
Lo cierto es que la desventaja de la mujer es doble. No solamente porque la provisión general de la educación vocacional y formación es inadecuada para la gran mayoría de las juventudes africanas sino porque la oferta que se le plantea a la mujer suele venir dirigida hacia una mejora de sus trabajos domésticos más que a una eficiente preparación que la facilite sus oportunidades de empleo. Un reciente debate sobre "Estrategias de desarrollo para nivelar las oportunidades de empleos femeninos en Namibia" concluyó, por ejemplo, que la escasa escolarización de las mujeres estaba directamente relacionada con su inadecuada y limitada relevancia tanto en el plano curricular como metodológico[241]. La mujer no suele recibir ni la capacitación ni la experiencia ni el apoyo necesarios para el acceso al auto-empleo. La formación que reciben, en este sentido, sólo les sirve para llevar acabo más eficientemente tanto su función doméstica como sus responsabilidades en general.
El origen de esta orientación se remonta de hecho a la educación doméstica introducida en el continente africano a través de patrones occidentales. En Uganda, por ejemplo, la educación colonial y misionera desde 1900 a 1945, tendía a adaptarse a la preparación de la mujer africana para el desarrollo de sus "funciones específicas" (léase trabajo doméstico relacionado con la cocina, el cuidado y la alimentación de los hijos y el mantenimiento y adecuación del hogar)[242]. Esta misma tendencia se observa en países como Nigeria, donde la técnica respecto al trabajo doméstico fue específicamente introducida en las escuelas por una administración a veces misionera, a veces colonial que inculcaba ideologías europeas. Entre los yorubas nigerianos, estos patrones básicos fueron considerados durante mucho tiempo indiscutibles; y en tanto que los padres no deseaban que sus hijas asumieran aspiraciones escasamente realistas y se occidentalizaran demasiado, el "atractivo" modelo de educación traído de Europa era considerado como capaz de producir una mujer cristiana, a la usanza británica y capaz por tanto de plantearse ideas modernas en conceptos, por ejemplo, relativos al aseo o al consumo: todo ello, sin embargo, sin dejar de concederle una actitud y un comportamiento fundamentalmente africanos en torno a sus relaciones para con sus padres, marido, hijos y hogar[243].
[241] ILO, 1991:42
[242] N.B.Musisi, 1992
[243] La Ray Denzer, 1992:122