Previo Siguiente Arriba Título Contenido

Islamismo y amazighismo. Precisiones terminológicas

Con el objetivo de ofrecer un conocimiento adecuado sobre fenómenos de gran relevancia en el desarrollo político y sociocultural magrebí, es necesario aclarar previamente ciertas cuestiones de terminología para precisar conceptos y, paralelamente introducir el tema objeto de estudio.

En cuanto a la denominación del fenómeno islamista existe cierta confusión por el uso equivalente de fundamentalismo islámico, integrismo islámico e islamismo, cuando, en realidad, tales términos se refieren a corrientes de pensamiento distintas, aunque vinculadas entre sí en tanto en cuanto partes integrantes del universo ideológico islámico1.

Las corrientes fundamentalista e islamista forman parte de un fenómeno ideológico común: el renacimiento del pensamiento árabo-musulmán. Éste puede ser interpretado como una nueva sensibilidad hacia los valores religiosos, como un renacimiento espectacular de la observancia religiosa o bien como una reactivación amenazadora de la militancia religiosa. Se trata de un fenómeno recurrente en la historia del islam que se ha manifestado en momentos de crisis.

El fundamentalismo constituye una tendencia reformista del renacimiento que vivió el mundo árabo-musulmán durante el último tercio del siglo XIX, en reacción a la opresión cultural y política que supuso la penetración colonial de las potencias europeas en tierra de islam durante el siglo XIX. También llamado salafiyya - en referencia a los salaf: ancestros - , este movimiento preconizaba un retorno doctrinal a las fuentes originales del islam - el Corán y la Sunna - para purificar y renovar la religión con el objetivo de conciliar el islam con la modernidad procedente del occidente europeo, asumiendo el progreso cultural foráneo en sus aspectos técnicos y científicos. Los pensadores más representativos del salafismo fueron Djamal ed Din el-Afghaní (1839-97), su principal discípulo Muhammad Abdu (1849-1905) y el egipcio Rachid Rida (1865-1935), si bien este último, falto de todo espíritu modernista, impuso una lectura doctrinal más rígida, de carácter integrista.

El renacimiento islamista contemporáneo hunde sus raíces ideológicas en el movimiento salafí, si bien la interpretación resultante de su retorno al Corán no coincide con la realizada, en sus distintas interpretaciones, por los fundamentalistas. El discurso islamista es esencialmente político, frente al carácter moral del fundamentalismo. En realidad, el principal rasgo definidor del islamismo es su activismo político, al ser un movimiento de politización ideológica de la religión que ofrece un proyecto global, en lo político, económico y social como alternativa a la crisis que padecen los regímenes establecidos tras la independencia, erigiéndose, por tanto, en fuerza de oposición al poder.

Pero si bien todos los islamistas son fundamentalistas, no todos los islamistas tienen una concepción integrista de lo político, tremendamente radical y simple a la vez: los integristas islámicos ofrecen como contra-proyecto la estricta aplicación de la Sharia - el código legal islámico - a la sociedad. Sin embargo, el islamismo posee cierto carácter revolucionario que emana de su referente ideológico más inmediato: el ideario de los Hermanos Musulmanes (Egipto, 1928) personalizado por su fundador, Hassan al-Banna que encarna la versión radical del nacionalismo reformista a que dio lugar el salafismo, y Sayyid al-Qutb, el sucesor de al-Banna. Éste es considerado el padre ideológico del socialismo árabe, radicalización del panarabismo que se concretó en la década de los cincuenta en diversas ideologías de masa: el baassismo en Irak, y el nasserismo en Egipto. El islam político emergente en la década de los setenta sería la versión moderna del renacimiento árabo-musulmán que rechaza tanto la influencia occidental como el poder establecido.

En cuanto al término beréber que designa la otra problemática del Magreb contemporáneo, hay que precisar su origen romano. El vocablo beréber fue tomado del griego por el latín, siendo su significado el de bárbaro, extranjero a la civilización greco-romana. Actualmente, los militantes de la causa beréber rechazan tal calificativo por su carácter foráneo y prefieren llamarse imazighen (plural de amazigh), que en su lengua significa hombres libres2.

Los imazighen o pueblo amazigh constituyen el sustrato cultural más antiguo que se conoce en el conjunto regional magrebí, el cual ha sobrevivido a una historia milenaria de continuas invasiones. Pero no se puede hablar de lo amazigh en términos de raza, puesto que no existen elementos genéticos característicos. En la actualidad los imazighen son aquéllos que tienen conciencia de su identidad cultural y la expresan haciendo uso de su lengua.

La historia del pueblo amazigh durante la era contemporánea (siglos XIX y XX) ha continuado siendo una historia de resistencia a la presión ejercida por poderes centralizadores que han amenazado y siguen amenazando la supervivencia de su lengua y de su cultura. Por tanto, la cultura tamazigh es una cultura de tradición contestataria. El término tamazigh (femenino de amazigh) alude a tres entidades estrechamente unidas: la lengua, la cultura y la mujer; ya que la lengua es el elemento nuclear de la cultura a la cual vehicula, mientras que la mujer ha sido tradicionalmente el agente transmisor de la cultura.

La toma de conciencia identitaria del pueblo amazigh se aceleró a raíz de la presencia colonial europea, de tal forma que durante el período comprendido entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX empezó a tomar forma, fundamentalmente en la Argelia francesa, un movimiento reivindicativo esencialmente culturalista protagonizado por jóvenes intelectuales de formación europea de la Cabília, la principal región tamazighófona del país.

La denominada Primavera Cabileña de 1980, una explosión popular en favor de la democracia, la libertad de expresión y el respeto de la lengua y la cultura tamazigh, constituye la culminación de un proceso de maduración y consolidación de la conciencia identitaria tamazigh que se remonta al reivindicacionismo cultural de principios de siglo. Es, en suma, un punto de inflexión en un proceso de reconstrucción identitaria que, modernizando su discurso por efecto de la influencia occidental, se ha basado en la lengua tamazigh como polo de cristalización identitaria, y ha ido adquiriendo progresivamente tintes políticos.



Previo Siguiente Arriba Título Contenido