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Resistencia: estrategias de adaptación

El futuro de los tuaregs parece no tener salida. Las jóvenes generaciones deben dejar la tienda para ir a buscar trabajo lejos de sus campamentos, en el exterior -essuf-. Dentro del nuevo orden político, económico y social de los nuevos estados, los nómadas no parecen tener cabida, se ven obligados a sedentarizarse en cada uno de los estados que les han sido asignados. Una vez destruido su propio equilibrio tradicional que perpetuaba sus valores culturales, los tuaregs han de buscar nuevas estrategias que les permitan integrar sus valores al nuevo orden establecido.

A la vista de los acontecimientos, el repliegue de la sociedad en si misma tan sólo podía conducir a su desaparición, era cuestión de tiempo. Pero los tuaregs, antes de verse eclipsados, han salido al exterior; lo han hecho de diversas formas, pero empujados por un único motivo: la supervivencia.

Unos se han enrolado en la armada, otros han emigrado, integrándose al mundo del trabajo asalariado; las jóvenes generaciones van a la escuela. Esta nueva situación les ha dado la oportunidad de mirarse y compararse con el otro, poder analizar su cultura con respecto a otra. Todo ello ha producido una reacción positiva, una apreciación de los valores culturales propios, convirtiéndose la cultura en el vínculo de relación y de unión entre los tuaregs.

Los asalariados aplican las estrategias de la propia cultura para defenderse del orden estatal, como es el caso de la transgresión, a la cual están acostumbrados por razones prácticas y materiales. Por otro lado, gracias a su circulación intensiva por todo el territorio tuareg, toman el relevo a los desplazamientos caravaneros, que han disminuido considerablemente en los últimos años, y son los encargados de continuar reafirmando los vínculos entre las confederaciones. Son también un elemento dinamizador de la cultura, pues aprenden a escribir, utilizando el alfabeto que les es propio: el tifinagh, al mismo tiempo que lo modernizan introduciendo cambios, como son las vocales, la separación de palabras, que facilitan su comprensión. Aprovechan sus conocimientos de la lengua para indagar y transcribir la sabiduría oral de sus mayores.

Otros emprenden negocios que les permitan reiniciar un nuevo estilo de nomadismo, como es el caso de las oficinas de turismo, muy numerosas en el Sahara central. Aprovechan el mito exótico que sobre ellos han divulgado las sociedades occidentales: la visión de los tuaregs como "guerreros del honor, señores del desierto, libres y feroces sobre sus meharis blancos" . Cada viaje se convierte en una transhumancia, un ciclo que empieza y termina, una nueva forma de nomadizar, todo menos sedentarizarse, pues esto sería como negarse a sí mismos.

Por lo que he podido observar en mis recientes viajes al Tassili N'Ajjer (Argelia), los tuaregs conservan todavía una conciencia de identidad colectiva. Esta pertenencia a una misma cultura se traduce por un conjunto de signos exteriores -lengua, escritura, gestos, vestido, maquillaje,...- y también por una conciencia política, una filosofía y una cosmogonía propias de este pueblo. En el desierto aun se pueden encontrar valores como la distinción entre lo que es necesario y lo que es superfluo. Los tuaregs son una realidad cultural, un grupo humano que ha sabido tejer una red social, la cual les ha permitido sobrevivir a lo largo de los siglos en un medio hostil. Se les ha descrito como seres irreales, creando una imagen completamente falsa de esta sociedad. El tiempo nos dirá si sus valores de solidaridad colectiva y su filosofía de entender la vida han encontrado las estrategias necesarias para su continuidad en el futuro.

Las ideologías nacionalistas sirven a los Estados como medio para unificar, para normalizar a las poblaciones incluídas en el interior de sus fronteras. No podemos afirmar que el nuevo orden mundial permita pensar la alteridad sin entrar en una utopía que seria como cavar la tumba de toda cultura. No podemos saber en qué medida las relaciones entre los pueblos tienen la capacidad de prevalecer o de dejarse eclipsar por el orden legitimado de los Estados modernos.



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