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"El Jefe inaugura la audiencia tocando .....

su tambor. A continuación, cada uno de los litigantes, representados por un oficial, se levanta y presenta sus argumentos; intentará

confundir al adversario acusándole de estar equivocado y de contradecirse. Finalizada su argumentación entonará una canción alegórica .... acompañada por algún conjunto de aldeanos que tocan también sus tambores. (Id: 39; ver también Verwilghen 1952: 20, citado por Brandel). El jefe de la tribu da por termi- nado el juicio, con un mensaje a ritmo del

mismo tambor del que se sirvió para dar por inaugurada la audiencia") (Brandel 1961: 40)

La función del Jefe como personaje que abre y cierra un tribunal confirma su identidad como autoridad judicial de la tribu. El ritmo con el que da comienzo a la sesión recalca el hecho de que, sin él, no podrá existir justicia: él es la representación misma de la justicia, la encarnación de la ley. (Mudindaambi 1976, Volúmen I: 91 a 93; Volúmen II: 33. Biebuyck 1985: 163) ([256] ).

Por otra parte, la melodía que el jefe toca al final de las sesiones subraya la finalidad misma de su veredicto; es una especie de mensaje telegráfico de claves, entre las que cada cadencia y tono corresponde a una palabra o frase: compuestos juntos, los diversos golpes conforman un texto en clave (Brandel 1961: 40, 50, 166) que puede ser leído como resolución y advertencia al público presente de que la decisión del Fumu Manu es vinculante.

La consideración de que el mensaje musical del Jefe es prácticamente una referencia a la irrevocable naturaleza de su juicio, se fundamenta en un exáamen de las prerrogativas y símbolos asociados a su oficio. El poder de pronunciar veredictos a los que, bajo ninguna circunstancia, se puede apelar constituye uno de los derechos inalienables del Fumu (Mudindaambi 1972, Volúmen II: 95) y es algo que él mismo debe aprender justo antes de su entronamiento; y mientras sea titular de su cargo, se verá aconsejado en profundidad por diversos especialistas de una amplia variedad de disciplinas (Biebuyck 1985: 164 y 165. Pierpont 1932: 186) entre las cuales estará la normativa que rige a su comunidad. A quien va a ser Jefe se le dotará de un resumen de los juicios pasados y presentes que han desempeñado una parte importante de la historia de la tribu. Una vez cerrado cada caso se le comunican quiénes han sido los participantes y cuál ha sido el resultado (Pierpont 1932: 86)

Esto presumiblemente le otorga un conocimiento de todos aquellos precedentes que podrían serle útiles a la hora de lidiar con litigios pendientes, los cuales le suelen ser descritos en detalle, junto con un compendio de los argumentos presentados por cada una de las partes. Ser el fundamento de esta formación legal es la lección tácita que conforma la idea de que los aspectos jurídicos de la vida pertenecen exclusivamente al Jefe (Idem 194) lección que se realza por la inclusión de su veredicto en la lista de símbolos o insignias asociados con el liderazgo. De hecho existen diez de estos símbolos o Fumu Agudwaala; nueve de ellos son objetos que suelen consistir en implementos como azadones, gongs o cabezales diversos (Mudindaambi 1972, Volúmen II: 93 a 95).

El décimo símbolo es en realidad un concepto abstracto: "la decisión que toma el Jefe es la decisión final del juicio". (Idem: 95)

Tanto el hecho de que los últimos toques de tambor del Jefe sirvan para reafirmar su autoridad judicial como de que su veredicto sea asimismo considerado símbolo de liderazgo (mbadu yigugoogaa fumu) suponen elementos de particular interés para el estudio de los Pindi: el poder político y la ley van de esta forma permanentemente de la mano entre los pueblos Mbala. Teniendo en cuenta nuestra percepción de que las Pindi constituyen las piezas centrales del tesoro del Jefe y del papel mismo de éste como "maestro percusionista" en las audiencias, parece razonable sugerir que los tambores que ilustran la estatuaria Limba funcionan, al menos a ciertos niveles, como referencia a la autoridad legal del Jefe de la tribu. ([257])

Faltaría saber, sin embargo, si los instrumentos de percusión utilizados por los Limba suponen referencias generalizadas a su propia autoridad o bien si la representan de hecho en términos mucho más específicos, lo cual parece bastante más probable. Podría argumentarse, sin embargo, que los tambores en cuestión se construyen como metáforas visuales que acompañan a la sentencia del Jefe (mbadu yigogoogaa fumu). Lo decimos al tener en cuenta la peculiar posición que dicha sentencia ocupa en el conjunto de camafeos que adornan la figura del jefe. Anexa a una lista tal de objetos, parecería destinada a trascender su propia identidad abstracta para convertirse en una forma tangible, objeto genuino de su propio derecho. Como tal, se presta perfectamente a su autorepresentación y, al mismo tiempo lo que configura su objeto (el tambor) no deja de tener lógica. Esto es así porque si los tambores de la estatuaria Limba simbolizan la autoridad judicial de un Jefe, es razonable que reflejen el núcleo fundamental de dicha autoridad: la sentencia.

A la luz de todas estas consideraciones podemos ya afirmar que los tambores Limba conforman todo una simbología polivalente compuesta por niveles de significado diferentes, aunque relacionados. Lo que intuyo que aquí se nos presenta es en cierto modo la imagen ("tallada" en forma de tambor) de otra imagen (la sentencia como objeto) referida a un concepto propio (la autoridad judicial del Jefe).

[256] Esto no significa necesariamente que el Jefe sea el único Juez de la comunidad o de conflictos entre particulares; a menudo están presentes una especie de árbitros llamados MULWEM (Vansina y otros, 1966: 155)

Sin embargo, tal como lo sugiere la cita anteriormente

anotada de Brandel y las investigaciones al respecto de Mudindaambi (1972, Volúmen II: 95, citado más adelante)

en los casos importantes es la sentencia final del Jefe

y el toque de tambor que la acompaña quienes sancionan

definitivamente el juicio.

[257] En cuanto a la posible polémica sobre otros diversos niveles de significación, derivados de la interpretación en torno a los tambores asidos por las

figuras LIMBA, ver las páginas 6 y 14 del presente trabajo.



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