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3) Las esculturas Pindi como emblemas del poder espiritual del Jefe.

Si en asuntos relacionados con el campo y sus cosechas la autoridad del jefe depende en cierta forma de la mujer, en cuestiones relativas a la explotación de tierras vírgenes la autoridad de aquél es indiscutible. Mantiene un absoluto control sobre la fauna que habita las selvas y llanuras y su poder en esto queda por demás evidenciado por una palabra frecuentemente empleada como sinónimo de su autoridad o Fumu Manu: la fórmula similar alternativa, Fumu Milu, viene a significar "Jefe de las patas de los animales". Todo ello se refiere a una vieja tradición en virtud de la cual el Jefe (Fumu) lo es también de las patas de todos aquellos animales capturados en el transcurso de las cacerías (kuta mulengi) de su pueblo (Torday and Joyce 1905: 408. Pierpont 1932: 33 y 195) ([264] ).

Tras alimentarse de la carne que se le rinde como tributo, el Jefe coloca las pezuñas de los animales capturados a lo largo de la cacería en una especie de cofre conocido como "lukobi"; este cofre sólo puede ser abierto por el jefe en persona, su familia y sus allegados más inmediatos (Pierpont 1932: 203) una norma que subraya su autoridad en todo aquello que hace referencia a la explotación de las tierras vírgenes de sus dominios.

En el día de su investidura, el Jefe suele tomar parte en una cacería (Pierpont 1932: 36) que se pretende sea fructífera, desde el momento en que su éxito o fracaso serían interpretados como un conjunto de mayores o menores posibilidades para que la capacidad del Jefe se manifieste a la hora de gobernar. Si la cacería fracasa será considerado incapaz de regir a su pueblo y no tardará en ser desprovisto de su cargo. En el pasado, incluso, era prácticamente empujado a ingerir veneno (putu), prueba ésta que frecuentemente acarreaba una muerte tan rápida como dolorosa (Idem: 36, número 4. Nicolai 1963: 269)

Las Pindi ceden a su Jefe el poder espiritual y los medios necesarios para iniciar una exitosa cacería. Antes de que él organice los preparativos para la misma realiza una variedad de actos rituales cuyos centros de atención los componen las estatuillas Limba y Wenyi; en su presencia se proponen libaciones en forma de sangre, nuez de cola masticada o inhalada e incluso arcilla roja. Ningún nuevo jefe podría emprender algo tan importante y comprometido como la caza inaugural de su mandato sin llevar primeramente a cabo esta ceremonia (Pierpont 1932: 34 y 35. Biebuyck 1985: 163).

Si finalmente la caza resulta provechosa y el Jefe queda por lo tanto entronizado, deberá posteriormente celebrar, a lo largo de su reinado, rituales de oración y de regalos a sus Pindi cada vez que se sucedan acontecimientos relevantes o en tiempos de conflictos o peligros: cacerías posteriores, guerras prolongadas, epidemias, cosechas escasas, litigios difíciles..... (Pierpont 1932: 34 y 35. Biebuyck 1985: 164 y 165)

En estas circunstancias, el tesoro Pindi funciona para el Jefe como una auténtica fuente de poder: es su mejor herramienta y su baluarte espiritual.

En su encarnación como instrumentos de poder en manos del Jefe, las Pindi sugieren una interpretación de fuerza espiritual como concepto y competencia que pertenece en primer y fundamental lugar a la esfera del hombre. Examinando las tradiciones escritas adivinamos, sin embargo, que en materias relacionadas con la religión y con la tierra la mujer desempeña una función elemental al surgir permanentemente como la fuerza inicial no sólo tras el control que el Jefe ejerce sobre sus tierras sino asimismo tras su poder espiritual.

Tales reflexiones acaban por llevarnos hasta la sustancia misma de la iconografía compuesta por la estatuaria Pindi. El autor Leuzinger provee y describe un dibujo compuesto por una madre Wenyi que sostiene un instrumento musical en forma de sonajero para exorcizar a los espíritus malévolos en el trans- curso de alguna ceremonia. (1962: 158, fig. 100 y 163). ([265] (Félix 1987))

El hecho de que esta especie de amuleto con el que se pretende proteger a la comunidad aparezca en manos de una figura Wenyi en lugar de ser empuñada por su contraparte masculina confirma la noción de que la mujer se constituye en base misma del poder espiritual del Jefe.

Otras dos observaciones adicionales confirmarían a su vez la hipótesis adelantada: la primera de ellas tiene que ver con el hijo que transportan las Wenyi; la segunda se refiere a ciertos elementos escultóricos que de vez en cuando cubren la cabeza del mismo.

Una atenta lectura de las ideas que mantienen los Mbalas en cuanto a la brujería (mudiingu gilogi) nos daría a entender (Mudindaambi 1972, Volúmen II, 127) que a los niños de una comunidad se los considera frecuentemente poseedores de excepcionales poderes tanto espirituales como mágicos. (Idem: 131 y 147). Si esto es así, el hecho de que aquéllo niños aparezcan siempre en brazos de las madres Wenyi puede, tal vez, servir de referencia en cuanto al talento asociado a la mujer en los dos terrenos mencionados. La posición del niño, cuya cabeza queda siempre al lado izquierdo de la escultura, podría reforzar este simbólico significado, desde el momento de que el lado izquierdo (googu di gigonusa) viene a constituirse en "las manos de la feminidad" (Idem: 147. Biebuyck 1985: 186. Ver también Ndolo y Malasi, 1972)

El resto de evidencias de que las mujeres Pindi y sus hijos tallados en escultura incorporan nociones relativas a un poder tan mágico como espiritual puede también ser percibido en ciertas figuras Wenyi que añaden la imagen de un pájaro sobre la cabeza del niño. A este respecto especialistas como Mudindaambi, tras investigar la importancia de la brujería entre los Mbalas, se refieren a veces a los pájaros como criaturas provistas de un potente poder mágico (172, Volúmen II: 107, 109 y 111). En este sentido, el que las imágenes talladas de los mismos adornen a las Wenyi en lugar de a los Limba sugiere, una vez más, que en el contexto de la estatuaria Pindi es aquélla, más que éste, quien simboliza la fuerza espiritual del Jefe.

Como hemos visto, pues, la interpretación de las Pindi como emblemas de liderazgo nos conducen a las siguientes conclusiones:

Los Limba establecen una serie de relaciones simbólicas en torno a la autoridad judicial del Jefe; las Wenyi, por su parte, tienden a incorporar nociones relativas al control sobre la tierra y los poderes espirituales. Las mujeres Pindi, como hemos estado analizando a lo largo del presente trabajo, cubren dos de las tres áreas principales que conforman el ámbito del Jefe. Esto, como lo he vendio dando a entender, mide la importancia y extensión del poder que la mujer ejerce en el entorno de la política del hombre; todo ello supone que la comunidad femenina juega un papel más considerable en estas esferas de lo que los diferentes estudios sobre los Mbalas suelen indicar. Estamos ante unas tallas, como las de las Wenyi, que parecen configurar el elemento dominante en las parejas esculpidas de los Pindi.

La hipótesis de que, en un contexto simbólico, la mujer Pindi desempeña una función más visible (y tal vez más importante) que la de su contraparte masculina, deriva de un exámen de la terminología asociada al tesoro mismo del Jefe. Entre los amuletos del mismo, junto a los Limba y a las Wenyi, aparecen algunas otras figuras diferentes. En realidad, los diversos objetos de poder que constituyen conjuntamente el tesoro en cuestión han sido tradicionalmente mencionados como "Wenyi" (Biebuyck 1985: 162. Lecomte 1972: 721)

El hecho de que el nombre dado a las mujeres Pindi sea el mismo que el aplicado al conjunto de amuletos e insignias que reflejan el poder del Jefe es muy importante ([266]): indica, en alguna medida, que las maternidades Pindi configuran el núcleo del tesoro real; en otra nos conduce hasta una interpretación de dicha estatuaria como representación de la totalidad del poder del Jefe; finalmente, y como idea más importante, nos lleva a deducir que las Wenyi (como encarnación visual de la autoridad de la mujer) llegan a ser diseñadas por los Mbalas como emblema supremo y fuente inequívoca de la autoridad del Jefe.

[264] En el pasado, el Jefe era dueño de las patas delanteras y traseras de todos los animales salvajes capturados en el transcurso de cualquier cacería. En las últimas décadas, la norma ha venido siendo considerada con respecto únicamente a los animales capturados en cacerías locales. (Vansina y otros 1966: 153)

[265] Los espíritus en cuestión pertenecen probablemente a la categoría de seres conocidos como "moloki" ("el que se alimenta de vida"). Un "moloki" es en realidad una criatura que, si no es detectada a tiempo, se apodera del corazón de su humana víctima (el "doki") y lo reemplaza por el de una cabra.

(Torday and Joyce 1905: 417 y 418)

Puestos a ser exactos habría que anotar que, en realidad, Félix atribuye la pieza descrita por Leuzinger no tanto a los Mbalas sino a los Hungaan.

Es difícil establecer cuál de los dos autores está en lo cierto. El estilo de la talla en cuestión se asemeja a la imaginería Mbala, aunque los objetos esculpidos por artesanos tanto Mbalas como Hungaans

comparten a menudo una variedad de diseños tan amplia

que hacen, a veces, muy difícil su atribución étnica.

[266] Biebuyck utiliza más el término "Weenyi" que el de "Wenyi". Todas las evidencias disponibles muestran,

sin embargo, que "Weenyi" y "Wenyi" no son en realidad dos vocablos diferentes, sino uno solo pronunciado o transcrito de dos maneras diferentes.

Una atenta lectura de la literatura Mbala y un exámen

pormenorizado de su vocabulario nos enseña que cada término (y más particularmente los que incorporan una o más de una "e" en su primera sílaba) puede ser

pronunciado de maneras diversas.

"Wenyi", por ejemplo, puede también ser pronunciado como "Weeni". (Mudindaambi 1972, Volúmen II: 127).

De la misma forma "lembe" ("tío", "jefe", "clan")

puede también pronunciarse como "leembe" (Torday and Joyce 1905: 411) y "manu" ("tierra") como "maanu"

(Mudindaambi 1976: 712)



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