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Creación de un equilibrio

El hábitat de los tuaregs es el Sahara, el desierto más espectacular; su contemplación provoca un sinfín de sensaciones, la naturaleza ha hecho en él verdaderas obras de arte. Lo que antes eran valles de prados verdes, ríos y montañas, ahora son mares de arena, ríos secos, montañas de piedras de formas fantasmales. Este lugar, que a primera vista parece inhabitable, es el entorno donde los tuaregs han desarrollado un sistema económico y de relaciones sociales que les ha permitido sobrevivir en este paraíso silencioso.

En el desierto del Sahara las lluvias anuales son inferiores a 150/100 mm, la temperatura raramente baja de los 0 grados, pero a menudo sube por encima de los 40 grados. La variación térmica entre el día y la noche es tan elevada que provoca una erosión intensa y continuada. Este cambio climático tan brusco ocasiona una evaporación creciente, en donde los vegetales encuentran graves dificultades para adaptarse. Hace falta una gran capacidad de organización de los recursos humanos y naturales para sobrevivir en estas condiciones.

Uno de los conceptos más importantes en el imaginario tuareg es la palabra que define tienda - éhen - término que utilizan también para explicar o describir unidades sociales, así el mismo vocablo puede denominar la unidad familiar, toda la sociedad tuareg o incluso el mismo universo. La tienda representa la casa de la madre, el refugio del individuo, y para que éste pueda existir hace falta un espacio donde edificarlo y unos bienes para alimentarlo. Es a través de este concepto que se establece una relación vital entre las unidades sociales diseñando lo que puede representar, para esta sociedad nómada, los derechos elementales del hombre que aseguren su supervivencia.

De este concepto nace todo un entramado social jerarquizado. Cada individuo pertenece a un grupo de descendencia de una tienda madre que da nombre al linaje, por tanto debería tener acceso a los derechos y a los bienes transmitidos a través de este ancestro común, generalmente por vía matrilineal. No obstante, las prácticas matrimoniales en el interior de un mismo matrilinaje, dan lugar a una reducción del círculo de los que tienen derecho y a una jerarquización dentro del mismo grupo de descendencia. Conjuntamente a esta jerarquización de parentesco se yuxtapone otra de carácter más político, que divide el conjunto social en estratos rígidos. Así pues en la sociedad tuareg hay nobles, vasallos, religiosos, artesanos y servidores.

Dos sistemas políticos concurrentes se entrecruzan. El uno, estrictamente jerarquizado, opone a los nobles todos los otros grupos de carácter dependiente; el otro funda sus principios sobre la igualdad política y la complementariedad de las tribus en el seno de la Asamblea.

Para sobrevivir, la tienda debe ir acompañada de unos recursos mínimos que le garanticen su supervivencia: agua y territorio. Ambos son bienes para los que existe un derecho de utilización prioritario por vía de parentesco, pero este derecho no es exclusivo. Los recursos esenciales, como son los pasturajes y los puntos de agua, no son nunca una propiedad privada individual; el control lo establecen las diferentes jerarquías de la colectividad, representadas por un jefe, sea de un campamento, de una tribu, o de una confederación. Cada jefe asume la responsabilidad de la gestión del territorio en relación a los grupos vecinos y a las jerarquías superiores. Los territorios interconfederados están bajo la autoridad de la asamblea de jefes de confederaciones que resuelven los conflictos que puedan surgir. Los derechos de utilización de un territorio no son nunca fijos ni definitivos, puesto que la relación de fuerzas entre los diferentes clanes dominantes cambia a menudo, integrando o rechazando otros grupos; la historia de las confederaciones tuaregs está llena de acontecimientos de este tipo. Los viajeros que están de paso tienen derecho a utilizar, sin pedir permiso, los pasturajes y puntos de agua de una región, siempre y cuando no estén más de tres o cuatro días. Tampoco se niega la hospitalidad temporal a un campamento o tribu exiliada.

Los tuaregs son básicamente nómadas pastores, aunque esporádicamente practiquen la agricultura, sobretodo en los oasis, puntos de paso de las grandes caravanas comerciales que durante siglos han cruzado el desierto del Sahara intercambiando productos entre el Africa subsahariana y el norte de Africa y el oriente.

El ciclo pastoral regula la vida de los nómadas pastores. Este ciclo se convierte en una filosofía, una forma de concebir la vida, el camino que el nómada y su rebaño hace entre la tienda y el pozo, la migración pastoral anual, la misma vida e incluso la muerte son vistos como una cadena de ciclos que conducen al momento privilegiado de transición y armonía, al instante de equilibrio que sucede al final de una acción y da paso al inicio de otra. Los elementos del universo cruzan, infatigables, valles y planicies, hasta alcanzar la última etapa, lugar de reposo y punto de partida del próximo viaje. Sedentarizarse seria interrumpir la marcha del universo, escapar al orden establecido, desintegrarse en un horizonte desconocido.

El equilibrio en la sociedad tuareg se asegura porque cada individuo busca su plaza dentro de su unidad social -ébawél- y ésta dentro de una unidad social más amplia. De esta forma se crean los lazos del tejido social, donde el individuo es imprescindible para la continuidad de la comunidad, al mismo tiempo que ésta lo es para la supervivencia del individuo. Lo cual no quiere decir que no surjan conflictos, pero éstos siempre se resuelven por el bien del conjunto social. De la misma manera, nómadas y sedentarios, pastores y agricultores han articulado un equilibrio basado en la necesidad de una supervivencia común que ha mantenido, a lo largo de los siglos, una coexistencia relativamente pacifica entre estas dos maneras de entender y vivir la vida.



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