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Destrucción y caos

Desde finales del siglo XIX una serie de acontecimientos, ajenos a los tuareg, iniciarán la destrucción de su organización social, política, económica y también sicológica. Los tuaregs han visto resquebrajarse su equilibrio, urdido a lo largo del tiempo, de supervivencia y continuidad como sociedad.

La colonización francesa del Sahara, iniciada a finales del siglo XIX, fue un hecho irreversible a principios del XX. Las dificultades del terreno no impiden vencer la resistencia de este pueblo. Las consecuencias de esta derrota y la inevitable colonización son nefastas. Muchas tribus se encuentran divididas y desplazadas, sus lugares habituales de nomadismo son limitados o desviados para favorecer el control y evitar la reorganización de las tribus, muchos de sus hombres han muerto en la guerra, los jefes tradicionales que se niegan a colaborar son substituidos. Los desplazamientos de transhumancia y las rutas de las caravanas son controladas. En estas condiciones el nomadismo se ve amenazado.

A lo largo de la colonización francesa se producen una serie de cambios continuos que desestabilizan el ya frágil equilibrio tradicional. La administración francesa prohibe el "esclavismo" para debilitar a las tribus. Sin embargo, ante la incredulidad del colonizador, la mayoría decide continuar con sus antiguos amos, a los cuales les unen lazos sentimentales ademas de los económicos. Hay que tener en cuenta que para un nómada la sedentarización es humillante y que para un esclavo es difícil conseguir un rebaño que le permita subsistir, ya que están excluidos de los círculos de solidaridad.

El resultado de estas medidas provoca un repliegue de la sociedad en sí misma, rehusando abrirse al exterior, motivo por el cual no se producen negociaciones políticas durante el período de ocupación. Es más, muchos nómadas no quieren enviar a sus hijos a la escuela, siendo reemplazados a menudo por los hijos de los "esclavos" , hecho que provocara, a la larga, un cambio en las estructuras sociales.

No es hasta la evidencia de las independencias cuando los jefes de las grandes confederaciones del Aïr, el Hoggar i el Ajjer, apoyados por las poblaciones de los oasis, intentan negociar con los franceses una solución política con la exclusiva finalidad de conseguir la independencia del territorio del Sahara. Pero los acontecimientos se precipitan, las independencias se suceden y los estados europeos dibujan las fronteras africanas como si de un ejercicio de geometría se tratara, sin tener en cuenta a los pueblos que allí viven. Los tuaregs no escapan a este ejercicio, sus reivindicaciones no son escuchadas. Las independencias agravan, más aún, la ya delicada situación de estos grupos de nómadas. Los elementos de desestabilización aumentan y precipitan la destrucción del equilibrio.

Las fronteras saharianas son hasta tal punto incoherentes que provocan un continuo enfrentamiento entre los estados independientes, como es el caso de Marruecos y Argelia. Estos conflictos dan lugar a una fuerte militarización de los espacios de frontera y a un exhaustivo control aduanero, provocando graves dificultades a la hora de pasar las fronteras, tensiones que dificultan tanto el tránsito comercial caravanero como la transhumancia pastoral de los nómadas. A esta problemática fronteriza, deben añadirse los fuertes impuestos de los nuevos estados. Diez años después de las independencias los nómadas se ven sumergidos en la pobreza, su economía no puede hacer frente a los graves acontecimientos naturales -las grandes sequías de 1973 y 1984- que dan un golpe brutal al nomadismo. Asimismo la introducción de prácticas económicas y formas de vivir modernas modifican substancialmente la vida en el Sahara.

Al mismo tiempo, el descubrimiento de riquezas en el subsuelo sahariano ha impulsado a los diferentes estados a aplicar políticas de control y de ocupación del territorio, introduciendo elementos agresivos (maquinaria, superpoblación, ...) para el delicado sistema ecológico de este espacio. Los tuaregs han sido y siguen siendo un pueblo muy respetuoso con el medio ambiente; ellos, más que nadie, son conscientes de las limitaciones de su hábitat, un entorno que hay que cuidar para no romper el equilibrio entre hombre y naturaleza.

El impacto que ha supuesto para esta sociedad el encuentro con el otro ha provocado un reajuste de su visión del mundo. En el imaginario tuareg se ha producido una fractura tanto espacial como temporal que hace que cada hecho sea analizado en la lógica del antes y del después. Sin embargo este reajuste se ha visto enturbiado en el momento de las independencias por la división de este pueblo en cinco estados. La interpretación actual de la realidad tuareg por el mundo exterior reconoce su situación angustiosa, aunque los motivos que se sugieren sean diversos. Unos aluden sus dificultades a los problemas puramente económicos y materiales, otros a los obstáculos sociales y culturales tradicionales que les impiden adaptarse al mundo actual, otros a la marginación racista o, mejor dicho, a un revés de la historia que pondría a los antiguos dominados en posición de dominantes. Pero la crisis del mundo occidental ha puesto de relieve la cuestión política de la oposición entre Estado y minoría, más importante aún que el conflicto entre etnias, entre culturas o entre razas. Sin embargo cabe preguntarse: ¿Qué se puede hacer frente al Estado? Actualmente existen varias corrientes de pensamiento que animan la esfera política y hacen hincapié en nuevos proyectos de sociedad, nacidos al margen del Estado; como por ejemplo, un retorno a los valores tradicionales para pensar la modernidad de una forma más elaborada, o la creación de nuevas fórmulas que nos protejan de la dinámica difuminadora del Estado.



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