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EL ESTADO ESPAÑOL Y EL PROBLEMA BEREBER. EL CASO DEL RIF (1909 - 1912). RESISTENCIA, REVUELTA Y LUCHA

Albert Mongai Font*

Una obra ya clásica sobre el Protectorado español en Marruecos (Woolman, 1988, p. 13) al hablar del Marruecos de principios de siglo lo define como "una tierra de desiertos e inhóspitas montañas, unificada o pacificada contadas veces, afectada de anarquía crónica y habitada por una población xenófoba hasta el fanatismo, compuesta principalmente de primitivos cabileños musulmanes, Marruecos constituía un verdadero reto para el colonizador."

El párrafo muestra de forma patente los problemas y riesgos que entrañaba la misión que España se autoencomendó en el Norte de Africa, misión, que como vamos a ver, no estaba preparada para realizar; también se desprende de él que la población autóctona, en nuestro caso la rifeña (aunque esto puede trasladarse a otras regiones de Marruecos), tampoco estaba dispuesta a ponerle fácil las cosas. Y en este sentido quizás sería bueno desterrar definitivamente esa visión que nos ofrece la historiografía colonial, de un Marruecos y un Rif violento, fanático y caótico, y de unos pobladores feroces y despiadados, sedientos de sangre, sin importar siquiera sea ésta europea o musulmana.

Se impone una crítica de todos estos conceptos que el colonizador usó y usa para justificar "su desinteresada intervención para preservar la paz y el orden (allí donde ya reinaba)" . Se hace preciso revisar las nociones de Majzen y Siba1, así como la etapa de oscuridad y anarquía del Marruecos de finales del XIX y principios del XX, dramáticamente narrada por los cronistas a sueldo, y ver cual es el papel de los europeos. Planteémonos el interrogante/hipótesis de si no fue éste, con su desinteresada actuación, el causante principal de dicha anarquía.

¿Por qué no pensar que en lugar de actuar para remediar el caos bajo el que vivía el país, no lo propició?

¿Por qué nos obstinamos en creer en nuestra misión de salvadores, cuando no somos más que depredadores hambrientos?

"Desembaracémonos, como propone Ayache, de la visión dantesca, que desde Occidente se tiene de los rifeños como de una sociedad movida por la ferocidad, en un suicidio permanente" (Ayache, 1981 ,p. 102), y que todavía perdura en nuestra percepción de los hechos. La sociedad rifeña (y por extensión la marroquí), es una sociedad que como cualquier otra tiene sus conflictos y que como cualquier otra dispone de los mecanismos necesarios para solucionarlos y llegar a una situación de equilibrio. La idea que proponemos es que esta situación se rompe a mediados del siglo XIX, cuando el Imperio Xerifiano se sitúa en el punto de mira de las potencias europeas, lanzadas a una desbocada carrera por la conquista del mundo: las repetidas invasiones de territorio marroquí por ejércitos franceses y españoles, los tratados y convenios unilaterales que el sultán se ve obligado a firmar, las concesiones forzosas que suponen la ruina de la economía y de la estabilidad interna, los privilegios obtenidos bajo amenaza, una pérdida progresiva del poder de decisión a manos de los europeos, y el descrédito ante sus súbditos que ven impotentes como el extranjero, el enemigo ancestral, es cada vez más dueño de un país que hasta ese momento siempre había resistido las embestidas de sus enemigos. Todo ello lleva a una situación de inestabilidad, de parálisis de los mecanismos de decisión, de vacío de poder; cada concesión arrancada al sultán, cada paso de las potencias apretando el cerco es contestada por revueltas y tumultos. No por fanatismo, sino como reacción natural, instintiva, de un pueblo orgulloso de su independencia y cuya razón de ser es expulsar al invasor. ¿Qué diferencia la pérfida rebelión de Abd-el-Krim y un puñado de salvajes rifeños, de la épica resistencia de Viriato? Sencillamente la pluma que lo narre2.

Por eso nos es difícil ver la acción hispano-francesa como una pacificación. A nuestro juicio lo que se produce, aún antes de establecerse el Protectorado (1912), es una guerra de conquista, cuya ratio última es someter y explotar el territorio marroquí. ¿Cómo sino explicar una pacificación que dura 20 años? Este sería el segundo objetivo perseguido en nuestro artículo. Si por una parte pretendíamos reflexionar acerca de la incapacidad tanto física como psíquica de España para acometer una empresa como la conquista del Rif, por otro lado intentaremos mostrar que existió una resistencia tenaz al invasor por parte de la población rifeña. Y para ello hemos elegido el estudio del período 1909 - 1912 por creer que en él se anticipan todas las claves y problemas futuros que desembocarán en el Desastre de Annual (1921), culminación de la resistencia rifeña y del caos español.





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