar la apertura del mercado europeo a un mayor porcentaje de exportaciones sudafricanas libres de aranceles que de sus importaciones desde la UE. Nosotros no recomendamos ningún porcentaje pues debe ser en el proceso de negociación y tras un estudio detallado donde se fijen las cuotas. Excepto para el acceso libre de aranceles al mercado agrícola europeo pues nos parece insuficiente el 55% del plan indicativo de la UE Los acuerdos de reducción progresiva de aranceles por nuestra parte deben estar marcados por un límite y no basarse en proporciones o porcentajes
Tercero: si el acuerdo no puede asegurar el desmantelamiento de las subvenciones de la PAC (Política Agraria Común) a la agricultura europea, la UE debe aceptar el derecho de Sudáfrica a aplicar unos aranceles compensatorios.
Finalmente y como ya hemos dicho anteriormente, nos preocupa que la UE intente relacionar el acuerdo comercial con otros temas. Y no solo por la cantidad de temas propuestos directamente relacionados con el comercio, ni porque suponga un peligro a la integridad de la política nacional, sino porque conseguir un acuerdo comercial que incluya todas las áreas supondría retrasos innecesarios e improcedentes.
El proceso parlamentario
La preparación y presentación de este documento refleja la seriedad con la que nosotros, parlamentarios de las comisiones más implicadas en el tema,
enfocamos las próximas negociaciones con la UE. Al tiempo que respetamos la separación de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, queremos expresar nuestra intención de asumir un papel activo y comprometido en este tema.
Los tres comités quieren hacer efectivo este documento, en contacto con el ejecutivo, de diversas formas, entre las que destacamos:
* solicitar información y mantener contactos con las partes interesadas sobre el mandato de la negociación que surge del proceso ya en marcha;
* acompañar activamente las negociaciones de forma aún por determinar;
* solicitar informes periódicos sobre los avances y dificultades que se vayan presentando;
* establecer y mantener contactos con nuestros colegas del Parlamento Europeo y de los países del SACU, SADC y ACP;
* mantener contactos entre nosotros y presentar en el parlamento acciones conjuntas para su ratificación.
[ ]* Comités Parlamentarios de Agricultura, Aguas y Montes, Asuntos Exteriores y Comercio e Industria.
Traductor:Angel Ortiz.