
Se ha afirmado que "la literatura comenzó siendo un privilegio de clase y, dentro de ella, un privilegio masculino"[268]. Esta afirmación, que se aplica no sólo a la literatura, sino también a la filosofía y a las ciencias, pareciera ser objetable al menos en lo que respecta a su origen. Tanto en Africa como en otras regiones del mundo, la literatura escrita se encuentra precedida por la literatura oral. Dentro de este género narrativo narran todos aquellos que se encuentran capacitados o motivados para hacerlo, sin exclusión de clase ni de sexo. El arte de narrar es parte de la vida misma y está integrado a todas sus manifestaciones sociales: entretención, duelo, actividades festivas, ritos de pasaje, trabajo cotidiano. Tal como lo expresara Rems Nna Umeasiegbu[269], refiriéndose a la cultura Igbo, "el contar historias es un acontecimiento social" y por lo tanto, prerrogativa de todos los miembros de la comunidad.
En el Africa de hoy la cultura de la oralidad ha cedido terreno a la expresión escrita[270]. Sin embargo, en el proceso de reivindicación cultural que ha tenido lugar a partir de la independencia, se ha intentado rescatar el riquísimo patrimonio cultural contenido en la tradición oral y es así como en algunos lugares, la investigación y enseñanza de la cultura oral se ha institucionalizado. Por ejemplo en Kenya, a partir de 1974, la literatura oral se ha incluido en el silabus de las escuelas secundarias[271] y en Somalia los jóvenes han reinstaurado la antigua práctica de visitar a los ancianos en las áreas rurales y aprender de ellos la cultura tradicional, enseñándoles a su vez el nuevo lenguaje escrito[272]
En la medida que el arte de narrar ha sido patrimonio de una comunidad y medio de expresión de todos sus miembros, tanto la mujer como el hombre han tenido un papel como narradores. Al cambiar la función de la literatura en la sociedad, ha cambiado también el narrador así como las vías institucionales de acceso a la literatura. Podría postularse que en este proceso - junto a la discriminación en el acceso al lenguaje escrito, se ha introducido también una discriminación de sexo, que ha dado a la mujer menores posibilidaes de expresarse a través de la literatura.
[268] Sara Sefchovich, 1983: Mujeres en Espejo. Folios Ediciones, México.
[269] Rems Nna Umeasiegbu, 1980: Words are Sweet. Igbo Oral Literature. East African Publishing House. Nairobi, Kenya.
[270] J. Chévrier, profesor de literatura africana en Paris e investigador de la literatura oral, señala que las primeras manifestaciones de la literatura escrita se remontan a 1921, con la aparición de una literatura negro-africana de expresión francesa, y hace notar que ésta se consolida en los años que preceden a la independencia. Jacques Chévrier, 1974: Litterature Negre. Armand Colin, Paris.
[271] S. Kichamu Akivaga y A. Bole Odaga, 1983: Oral Literature. A School Certificate Course. Heinemann Educational Books, Nairobi.
[272] David Dalby, 1985: Africa: The Culture and the Continent, in UNESCO, Distinctive Characteristics and Common Features of African Cultural Areas South of the Sahara. Great Britain.