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Sexismo y formación

Un estudio realizado recientemente en Ghana[233], señala que la mayoría de las mujeres reciben poca o ninguna educación vocacional y formación, pero que la que reciben las capacita solamente para seguir desarrollando las labores tradicionalmente asignadas a su sexo. Tales estereotipos educacionales son claramente evidentes en la mayor parte de las instituciones públicas dedicadas a la formación. En Kenia, por ejemplo, las mujeres comprenden sólo el 30 por ciento del estudiantado en las dos escuelas politécnicas juveniles patrocinadas por el Gobierno; 27 % de ellas se encuentran en institutos tecnológicos y sólo 2 % en los departamentos propiamente técnicos de dichos centros, donde se concentran en estudios de secretariado, hostelería y confección[234].

En los sectores terciario y superiores, las mujeres representan una proporción aún menor del total de inscripciones en los campos técnicos y vocacionales. En un reciente programa dedicado a incrementar la participación de la mujer en terrenos técnicos del sector terciario, se encontraron desniveles alarmantes respecto a la participación de hombres y mujeres en institutos politécnicos (23 % de mujeres y 77 % de hombres en Kenia; 13 % de mujeres y 87 % de hombres en Malawi; 29 % de mujeres y 71 % de hombres en Ghana). Estas discrepancias fueron aún mayores en programas técnicos (14 % de mujeres y 86 % de hombres en Kenia; 3 % mujeres y 97 % de hombres en Malawi; 1 % de mujeres y 99 % de hombres en Ghana). Patrones semejantes pueden encontrarse en Botswana, Zambia, Gambia, Tanzania y Nigeria. Un estudio realizado en Bostwana, Liberia, Niger y Somalia[235], demuestra también que, sistematicamente, la mujer tiene una pobre representación en campos científicos y técnicos, con un 75 % de mujeres concentradas en áreas relativas a la salud, 16 % en secretariado, 7 % en agricultura y los restantes 2 % en programas comerciales o industriales. En Namibia, los cursos normalmente escogidos por las estudiantes denotan estereotipos sexistas, que llevan a las mujeres a registrarse casi exclusivamente en cursos de mecanografía y costura[236].

El escaso nivel de participación femenina en cursos relacionados con la matemática, la ciencia y la técnica resultan en la existencia de una mínima reserva de mujeres disponibles para el empleo en estos sectores, incluyendo la enseñanza misma. Por ejemplo, en 1990, sólo un 15, 3 y 18 % del personal politécnico empleado en Tanzania, Bostwana y Ghana respectivamente estaba formado por mujeres; e incluso dichos porcentajes bajaban hasta 10, 0 y 1 % respectivamente para dichos países en programas técnicos[237]. La falta de visibilidad de la mujer en estos terrenos transmite un mensaje negativo y desmotivador a las alumnas que se encuentran cursando enseñanza primaria y secundaria, niveles estos donde realmente comienzan el diseño de la profesión y la formación de preferencias vocacionales.

En el caso de aprendizajes más tradicionales, las tendencias no son demasiado diferentes. En un reciente estudio [238] realizado entre 562 empresarios y 128 aprendices en la ciudad de Lomé (Togo) únicamente pudieron encontrarse empresarias en los campos de la confección, peluquería, preparación de jabón, restauración y preparación de pescado ahumado, y nunca en trabajos de albañilería, peletería, metalurgia, carpintería, mecánica o electrónica.

[233] E.Kane, 1990

[234] M. Walsh, 1992:14

[235] M.N. Adams & S.E.Kruppenbach, 1986

[236] ILO, 1991 a

[237] ILO-CAPA, 1990.

[238] F. Fluitman y X.Oudin, 1991



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