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La Campaña del Kert (1911 - 1912). Canalejas y los restos del imperialismo hispánico

La Semana Trágica y la represión que siguió (detenciones y ejecuciones, entre ellas la de Francisco Ferrer y Guardia, director de la Escuela Moderna) provocó la caída del gobierno Maura (octubre de 1909) y su substitución por el liberal Moret. Este pondrá fin a la campaña de Melilla y durante sus 6 meses de gobierno la cuestión de Marruecos se diluye.

En el Rif, por su parte, Ameziane dedicó todo el año 1910 y parte del siguiente a recomponer sus fuerzas pregonando incansablemente la jihad contra el invasor, reafirmando los lazos y la unión entre las cábilas , y reuniendo a su alrededor un verdadero ejército; en definitiva preparando la insurrección contra los españoles, que a su vez desarrollaban una intensa campaña política entre los notables rifeños, comprando lealtades y tejiendo las alianzas suficientes que les permitieran en un futuro imponer su influencia en el territorio.

Con la llegada de Canalejas al poder (mayo de 1910) la política marroquí se vió impulsada a un primer plano. Éste mantenía mejores relaciones con los militares que los conservadores "más antiexpansionistas y de mentalidad presupuestaria" (Payne, 1977, p.168), y al mismo tiempo se vió obligado a tomar decisiones por la intensa presión francesa, ahora sí decidida a terminar con la independencia marroquí. Así, cuando en mayo de 1911 Francia, escudándose en las revueltas antieuropeas que se producían en Fez y Meknes ocupó éstas y otras ciudades de Marruecos17, Canalejas respondió ocupando a su vez Larache y Alcazarquivir.

En España desde principios de mayo se sucedían las protestas contra la nueva intervención en Marruecos, y el 6 de agosto se produjo un frustrado motín a bordo del buque de guerra Numancia en el que se proclamó la República.

Pero Canalejas, cada vez más arrinconado internacionalmente por Francia y aún a riesgo de radicalizar a una opinión pública cada día más antibelicista decidió continuar la ofensiva para dejar bien clara cuál era la postura de España en Marruecos.

El avance hacia el río Kert (agosto 1912), al oeste de Melilla inició una nueva serie de combates que reciben el nombre de Campaña del Kert y que como los de 1909 son más operaciones de represalia que una verdadera campaña de ocupación, y que fueron recibidos en la Península con una serie de huelgas generales en diversas ciudades españolas durante el transcurso del mes de setiembre, mezcla del rechazo a la guerra y de reivindicaciones económicas.

La máquina militar española volvió a mostrarse impotente ante unas harkas móviles que asestaban golpes aquí y allá. Además, las fuerzas de Ameziane estaban más organizadas, mejor armadas y eran más numerosas que las de 1909. A lo largo de los dispersos combates que se fueron produciendo entre finales del año 1911 y principios de 1912 los españoles consiguieron asegurar una serie de posiciones sobre el territorio (Monte Arruit, Izhafan, Tauriat Zag, etc.) pero sin cruzar nunca el límite del río Kert que desemboca en el Mediterráneo, frontera infranqueable para los españoles. Todos los intentos de cruzarlo fueron rechazados por los rifeños. Además la situación de los españoles era difícil. Como en el Desastre de Annual, las posiciones estaban muy extendidas sobre el territorio y mal emplazadas, su defensa era difícil y el abastecimiento resultaba costoso.

Va a ser un hecho aislado, fortuito, el que ponga fin a los combates, más que la superioridad hispana. La muerte el 15 de mayo en una escaramuza del líder rifeño Mohamed Ameziane. Ameziane "era el hombre en que se encarnaba la necesidad de unidad y el espíritu ofensivo de las tribus" (Ayache, 1981,p.148). Con su desaparición los rifeños perdieron no sólo a su jefe, sino también el nexo imprescindible que garantizaba el equilibrio de componentes tan heterogéneos. La unidad de las cábilas estaba fundamentada en el consenso y el prestigio que emanaba del jerife, sin él, el movimiento, ahora acéfalo, se descompuso, y la lucha que hubiera podido durar mucho tiempo aún, finalizó.

Pero tampoco esta vez el gobierno y el ejército españoles supieron aprovechar la teórica ventaja que suponía la desintegración de las harkas rifeñas, desorientadas por la pérdida de su jefe, y frenaron bruscamente todas las operaciones. ¿La amenaza siempre presente de la insurrección peninsular? ¿Los elevados costos de proseguir una campaña que se había cobrado su buena porción del presupuesto del estado y un número elevado de vidas humanas? ¿La humillación de verse impotentes ante unos "campesinos primitivos" ? ¿O quizás un respiro antes de tener las manos libres con la instauración próxima del Protectorado?18

Sea lo que fuere los españoles se afanaron en firmar un acuerdo de paz con los jefes de las diversas cabilas, que pusiera fin momentáneo a los combates. El territorio efectivamente ocupado alrededor de Melilla era el doble respecto al de 1909, pero más allá del río Kert, el Rif (la mayor parte) continuaba libre.

Con la llegada del Protectorado se produjo un cambio en la estrategia de conquista. Vista la imposibilidad de una ocupación militar strictu sensu, e imitando el ejemplo de Lyautey en la zona francesa, se dió preeminencia a una acción política que fomentase la posición española entre los notables rifeños. Es lo que Ayache llama "el partido de los amigos de España" 19 (Ayache, 1981, p. 115-116), cuyo protagonismo se potenció considerablemente, y que tuvo como misión principal fomentar la pacificación del país (propagando la división interna, afianzando la presencia española, etc.). De todas formas todo este esfuerzo político fue un fracaso, como lo demostró el hecho de que al intensificar sus acciones en Marruecos y adentrarse en el Rif a partir de 1919, los españoles se encontraron de nuevo a las cábilas dispuestas a resistir, y, mas aún, a expulsarlos de su país.



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